Sebastián, un huérfano de 16 años rechazado por su heterocromía, solo encontraba consuelo en las novelas BL… especialmente en el villano, a quien siempre admiró.
Tras morir de hambre en un orfanato, despierta en un mundo imposible:
ha reencarnado como el hijo del villano.
Ahora llamado Sirio, con recuerdos intactos y una mente adulta atrapada en un cuerpo de bebé, decide cambiar el destino después del final de la historia.
Su objetivo es claro: hacer feliz a su papá villano.
¿El candidato perfecto para ser su mamá?
El asistente omega serio, elegante y demasiado ignorado por el destino original.
Entre escenas tiernas, momentos ridículamente graciosos y un bebé que claramente sabe demasiado, comienza una comedia BL de reencarnación donde el más pequeño… es quien manda.
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Capítulo 23 — El límite invisible
El castillo aprendió a reconocer los cambios de clima emocional.
No los del cielo —que también importaban—, sino los que se formaban en los pasillos cuando dos personas empezaban a orbitarse demasiado cerca. Esa mañana, el aire tenía esa densidad rara que se siente justo antes de una tormenta: todo parecía normal, pero cualquier roce podía volverse electricidad.
Noctis despertó con la sensación de haber dormido poco, aunque su cuerpo decía lo contrario. La noche anterior había terminado con él de pie en la sala de mapas, demasiado cerca de Lucien, sin atreverse a dar un paso atrás… ni adelante. Ese espacio intermedio le había dejado el pulso extraño, como si su corazón no hubiera terminado de decidir en qué ritmo latir.
Sirio, en la cuna, abrió los ojos con una atención despierta que no coincidía con la hora.
☁️ Objetivo del día: romper el “espacio intermedio”.
☁️ Método: proximidad sostenida + presión social mínima.
☁️ Riesgo: papá huye.
☁️ Plan B: forzar calma compartida.
La mañana se volvió una secuencia rápida de decisiones.
Lucien pidió que Noctis lo acompañara a una inspección por el ala oeste, donde se realizaban reparaciones. No era estrictamente necesario. Pero la orden llegó con un tono que ya no era solo operativo.
—Ven conmigo —dijo—. Quiero tu opinión.
Noctis asintió sin pensar demasiado.
Sirio fue con ellos. El ala oeste olía a madera fresca y polvo. Los obreros se inclinaron al verlos pasar. Los murmullos nacieron, crecieron y murieron en el mismo pasillo.
Lucien señalaba detalles estructurales. Noctis respondía con precisión. A ratos, el ritmo de pasos se sincronizaba sin que ninguno lo notara.
Sirio, desde los brazos de Noctis, estiró los dedos hacia la capa de Lucien y la sostuvo durante más tiempo del necesario.
Lucien no se apartó.
☁️ Proximidad sostenida: iniciada.
El primer choque real ocurrió en el comedor del personal superior.
Noctis dejó a Sirio un momento con la niñera para ir por agua. Una omega de la administración —conocida por su franqueza peligrosa— se acercó a él con una sonrisa abierta.
—Noctis, ¿verdad? —dijo—. He oído que el señor del castillo confía mucho en ti.
—Es parte de mi trabajo —respondió él, con cortesía medida.
—Claro —sonrió ella—. Pero no todo el mundo ocupa ese… espacio.
Lucien lo vio desde el otro extremo del salón.
La sonrisa de la omega no era coqueta, pero la frase tenía filo. Lucien caminó hacia ellos sin cambiar el paso, sin levantar la voz.
—Noctis —dijo—. Te necesito ahora.
No fue una orden.
Fue una reclamación de presencia.
Noctis se giró de inmediato.
—Sí, mi lord.
La omega parpadeó, sorprendida por la interrupción. Lucien no la miró. Se llevó a Noctis con él con una naturalidad que no pedía permiso.
Sirio, desde los brazos de la niñera, abrió los ojos como platos.
☁️ Reacción territorial: detectada.
☁️ Intensidad emocional: en alza.
Noctis caminó a su lado, con el pulso acelerado.
—No era necesario… —murmuró.
—Lo era para mí —respondió Lucien, sin mirarlo.
La frase cayó con un peso que no era profesional.
El castillo lo notó.
Los pasillos se llenaron de miradas. Los susurros cambiaron de tono: ya no eran solo curiosidad. Eran confirmación anticipada. La gente empezaba a creer antes de que algo se dijera en voz alta.
En la habitación del heredero, la tensión finalmente se quebró en palabras.
Noctis acomodó a Sirio en la cuna y se giró.
—Mi lord… esto se está volviendo difícil de ignorar.
Lucien apoyó una mano en el borde de la cuna, cerca de la de Noctis. No la tocó. No se alejó.
—No quiero que sea un problema para ti —dijo.
—No lo es —respondió Noctis, honesto—. Lo que es difícil es no saber… qué lugar ocupo ahora.
Lucien levantó la vista.
—Ocupa el que ya ocupas —dijo—. A mi lado.
El silencio explotó por dentro.
Sirio, medio dormido, dejó flotar su pensamiento final:
☁️ Espacio intermedio: colapsando.
☁️ Confesión implícita: recibida.
☁️ Próxima misión: contacto no accidental.
Noctis no respondió.
Pero tampoco se apartó.
Y el límite invisible entre “trabajo” y “algo más” se volvió tan delgado que el castillo entero parecía poder atravesarlo con un suspiro.