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MAGIK ZAGA

MAGIK ZAGA

Status: Terminada
Genre:Edad media / Mundo de fantasía / Acción / Completas
Popularitas:796
Nilai: 5
nombre de autor: GS Universe

Un grupo de jóvenes se ve arrastrado por la búsqueda y protección de reliquias antiguas que despiertan poderes y ambiciones peligrosas. Perseguidos, traicionados y forzados a despertar habilidades que no comprenden, deberán unir fuerzas con aliados inesperados para impedir que una facción libere una fuerza capaz de arrasar su mundo. Entre batallas, sacrificios y decisiones morales, su viaje decidirá el destino de muchas vidas.

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El Sendero

Antes de internarse en el Sendero Nativo, Edran y Lira se tomaron el tiempo que hacía falta para prepararse. La mañana era fría y el rocío pegajoso aún cubría las hojas; la cabaña de Borin olía a metal y a hierbas recién cortadas. Borin les había dejado provisiones y una lista de recomendaciones: antídotos contra venenos vegetales, pociones para el vigor, vendas impregnadas con ungüento cauterizante y frascos con aceite de salamandra para avivar la Zalamander si fuera necesario. No era una exageración: el Sendero Nativo era famoso por sus trampas naturales y por criaturas que no conocían la piedad.

Edran revisó su equipo con manos metódicas. Comprobó la daga ahora evolucionada —la Daga Lunar— y ajustó la Zalamander en la espalda. Sentía el peso de ambas armas como dos promesas distintas: la daga, fría y resonante con la marca de Amaranto; la Zalamander, cálida y viviente, con vetas que parecían latir. Lira, por su parte, colocó en su cinturón frascos con antídotos, redes de fibra y un pequeño incensario con carbón para ahuyentar insectos. Su anillo brilló apenas cuando se movió; ella lo notó y apretó los dedos alrededor de él, como quien guarda un secreto.

—No subestimes el sendero —dijo Borin en la despedida—. No es solo fauna; la tierra misma puede volverse enemiga. Mantengan las pociones a mano y no se separen.

El Sendero Nativo se abrió ante ellos como una garganta verde. Árboles centenarios formaban un techo que apenas dejaba pasar la luz; raíces retorcidas cruzaban el camino y helechos gigantes se mecían con un susurro que parecía hablar en lenguas antiguas. A cada paso, el aire olía a humedad y a resina; pequeñas criaturas se ocultaban en la penumbra, observándolos con ojos que reflejaban la poca luz disponible.

Pronto comprobaron que la advertencia de Borin no era retórica. Un enjambre de insectos con caparazones iridiscentes atacó desde los arbustos: picaduras que ardían, nubes de polvo que nublaban la vista y mandíbulas que buscaban carne. Edran alternó sin pensar: la Daga Lunar para los ataques rápidos y precisos, la Zalamander para abrir paso con fuego cuando la marea de insectos amenazaba con envolverlos. La daga, ligera y afilada, cortaba antenas y patas con movimientos certeros; la Zalamander, en cambio, dejaba tras de sí un rastro de hojas chamuscadas y humo que disuadía a los más numerosos.

Lira se movía con una gracia que parecía coreografiada por la naturaleza. Sus manos tejían gestos y susurros que calmaban a las criaturas menores; cuando no bastaba la palabra, lanzaba antídotos en forma de polvo que neutralizaban toxinas y aplicaba ungüentos que cerraban cortes. Entre combate y combate, compartían miradas y órdenes cortas, aprendiendo a sincronizarse: Edran abría la brecha, Lira la aseguraba. El Sendero probaba su resistencia, pero también los acercaba: en los breves respiros, hablaban de lo que encontrarían en Dyo, de la anciana que había muerto y de la posibilidad de que los bandidos buscaran reliquias.

A mitad del trayecto, el suelo vibró con un latido profundo. No era el temblor de un animal pequeño; era un pulso que venía de las entrañas del bosque. Las aves callaron, las hojas se quedaron inmóviles y un olor a tierra removida llenó el aire. Edran sintió la daga vibrar en su cintura, como si la marca de Amaranto percibiera la presencia de algo antiguo.

De entre los matorrales emergió la bestia: un jabalí gigante, más grande que un carro, con colmillos curvados como hoces y un pelaje oscuro que brillaba con escamas casi metálicas. Sus ojos eran dos carbones encendidos y de su lomo brotaban raíces y musgo, como si el bosque mismo lo hubiera moldeado. El animal gruñó, un sonido que sacudió las ramas, y avanzó con una furia que no conocía límites.

