Durante días, las hermanas Caroline y Estefany Richi mantenían un romance secreto y prohibido, con los que se supone que son sus enemigos Marco y Fabián Rossi, desafiando el odio ancestral entre sus familias. Sin embargo, cuando un ataque brutal de la Bratva rusa destruye el hogar de los Richi, lo que era un pecado oculto se convierte en la única vía de salvación: un matrimonio oficial para unir a los dos clanes más poderosos de Chicago
Sin embargo, la unión estalla cuando descubren que el patriarca de los Rossi, Dante, fue el autor intelectual del asesinato de Elena, madre de las Richi. Ante la traición, los hermanos Rossi eligen a sus prometidas por sobre su padre, convirtiéndose en fugitivos. Ahora, los cuatro luchan desde las sombras para derrocar a Dante, eliminar a los rusos y reclamar el trono de Chicago.
NovelToon tiene autorización de Vanesa Casarino para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
- 5 -
Caroline …
El ambiente en la mansión después de la reunión era asfixiante. El silencio de los pasillos parecía gritar los secretos que Estefany y yo intentábamos ocultar bajo capas de arrogancia y maquillaje perfecto. Subimos a la planta alta sin decir una palabra, pero en cuanto entramos en mi habitación y cerré la puerta con doble llave, la máscara se desmoronó
Me quité la chaqueta de cuero y la tiré sobre la cama con un gesto violento. El aire en la habitación todavía se sentía pesado, como si el fantasma de Marco Rossi me hubiera seguido desde el hotel. Me giré hacia Estefany, que estaba de pie junto al balcón, mirando hacia los jardines con una expresión que nunca le había visto. Estaba perdida, rota y encendida al mismo tiempo
— ¿Cuánto tiempo vas a fingir que no pasó nada en ese salón de conferencias, Chiqui? — pregunté, cruzándome de brazos — Te vi salir. Tenías la mirada de alguien que acaba de firmar un pacto con el diablo
Ella se tensó, pero no se dio la vuelta inmediatamente. El silencio se prolongó hasta que el roce de su vestido de seda contra sus piernas fue el único sonido en el cuarto
— No soy la única que tiene manchas de pecado en la piel, Carol — respondió ella al fin, girándose para mirarme con una valentía fría — Te vi en el baile. Y sé que hoy no fuiste al centro solo a revisar los negocios de papá. Tienes el olor de Marco impregnado en el cuello
Me quedé helada por un segundo. En esta familia, la verdad es más peligrosa que una bala expansiva. Caminé hacia ella, deteniéndome a solo unos centímetros. Éramos mellizas, dos mitades de un mismo imperio, y ahora ambas estábamos traicionando el apellido por el roce de unos hombres que deberían ser nuestros objetivos de caza
— Es Marco — confesé en un susurro que me quemó la garganta — No puedo explicarlo. Es como si cada vez que me toca, olvidara quién soy. Olvido a papá, olvido la guerra... solo quiero que me destruya
— Fabián es igual — admitió ella, y vi cómo sus ojos se humedecían por la rabia y el deseo — Es un animal, Carol. Me trata como si fuera suya, y lo peor es que una parte de mí se siente más viva en sus manos que en cualquier otro lugar de esta casa. Estamos jodidas, ¿verdad?
— Estamos en el abismo, hermana — dije, tomándole las manos — Si papá se entera, no habrá piedad. Ni para ellos, ni para nosotras
De repente, mi teléfono vibró sobre la mesa. Era un número desconocido, pero el mensaje de texto hizo que mi sangre se congelara: "El muelle 14 está ardiendo. Ven sola si quieres salvar lo que queda de tu orgullo. M."
— Es Marco — dije, mirando a Estefany — Dice que algo va mal en los muelles. Tengo que ir
— Es una trampa, Caroline — advirtió ella, agarrándome del brazo — No puedes ir sola
— No voy a ir sola — respondí, agarrando mi funda con la Glock y ajustándola a mi cintura — Pero tampoco voy a dejar que él piense que tengo miedo. Quédate aquí, cubre mi ausencia. Si no vuelvo en dos horas, quema mi habitación y dile a papá que me fui a dar un paseo
Salí de la mansión por la puerta del servicio, esquivando a los guardias con la habilidad que solo años de vivir bajo vigilancia te otorgan. Conduje mi coche a toda velocidad hacia la zona industrial, donde la niebla del lago Michigan se tragaba los edificios. El muelle 14 era una estructura podrida de madera y metal, un lugar donde los Richi guardábamos el armamento pesado
Al llegar, no vi fuego. Vi oscuridad. Y luego, el resplandor de un cigarrillo en la penumbra. Marco estaba apoyado contra un contenedor, pero no lucía como el cazador triunfante de esta mañana. Tenía una herida sangrante en el hombro y sostenía un subfusil con una mano
— Te dije que vinieras sola — gruñó él mientras yo bajaba del coche con el arma en alto — Pero no esperaba que fueras tan estúpida como para hacerlo de verdad
— ¿Qué está pasando, Marco? Dijiste que el muelle estaba ardiendo en llamas — pregunté, escaneando el lugar — ¿Dónde está tu ejército?
