Ellos son enemigos mortales en la escuela tras morir juntos en un accidente renacen en una novela dónde son los villanos
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capitulo 21
Alma pasó buena parte de la tarde mirando la horquilla de oro con forma de fénix.
La sacó del baúl, la sostuvo entre los dedos y volvió a guardarla. Después la sacó otra vez.
Loto, que llevaba varios minutos observándola en silencio, finalmente no pudo contenerse.
—Señora… ¿piensa seguir sacándola y guardándola hasta que amanezca?
—Estoy pensando.
—Lleva pensando lo mismo desde hace media hora.
—¡Porque es una decisión importante!
Alma cerró el baúl de golpe y se volvió hacia ella con una expresión solemne.
—Loto, ¿sabes cuánto vale esta horquilla?
—Es la joya imperial más importante del imperio, señora.
—Exactamente. Y la Juner original se negó a devolverla cuando apareció la verdadera princesa. ¿Sabes qué le pasó después?
Loto bajó un poco la cabeza.
—Según los rumores, perdió el favor de la familia imperial y terminó siendo castigada por sus crímenes.
—¡No! ¡Terminó muerta de la manera más horrible posible!
Loto dio un respingo.
Alma se tapó la boca.
—Perdón. Me emocioné.
¿Cómo podía mantener la calma cuando su vida dependía de evitar los acontecimientos de una novela que conocía demasiado bien?
Primero había sobrevivido a la boda con su peor enemigo. Después había conseguido que estudiara, había evitado que lo humillaran y había logrado que obtuviera el primer puesto en los exámenes imperiales.
Ahora también había aceptado a la verdadera princesa.
¿No merecía un premio por sus esfuerzos?
Aunque, pensándolo bien, su premio debería ser una vida tranquila, una fortuna considerable y la posibilidad de divorciarse de cierto marqués pegajoso.
—En fin —murmuró—. La devolveré durante el banquete de presentación de mi hermana. No quiero que nadie piense que intento quedármela.
—¿Y si el rey regente se enfada?
La sonrisa de Alma desapareció.
Ese hombre era un problema.
No solo porque era cruel, sino porque estaba obsesionado con Shusu. En la historia original, utilizaba cualquier oportunidad para castigar a quienes consideraba enemigos de la mujer que amaba.
Y Juner había sido una oportunidad perfecta.
Una princesa falsa, orgullosa y celosa. Una hermana recién llegada. Una joya imperial que se negaba a entregar.
¡Era prácticamente una invitación para que la destruyeran!
—Entonces tendré que comportarme de forma impecable —declaró Alma—. No le daré ninguna excusa para atacarme.
Loto asintió, admirada.
—La señora ha cambiado mucho.
—Por supuesto. Antes era una villana condenada a morir. Ahora soy una mujer sensata que quiere vivir muchos años.
—Y que amenaza con divorciarse de su esposo todos los días.
—¡Eso es diferente!
—Claro, señora.
Loto sonrió con tanta inocencia que Alma sospechó que se estaba burlando de ella.
Pero no tuvo tiempo de discutirlo.
Porque, justo en ese momento, alguien llamó a la puerta.
—¿Esposa? ¿Puedo entrar?
Alma se quedó inmóvil.
Esa voz.
Esa maldita voz.
—No.
La puerta se abrió de todos modos.
Xie Lang entró con las manos detrás de la espalda y una sonrisa que Alma habría reconocido incluso en medio de una pesadilla.
—Qué respuesta tan cruel. Ni siquiera me has visto y ya me rechazas.
—Te he visto suficiente durante toda mi vida anterior.
—Entonces deberías estar acostumbrada a mí.
—¡Precisamente por eso quiero alejarme de ti!
Xie Lang se llevó una mano al pecho.
—Mi esposa quiere abandonarme. ¿Qué he hecho para merecer semejante sufrimiento?
—Respirar.
—¿Quieres que deje de respirar?
—¡No tergiverses mis palabras!
Loto soltó una risita y salió discretamente de la habitación, dejándolos solos.
Alma quiso detenerla, pero la traidora ya había desaparecido.
Xie Lang se acercó al baúl.
—¿Qué estabas mirando?
Alma cerró los ojos.
Maldición. La horquilla.
—Nada.
—¿Nada? Has abierto el baúl de tus joyas para mirar nada.
—¿Ahora también vas a interrogarme sobre mis pertenencias?
—No. Solo tengo curiosidad por lo que hace mi hermosa esposa.
—No me llames hermosa.
—Mi adorable esposa.
—¡Tampoco!
—Mi esposa más preciosa.
Alma agarró un cojín.
Xie Lang levantó las manos inmediatamente.
—Está bien, está bien. No diré nada más.
Ella bajó el cojín.
Él esperó dos segundos.
—Mi hámster…
El cojín voló directo a su rostro.
—¡FUERA!
