Se dice que existe una Primera Dimensión, el origen y el punto de unión de todas las demás. Un lugar donde los límites entre mundos se quiebran y nuevas realidades nacen, incluso en la era moderna, cuando la humanidad cree haber dejado atrás a los dioses. Mi nombre es EAU VITALE.Soy la última creación de la Diosa de la Nada, también llamada la Primera Diosa.
Fui la última humana que suplicó por su vida antes de ser asesinada por tres seres sobrenaturales que se proclamaron superiores incluso a los propios dioses. Pero la muerte no fue mi final. Como me dijo la diosa al rescatarme: la vida es un ciclo… y la reencarnación también. Mi reencarnación no es común. No regreso como humana. Renazco dentro de distintos seres sobrenaturales, una y otra vez, con el mismo propósito: equilibrar el poder que fue devuelto a estas criaturas cuando los dioses, desesperados, rogaron por la supervivencia de sus creaciones.
Soy el equilibrio entre dimensiones.
La consecuencia de la soberbia divina.
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Capítulo 23: La sangre de la nieve
Capítulo 23: La sangre de la nieve
En la manada del Rey Alfa, los Reyes se reunían con el consejo y habían mandado a llamar a los Alfas de todas las manadas con suma urgencia.
Uno a uno fueron llegando.
Los líderes ocuparon sus lugares alrededor de la enorme mesa de piedra mientras guardias y consejeros permanecían en silencio junto a las paredes.
Vicente y Andrea llegaron juntos.
Poco después aparecieron Cassio y Agora.
Los saludos fueron breves.
El ambiente estaba demasiado tenso para conversaciones innecesarias.
Finalmente las enormes puertas del salón se abrieron.
Dos hombres entraron acompañados por una mujer de cabello blanco plateado.
Los Reyes Alfa y su Luna.
Todos los presentes inclinaron la cabeza mostrando el cuello en señal de respeto.
—Pueden sentarse —ordenó Rai.
El silencio regresó.
Seth observó varios informes antes de hablar.
—Hemos recibido reportes preocupantes de varias manadas.
Sus ojos se dirigieron hacia Vicente y Cassio.
—Sin embargo, nos llama especialmente la atención que MoonBlack y MoonBlood hayan comenzado a cerrar sus fronteras.
Vicente se puso de pie.
—Hace unos meses un grupo de renegados logró ingresar a MoonBlack acompañado por vampiros y brujos.
Los murmullos aparecieron de inmediato.
—Eso es imposible —intervino un Alfa de una manada menor—. Para llegar a MoonBlack tendrían que haber cruzado otros territorios.
—Eso mismo pensé —respondió Vicente—. Pero ninguna manada reportó movimientos sospechosos.
El salón volvió a quedar en silencio.
Seth apoyó las manos sobre la mesa.
—Si hubo participación de brujos, podremos consultar con el Gran Brujo.
Entonces miró a Andrea.
—Pero hay otra cuestión. ¿Por qué existen duendes viviendo dentro de MoonBlack?
Andrea se levantó.
—Porque les debo la vida.
Varias cejas se arquearon.
—Además, están ayudando a nuestros herreros y fortaleciendo nuestras defensas.
Rai asintió lentamente.
Pero antes de continuar...
La reina Luna observó a Cassio.
El Alfa de MoonBlood estaba inmóvil.
Demasiado inmóvil.
Su mirada permanecía fija en algún punto lejano.
Como si escuchara algo.
Como si estuviera percibiendo algo imposible.
—Cassio... —llamó ella.
El Alfa levantó lentamente la cabeza.
Y gruñó.
Un sonido bajo.
Oscuro.
Peligroso.
Todos los presentes sintieron el instinto de apartarse.
—Entraron a mi manada.
Andrea palideció.
Vicente reaccionó inmediatamente sujetándola del brazo.
Los Reyes se pusieron de pie.
—Preparen al brujo del reino —ordenó Seth.
Los guardias salieron corriendo.
Mientras tanto, Cassio y Agora rompieron simultáneamente dos antiguos talismanes.
Regalos de Circe.
La energía explotó a su alrededor.
Y desaparecieron.
Horas antes...
En MoonBlood.
Bella practicaba con la espada que Charles le había enviado como regalo de cumpleaños.
La hoja cortaba el aire con movimientos cada vez más precisos.
A pocos metros descansaba el arco que Vicente y Andrea le habían regalado.
Después de terminar la rutina guardó ambas armas.
El frío nocturno entró cuando abrió la puerta del balcón.
La luna iluminaba las montañas nevadas.
Todo parecía tranquilo.
Pero entonces...
Sintió algo.
Una presión extraña.
Oscura.
Pesada.
Y junto con ella llegó otro aroma.
Sangre.
Bella se asomó.
Y vio a un guardia desplomarse sobre la nieve.
