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El Aroma Del Musgo Después De La Lluvia

El Aroma Del Musgo Después De La Lluvia

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Romance
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Él huele a lluvia de verano. Él casi no huele a nada.

Nico es un alfa de veinte años que nunca se ha enamorado. Cree que el amor es un vendaval que lo arrasa todo el primer día.
Jean es un omega de veintiocho que sí amó, y perdió, y se arrancó la marca. Ahora apenas huele. Ahora no espera nada.

Pero Nico vuelve al cibercafé. Cada tarde. Con excusas tontas.

Y poco a poco descubre que el amor no es solo felicidad. También es miedo. Espera. Dolor. La paciencia de quedarse cuando el otro no puede devolver la mirada.

Porque a veces el amor no es un vendaval. A veces crece lento, en silencio, y cuando menos lo esperas ya te ha arrasado.

Porque a veces el amor no ruge. A veces es solo lluvia suave que despierta el musgo que parecía muerto.

Una novela Omegaverse sobre aprender a esperar y atreverse otra vez.

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: La mañana siguiente

Jean abrió el café a las siete. La rutina era la misma de siempre —encender las luces, preparar la máquina, contar el cambio— pero esta mañana sus dedos se movían más lentos, como si cada gesto necesitara un permiso que antes no pedía.

No había dormido bien, se había quedado mirando el techo hasta tarde, con la luz de la mesita encendida y el sabor de Nico todavía en los labios. No se arrepentía del beso, tampoco sabía si estaba preparado para otro, se había movido en un espacio intermedio, ese lugar incómodo donde ya no era el de antes pero todavía no era el de después.

Mireia llegó a las ocho, la campanilla sonó y ella entró con su energía de siempre, una bufanda nueva enrollada al cuello y una bolsa de papel en la mano.

—Buenos días —canturreó—. Traigo medialunas, oensé que hoy te harían falta.

—¿Por qué? —preguntó Jean.

—Porque tienes cara de no haber dormido y porque ayer te fuiste temprano y no me contaste nada.

Jean encendió la máquina de espresso, el ruido del agua llenó el silencio.

—No hay mucho que contar.

—¿Ganó Nico?

—Sí.

—¿Y después?

Jean cogió un paño y empezó a limpiar la barra. No miraba a Mireia, no miraba nada.

—Después nada, me fui a casa.

Mireia se quedó callada, lo observó con esos ojos suyos que siempre parecían ver más de lo que Jean mostraba.

—¿Nada?

—Nada.

Mireia no insistió, pero tampoco se lo creyó, desenvolvió las medialunas y las dejó sobre un plato.

—Bueno —dijo—, pues aquí tienes azúcar, por si la mañana se vuelve amarga.

Jean casi sonrió. Casi.

———

La campanilla sonó a las nueve y diez, Jean levantó la cabeza. Nico estaba en la puerta, con la mochila al hombro y el pelo rubio todavía húmedo de la ducha, llevaba una sudadera gris claro y unos vaqueros desgastados. Su sonrisa era suave, contenida, como si también él estuviera tanteando el terreno.

Jean sintió que el aire se le quedaba atrapado un momento y luego, sin poder evitarlo, el calor le subió a las mejillas.

Recordó el beso.

La forma en que Nico se había inclinado, la frente apoyada contra la suya, el sabor de sus labios. Había sido apenas un roce, pero Jean lo recordaba con una nitidez que le dolía.

Apartó la mirada pero ya era tarde, Mireia lo había visto.

—Buenos días guapo —dijo Mireia, apoyándose en la barra con los brazos cruzados—, espero que no vengas a llevarte a mi empleado otra vez.

Nico sonrió, una sonrisa tímida, casi infantil.

—Solo vengo a desayunar, no te preocupes.

—Eso espero —dijo Mireia, con una ceja levantada—, oorque ayer me lo dejaste hecho un trapo.

—Mireia —la cortó Jean. Su voz sonó más seca de lo que pretendía.

Mireia alzó las manos en un gesto de paz pero su sonrisa seguía ahí, como un gato que acaba de encontrar un ovillo de lana.

