Había pasado un año desde que Geisa había abandonado a su marido, el jeque Ali Hasam y echaba de menos a aquel hombre guapo, arrogante y apasionado, pero ¿de qué serviría volver a él si no era capaz de darle lo que él tanto necesitaba: un hijo y heredero? Cuando Ali la engañó para que regresara, Geisa se sintió furiosa y confundida. ¿Por qué la quería a su lado mientras luchaba con su padre por el trono de Jezaen ? Porque sólo podría triunfar si les demostraba a sus enemigos que tenía una esposa fiel y embarazada...
NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 4
Ethan no tenía intención de recordarle viejos traumas, de modo que la hizo girarse y le dio un beso en la frente.
-Vamos -le dijo en tono animado-. ¡Unámonos a la fiesta!
Geisa forzó una sonrisa e intentó aparentar que la entusiasmaba la velada, pero cuando se alejó de la barandilla sintió un leve hormigueo en la nuca. Inmediatamente pensó que alguien los estaba observando.
La sospecha la hizo volverse y escudriñar los alrededores. No vio a nadie, pero la sensación no le resultó extraña. Después de cinco años viviendo en compañía de un jeque árabe, se había acostumbrado a estar en constante y discreta vigilancia.
Pero aquello era distinto. Si alguien la estaba vigilando, no era por su propia seguridad. La idea era tan siniestra que se estremeció.
-¿Pasa algo? -le preguntó Ethan.
Geisa negó con la cabeza y siguió caminando. No era la primera vez que se sentía observada aquel día. Había experimentado lo mismo aquella tarde al salir de San Esteban. Sus temores le hacían sospechar que Ali seguía vigilándola a distancia.
El coche y el chófer que habían alquilado los estaban esperando en el patio. Ethan la acomodó en el asiento trasero y se sentó a su lado. Para Geisa, Ethan era como un primo cuya reputación de libertino la hacía sonreír, más que acelerarle el corazón.
Nunca había estado casado. Según él, el matrimonio le robaba a uno la ambición, por lo que tenía que estar muy seguro de encontrar a la mujer adecuada.
Cuando Geisa le contó a Ali la actitud y los ideales de Ethan, esperó que se encomendara a Alá por su blasfemia, pero Ali permaneció callado y sombrío, como si sospechara de los sentimientos de Ethan hacia ella.
-El yate de Petronades es impresionante -la voz de Ethan irrumpió en sus recuerdos-. Lo he visto atracar mientras te esperaba en la terraza.
Leoncio Petronades era el principal inversor de San Esteban y el anfitrión de la fiesta de esa noche, que congregaría en su yate a sus clientes más selectos.
-Debe de ser el mayor barco del puerto, a juzgar por el número de invitados -dijo Geisa.
-La verdad es que no -replicó Ethan frunciendo el ceño-. Hay otro yate que lo dobla en tamaño.
-¿Es un barco comercial?
-No, parece más bien ser el yate de otro inversor multimillonario amigo de Petronades.
Era cierto que en San Esteban no faltaban los inversores, pensó Geisa. De ser un pequeño puerto pesquero se había convertido en un inmenso complejo turístico que se extendía sobre las colinas que circundaban la bahía.
Pero, ¿por qué había pensado en Ali al oír hablar del yate? Ali ni siquiera tenía un barco, ni había invertido nunca en los proyectos de la familia.
Irritada consigo misma, se fijó en la gente que disfrutaba de la brisa marina desde el muelle. No recordaba cuándo fue la última vez que ella pudo caminar con tanta libertad. Ser la mujer de un jeque implicaba ciertas restricciones. Ali era el hijo mayor, y por tanto el heredero del pequeño pero rico estado de Jezaen. Al convertirse en su esposa, Geisa había aprendido muy pronto a controlar sus palabras y sus actos, y no ir sola a ninguna parte…