La lluvia caía suavemente sobre los ventanales de la mansión Torres.
Liliana Pérez estaba sentada en la sala principal, con las manos entrelazadas sobre su regazo. La luz tenue de la lámpara iluminaba su rostro tranquilo, aunque por dentro su corazón latía con fuerza.
Habían pasado cinco años desde que se convirtió en Liliana Torre..
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Ahora la casa tiene vida...
La noche había caído cuando el auto de Dominic entró en el enorme portón negro de la mansión.
El motor se apagó lentamente.
Dominic permaneció unos segundos sentado dentro del auto, mirando la casa frente a él.
Cuando salió del vehículo y caminó hacia la puerta principal.
Cuando abrió la puerta.
Las luces estaban encendidas de una forma distinta.
Más cálida.
Más suave.
Dominic frunció levemente el ceño mientras avanzaba.
En la mesa del vestíbulo había un pequeño jarrón con flores blancas.
Antes no estaba ahí.
Caminó hacia la sala.
Y entonces la vio.
Liliana estaba sentada en el suelo frente al sofá, rodeada de cajas abiertas. Tenía el cabello recogido de forma descuidada y llevaba una camisa sencilla con las mangas arremangadas.
Estaba concentrada acomodando unos cojines nuevos.
No se dio cuenta de que Dominic había llegado.
Dominic se detuvo en silencio.
Observándola.
La enorme casa que siempre había sido silenciosa y fría ahora tenía algo diferente.
Vida.
Liliana levantó un cojín, lo acomodó en el sofá… y entonces levantó la mirada.
Se sobresaltó un poco.
—¡Dominic!
Él no dijo nada de inmediato.
Solo miró alrededor.
Las cortinas habían cambiado.
Había plantas cerca de las ventanas.
Un cuadro nuevo decoraba la pared principal.
Liliana se levantó un poco nerviosa.
—Bueno… yo…
Dominic caminó lentamente por la sala.
—Cambiaste la casa.
Liliana se mordió ligeramente el labio.
—Dijiste que podía hacerlo.
Dominic se detuvo frente a la ventana.
Miró las nuevas cortinas.
Luego el sofá.
Luego las flores.
—Sí.
Liliana lo observó con cuidado.
—Si no te gusta puedo—
—Déjalo así.
Liliana parpadeó.
—¿En serio?
Dominic volvió a mirarla.
—Sí.
Ella soltó el aire lentamente.
—Bien… porque me tomó todo el día.
Dominic levantó una ceja.
—¿Todo el día?
Liliana señaló las cajas.
—¿Crees que esto se hace solo?
Dominic se acercó unos pasos.
Liliana sintió algo extraño.
La distancia entre ellos se redujo.
Otra vez.
Dominic miró una de las cajas abiertas.
—Compraste muchas cosas.
Liliana cruzó los brazos.
—Tu casa parecía un museo.
Dominic la miró.
—Era funcional.
—Era deprimente.
Dominic no respondió.
Pero sus ojos se detuvieron en el rostro de Liliana.
Ella tenía una pequeña mancha de pintura cerca de la mejilla.
Dominic levantó la mano.
Liliana se quedó quieta.
Sus dedos tocaron suavemente su rostro.
Limpiando la mancha.
El gesto fue simple.
Pero inesperadamente íntimo.
Liliana sintió que su corazón se aceleraba.
—Tenías pintura —dijo Dominic con calma.
Liliana aclaró la garganta.
—Gracias.
Dominic bajó la mano lentamente.
Por un segundo ninguno habló.
Luego Liliana rompió el silencio.
—¿Cómo estuvo tu reunión?
Dominic caminó hacia el sofá.
—Interesante.
—¿Por qué?
Dominic se sentó.
—Mis amigos descubrieron que estoy casado.
Liliana se congeló.
—¿Qué?
Dominic la miró.
—Lo mencioné.
Liliana abrió los ojos.
—¡Dominic!
Él se encogió de hombros.
—Tarde o temprano lo sabrían.
Liliana caminó hacia él.
—¡Pero dijimos que sería en la cena familiar!
Dominic la observó con tranquilidad.
—Nadie sabe quién es mi esposa.
Liliana suspiró.
—Eres imposible.
Dominic se inclinó un poco hacia atrás en el sofá.
—También apareció alguien del pasado.
Liliana frunció el ceño.
—¿Quién?
Dominic respondió con total calma.
—Mi exnovia.
Liliana se quedó quieta.
—¿Tu… qué?
Dominic la miró fijamente.
—Claudia.
Liliana intentó parecer indiferente.
—¿Y qué quería?
Dominic respondió sin emoción.
—Hablar.
—¿Y?
Dominic sostuvo su mirada.
—Le dije que no me interesa.
Liliana desvió la mirada hacia una caja.
—Ah.
Dominic inclinó ligeramente la cabeza.
—También le dije que amo a mi esposa.
El silencio cayó de nuevo.
Liliana levantó la mirada lentamente.
—¿Qué dijiste?
Dominic la miró con calma.
—Que amo a mi esposa.
Liliana lo miró completamente impactada.
—Dominic… eso no estaba en el contrato.
Dominic sonrió levemente.
—Lo sé.
—Entonces ¿por qué lo dijiste?
Dominic se levantó del sofá.
Caminó hacia ella.
Otra vez.
La distancia desapareció.
Su voz bajó un poco.
—Porque nadie cuestiona a un hombre que dice amar a su esposa.
Liliana cruzó los brazos.
—Eso fue manipulación.
Dominic respondió con tranquilidad.
—Eso fue estrategia.
Liliana lo miró unos segundos… y luego negó con la cabeza.
—Eres terrible.
Dominic estaba a punto de responder cuando su teléfono vibró.
Lo sacó del bolsillo.
Miró la pantalla.
Era Miguel.
Dominic observó el nombre unos segundos.
Luego guardó el teléfono sin responder.
Liliana lo miró.
—¿No vas a contestar?
Dominic respondió con calma.
—No ahora.
Liliana no sabía por qué… pero algo en su pecho se tensó.
Porque aunque Miguel aún no sabía nada…
la verdad se acercaba cada vez más.
Y cuando finalmente saliera a la luz…
nada volvería a ser igual.