Nico se acercó a la barra.

—Hola, Jean —dijo.

—Hola.

—¿Me pones un cortado, un sándwich y un jugo de naranja?

—Ahora mismo.

Jean se giró hacia la máquina, sintió la mirada de Nico en su espalda mientras preparaba el café. Sus dedos, que antes habían estado lentos, ahora se movían con una precisión tensa, no quería temblar, no quería equivocarse.

Cuando terminó, colocó el sándwich, el jugo y el café sobre la bandeja, iba dejarla sobre la barra cuando Mireia apareció a su lado.

—Llévalo tú —dijo, en voz baja—, yo me quedo aquí. Tómate tu tiempo.

Jean la miró, Mireia le devolvió una mirada que no admitía réplica.

—Está bien —dijo.

Salió de detrás de la barra con la bandeja en las manos, cruzó la sala vacía. Llegó a la mesa de Nico y colocó las cosas con cuidado.

—Realmente viniste a desayunar —dijo Jean. No era una pregunta.

—Dije que lo haría.

—Podrías haber desayunado en la cafetería de la universidad, es más barato y no tendrías que desviarte.

—Lo sé, pero quería verte.

Jean bajó la mirada, no se sentó, pero tampoco se fue, se quedó de pie junto a la mesa, con las manos colgando a los costados.

—¿Cómo está la hiedra? —preguntó, sin mirarlo.

—Bien, la puse en mi habitación, le da el sol de la mañana. Creo que le gusta.

—No necesita mucho, solo agua y luz.

—Como todo el mundo —dijo Nico.

Jean levantó la cabeza, sus ojos se encontraron. Nico no sonreía, pero su mirada era cálida, no exigía nada, solo estaba ahí.

—Esta tarde, cuando salgas de trabajar, necesito hablar contigo —dijo Nico.

—¿De qué?

Nico lo miró, no dijo «de nosotros», no dijo «de lo que pasó anoche». Solo dijo:

—Lo sabes.

Jean sintió que el aire se le quedaba atrapado en el pecho. Sí, lo sabía.

—No sé si voy a poder —dijo—, tengo cosas que hacer.

No era verdad, o sí, pero no importaba, era una excusa, y ambos lo sabían.

Nico no apartó la mirada.

—Esta vez no aceptaré una negativa, Jean.

No lo dijo con dureza, lo dijo con una firmeza tranquila, como quien enuncia algo que ya está decidido.

Jean abrió la boca, la cerró.

—Está bien —dijo al fin—, después del trabajo.

Nico asintió, dio un sorbo al café, Jean se quedó un momento más junto a la mesa, sin saber si sentarse o volver a la barra.

Al final, volvió a la barra.

Mireia lo recibió con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Qué? —preguntó Jean.

—Nada —dijo ella—, solo que tienes las mejillas coloradas.

Jean no respondió, pero sus dedos, al coger el paño, temblaban un poco menos.

 ———

Nico llegó a la cafetería de la facultad con el sabor del café todavía en la boca y la imagen de Jean grabada en la retina. Se sentó en la mesa de siempre, Mauro ya estaba allí, con un libro abierto que no estaba leyendo.

—Buenos días —dijo Mauro.

—Buenos días.

—¿Cómo te fue anoche?

Nico cogió una servilleta, la dobló, la desdobló, era su forma de ganar tiempo.

—Le pedí que no se cerrara, dijo que lo intentaría.

—¿Y eso es bueno?

—Creo que sí. No me dijo que sí, pero tampoco me dijo que no.

Mauro asintió, antes de que pudiera responder Leo apareció con el pelo rojo alborotado y una marca de almohada en la mejilla.

—Buenos días, criaturas —dijo, dejándose caer en la silla—. ¿Alguien me explica qué pasó anoche? Me perdí la mitad de la fiesta.

—Tú siempre te pierdes la mitad de todo —dijo Mauro.

—Estaba ocupado, cosas importantes. —Leo bostezó—. Pero me enteré de que Nico desapareció de repente, salió y no regresó, Sasha se quedó con un palmo de narices.

