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“Cuando La Luz Se Rompe”

“Cuando La Luz Se Rompe”

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Venganza / Fantasía épica
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Magia, traición y un juramento silencioso marcan el inicio de una historia donde la inocencia se convierte en determinación. En un reino construido sobre mentiras, incluso las almas más puras pueden oscurecerse.

NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: El Rostro Bajo la Capucha

El aire del tribunal seguía tenso.

Pesado.

Insoportable.

La pregunta de Kaito Aizawa aún parecía suspendida entre ambos como una herida abierta:

“¿Cuándo dejaste de ser una víctima… y te convertiste en esto?”

Pero antes de que Asahi respondiera…

algo dentro del dominio cambió.

Las paredes del gran tribunal comenzaron a agrietarse.

Las columnas se deformaron.

El piso tembló.

Y la inmensa sala de juicio empezó a deshacerse en fragmentos de luz oscura, como si el propio espacio hubiera llegado a su límite.

Asahi entrecerró los ojos.

Kaito apretó con fuerza el mango de su mazo.

Y al siguiente instante…

todo desapareció.

⚖️ La Sentencia del Verdugo

El bosque regresó de golpe.

La noche.

El frío.

La tierra.

La luna roja sobre sus cabezas.

El juicio había terminado.

Pero no la sentencia.

Kaito dio un paso al frente.

Su mazo empezó a brillar con una energía intensa, solemne, antigua.

La madera oscura y la estructura pesada comenzaron a deformarse lentamente entre sus manos.

Fragmentos dorados aparecieron a lo largo del arma.

Líneas de luz azul cielo recorrieron su superficie como venas de justicia endurecida.

Y en cuestión de segundos…

el mazo se transformó por completo en una espada de verdugo.

Una espada elegante y aterradora.

Sagrada.

Fría.

Absoluta.

El brillo dorado y azul iluminó el rostro cansado de Kaito.

Sus ojos se clavaron en Asahi con total seriedad.

—Vamos a terminar con esto.

La voz de Kaito ya no sonaba como la de un abogado.

Ni como la de un juez.

Ahora sonaba como la de una sentencia andante.

—Como eres culpable…

Levantó la espada.

—…se te quitó tu magia y tu técnica mágica.

El viento se movió con fuerza entre ambos.

Pero Asahi…

no retrocedió.

No se alteró.

No mostró preocupación.

Solo levantó un poco la cabeza.

Y una leve sombra de burla amarga cruzó por su mirada carmesí.

—Te equivocaste.

Kaito frunció el ceño.

Asahi levantó lentamente una mano.

—Solo me quitaste una parte de mi magia.

La tierra bajo sus pies crujió.

—Aprendí una técnica para sellar una parte de mi poder mágico… y dejar una pequeña parte en uso.

Y entonces…

un aura roja intensa explotó alrededor de Asahi.

No era una llamarada descontrolada.

Era una presencia densa.

Pesada.

Brutal.

Una energía que no gritaba.

Solo imponía.

El suelo bajo él se resquebrajó ligeramente.

Su cabello blanco se agitó con el impulso de aquella fuerza contenida.

Y sus ojos rojo carmesí parecieron encenderse aún más.

Asahi bajó la mano y lo miró fijamente.

—Esta vez…

Su voz fue más fría que nunca.

—…no me voy a contener, Kaito.

🌑 Dos Hombres, Dos Sentencias

La respuesta fue inmediata.

Un aura dorada rodeó a Kaito.

Más ordenada.

Más rígida.

Más pura.

Era una energía completamente opuesta a la de Asahi.

Mientras la de Asahi parecía sangre, rabia y supervivencia…

la de Kaito parecía castigo, orden y decisión.

Sus ojos no temblaron.

No retrocedieron.

No buscaron piedad.

—Si esta es tu forma de querer morir…

Kaito acomodó la espada en posición de combate.

—…yo tampoco me voy a contener.

Y entonces…

los dos desaparecieron al mismo tiempo.

⚔️ Choque de Monstruos

¡CLANG!

El primer choque hizo vibrar el aire.

Kaito se lanzó con la velocidad de un verdugo decidido a cerrar un caso.

Su espada dorada trazó un arco brillante directo hacia el cuello de Asahi.

Pero Asahi inclinó apenas el cuerpo.

La hoja pasó rozándolo.

El segundo ataque llegó de inmediato.

Asahi se movió otra vez.

Un paso lateral.

Un giro mínimo.

Una esquiva precisa.

Kaito no se detuvo.

Atacó una vez más.

Y otra.

Y otra.

La espada cortaba el aire con una precisión mortal, obligando a Asahi a desplazarse con una velocidad casi absurda entre árboles, rocas y tierra levantada.

Pero Asahi seguía intacto.

Seguía leyéndolo.

Seguía evitándolo.

Y eso empezó a irritar a Kaito.

Porque cada uno de sus ataques era limpio.

Exacto.

Pensado para matar.