— No hay ejército — respondió él, acercándose a mí con paso vacilante — Nos han tendido una emboscada. Mi propia gente, Caroline. Algunos de mis capitanes han vendido la ubicación a una banda de mercenarios que quieren eliminarnos a ambos para empezar una guerra total entre nuestros padres
Antes de que pudiera responder, el sonido de un motor rugió a nuestras espaldas. Dos furgonetas negras aparecieron de la nada, bloqueando la única salida. Las luces largas nos cegaron y, en un segundo, el aire se llenó del tableteo de las ametralladoras
— ¡Al suelo! — gritó Marco, lanzándose sobre mí y cubriendo mi cuerpo con el suyo mientras las balas perforaban el metal del contenedor sobre nuestras cabezas
Nos arrastramos detrás de una pila de cajas de acero. El olor a pólvora era insoportable. Marco sangraba profusamente por el hombro, pero sus ojos brillaban con una furia asesina. Me pasó un cargador extra mientras él revisaba el suyo
— Si morimos aquí — susurró, pegando su frente a la mía mientras los proyectiles repicaban a nuestro alrededor — Quiero que sepas que me arrepiento de una sola cosa
— ¿De qué? — pregunté, revisando mi Glock con manos firmes
— De no haberte tenido una última vez contra esa pared del gimnasio — respondió con una sonrisa sangrienta
El peligro era una descarga de adrenalina pura. Estábamos rodeados, superados en número y heridos, pero nunca me había sentido tan unida a él. Éramos dos monstruos luchando por su vida en el borde del mundo
— Entonces no mueras, Rossi — le dije, agarrándolo por el cuello de la camisa para darle un beso rápido que sabía a sangre y despedida — Porque todavía tienes muchas deudas que pagarme en la cama
Salimos de detrás de las cajas disparando al unísono. La coordinación era perfecta, como si hubiéramos nacido para pelear juntos. Pero el número de enemigos era demasiado. Justo cuando pensaba que nos quedaríamos sin munición, una de las furgonetas explotó en una bola de fuego naranja
Desde la entrada del muelle, vi un coche que conocía bien. Estefany estaba al volante, y Fabián Rossi colgaba por la ventanilla del copiloto con un rifle de asalto, barriendo la zona con una punteria increíble
— ¡Suban ahora mismo! — gritó Fabián sobre el ruido del tiroteo
Corrimos bajo el fuego cruzado. Marco se desplomó en el asiento trasero y yo caí a su lado, jadeando. Estefany arrancó el coche, derrapando sobre el asfalto mojado mientras las balas seguían impactando en el blindaje
Estábamos los cuatro en el mismo coche. Las mellizas Richi y los hermanos Rossi. El equipo más peligroso y prohibido de todo Chicago. El silencio que siguió después de alejarnos del muelle fue pesado, interrumpido solo por la respiración agitada de Marco a mi lado
— ¿Hacia dónde vamos? — preguntó Estefany, mirando por el retrovisor con los ojos desorbitados — No podemos volver a casa así
— A la casa de seguridad de la costa — dijo Fabián, limpiándose la cara manchada de hollín — Allí tenemos suministros médicos y nadie nos buscará. Al menos por esta noche
Miré a Marco. Su cabeza estaba apoyada en el asiento, sus ojos cerrados, pero su mano buscó la mía y la apretó con una fuerza desesperada. Lo miré y luego miré a mi hermana. El mundo exterior se estaba desmoronando, nuestras familias se declararían la guerra por esto, pero en ese refugio seguro, solo seríamos cuatro personas con mucha sed de olvido y de piel
Llegamos a la casa de seguridad y sin pedir aceptación, Marco tomó mí mano y me llevó hasta una de las habitaciones del segundo piso, cerrando la puerta con llave
— Dijiste que tenía deudas contigo, quiero empezar a pagarlas está noche — dijo acorralandome contra la puerta
— Estás herido, primero curemos tu herida — le digo al ver la sangre en su hombro
— Es solo un raspón, esto es más importante — dijo adueñándose de mis labios mientras me levantaba del piso y me llevaba hasta la cama
Me bajó en el piso nuevamente y comenzó a arrancar cada prenda de mí cuerpo . Luego me giró dejándome de espalda a él, tomó mis manos y las colocó sobre mí espalda y las comenzó a amarrar con su corbata, luego me inclino hacia adelante, haciendo que cayera de pecho sobre la cama, aún con los pies en el piso y tirando de mis manos y mí pelo, se introdujo en mí interior con una violencia que me sacaba de órbita con cada estocada que me daba
Sus embestidas eran fuertes, no sé de dónde sacaba tanta energía aún estando herido, pero la forma en como me hacía suya me fascinaba
De pronto siento que me suelta los brazos y me levanta de las piernas, sin salir de adentro mío y continúa con sus embestidas. Luego como si yo fuera una muñeca de trapo, me giró con tanta facilidad dejándome boca arriba, pero como mis manos aún atadas a mí espalda, coloco mis piernas sobre sus hombros y mientras entraba y salía de adentro de mí, con su mano comenzó a frotar mí punto sensible, haciendome gemir sin poder controlarlo
Para cuando al fin llegó a su liberación yo ya había llegado como tres veces, me desató las manos que casi no sentía al igual que las piernas y caí rendida en la cama, al igual que él acomodándose a mí lado
Yo lo observaba, mientras el permanecía con sus ojos cerrados, siempre me había parecido un hombre muy atractivo. Desde que íbamos a la secundaria que lo observaba, ya luego nuestras familias se enemistaron y cada cual siguió su camino por separado
— Yo se que soy guapo, pero si sigues mirándome me vas a desgastar — me dice él sin abrir los ojos
— ¿De qué hablas?, no te estoy mirando y no eres guapo, eres feo — le digo mirando para otro lado
— Ajá, pero bien que te gusta como este “feo” te dejó — dice riendo
Sus palabras me hicieron sonrojar, porque era verdad, me encantaba como me hacía suya de esas formas violentas. Era todo un adonis, pero frente a él era mí feo
La noche en la casa de seguridad sería el último refugio antes del apocalipsis. Sabía que al amanecer, las repercusiones de esta emboscada cambiarían todo.