—Fue a buscar a Jean —dijo Mauro.

—Ah. —Leo se giró hacia Nico con una ceja levantada—. ¿Y qué tal?

—Bien. Bueno, no sé, es complicado.

—Siempre lo es.

Nico dejó la servilleta sobre la mesa. Había decidido algo mientras venía hacia la facultad.

—Luego voy a hablar con Sasha para disculparme, se merece al menos eso.

—Suerte —dijo Leo—. Ese chico no se rinde fácil.

—Lo sé.

Mauro cerró el libro y miró a Nico con esos ojos café que nunca juzgaban pero siempre veían.

—¿Y luego?

—Luego voy a Offline, Jean sale a las nueve, vamos a hablar.

—¿Hablar de qué?

Nico se quedó callado, miró la servilleta hecha un acordeón entre sus dedos.

—De nosotros, de esto. De lo que sea que estamos haciendo.

Leo apoyó los codos en la mesa.

—Nico —dijo, y su tono ya no era el de siempre, no había broma—. ¿Tú sabes ya qué quieres?

Nico levantó la cabeza miró a Leo, miró a Mauro, los dos esperaban.

—Creo que sí.

—¿Y qué es?

Nico miró por la ventana, el sol del mediodía dibujaba rectángulos de luz sobre las mesas de plástico. Pensó en Jean.

—No sé cómo explicarlo —dijo—, no es una cosa concreta.

—Pues inténtalo —dijo Leo.

Nico resopló, iba a decir algo pero Mauro se le adelantó.

—Es Jean —dijo Mauro, con esa calma suya que nunca necesitaba subrayar nada—. Lo que quiere es a Jean.

Nico asintió una vez, despacio.

—Eso, es despertarme y querer verlo. Que me importe más él que... no se, todo lo demás..

Leo se quedó callado un momento, luego sonrió, no la sonrisa pícara de siempre. Otra, más pequeña, más cómplice.

—Pues entonces —dijo—, ya lo sabes.

—¿El qué?

—Que esto va en serio.

Nico no respondió, no hacía falta, la sonrisa que se le escapó lo decía todo. Mauro abrió su libro otra vez, pero antes de volver a la página que no estaba leyendo, añadió:

—Me alegro por ti.

Y Leo, que nunca se quedaba atrás, le dio un puñetazo suave en el brazo.

—Ahora solo falta que no la cagues.

—Haré lo posible —dijo Nico.

Y los tres rieron, como siempre, mientras el bullicio de la cafetería los envolvía.

 ———

Esa tarde Nico esperó fuera del edificio de la facultad de Arte, apoyado en una de las columnas de la entrada, no había querido entrar, no quería incomodar a Sasha delante de sus compañeros.

La puerta se abrió y un grupo de estudiantes salió, entre ellos, Sasha. Llevaba una camisa azul claro y el pelo caoba peinado hacia atrás, a su lado caminaba Aris, el omega de pelo blanco recogido en una coleta alta. Nico lo recordaba del café: era el amigo que siempre estaba a su lado.

Sasha lo vio, su expresión cambió un instante, pero se recompuso rápido.

—Nico —dijo, sin acercarse demasiado—. ¿Qué haces aquí?

—Quería hablar contigo un momento, si puedes.

Aris miró a Sasha, este asintió.

—Te espero dentro —dijo Aris y desapareció por la puerta.

Se quedaron solos en la escalinata.

—Quería disculparme —dijo Nico—, por lo de anoche. Me fui sin avisar, no fue justo para ti, te habías esforzado mucho.

Sasha lo miró, sus ojos ya no tenían el brillo entusiasta de otras veces, pero tampoco estaban rotos.

—No —dijo—. No fue justo.

Hubo un silencio breve, Sasha parecía buscar algo en el rostro de Nico, alguna respuesta que no se atrevía a pedir.

—¿Por qué te fuiste de esa manera? —preguntó al fin.

—Tenía que ver a alguien, era algo que no podía esperar.

