Tras cansarse de la misma rutina de dos años, Jorge decide que ya no aguanta más estar así, pero una invitación inesperada hace que vea la verdad detrás de todo, ¿cambiará algo o todo seguirá siendo igual?
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Capítulo XI
--Valery--
Jorge se da cuenta de que estuve llorando, pero no le dije por qué, igual no es que le importe.
Mi padre llega y empieza a hablar sobre las reglas para el siguiente juego. La tercera tradición trataba sobre un barco que zarpó en busca de un tesoro que sería un tributo para la amada, pero ahora solo se reduce a la búsqueda de una piedra preciosa en el fondo de la piscina.
- Después de que el honorífico ganador le entregue el tesoro a su amada, tomarán el almuerzo -- dice mi padre con su cara estoica.
- ¿Solo es encontrar una piedra bajo el agua? -- pregunta Jorge mirando la piscina - No hay problema, ni que la piscina midiera veinte metros y tenga tanta profundidad -- agrega con sarcasmo.
La piscina en realidad mide tres metros por quince y tiene uno a tres metros de profundidad. Realmente sí será un reto difícil, pero no estoy aquí por ganar, ni lo estoy obligando a ganar, así que no importa.
Todos los participantes se posicionan a un costado de la piscina y cuando mi madre da la señal todos saltan al agua. Yo veo a Jorge nadar de un extremo a otro y luego toma una respiración para hundirse, Jax hace lo mismo y unos segundos después salen forcejeando.
- Es mía -- dice Jax y Jorge no se inmuta y sigue luchando.
- Ya basta, no hagan eso -- dice mi madre.
Ambos hombres se separan y luego todos se salen de la piscina, Briana espera ansiosa a Jax para recibir la piedra preciosa, pero todos voltean a verme cuando Jorge se para frente a mí y abre su mano mostrando un rubí precioso.
- Para ti, mi amada -- dice Jorge en un tono que todos escuchan.
Los aplausos llegan, empezando por Maya y su novio Milo, yo solo miro a Jorge sin saber qué hacer.
No entiendo por qué se esmera tanto en hacerme quedar bien cuando a mis espaldas parece que se escapa con Briana cada que puede.
Al ver que yo no reacciono, Jorge toma mi mano y coloca la piedra y luego hace que cierre mi mano y me da un beso en mis nudillos. Ese gesto hace que todos sientan ternura, lo veo en sus expresiones.
- Eres mi valiente caballero -- digo para corresponder, pero en el fondo así lo siento.
Todos vuelven a sus mesas, dando por finalizado el reto y veo como Briana le hace un berrinche a Jax por no haber ganado.
Jorge se sienta en su tumbona sin dejar de mirarme con una sonrisa en su rostro, yo lo miro un poco con rabia, pero me es imposible no sentirme atraída por esa hermosa carita.
- ¿Qué tienes? -- pregunto.
- Entonces, ¿soy tu caballero valiente? -- pregunta él.
- Lo dije por la actuación -- respondo, aunque en el fondo es lo que siento.
Realmente Jorge me ha salvado varias veces, solo que no logro entender por qué lo hace si se siente atraído por Briana. Lo que más me molesta es que sea por obligación a mí y eso me rompe un poco.
- ¿Por qué no me dices lo que pasó hace un rato? Sé que estás mal -- pregunta él acercándose a mí - Mírate, estás a punto de llorar -- agrega.
Yo toco mi cara, no me había dado cuenta de que mis pensamientos me estaban conduciendo a llorar.
- No pasó nada, estoy bien -- digo y justamente vienen sirviendo el almuerzo - Oh, el almuerzo está listo -- agrego.
Jorge vuelve a su lugar mientras nos sirven langosta y otros mariscos con muchos aderezos y salsas.
- Se terminó el hielo, voy por más -- dice él tomando la cubeta de hielo.
- No es necesario, le podemos pedir a uno de los empleados que lo traiga -- digo yo.
- Todos están ocupados, mejor voy yo y vuelvo rápido antes de que la comida se enfríe -- dice Jorge y se va.
Yo me le quedo viendo hasta que se aleja, luego miro a Briana quién aprovecha que todos están distraídos con el almuerzo y se va detrás de él.
