Segundo libro de la Dinastía Lobo.
⚠️ CONTENIDO (+18)⚠️
Phillips Lobo es el Sottocapo de la mafia italiana, él lleva el dolor de haber perdido a su gran amor después de que diera a luz a su primer hijo, se siente herido y jura no volverse a enamorar jamás.
Fátima Martini, es una chica a la cual le mataron al novio y fue vendida por su propio hermano a un proxeneta, es rescatada por el mafioso líder de la mafia italiana quién es el marido de su mejor amiga y el primo de Phillips,y en su afán de querer olvidar todo el daño que le han causado decide convertiste en la niñera del hijo del sottocapo, ella se siente herida, quiere olvidar su pasado y todo el dolor que lleva en el alma.
¿Podrá Fátima olvidar y sanar todo su dolor?
¿En verdad Phillips no volverá a enamorarse más?
¡Ven y acompáñame en esta nueva aventura y averigüemos juntos que pasará entre el Sottocapo y la Niñera!
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El tercer día de clases.
Fátima Martini.
...
Arropo al precioso bebé que duerme como un angelito en su cómoda cuna. Dejo un beso en su frente para luego asegurar bien las ventanas y las cortinas. Acomodo todo, regulo las luces para que no quede ni tan oscuro ni tan claro, y tomo el monitor en mis manos antes de salir para asistir a mi tercera clase de defensa personal. El señor Phillips es muy disciplinado y exigente, es un buen profesor.
Llego al lugar de encuentro, que es una habitación tipo bodega que está en la parte trasera de la mansión. Camino despacio y lo hallo sentado sobre una de las mesas, con una tablet en su mano derecha y, con la izquierda, está pasando fotos. Me acerco un poco más en silencio y noto que son las fotos de su difunta esposa. Era una mujer muy bonita y elegante; ya había visto distintas fotos en diferentes lugares de la casa, pero estas son distintas, como más íntimas. Trato de darme la vuelta y marcharme, pero algo dentro de mí no me lo permite y entonces me atrevo a hablarle.
—¿La extraña mucho? —le pregunto, sentándome a su lado.
—Cada día de mi vida —responde con cierta melancolía—. A veces pienso que hubiera sido mejor que hubiese muerto yo en lugar de ella; un niño necesita más a su madre que a su padre.
—Lo comprendo, y déjeme decirle que usted está haciendo un buen trabajo como padre. Estoy segura de que su esposa se debe sentir orgullosa de usted por cómo ama y cuida al niño Efraín —le hablo con sinceridad. Jamás pensé que pudiera hablar tan fácilmente con el sottocapo de la mafia italiana.
Él esboza una media sonrisa que me aterra un poco y entonces levanta la vista de la tablet y la fija en mi rostro. Me detalla por largos segundos antes de volver a hablar.
—¿Te puedo contar un secreto? —indaga él, buscando algo en mis ojos.
—Si usted lo cree conveniente, claro que sí —le respondo de inmediato, mirando también el gris tormenta de sus ojos.
Hace un ruidito con su garganta y luego cierra los ojos y niega. Se baja de la mesa, deja ahí la tablet y estira su mano para ayudarme a bajar a mí también.
—Es que... mejor comencemos con las clases, no vaya a ser que Efraín se despierte y nos deje sin terminar la clase.
Me deja ahí y sale buscando los implementos que usaremos hoy, y así comienza el entrenamiento. Sé que quería contarme algo importante, pero tal vez ser solo la niñera de su hijo no me da el derecho de saber algo así, o tal vez piense que no soy lo suficientemente confiable para contarme un secreto.
—Te voy a enseñar diferentes tipos de autodefensa que incluyen: golpes, patadas, bloqueos, agarres, escapes y técnicas de desarme.
Me explica paso por paso lo que haremos una vez más. Son minutos de clases teóricas en donde no sé por qué diablos reparo tanto en el movimiento de sus labios y, de la nada, siento los míos resecos y me paso la lengua por ellos. Me apena cuando él posa su mirada en mi boca y frunce el ceño, pero sigue explicando la teoría sin ningún problema. Luego pasamos a la acción, en donde durante cuarenta minutos me enseña diferentes tipos de movimientos, como posición de guardia y desplazamiento.
—¿Así? —le pregunto, haciendo un movimiento rápido para desplazarme.
—Sí, así. Tenemos que ponerle empeño a esto, porque últimamente estoy saliendo mucho y necesito que sepas cuidar a mi hijo y defenderte de cualquiera. Sabes que tengo mucho trabajo ahora que la dama no está; el líder está devastado y debo apoyarlo mientras se recupera, y espero que sea pronto porque las cosas están pesadas.
Yo lo entiendo. A mí también me ha afectado lo de Angélica; tuvo que irse y comprendo su dolor y molestia. No es fácil estar al lado de la persona que te dejó sin familia. Ella lo ama, de eso no hay duda, pero hay cosas difíciles de olvidar.
Por mi parte, desde el día que intenté suicidarme no lo he vuelto a hacer. Creo que el llanto de Efraín me llenó de nuevas esperanzas y de ganas de vivir. Deseo salir adelante y voy a aprovechar la ayuda que me está brindando el señor Phillips. Voy a terminar de estudiar la carrera que siempre quise; se puede decir que me falta solo el título, porque me defiendo muy bien en la informática, pero claro, a personas como yo les faltan los implementos para poner a prueba sus habilidades.
—¿Puedes quedarte con Efraín esta noche? —me pregunta el sottocapo cuando finaliza la hora de clase. Estoy sudada y deseo darme una ducha urgente.
—Sí, claro, es mi trabajo, así que no se preocupe.
—Es que debo terminar de firmar unos documentos.
Recojo lo que traje, me despido de él y comienzo a caminar hacia el interior de la casa. En el camino me encuentro con Raúl, que es uno de los choferes con los que siempre salgo cuando me toca hacer alguna diligencia o compra. Es un muchacho muy amable y serio; siempre trata de hacer conversación conmigo.
—Hola, Fátima —me saluda con una sonrisa amable—. ¿Cómo te fue en tu clase de hoy? —pregunta caminando a mi lado.
—Hola, Raúl, me fue bien —le respondo, dándole una sonrisa también.
—Eh... mañana es mi día libre y me preguntaba si te gustaría salir a dar una vuelta conmigo, no sé, a comer, a tomar un helado, bailar o lo que tú quieras —se mete las manos en los bolsillos delanteros de su pantalón.
—Me gustaría, pero sabes que mi día libre es hasta la otra semana y no creo que el señor me dé permiso —contesto apenada y quedo muda cuando noto que el sottocapo camina muy cerca de nosotros.
—Si quieres, entonces puedo cambiar mi día libre para la otra semana también y así salimos.
—¿En serio?
—Sí, en verdad me gustaría que salieras conmigo, ser tu amigo.
El sottocapo pasa por nuestro lado sin decir nada y me quedo observando su ancha espalda y su abundante pelo negro. De pronto, el sonido del monitor me hace salir de mis pensamientos y me despido de Raúl diciéndole que hablamos mañana. Subo rápido en busca de la habitación de Efraín y, cuando llego, lo encuentro dormido, pero no está como lo dejé. Sonrío y me dirijo al cuarto de baño para darme una ducha. Como duermo acá muchas veces, tengo muchas cosas mías de este lado. Me desnudo rápido para no correr el riesgo de que el bebé se despierte y yo esté sin acabar de ducharme. Me quedo en tanga y me meto bajo la ducha. El pensamiento del secreto del sottocapo vuelve a mi mente y no niego que me hubiese gustado que me lo contara.