—¿Alguien? —Sasha bajó la voz y la palabra salió casi en un susurro—. ¿Un... omega?

Nico asintió.

Sasha no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas, bajó la mirada para intentar ocultarlo, pero ya era tarde.

—Sasha, yo... —Nico se pasó una mano por el pelo—. No quiero lastimarte y para eso necesito ser claro contigo. Me gusta alguien y quiero estar con esa persona. Sé que te gusto, aunque no lo has dicho de forma explícita y lamento mucho no poder corresponderte.

—¿Por qué? —preguntó Sasha, y su voz se quebró—. ¿Qué me falta? He intentado todo durante un año. Entonces, ¿por qué no gustas de mí?

—No te falta nada, Sasha, eres un omega lindo y un gran chico, es solo que... —Nico buscó las palabras y cuando las encontró, las dijo con una suavidad que no pretendía disimular la verdad—. No eres tú la persona que he elegido. Estoy seguro de que encontrarás a alguien, pero para eso primero tienes que dejarme ir.

Sasha levantó la mirada, sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero no dejó caer ninguna. Amaba a Nico, había intentado todo durante un año, pero nunca había perdido su dignidad, nunca se había arrastrado y no iba a empezar a hacerlo ahora.

—Está bien —dijo—, si ya escogiste a alguien más, entonces daré un paso atrás. Espero que podamos ser amigos, no ahora: lo que siento no va a desaparecer en un día. Pero después, cuando todo esto pase.

—Claro —dijo Nico. Su expresión era triste, bo le gustaba herir a las personas, pero necesitaba dejar las cosas claras o esto traería más problemas con Jean.

—¿Estarás bien? —preguntó.

Sasha sonrió, una sonrisa triste pero entera.

—Supongo que sobreviviré.

Nico asintió, dio la vuelta y antes de empezar a caminar, se detuvo un instante.

—Lo siento —dijo sin mirarlo.

Y se fue.

Sasha se quedó un momento en la entrada, viéndolo desaparecer escaleras abajo, luego se giró y entró en el edificio. Aris lo esperaba en el vestíbulo, apoyado contra la pared.

—¿Cómo estás? —preguntó.

—Estoy bien —dijo Sasha en un susurro, con la mirada en el suelo.

—No lo estás.

Aris se acercó y puso una mano en su hombro, Sasha levantó la vista, y por fin, lejos de todas las miradas, dejó que las lágrimas corrieran. Eran lágrimas silenciosas, sin sollozos, como si ni siquiera llorando quisiera molestar. Aris lo abrazó, pasó la mano por su cabello mientras Sasha lloraba en silencio contra su hombro.

—Vamos —dijo Aris—, te invito a un café.

—No quiero café —murmuró Sasha.

—Entonces a un té, pero vamos.

Y salieron juntos, hacia la tarde que empezaba.

———

Offline, nueve de la noche

Nico esperaba apoyado en la farola de siempre, la noche estaba despejada y las primeras estrellas empezaban a asomarse. La mochila le colgaba de un hombro y en su interior, entre los apuntes de arquitectura, llevaba la pequeña hiedra que Jean le había regalado, no había querido dejarla en casa, le gustaba sentirla cerca.

La campanilla sonó, Jean salió con la chaqueta puesta. Vio a Nico, se detuvo.

—Viniste —dijo.

—Dije que lo haría.

Jean asintió, metió las manos en los bolsillos.

—¿Qué querías decirme? —preguntó, aunque su tono indicaba que ya lo sabía.

—Vamos a caminar —dijo Nico— y te lo cuento.

Jean no discutió, no intentó poner una excusa, ya la había puesto esta mañana. Echaron a andar juntos, calle abajo, hacia la noche que empezaba.

