Akiro llevaba una vida aburrida, refugiándose en novelas BL e isekai… hasta que es invocado por error a un mundo de magia, dragones y aventureros.
Sin habilidades especiales ni destino heroico, deberá sobrevivir usando su ingenio y conocimientos de su antiguo mundo.
Mientras se adapta a esta nueva realidad y conoce el fascinante funcionamiento de la magia y la alquimia, Akiro empieza a notar algo inquietante: Kael, un aventurero experimentado, parece prestarle demasiada atención.
Entre batallas, malentendidos y momentos incómodamente cercanos, Akiro intentará negar unos sentimientos que jamás pensó vivir.
Después de todo… esto solo debía ser una historia, no su realidad.
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Capítulo 24: Sombras entre la luz de la guild
El amanecer llegó como un susurro.
Las luces doradas del valle se colaban entre los árboles, y la guild parecía respirar tranquila, ajena a lo que se avecinaba.
Yo seguía a Kael, caminando juntos hacia el patio central. Sus pasos eran firmes, seguros… y me hacían sentir que podía enfrentar cualquier cosa mientras estuviera a su lado.
—Akiro… —murmuró, casi sin pensar, y me tomó de la mano mientras caminábamos—. ¿Dormiste bien?
—Sí… —dije, todavía sonrojado por los momentos de anoche—. Pero… no dejo de pensar en…
Kael me miró con esa expresión seria que rara vez suaviza. Pero esta vez… había un brillo en sus ojos, una mezcla de ternura y preocupación.
—En nosotros —terminó la frase por mí, y un pequeño cosquilleo recorrió mi espalda.
El murmullo de la guild aumentaba a medida que nos acercábamos. Pero algo estaba diferente.
Un escalofrío recorrió mi cuello. No era miedo… era advertencia.
—Kael… —susurré, sin soltar su mano—. Siento algo… extraño.
Él asintió lentamente, apretando mis dedos.
—Sí… lo siento también. Mantente cerca de mí.
De repente, un grito rompió la calma matutina.
—¡ALERTA! ¡Bestias en los límites del valle!
La guild entró en acción de inmediato. Mireya gritaba órdenes mientras Leon corría a comprobar las defensas. Yo sentí cómo mi corazón se aceleraba… y la adrenalina mezclada con preocupación me hizo apretar la mano de Kael con fuerza.
—Vamos —dijo él—. Juntos.
Avanzamos hacia la entrada del valle, donde la niebla empezaba a levantarse de manera inquietante. Entre la bruma, figuras oscuras se movían rápidamente, atacando sin previo aviso. Bestias pequeñas, pero numerosas.
—¡Cuidado! —grité, intentando esquivar un ataque—. ¡Son muchas!
Kael se lanzó delante de mí, bloqueando con su espada un golpe que venía directo hacia mi hombro. La fuerza de su ataque me hizo retroceder un poco, y por un segundo… lo miré.
Su rostro estaba serio. Sus ojos fijos en mí, pero llenos de preocupación y algo más profundo que no supe identificar de inmediato.
—No te acerques demasiado —dijo con voz baja, apenas audible sobre el caos.
—No pienso irme —respondí, y de alguna manera eso pareció aliviarlo un poco.
Las bestias se movían rápido, atacando desde diferentes ángulos. Kael y yo nos manteníamos sincronizados de manera natural, nuestros movimientos complementándose como si siempre hubiéramos sido un equipo. Cada vez que una criatura se acercaba demasiado, él estaba allí, protegiéndome. Y cada vez que él se detenía un instante para recuperar aliento, yo sentía la necesidad de protegerlo a mi manera, aunque mis habilidades aún fueran limitadas.
En medio del combate, un momento de calma súbita me permitió mirar sus ojos.
—Kael… —susurré, casi perdido en el caos—. Gracias por… todo.
Él me lanzó una sonrisa fugaz, cansada pero genuina.
—Siempre, Akiro. Siempre.
Un rugido más fuerte que los anteriores se escuchó desde la niebla. Una criatura más grande, oscura y deformada, emergió, bloqueando nuestro camino. Sus ojos parecían encenderse con fuego negro, y la energía que desprendía hacía vibrar el suelo.
—Eso… eso no estaba en los informes —murmuró Leon, llegando a nuestro lado—. Esta es… seria.
Kael apretó los dientes y me miró.
—Akiro… quédate detrás de mí.
—¡No! —exclamé, soltándome un poco—. No te dejaré solo.
Él me observó con sorpresa, y por un segundo, su expresión se suavizó.
—Está bien… pero no te separes de mi lado.
La batalla comenzó de nuevo, más intensa que antes. Cada movimiento de Kael era perfecto, pero su preocupación por mí estaba siempre presente. Yo intentaba cubrirlo y ayudar, aunque torpemente.
En un instante, nuestras manos se rozaron mientras esquivábamos un ataque simultáneamente. El contacto fue breve, pero suficiente para que un rubor recorriera mi rostro. Kael notó el gesto y me lanzó una mirada rápida, casi imposible de descifrar: mezcla de frustración, alivio y… algo más.
—¡Akiro! —gritó, exigiendo mi atención mientras bloqueaba un golpe de la bestia grande—. Mantente cerca.
—¡Siempre! —respondí, y esa certeza nos dio un pequeño impulso para seguir adelante.
Mientras luchábamos, entendí algo: no importaba cuán peligroso fuera el mundo, mientras Kael estuviera a mi lado… nada me aterrorizaba del todo. Y por primera vez, supe que no era solo protección lo que sentía, sino un vínculo más profundo… algo que ni la magia del mundo podría romper.