Lira retrocedió un paso, sorprendida por la magnitud de la criatura. —Nunca había visto uno así —murmuró—. Es como si el sendero lo hubiera hecho.

Edran no dudó. Recordó las palabras de Borin: las reliquias atraen. Quizá el brillo de la daga había llamado la atención de algo que defendía el corazón del Sendero. Cambió la Daga Lunar por la Zalamander en un movimiento fluido; la espada de fuego respondió con un resplandor que iluminó la penumbra. La bestia embistió, levantando una nube de hojas y tierra.

El combate fue brutal y primitivo. El jabalí cargaba con la fuerza de un árbol derribado; sus colmillos cortaban la carne y sus patas levantaban raíces que buscaban atraparlos. Edran esquivó una embestida y clavó la Zalamander en el costado del animal; la hoja ardió y la carne chisporroteó, pero la bestia apenas se inmutó. Lira, por su parte, corrió en círculos, lanzando redes y polvos que entorpecían los movimientos del jabalí. En un momento, una raíz surgió del suelo y atrapó la pierna de Edran; la criatura intentó arrastrarlo, pero la Daga Lunar, ya en su mano izquierda, cortó la fibra con precisión.

Comprendieron que la fuerza bruta no bastaría. El jabalí era una manifestación del Sendero: había que romper su vínculo con la tierra. Edran apuntó a las raíces que brotaban de su lomo y, con un grito, clavó la Zalamander en la base donde la carne se unía a la madera. La espada ardió con un fuego que parecía alimentado por la propia rabia del animal. La bestia gimió, un sonido que mezcló dolor y sorpresa, y sacudió la cabeza con violencia.

Lira aprovechó la apertura. Con manos rápidas, lanzó una mezcla de polvo y antídoto que Borin le había dado; el polvo se pegó a las raíces y, en contacto con el fuego de la Zalamander, produjo una reacción que quemó la savia que unía al jabalí al Sendero. La criatura dio un último bramido y cayó, las raíces soltando su agarre como cuerdas cortadas. El silencio volvió al bosque, pesado y absoluto.

Agotados, cubiertos de barro y sangre, Edran y Lira se miraron. La victoria les había costado esfuerzo y casi la vida, pero el Sendero se abrió ante ellos como si reconociera su valor. Las hojas se movieron en un susurro de aprobación y un sendero lateral, antes oculto por enredaderas, quedó despejado. Era la ruta que conducía a Dyo.

Mientras avanzaban, Edran sintió la daga vibrar con una resonancia nueva; la Zalamander, aún caliente, parecía más un compañero que un arma prestada. Lira caminaba a su lado, con el anillo brillando apenas, y en sus ojos había una mezcla de cansancio y determinación. No dijeron mucho; las palabras sobraban después de la prueba.

Al salir del Sendero Nativo, la luz cambió: el aire se volvió más seco y, a lo lejos, se distinguía la silueta de Dyo, con humo elevándose sobre algunas casas. La visión les recordó la urgencia de su misión. Habían vencido a la bestia que guardaba el paso, pero lo que aguardaba en la aldea era otra clase de amenaza: humana, organizada y con un objetivo claro.

Edran apretó la empuñadura de la Daga Lunar y miró a Lira. —Vamos —dijo—. No podemos perder más tiempo.

Ella asintió, y juntos, con las armas listas y las pociones a mano, se dirigieron hacia Dyo, sabiendo que la siguiente prueba no sería contra bestias del bosque, sino contra sombras que buscaban reliquias y no dudaban en matar por ellas.

1
AJRR
la aventura en ese bosque está a tope. Veamos que siguie.
AJRR
Ese bosque es una gran idea en la creación de la historia, me gustó mucho. También me encantó la zalamander. Esa espada suena a una carta de Yu Gi Oh. jajajaja
yua megumi
La terminé dn dos dias necesito maaaas
AJRR
Revelación reveladora me quede como wou owu wou.
GS Universe: de verdad, muchas gracias
total 3 replies
AJRR
Gran propuesta la tuya en este novela muy bien hecho compañero escritor.
GS Universe: muchas graciass
total 3 replies
M.F. Lawren
me gustó mucho sigue así
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