Y aun así…

Asahi seguía esquivando como si pudiera leer el peligro antes de que naciera.

🌙 Mientras Tanto: En la Base de Himari

Lejos de ahí, dentro de la base del grupo opositor al rey, la noche también estaba despierta.

Himari se encontraba sentada junto a Hikaru, revisando el estado de sus heridas con cierta rudeza, aunque claramente estaba ayudándola.

Hikaru hizo una mueca de dolor al moverse.

—Tch… maldita sea…

Himari arqueó una ceja mientras terminaba de ajustar una venda.

—¿Un solo golpe te dejó así?

Hikaru apretó la mandíbula, todavía molesta por recordarlo.

—Duele, maldita sea.

Se llevó una mano al costado.

—Su cuerpo es demasiado duro.

Himari la miró de reojo.

Hikaru frunció el ceño.

—Es como golpear un muro.

Su expresión se endureció aún más.

—No se movió.

Bajó la mirada unos segundos, como si todavía no pudiera creerlo.

—Estaba literalmente recto.

Himari no respondió de inmediato.

Pero esa descripción se le quedó grabada.

Porque no era normal.

No era algo que cualquiera pudiera hacer.

No era solo “fuerza”.

Era otra cosa.

Algo que empezaba a incomodarla más de lo que quería admitir.

Y entonces…

BOOOOM

Una explosión brutal hizo temblar la estructura.

Ambas levantaron la cabeza al instante.

Himari se puso de pie de inmediato.

—¿Qué fue eso?

Hikaru ya estaba incorporándose.

—Viene de afuera.

Sin perder tiempo, ambas salieron corriendo.

Subieron las escaleras.

Atravesaron la salida.

Y llegaron hasta la azotea.

🩸 El Fantasma Blanco Contra el Verdugo

Desde la altura, la escena era imposible de ignorar.

A lo lejos…

las enormes puertas del reino acababan de ser atravesadas por una figura lanzada con violencia.

El impacto levantó una nube de polvo y piedra rota.

Himari abrió ligeramente los ojos.

Hikaru también se quedó quieta.

La figura se deslizó varios metros…

hasta que una mano se clavó con fuerza en el suelo.

Y entonces…

se detuvo.

Asahi levantó lentamente la cabeza desde el cráter de piedra rota.

Sus dedos aún hundidos en la tierra.

Su cuerpo firme.

Su respiración estable.

Delante de él, Kaito descendió con su espada de verdugo brillando bajo la luna roja.

Desde arriba, Hikaru apretó la baranda de la azotea.

—Ese hombre…

Himari no dijo nada.

Solo observaba.

Fija.

Atenta.

Algo en esa forma de moverse…

algo en esa firmeza…

algo en esa manera de recibir el golpe sin quebrarse…

le estaba provocando una incomodidad extraña en el pecho.

⚖️ El Pensamiento de Kaito

Kaito bajó lentamente la espada, sin apartar la mirada de Asahi.

Por fuera seguía serio.

Pero por dentro…

estaba calculando.

Analizando.

Midiendo.

Y lo que estaba viendo lo dejó más impresionado de lo que quería admitir.

Es puro físico bruto…

Kaito entrecerró los ojos.

Pero es fuerte. Demasiado fuerte. Tiene fuerza sobrehumana… y velocidad sobrehumana.

Su mirada bajó apenas hacia la postura de Asahi.

Es absurdo. Me impresiona cómo alguien puede ser así de hábil…

Kaito apretó la espada.

Y finalmente habló en voz alta:

—Eres fuerte.

Asahi levantó la vista hacia él.

Kaito no suavizó nada.

—Lo admito.

Pero la respuesta de Asahi fue inmediata.

Fría.

Seca.

Sin interés.

—No tengo tiempo para halagos.

Y al siguiente segundo…

ambos volvieron a lanzarse.

⚔️ Cuerpo a Cuerpo

Esta vez no hubo tanteo.

No hubo distancia.

No hubo pausa.

Solo un choque brutal de velocidad y técnica.

Kaito atacó con la espada.

Asahi respondió con el cuerpo.

Bloqueó un brazo.

Desvió la muñeca.

Golpeó el costado.

Kaito retrocedió apenas.

Volvió a entrar.

Cortó en diagonal.

Asahi giró.

Un codazo.

Un puño.

Un paso adelante.

Un rodillazo.

La diferencia comenzó a volverse evidente.

Kaito era hábil.

Muy hábil.

Su espada era letal.

Su técnica era limpia.

Su control era preciso.

Pero Asahi…

Asahi lo estaba superando.

No por elegancia.

No por disciplina.

No por arte.

Sino por algo mucho más aterrador.

Instinto.

Fuerza.

Supervivencia.

Cada golpe de Asahi llevaba el peso de alguien que había entrenado no para ganar…

sino para no morir.

Y Kaito empezó a sentirlo.

Empezó a notar que, si el combate seguía a ese ritmo…

él terminaría perdiendo el control del enfrentamiento.

Así que arriesgó.

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