Ella renace en una época mágica.. en el cual su familia la humilla, por lo que decide irse y cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico *
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Planes
Leilani Vitra Baston.
Baston era el apellido de su madre. Y ahora, más que nunca, ese detalle ardía dentro de ella como una llama que se negaba a extinguirse.
De pie en aquella habitación demasiado grande para una muchacha a la que intentaban reducir, Leilani se dio cuenta de algo crucial.. esa era su nueva realidad. No iba a despertar. No volvería a su escritorio lleno de bocetos ni a sus novelas digitales.
Pero también comprendió otra cosa.
Ella no era la Leilani anterior.
La Leilani original había sido silenciosa, resignada, ahogada por el duelo y el maltrato constante. Había permitido que la aplastaran poco a poco, esperando quizás un milagro que nunca llegó.
Pero ella no.
Ella era una guerrera.
Había leído suficientes novelas como para saber una verdad fundamental.. en este tipo de historias, nadie viene a salvarte. La protagonista que espera termina destruida. La que actúa… sobrevive.
Se separó de la puerta y caminó hasta el espejo de cuerpo entero. Observó el rostro joven que ahora era suyo. Hermoso, sí, pero demasiado delgado. Ojos grandes, con un brillo que no pertenecía a la Leilani sumisa de los capítulos que había leído.
[No me quedaré aquí]
No iba a sufrir esperando que el padre reaccionara. No iba a tolerar a esa bruja oportunista ni a su hija venenosa.
Huida.
La palabra se instaló firme en su mente.
Recordó entonces algo importante.. en la novela se mencionaba que su madre le había dejado una herencia. No había sido detallada aún en los capítulos que ella había leído, pero se insinuaba que existía algo más que dinero. Algo protegido. Algo oculto.
Y si había herencia… significaba independencia.
Sonrió apenas.
Pero antes de irse…
Su mirada recorrió la habitación con frialdad calculadora.
La amante de su padre había entrado a la casa con sonrisa dulce y manos largas. Poco a poco había desplazado los objetos de su madre. Las joyas familiares, los collares antiguos, los anillos con piedras que no solo eran valiosas por su precio, sino por la magia que contenían.
Leilani apretó los puños.
[No dejaré nada atrás.]
Si se iba, lo haría con recursos. Con poder. Con todo lo que le pertenecía por derecho.
Recordaba que en la novela las joyas habían sido guardadas en el vestidor principal, en una caja fuerte oculta tras un panel falso. La amante creía que nadie más conocía la combinación. Pero ella no era la Leilani ignorante de antes. Ella había leído la historia.
Y ahora la estaba viviendo.
Se sentó en la cama y comenzó a pensar estratégicamente. No podía actuar impulsivamente. Primero debía..
Confirmar la ubicación de la caja fuerte.
Recuperar cualquier documento sobre la herencia de su madre.
Buscar dinero líquido.
Averiguar si la magia respondía a su voluntad.
Eso último era clave.
Si realmente era Leilani Vitra Baston, entonces la magia de su madre corría por su sangre.
Cerró los ojos y respiró profundo, intentando sentir algo más allá del miedo y la adrenalina.
Y entonces… lo percibió.
Una vibración suave bajo su piel. Como electricidad dormida. Como un susurro antiguo esperando ser llamado.
Sus labios se curvaron lentamente.
La mansión ya no era una prisión.
Era un campo de batalla.
Y esta vez… la protagonista no iba a llorar.
Con esa determinación firme latiendo en el pecho, Leilani Vitra Baston abrió la puerta de su habitación y volvió a bajar las escaleras.
Esta vez no iba como víctima.
Iba con propósito.
La mansión estaba en silencio. El eco de sus pasos sobre el mármol parecía más claro ahora que su mente estaba enfocada. No sabía dónde estaban la amante y Criset, pero no le importaba. Si la encontraban, fingiría indiferencia. Si la provocaban, no respondería. Todavía no.
Su destino era otro.
La biblioteca.
Recordaba.. no como un recuerdo propio, sino como una memoria heredada de la historia.. que su madre le había dicho en una ocasión, con voz baja y mirada cargada de significado..
["Si algún día necesitas entender lo que eres, busca en la biblioteca. La magia de nuestra familia no está solo en la sangre… está en el conocimiento."]
El problema era evidente.
Nunca había entrenado.
En la novela se mencionaba que la magia funcionaba gracias al maná, una energía interna que debía cultivarse como un músculo invisible. Si no se entrenaba, se debilitaba. Si no se practicaba, se dispersaba.
Y la Leilani anterior nunca tuvo fuerza emocional para hacerlo.
Pero ella no iba a lamentarse por eso.
Tenía magia.
Aunque fuera débil… estaba ahí.
Eso bastaba.
Empujó las grandes puertas de madera oscura de la biblioteca. El olor a papel antiguo y barniz la envolvió de inmediato. Era una habitación amplia, con estanterías que llegaban hasta el techo y una escalera móvil que se deslizaba por rieles de hierro.
La luz entraba por ventanales altos, filtrándose en haces dorados que iluminaban partículas de polvo suspendidas en el aire. Era un lugar que parecía fuera del tiempo.
Caminó despacio, pasando los dedos por los lomos de los libros. Historia, economía, tratados legales, primeras ediciones… pero ella sabía que lo que buscaba no estaría a simple vista.
Se detuvo frente a una sección menos llamativa, donde los libros parecían más antiguos, menos cuidados. Cerró los ojos por un momento.
Respira. Siente.
Intentó percibir esa vibración bajo la piel nuevamente.
Allí estaba.
Una leve corriente cálida en la palma de su mano derecha.
Sin pensarlo demasiado, dejó que su mano se moviera guiada por esa sensación. Sus dedos rozaron varios volúmenes hasta que se detuvieron en uno específico.
Era distinto.
Lo sacó lentamente.
Un libro de tapa verde oscura, gastada por el tiempo. No era cuero brillante, sino algo más orgánico. Más vivo. Al sostenerlo, sintió una textura irregular, como si la cubierta hubiese sido tallada directamente de madera antigua. No era metáfora.. realmente parecía madera endurecida, pulida por los años.
En el centro, apenas visible, había un símbolo grabado: un árbol con raíces profundas y ramas extendidas hacia un círculo que representaba la luna.
Su corazón se aceleró.
[Magia de Madera]
El título no estaba escrito con tinta, sino grabado en relieve, como si hubiese crecido junto al material.
—Así que aquí estás…
Al abrirlo, una ligera corriente de aire recorrió la habitación. No era viento. Era energía.
Las primeras páginas hablaban del linaje Baston. De mujeres que dominaban la magia vinculada a la naturaleza viva.. raíces, savia, crecimiento, resistencia. No era una magia destructiva en apariencia… pero era poderosa cuando se comprendía.
Una frase llamó su atención..
[El maná no se impone. Se cultiva. Como un árbol, crece cuando se le alimenta con disciplina y voluntad.]
Leilani tragó saliva.
Era cierto. Su maná sería débil. No había entrenamiento previo. No había práctica.
Pero no importaba.
Los árboles más resistentes no son los que crecen rápido, sino los que echan raíces profundas.
Se sentó en una mesa cercana con el libro frente a ella. Colocó ambas manos sobre la madera y cerró los ojos.
—Empieza —se dijo a sí misma.
Y por primera vez, en lugar de sentirse atrapada en una historia ajena… comenzó a escribir la suya propia.