Xie Lang atrapó el cojín entre sus brazos y soltó una carcajada.
Era increíble.
En su vida anterior, Mino había sido el compañero más irritante que había conocido. Competía con ella por las mejores notas, se burlaba de sus errores y siempre encontraba la forma de sacarla de quicio.
Sin embargo, nunca lo había visto tan feliz como ahora.
Como si haberse casado con ella fuera el mayor premio que hubiera recibido en toda su existencia.
Alma apartó la mirada.
—Oye, Mino…
Él dejó de reír inmediatamente.
—¿Sí?
—¿Puedo confiar en ti?
La pregunta salió más seria de lo que pretendía.
Xie Lang ya no sonrió con picardía.
La miró a los ojos, atento.
—Sí.
—Ni siquiera sabes qué voy a preguntarte.
—No importa.
Alma apretó los dedos sobre la tela de su vestido.
—Hay personas en este palacio que podrían intentar hacerme daño. Y ahora que la verdadera princesa ha regresado, también podrían intentar enfrentarme a ella. No quiero que ocurra.
—Entonces no ocurrirá.
—No puedes prometer algo así.
—Puedo prometerte que no dejaré que te enfrentes sola a quienes quieran lastimarte.
Alma levantó la cabeza.
Por un instante, no vio al marqués juguetón que la perseguía pidiendo besos. Vio al muchacho que se había lanzado al agua para salvarla, aun cuando ambos corrían el riesgo de morir.
Aquel recuerdo le apretó el pecho.
—No necesito que me protejas todo el tiempo —murmuró.
—Lo sé.
—Puedo defenderme sola.
—También lo sé.
—Y no significa que te quiera.
Xie Lang guardó silencio un instante.
Después sonrió con suavidad.
—Lo sé, Alma.
Ella sintió una extraña punzada en el corazón.
¿Por qué demonios no discutía? ¿Por qué no insistía en que ella lo amaba? ¿Por qué no aprovechaba para molestarla?
Era mucho más fácil enfadarse con él cuando actuaba como un idiota.
—Entonces… —Alma se aclaró la garganta—. Gracias.
Xie Lang parpadeó.
—¿Qué dijiste?
—¡Que no lo repetiré!
—¡Mi esposa acaba de agradecerme!
—¡Xie Lang!
—¡Incluso me llamó por mi nombre!
—¡Voy a lanzarte por la ventana!
Él se acercó, radiante.
—No hace falta que me lances. Puedo saltar yo mismo de felicidad.
Alma se cubrió el rostro con ambas manos.
Su marido era incurable.
Y lo peor era que una pequeña parte de ella empezaba a acostumbrarse a tenerlo cerca.
A la mañana siguiente, el palacio imperial comenzó los preparativos para la presentación oficial de la verdadera princesa.
Los sirvientes transportaban telas, los funcionarios revisaban las listas de invitados y los encargados de las ceremonias discutían sobre el orden de las reverencias.
Alma recibió la invitación mientras desayunaba.
La leyó una vez.
Después otra.
Y finalmente dejó la carta sobre la mesa.
—Ya está. Es hora de devolverle lo que le pertenece.
Xie Lang, sentado frente a ella, levantó la vista de su cuenco.
—¿Te refieres a la horquilla del fénix?
Alma lo miró con sorpresa.
—¿Cómo lo sabes?
—Ayer hablaste de ella mientras dormías.
—¿¡Qué!?
—Dijiste: «¡Devuelve la horquilla, Juner, o morirás!». Después abrazaste la almohada y murmuraste que querías comprar una casa en el campo.
Alma se quedó horrorizada.
—¡No hablo dormida!
—Por supuesto que no, mi esposa.
—¡Y tampoco quiero comprar una casa contigo!
—Entonces compraré dos. Una para ti y otra para mí, así podremos visitarnos.
—¡¿Por qué querría visitarte?!
—Porque me extrañarías.
Alma se levantó de la mesa.
—Me voy a preparar.
—¿No vas a terminar el desayuno?
—¡Se me quitó el apetito!
Xie Lang observó cómo salía de la habitación y sonrió.
Después tomó tranquilamente el último pastelito que ella había dejado en el plato.
—Mi esposa es muy amable. Hasta me deja su comida.
Desde la puerta, Alma gritó:
—¡TE HE OÍDO!
Él se llevó el pastelito a la boca.
—Y tiene un oído excelente.
Horas más tarde, el carruaje del marquesado se detuvo frente al palacio.
Alma bajó acompañada de Xie Lang y Loto. Llevaba un vestido elegante, el cabello cuidadosamente recogido y una expresión serena que ocultaba sus nervios.
Había tomado una decisión.
No iba a repetir los errores de Juner.
No competiría con su hermana. No reclamaría un lugar que ya no le pertenecía. Y, sobre todo, no permitiría que el rey regente las utilizara para provocar una disputa.