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Julissa Jimenez
espero que te vaya bien y te adaptes rápido y pronto para continuar con tus novelas que don hermosas😍
Julissa Jimenez
que emoción 😍😍😍😍Nico es muy paciente y sincero y eso enamora a cualquiera 💕💕💕💕💕
Nidia Mojica
Estos me emocionan cada vez mas, disfruto su interacción. Me encanta la historia.
Julissa Jimenez
me gusta la sinceridad de Nico 😍😍😍😍😍😍 que él los se den una oportunidad, pero así como se está dando lento, no allá otras personas que les hagan daño por envidia o que se yo😢😢😢😢plis autora que no sufran😢😢😢😢
Nidia Mojica
Me gusto que Nico fuera sincero con Sasha. Me encanta la historia; espero Jean se empiece a abrir cin Nico y se de la oportunidad de volver a amar y ser amado.
Julissa Jimenez
😢😢😢😢😢😢😢😢 autora me hizo llorar 😢 😢😢😢de pesar todo lo que a sufrido Jean 😢😢😢😢😢 pero lo que más me encanta es que Nico es más maduro de lo que cree. otro capítulo por fis
Nidia Mojica
Muuucha paciencia Nico algo roto no se arregla al 100%.
Nidia Mojica
Me entristecio ver como le pego lo de Sasha a Jean pero mas me gusta Nico y ser sincero todo el tiempo.
☆Nanu☆
cuanto dolor, Jean!!! pero vez que no estas solo??? Nico te espera, está ahí 💪🥰
☆Nanu☆
siiii, espero ambas juntas o separadas con ansias!!!
☆Nanu☆
siiii, la re veo!! 💪
☆Nanu☆: Es que tu trabajo es super creativo y emocionante!! Así que siempre sí!! Espero muchas historias más, todos los personajes son muy ricos!!🥰
total 2 replies
Julissa Jimenez
autora no me puedo quejar de tus novelas me encantan 😍😍😍😍😍claro que si👏👏👏👏👏👏👏👌👌👌👌👌
Hanabi Montano: ❤️ Me encanta tu energía. Gracias por confiar siempre en mis historias, saber que te divierten y te emocionan es de las mejores cosas que me pasan como escritora. Ojalá las nuevas que vengan te sigan gustando tanto como esta. ¡Un abrazo enorme! 💕
total 1 replies
Julissa Jimenez
😢😢😢😢😢😢😢joda 😢😢😢😢😢porqueéeeeeerrrrrrrr😢😢😢😢Dios que si hablen plis siíiiiiiiiiiiii😢😢😢😢😢😢😢😢😢😢😢
Nidia Mojica
Cada una de tus historias ha prometido y cumplido, así que adelante.
Hanabi Montano: Nidia, qué bonito leer eso, saber que sientes que he cumplido lo que prometí es de las cosas que más valoro como escritora, significa mucho que lo digas. Así que, si tú confías, yo le pongo más ganas todavía. Gracias por estar siempre ahí. ❤️
total 1 replies
Nidia Mojica
Nooooooo, tienen que verse hablar. Me entra la angustia.
😈(⁠◠⁠‿⁠◕⁠)🫦
Claro que me encantaría leer la historia de cada uno de los amigos de Nico ya que ellos lo apoyan y cada uno tiene su propia historia con momentos que se cruzan entre los tres, espero que si llegues a realizarlas yo encantada y ansiosa por leerlas😉🙂
Hanabi Montano: Muchísimas gracias por tomarte el tiempo de escribir eso, me alegra muchísimo saber que te gustaría leer las historias de Mauro y Leo. Tienes toda la razón: ellos también tienen sus propios caminos, sus propios miedos y sus propias ganas de amar y aunque ahora todo el foco está en Nico y Jean, yo también les tengo mucho cariño a esos dos. Tus palabras me motivan muchísimo a seguir planeando sus historias. Prometo terminar bien esta primera, y después… ya veremos. Un abrazo grande ❤️
total 1 replies
☆Nanu☆
por favor no nos dejes así!!!
Nidia Mojica
Es entendible el que Jean aún quiera crear una barrera fue lastimado y consciente e inconscientemente busca protegerse 🥺. Y Nico quiere acercarse mas a él. Me dio la chipilera al terminar el capitulo.
Nidia Mojica
Estos dos me matan de ternura 😍🥰.
☆Nanu☆
acercarse cuando hay tanto miedo a equivocarse es difícil
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