Ese idiota seguro usó de excusa eso para escaparse de nuevo con ella, alguien más podría haber traído el hielo, pero no pienso quedarme solo viendo como juega conmigo, así que decido ir detrás de ellos.
Al llegar a la cocina unos pocos empleados siguen ahí, pero no tardan en irse cuando Briana los manda a tomar su almuerzo. Yo me quedo escondida detrás de una pared cercana.
- ¿Qué pasa? -- pregunta Jorge con impaciencia y desdén en su voz.
- Que buen teatro te has montado solo para llamar mi atención -- dice Briana con su tono coqueto.
- Yo no hago nada para llamar tu atención -- dice Jorge.
- Ay, por favor, has estado viéndome toda la mañana. Incluso te seguí al baño para darte un premio por ser tan guapo -- dice ella.
- Mmm, ¿entonces era eso? -- dice Jorge - Pensé que le habías dicho a tu novio que era a él a quién esperabas. No a mí, yo no te llamé -- agrega.
- Él llegó de repente, pero no te pongas así, todavía puedo contigo -- dice Briana.
- ¿Piensas que voy a dejar a Valery, la mujer más hermosa y mejor persona que existe, por ti?, ¿Una puta cualquiera que está a punto de casarse y se ha pasado persiguiendo otro hombre por sexo asqueroso? -- pregunta Jorge, esta vez su voz está cargada de rabia y desprecio.
Yo cubro mi boca con ambas manos, ¿entonces Jorge no ha estado detrás de ella ni está interesado en ella? Todo este tiempo estuve mal.
Una emoción creciente se esparce por mi pecho, Briana le dice otras cosas, pero yo me alejo del lugar para que no me vean y justo cuando voy saliendo me tropiezo con Jax y caemos al suelo.
- ¡Auch! -- exclamo al caer.
- Valery, ¿por qué eres tan despistada? -- dice Jax en tono molesto.
Yo me alejo de él rápidamente y justo llega Jorge.
- ¿Qué pasó?, ¿estás bien? -- pregunta, su tono ahora es suave y preocupado.
- Nada, estoy bien -- respondo apresurada y Jorge me ayuda a levantarme.
- Solo chocamos, no es como si la hubiese apuñalado -- dice Jax al ponerse de pie también.
- Tú tienes la culpa, maldito estúpido -- dije Jorge reclamándole a Jax.
- ¿Qué está pasando aquí? -- pregunta Briana al llegar.
- Vámonos, Jorge -- digo y lo jalo, él me sigue sin protestar.
Al volver a nuestra mesa, Jorge deja de lado el hielo y me mira.
- ¿Por qué siempre huyes? -- pregunta.
- Jorge, no vale la pena entrar en discordia y menos estar hablando de eso. Tomemos el almuerzo -- respondo y empiezo a servirnos en platos.
- Te lastimaste -- dice Jorge y se arrodilla frente a mí tocando mi rodilla.
Solo entonces noto que mi rodilla tiene un pequeño raspón y estoy sangrando un poco.
- Seguro fue cuando me caí, no es nada -- digo, pero Jorge lo ve como si estuviese muriendo.
Su expresión demuestra mera preocupación por mí, no sé si solo lo noto ahora que sé que es genuina su preocupación, pero me agrada la sensación.
Jorge me limpia con una toalla y una botella de agua, luego con la misma toalla envuelve hielo y lo sostiene sobre el raspón.
- Tu piel es muy delicada -- dice mientras se sienta en el suelo para seguir sosteniendo el hielo.
Prácticamente quedamos a la misma altura aunque yo esté sentada sobre la tumbona, nuestra diferencia de tamaño es casi medio metro.
- ¿Quieres langosta o camarones? -- pregunto tomando uno de cada uno y colocándolo en un plato.
- Langosta -- responde él.
Yo tomo la langosta, le quito la cáscara y la remojo en aderezo y salsa negra para luego darle. Él sonríe y luego abre la boca y le da un gran mordisco, yo como algunos camarones y ensalada.
Esta situación se parece mucho cuando él me vendó las manos y estaba alimentándome, muy similar, solo que sus manos están libres y él prefiere cuidarme aun así.