—¡Cristofer! ¡Hans!
Su voz resonó por toda la residencia.
Las puertas se abrieron inmediatamente.
Los gemelos bajaron corriendo junto con varios guerreros.
Cuando llegaron, Bella ya estaba arrodillada junto al herido.
Sacó una poción de su bolsa mágica.
—Bebe.
El hombre obedeció.
La herida intentó cerrarse.
La carne comenzó a regenerarse.
Y de pronto...
Se abrió nuevamente.
Más profunda.
Más oscura.
Como si algo estuviera devorando la curación.
Bella sacó otra poción.
Luego una tercera.
Nada funcionó.
—No... —susurró.
El guerrero respiraba con dificultad.
—Entraron por las montañas...
Tosió sangre.
—Son... humanos...
Efraín llegó justo en ese momento.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Activen la alarma.
Los cuernos comenzaron a sonar.
Pero Bella seguía observando la herida.
Algo no encajaba.
Tomó un poco de sangre.
La olió.
Luego tocó apenas una gota con la lengua.
Y la escupió de inmediato.
—¡Acónito!
Todos la miraron.
—¡Las armas tienen acónito!
El rostro de Efraín se endureció.
Ahora todo tenía sentido.
Las heridas no sanaban.
La regeneración estaba siendo bloqueada.
Bella intentó otra vez.
Vertió una última poción sobre la herida.
La piel volvió a cerrarse parcialmente.
Pero el daño ya era demasiado profundo.
El guerrero tomó débilmente la muñeca de Bella.
—Protejan... la manada...
Su mano cayó.
Y murió.
Bella permaneció inmóvil.
Mirándolo.
Apretando los dientes.
Era la primera vez que alguien moría frente a ella sin que pudiera hacer nada.
UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU—
La alarma de MoonBlood resonó por toda la cordillera.
Bella regresó corriendo a la residencia del Alfa.
Cristofer y Hans fueron tras ella.
Entró directamente a su habitación.
Abrió la bolsa mágica.
Y comenzó a sacar frascos.
Docenas de ellos.
Los gemelos la observaban sorprendidos.
—¿Cuántas cosas guardaste ahí?
—Charles tiene problemas para entender el concepto de equipaje normal.
Tomó varias botellas rojas.
Y se las lanzó.
—Bébanlas.
Ambos las observaron con sospecha.
—¿Qué es esto?
—Confíen en mí.
Eso no ayudó.
Pero aun así las bebieron.
Un calor intenso recorrió sus cuerpos.
Sintieron más fuerza.
Más energía.
Y algo parecido a una protección recorriendo sus venas.
—Es un potenciador —explicó Bella—. También ayuda contra el acónito.
Tomó más frascos.
—Distribúyanlos entre los niños, ancianos y mujeres embarazadas.
Cristofer negó inmediatamente.
—No.
—¿Qué?
—No vamos a dejarte sola.
Hans cruzó los brazos.
—Padre nos matará.
—Nos despellejará vivos —corrigió Cristofer.
—Y después nos matará.
Bella estaba a punto de responder cuando...
BOOOOOOOOM.
Una explosión sacudió toda la residencia.
Las ventanas estallaron.
Los tres cayeron al suelo.
La batalla había llegado.
Bella fue la primera en levantarse.
—Están aquí.
Tomó una caja llena de pociones.
—Hagan lo que les dije.
Y salió corriendo.
Efraín organizaba las defensas cuando Bella apareció.
—Toma.
Le entregó las cajas.
—Repártelas entre los guerreros.
El Beta abrió la boca para regañarla.
Porque ella debía estar en la habitación segura.
Porque Andrea lo asesinaría si algo le ocurría.
Porque Cassio probablemente lo resucitaría solo para matarlo otra vez.
Pero entonces vio algo detrás de Bella.
Un movimiento.
Un reflejo metálico.
Un hombre vestido con camuflaje blanco.
Oculto entre la nieve.
Apuntando directamente hacia ellos.
El soldado ni siquiera había notado a Bella.
Toda su atención estaba concentrada en Efraín.
Y ese fue su error.
—¡BELLA! —rugió el Beta.
La niña reaccionó.
Giró.
Desenvainó.
Su cuerpo se movió por puro instinto.
La espada atravesó el aire.
Un único corte.
Limpio.
Preciso.
La cabeza del soldado salió despedida.
El cuerpo permaneció de pie durante un segundo.
Luego cayó pesadamente sobre la nieve.
El silencio duró apenas un instante.
Porque inmediatamente después...
El sonido de disparos y explosiones volvió a sacudir toda MoonBlood.
Y Efraín comprendió algo que llevaba meses negándose a aceptar.
Bella Gros Warren ya no era la pequeña niña asustada que había llegado a la manada.
La cachorra de MoonBlack estaba empezando a convertirse en una verdadera guerrera.