Al cruzar las puertas del salón, vio a la emperatriz conversando con la verdadera princesa.
La joven vestía ropas nuevas, pero aún tenía la postura rígida de alguien que no estaba acostumbrado a ser tratado con respeto.
Cuando vio a Alma, sus ojos se iluminaron.
—¡Hermana!
Alma sonrió.
—Llegas temprano.
—Tenía miedo de equivocarme durante la ceremonia.
—No te preocupes. Si te equivocas, me equivocaré contigo.
La princesa abrió los ojos.
—¿De verdad?
—Por supuesto. Somos hermanas, ¿no?
La emperatriz se llevó un pañuelo a los ojos.
—Mis dos hijas…
Alma se apresuró a abrazarla.
—Madre, por favor, no llores todavía. Si empiezas ahora, terminarás llorando durante toda la ceremonia.
—¡No puedo evitarlo!
—Entonces lloraremos las tres.
La verdadera princesa se acercó tímidamente y las abrazó a ambas.
Por un momento, Alma sintió que había hecho lo correcto.
Pero entonces una voz fría interrumpió la escena.
—Qué conmovedora reunión familiar.
El rey regente acababa de entrar.
Sus ojos se detuvieron en Alma y después se desplazaron hacia la verdadera princesa.
—Espero que esta armonía continúe cuando empiecen las verdaderas responsabilidades de la familia imperial.
Alma sintió que la tensión regresaba a sus hombros.
Ahí estaba.
El hombre que podía convertir una celebración en una tragedia con una sola orden.
Hizo una reverencia respetuosa.
—Su Alteza, mi hermana ha regresado después de sufrir mucho. Hoy debería ser un día feliz para ella.
El rey regente entrecerró los ojos.
—¿Y qué lugar ocuparás tú ahora, Alma?
La pregunta hizo que el salón quedara en silencio.
Alma levantó la cabeza.
—El lugar que me corresponda.
—¿Incluso si eso significa renunciar a tus privilegios?
—Sí.
—¿Incluso si todos comienzan a llamarte hija adoptiva en lugar de princesa heredera?
—Eso no cambiará el cariño que siento por mi familia.
La emperatriz le apretó la mano con emoción.
El rey regente, en cambio, no pareció satisfecho.
—Veremos cuánto dura esa bondad.
Alma sonrió educadamente.
No me provoques, desgraciado. Estoy haciendo un esfuerzo monumental para no arruinar tu cara delante de todos.
Xie Lang, que estaba detrás de ella, inclinó ligeramente la cabeza para ocultar una sonrisa.
Conocía esa expresión.
Su esposa estaba insultando al rey regente mentalmente.
Y, sinceramente, no podía culparla.
Alma respiró profundamente y volvió la mirada hacia su hermana.
—Antes de que empiece la ceremonia, tengo algo que entregarte.
La verdadera princesa pareció desconcertada.
—¿A mí?
—Sí. Es algo que te pertenece.
Alma hizo una señal a Loto, quien abrió una pequeña caja revestida de seda.
En su interior descansaba la horquilla de oro con forma de fénix.
Los presentes contuvieron el aliento.
La emperatriz se llevó una mano a la boca. Incluso algunos funcionarios intercambiaron miradas de sorpresa.
Aquella joya no era un adorno cualquiera. Era un símbolo de la sucesión imperial, una pieza que durante años había permanecido en posesión de Juner.
Alma tomó la horquilla con cuidado y se acercó a la verdadera princesa.
—Esta joya debía pertenecerte desde el principio —dijo—. Lamento no habértela entregado antes.
La joven miró el fénix, incapaz de hablar.
—Pero…
—No tienes que agradecerme. No estoy haciéndote un favor. Solo estoy devolviéndote algo que es tuyo.
La princesa comenzó a llorar.
Alma le acomodó la horquilla entre las manos.
—Bienvenida a casa, hermana.
La emperatriz rompió a llorar también.
Y, por primera vez desde que Alma había llegado a ese mundo, nadie la miró como a una impostora que debía ser castigada.
La miraron como a alguien que había elegido hacer lo correcto.
Todos, excepto el rey regente.
Él observó la horquilla, después a Alma y finalmente a la princesa.
Su expresión era imposible de descifrar.
—Qué generosa eres, Alma —dijo al cabo de un momento—. Espero que nunca te arrepientas de haber renunciado a tanto.
Alma sostuvo su mirada.
—No me arrepiento, Su Alteza.
Porque prefiero perder una corona antes que perder la cabeza.
A su espalda, Xie Lang ocultó una sonrisa.
Él no sabía si su esposa conseguiría escapar de todos los peligros de aquella novela.
Pero estaba seguro de una cosa.
Alma no era la villana que el mundo esperaba que fuera.
Y cualquiera que intentara convertirla de nuevo en una tendría que enfrentarse primero a él.