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La Heredera Del Tiempo

La Heredera Del Tiempo

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Romance / Viaje En El Tiempo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: pitufina

El futuro regresa al pasado para evitar la destrucción completa, pero ¿como haces para pelear contra algo que es inevitable? ¿como fue posible que ellos terminaran juntos y encima tuviesen descendencia? quizás del odio al amor hay un solo paso o quizás, solo quizás, nunca fue odio ni rechazo.

NovelToon tiene autorización de pitufina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

la noche en que despertó el poder

La noche había caído sobre la mansión Parker mucho antes de lo habitual.

Las nubes negras cubrían completamente el cielo y, a lo lejos, los primeros relámpagos iluminaban el horizonte.

Avelina se encontraba en la cocina, preparando una taza de chocolate caliente, mientras Lyra observaba la tormenta desde la ventana.

Un trueno sacudió la mansión.

La pequeña dio un salto y corrió inmediatamente hacia su madre.

—¡Mamá!

Avelina se giró y no pudo evitar reír.

—¿Qué sucede?

Lyra se abrazó a sus piernas.

—El cielo está enojado.

Avelina se agachó frente a ella.

—No está enojado, pequeña.

Otro relámpago iluminó el cielo y, apenas unos segundos después, un trueno mucho más fuerte hizo vibrar los cristales.

Lyra cerró los ojos.

—Tengo miedo.

Avelina sonrió con ternura.

—¿Tú? ¿Una pequeña bruja de tormentas?

Lyra abrió un ojo.

—Sí.

—¿Y qué debería decir una bruja de tormentas cuando escucha un trueno?

La niña pensó unos segundos.

—¿Que no tiene miedo?

—Exactamente.

—Pero tengo miedo.

Avelina soltó una pequeña carcajada.

—Entonces quizá no sean los rayos lo que te asusta.

Lyra levantó la mirada.

—¿Qué?

—El ruido.

La niña asintió lentamente.

Avelina le acarició el cabello.

—Eso es diferente. Y no tienes que avergonzarte por tener miedo.

Lyra sonrió.

—¿Podemos hacer algo?

Avelina fingió pensar.

—Podríamos preparar un pastel.

Los ojos de la pequeña se iluminaron.

—¿De chocolate?

—Por supuesto.

—¿Y podemos mirar películas?

—Todas las que quieras.

—¿Incluso la de los dragones?

—Incluso esa.

Lyra abrazó a su madre.

Durante la siguiente hora, ambas se dedicaron a preparar el pastel.

La tormenta continuaba rugiendo afuera, pero dentro de la mansión todo parecía estar en calma.

Más tarde, Avelina y Lyra estaban sentadas en uno de los grandes sofás de la sala, cubiertas con una manta.

La película había comenzado.

Lyra sostenía un plato pequeño con un trozo de pastel.

Avelina sonreía mientras observaba a su hija comer.

Era una noche sencilla.

Una de esas noches que Avelina deseaba poder conservar para siempre.

Entonces ocurrió.

Las protecciones de la mansión comenzaron a vibrar.

Avelina levantó inmediatamente la cabeza.

La sonrisa desapareció de su rostro.

—Mamá...

—Quédate aquí.

El tono de Avelina había cambiado.

Lyra dejó el plato.

—¿Qué pasa?

Avelina se levantó.

Las protecciones mágicas volvieron a vibrar.

Esta vez con tanta fuerza que las ventanas temblaron.

Avelina sintió algo que no había sentido desde hacía mucho tiempo.

Peligro.

Un relámpago iluminó la sala.

—Lyra, mírame.

La niña levantó la cabeza.

Avelina extendió una mano.

—Voy a protegerte.

Una luz azulada envolvió el cuerpo de la pequeña.

—Manto protector.

La magia se cerró alrededor de Lyra como una segunda piel.

—Pase lo que pase, no salgas de ahí.

—Pero...

—Confía en mamá.

Lyra asintió.

Apenas terminó de pronunciar aquellas palabras, las protecciones de la mansión colapsaron.

Un estruendo sacudió todo el edificio.

La puerta principal explotó hacia el interior y fragmentos de madera y cristal volaron por el vestíbulo.

Lyra gritó.

Avelina se colocó inmediatamente delante de ella.

Entre el humo apareció una figura.

Savvana.

Llevaba una capa oscura y sostenía en una mano un extraño objeto negro.

Avelina reconoció inmediatamente que aquello no era un artefacto común.

La magia que desprendía era antinatural.

—¿Qué haces aquí?

Savvana comenzó a reír.

No era una risa normal.

Era una risa cargada de rabia.

—¿Qué hago aquí?

Avanzó lentamente.

—Vengo a recuperar lo que me robaste.

Avelina frunció el ceño.

—Yo no te robé nada.

—¡Me robaste mi vida!

La voz de Savvana retumbó por la mansión.

—¡Mi futuro! ¡Mi lugar! ¡El amor de Kael!

Avelina comprendió entonces que aquella mujer había perdido completamente la razón.

—Savvana, vete.

—¿Irme?

Savvana levantó el objeto negro.

—Esta vez no.

Una onda oscura recorrió la habitación.

Avelina intentó conjurar una barrera.

Nada ocurrió.

Sus ojos se abrieron con sorpresa.

—¿Qué...?

Savvana sonrió.

—¿Lo reconoces?

Avelina observó el objeto.

—Un objeto de anulación...

—Exactamente.

Savvana rio.

—Destroza cualquier escudo y bloquea la magia de los brujos.

Avelina retrocedió.

No podía utilizar su magia.

Por primera vez, se encontraba completamente vulnerable.

Savvana extendió una mano.

