Nina reencarna en un mundo mágico con una nueva oportunidad para ser feliz.
*Esta novela es parte de un gran mundo mágico, te invitamos a leer el resto de las historias*
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Nevin
Mientras las memorias de Nina Bellington seguían encajando dentro de ella como piezas de un rompecabezas celestial, un recuerdo en particular se abrió paso con una fuerza distinta, una fuerza suave… pero doliente.
Un nombre.
Un rostro.
Una voz que le revolvió el corazón.
Ella parpadeó, sorprendida por la calidez que le subió por el pecho cuando la imagen se hizo nítida..
Un joven de ojos oscuros y sonrisa tranquila, siempre educado, siempre amable.
El hijo de un conde aliado del ducado.
Un chico que había crecido a la sombra del poder, pero sin arrogancia.
Un muchacho que visitaba el castillo Bellington tan a menudo que casi parecía de la familia.
Eliah Ravenswood.
Amigo inseparable de su hermano Nevin.
Leal, disciplinado, respetuoso.
Con una voz grave que la hacía temblar incluso en recuerdos.
Y para Nina Bellington, desde que tenía memoria… él había sido la persona que su corazón eligió sin permiso.
Recordó cómo se escondía detrás de las columnas del pasillo para verlo entrenar.
Cómo se arreglaba el cabello antes de bajar al comedor si sabía que Eliah estaba de visita.
Cómo se quedaba sin palabras cuando él le sonreía y la saludaba con un simple..
—Buenos días, Lady Nina.
Recordó su propia timidez, su incapacidad de decir una sola frase sin tartamudear frente a él.
Cómo Eliah se inclinaba para escucharla mejor.
Cómo la trataba con una suavidad que la hacía sentir especial, aunque para él… ella era solo eso..
La hermanita de Nevin.
La niña dulce y silenciosa que necesitaba protección.
Nunca la miró como mujer.
Nunca vio su adoración silenciosa.
Y Nina, temerosa de romper la armonía, jamás confesó lo que sentía.
Una punzada de tristeza atravesó su pecho.
[También renací con un corazón tonto…]
Pero algo dentro de ella vibró distinto.
Esta no era la Nina débil y rota del otro mundo.
Tampoco era la Nina tímida que dejaba que la vida pasara sin luchar.
Aquí… renacida… viva otra vez… quizá su historia con Eliah no estaba escrita todavía.
Tal vez esta nueva vida le ofrecía no solo seguridad, sino también la posibilidad de ser valiente, de cambiar su destino, de hacer que aquel amor silencioso dejara de ser un secreto enterrado en su pecho.
Nina ya había cumplido dieciocho años.
En esta vida, la edad donde las jóvenes nobles comenzaban a prepararse para su debut social, para ser “dignas esposas”, “refinadas damas”, o cualquier papel que la sociedad quisiera imponerles.
Y entre sus recuerdos recién recuperados, ella sabía exactamente lo que la antigua Nina Bellington deseaba para sí misma..
Clases de bordado.
Tejido.
Etiqueta avanzada.
Ceremonias de té.
El tipo de vida que la nobleza consideraba apropiada.
Pero ella… ya no era esa muchacha silenciosa.
Había sido destrozada en otra vida, acusada injustamente, condenada por un crimen que nunca cometió.
Había sufrido desde pequeña, trabajado desde niña, sobrevivido sin amor, sin protección.
Y ahora que era rica… segura… amada… quería ser feliz.
Quería algo diferente.
Quería ser libre.
Con los nervios apretándole el estómago, decidió buscar a Nevin. Lo encontró en su despacho, revisando documentos con expresión seria. Cuando ella apareció en el marco de la puerta, el duque levantó la cabeza… y sonrió con suavidad.
Nevin: Nina… no esperaba verte por aquí tan temprano. ¿Ocurre algo?
La preocupación en su voz era tan genuina que algo dentro de ella se aflojó.
Nina: Hermano… puedo hablar contigo..
Nevin dejó la pluma de inmediato y se acercó. Le tomó la mano como hacía cuando eran niños.
Nevin: Sabes que siempre puedes.
Ella tragó saliva.
Este era el momento.
Nina: Quiero cambiar mis clases..
Los ojos de Nevin parpadearon con sorpresa.
Nevin: ¿Cambiar? Pero, Nina, ya hablamos con tus institutrices. Dijiste que deseabas continuar con bordado, tejido y etiqueta. Eran tus favoritas…
Ella negó con la cabeza, sintiendo una extraña emoción crecer en su pecho.
Nina: Ya no lo son.. Quiero aprender otras cosas. Cosas… que realmente quiero.
Su voz tembló, pero no retrocedió.
Nina: Quiero clases de administración. Para entender el ducado, las finanzas, el comercio. Y… quiero clases de defensa personal.
Nevin se quedó completamente inmóvil.
Era como si hubiera intentado procesar dos idiomas distintos al mismo tiempo.
Nevin: ¿Administración? Y… ¿defensa personal?
Nina bajó la mirada.
Nina: En mi vida quiero valerme por mí misma. Quiero aprender a defenderme… a tomar decisiones… a no sentir miedo de vivir.
El silencio que siguió fue largo.
Intenso.
Hasta que Nevin la tomó de los hombros con ternura, inclinándose para mirarla directo a los ojos.
Nevin: Nina… no sabes cuánto me alegra escuchar eso.
Ella lo miró, incrédula.
Nina: ¿De verdad…?
Nevin asintió.
Nevin: Eres mi hermana. Tu felicidad no es negociable. Si deseas aprender administración, traeré a los mejores tutores. Y si quieres defensa personal… yo mismo elegiré a tu instructor.
Le acarició la cabeza como cuando era niña.
Nevin: Estoy orgulloso de ti.
Las lágrimas le picaron los ojos.
Era tan distinto a su vida pasada… tan distinto al hermano que la destruyó.
Esta vez, tenía un hermano que la amaba, la escuchaba, y la apoyaba sin condiciones.
Y Nina sintió, con una fuerza dulce y nueva, que esta vida… sí podía ser feliz.
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