Emir Casper regresó del extranjero, sin imaginar que su ex novia y su mejor amigo, estaban celebrando un año de aniversario. Tal vez por venganza, o quizás porque en verdad ella lo cautivo, contrajo matrimonio con la prima de su mejor amigo, teniendo que convivir en la misma casa que su exnovia, y su mejor amigo.
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Capítulo 23
—¿Por qué no me lo habían dicho?
—Edson quería que fuera un secreto, al menos hasta que nos casáramos, pero en vista de que estás pensando otra cosa, te lo aclaro.
Después de lograr que Dary se quite esas ideas de la cabeza, salgo del bar. De camino a casa no dejo de pensar en mi venganza, la cual se me hace oportuna en el momento en que el señor Rossetti me propone, o mejor dicho, me fuerza a que pida la mano de su hija, y más aún cuando Edson me pide lo mismo. Esta era una oportunidad que no iba a dejar pasar; me cayó como anillo al dedo porque así no tendría que seducir a Belly y no habría sentimientos involucrados.
Me será más fácil destruir a Maca, ya que no solo yo tendré que fingir, sino que Belly también deberá hacerlo para convencer a su padre.
La vida me estaba poniendo todo fácil y aprovecharía cada oportunidad que se me diera, ya que esa mujer merece perder todo lo que ha construido con mi amigo. Haré que se vuelva loca de celos al verme con Belly y termine abandonando a Edson, pues mi bro no merece una mujer como esa a su lado. Quizás en algún momento esto afectará nuestra amistad, pero tengo un punto a mi favor: que mis otros amigos intercederán por mí.
Pasan dos días y el cumpleaños de una de las princesas más hermosas de la familia llegó. Está vestida con un hermoso vestido rosa y unas grandes alas de hada que traspasan su porte; al verme llegar, corre con su varita y me apunta.
—Detente ahí, príncipe —me quedo quieto con la caja en mano—. Esto es mío —agarra la caja y se va riendo.
—Oye, ¿no piensas descongelarme, ladrona de regalos?
—No puedes hablar ni moverte hasta que vuelva —corre hasta la casa, dentro de unos minutos sale y, una vez que se para delante de mí, mi descongela y a la vez se lanza sobre mis brazos. Me llena de besos y así caminamos hasta donde se encuentran los demás.
—¿Dónde dejas los regalos?
—En mi habitación, porque no quiero que Emi me los quite.
—Oh, ya entiendo, pero ella aún no llega.
—Por eso; cuando llegue, preguntará por mis regalos, querrá verlos y llevárselos. Siempre hace lo mismo.
—Dices que Emi es ladrona.
—No, ella dice «préstame» y nunca los regresa —aprieto mis labios para no reírme delante de ella. Tengo una agradable conversación con mi hermosa prima; cuando llegan más invitados, corre hasta ellos y de la misma forma les arrebata los regalos. Yo aprovecho para saludar al tío. —Creí que era solo una reunión familiar.
—De última hora Lilly invitó a varias amigas de Emilia.
—¡Varias!
—Bueno, digamos que todo el salón —reímos ambos—. ¿Y tu novia? ¿Por qué no vino contigo?
—Viene con su familia, su padre no quiso que pasara por ella —me acomodo en la silla vacía.
—Emir, queda muy poco para que te cases con esa muchacha.
—Sí, dos días —digo restándole importancia.
—Puedes confiar en mí, hijo; dime lo que estás sintiendo.
—Ahora no siento absolutamente nada, tío.
—No quiero que suceda lo que pasó entre Iker y yo; no quiero que pierdas una gran amistad por cobrar una venganza que no te ayudará en nada. Mira nuestro ejemplo: pasamos casi veinte años disgustados por una mujer, nunca nos sentamos a hablar y escucharnos el uno al otro. ¿Por qué mejor no hablas con ese muchacho y le cuentas lo sucedido? Yo sé que él va a entender.
—Aún no es tiempo, tío —me levanto y camino hasta la entrada porque la familia de Belly acaba de llegar y entre ellas está Maca. Pensé que después de haber estado en el hospital tendría reposo, pero si está aquí, mucho mejor; así se dará cuenta de la grandiosa familia que se perdió por no tener valentía de enfrentar a su madre. —¡Bienvenidos! —saludo a todos, incluida ella. Sé que me mira, pero yo no lo hago; una vez que todos ingresan, tomo la mano de Bellinda y me adelanto con ella para presentarla a mis padres. Todos los demás vienen tras nosotros y, al detenernos, comento: —Papá, mamá, ella es Bellinda, la mujer que elegí para que sea mi esposa y madre de mis hijos —no tengo ojos atrás, pero puedo casi imaginar la cara que ha puesto Maca; supongo que está hirviendo en cólera.
—Un gusto en conocerte, Bellinda.
—El gusto es mío —estrecha la mano con ambos. Seguido, me volteo y sonrío.
—Ellos son los familiares de Belly —nombro a cada uno de los ahí presentes, incluso a Maca, a la cual siempre me pidió que llevara a casa para conocerla, pero esta nunca quiso; incluso me prohibió que hablara de nuestra relación. Por ello, solo mamá y Emilia lo sabían, y ellas tenían prohibido comentarlo delante de cualquier persona, porque así lo pidió la bella mujer que se encuentra a mi costado—. Ven, te presentaré a mi tía; ella te va a encantar —le digo al tomarle la mano. Paso por donde está Maca dejando mi perfume al aire libre, aquel que le gustaba; lo sé porque siempre decía que, al aspirar de mi perfume, se volvía más frágil a mi lado—. Tía, ella es Belly.
—Mucho gusto, Belly.
—Usted se parece mucho a una niña que está en una de las fotografías de mamá.
—¿En serio? ¿And cómo se llama tu mamá?
—Bellinda Chester.