Los fragmentos de cristal que habían quedado esparcidos por el suelo se elevaron.

—¡Avelina!

Los vidrios salieron disparados.

Avelina apenas tuvo tiempo de cubrirse.

Uno de ellos alcanzó su brazo y otro le produjo un corte superficial en el costado.

Lyra comenzó a llorar.

Avelina cayó sobre una rodilla.

Savvana inhaló lentamente.

Sus ojos cambiaron.

Había percibido la sangre.

Sus colmillos comenzaron a crecer.

—Ese olor...

Una sonrisa monstruosa apareció en su rostro.

En su otra mano se formó una espada negra.

—Ahora entiendo por qué Kael te eligió.

Avelina levantó la mirada.

—No te acerques a mi hija.

Savvana avanzó.

—Te voy a matar.

Levantó la espada.

—Y a esa mocosa también.

Avelina intentó invocar el viento.

Nada.

Intentó llamar a los rayos.

Nada.

El objeto oscuro bloqueaba cada intento.

Savvana continuó acercándose.

Lyra lloraba detrás del manto protector.

Y entonces algo cambió.

La niña miró a su madre.

Vio la sangre.

Vio a Avelina herida.

Y algo dentro de ella comenzó a romperse.

Los recuerdos aparecieron en su mente.

Una guerra.

Fuego.

Gritos.

Su madre cayendo.

Kael.

El castillo.

La destrucción.

La sensación de perderlo todo.

Lyra comenzó a llorar con mayor intensidad.

—Mamá...

El manto protector comenzó a agrietarse.

—Mamá...

Avelina levantó la cabeza.

—Lyra, no.

Pero la niña ya no podía detenerse.

La magia explotó alrededor de ella.

El hechizo protector desapareció.

Savvana se detuvo.

—¿Qué...?

Lyra quedó completamente expuesta.

Sus ojos habían cambiado.

Savvana sonrió.

—Así que finalmente decidiste salir.

Levantó la mano.

Los fragmentos de cristal comenzaron a elevarse nuevamente.

—Veamos cuánto puede protegerte tu madre.

Los cristales salieron disparados hacia la niña.

Avelina reaccionó sin pensar.

Se interpuso.

Los fragmentos pasaron rozándola y varios cortes aparecieron en su espalda y piernas.

—¡MAMÁ!

Avelina cayó al suelo.

Lyra gritó.

Un grito que no parecía pertenecer a una niña de cuatro años.

La magia explotó.

Una presión invisible recorrió toda la mansión.

Las ventanas vibraron.

Las paredes crujieron.

Savvana fue obligada a retroceder.

—¿Qué está pasando?

Lyra levantó lentamente la cabeza.

Sus ojos se habían oscurecido.

Una energía extraña rodeaba su pequeño cuerpo.

Savvana intentó avanzar.

No pudo.

Sus piernas comenzaron a temblar.

Algo la obligó a doblar las rodillas.

—¡No!

Terminó arrodillada.

Savvana comprendió entonces lo que estaba sucediendo.

Sangre real.

La sangre de un príncipe vampiro.

La sangre de Kael.

La sangre que corría por las venas de aquella niña podía imponer una autoridad que su cuerpo no tenía forma de desafiar.

—Tú...

Lyra la miró.

Savvana sintió miedo.

Pero su odio era todavía mayor.

Con un esfuerzo desesperado, reunió la poca fuerza que le quedaba y lanzó un último ataque.

La energía oscura atravesó la habitación.

Avelina vio el movimiento.

—¡LYRA!

El ataque pasó rozando el rostro de la niña.

Una pequeña herida apareció en su mejilla.

Una gota de sangre cayó al suelo.

Todo quedó en silencio.

Avelina miró la sangre.

Después miró a Savvana.

Algo dentro de ella terminó de romperse.

—La tocaste.

Su voz era apenas un susurro.

Savvana tragó saliva.

Avelina comenzó a levantarse.

La magia que había estado bloqueada durante todo el ataque empezó a despertar.

Primero fue una corriente de aire.

Después otra.

Los cristales comenzaron a elevarse.

Las luces de la mansión parpadearon.

El objeto oscuro en la mano de Savvana comenzó a agrietarse.

—No...

Avelina levantó la mano.

—Tú no vas a volver a tocar a mi hija.

Una explosión de magia recorrió la habitación.

El objeto maldito se partió en varios fragmentos.

El bloqueo desapareció.

Y entonces Avelina recuperó todo su poder.

No.

No era simplemente su poder.

Era algo mucho más grande.

El viento comenzó a girar alrededor de ella.

Los rayos descendieron sobre la mansión sin dañarla.

Las paredes vibraron con la fuerza de la energía mágica.

Los ojos verdes de Avelina brillaron intensamente.

Savvana la observó horrorizada.

—No...

Avelina dio un paso hacia ella.

El aire pareció detenerse.

—Ahora sí.

Savvana retrocedió.

Por primera vez desde que había comenzado aquel ataque, no sentía rabia.

No sentía deseo de venganza.

No sentía orgullo.

Sentía miedo.

Miedo verdadero.

Porque finalmente había comprendido algo.

Había cometido un terrible error.

No había atacado simplemente a una bruja.

Había herido a una madre.

Y acababa de despertar aquello que Avelina había mantenido dormido durante demasiado tiempo.

1
patry
maravilloso 🥰 me encantó estos capítulo
patry 🌹
wowww que increíble capítulos mil gracias
patry
excelente narrativo me encantó como comenzó la historia
patry
como siempre ya me tiene atrapada querida autora muchos éxitos
Yanet Cristina Vilugron Salazar
interesante
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