NovelToon NovelToon
Soñe Con El Antes De Nacer

Soñe Con El Antes De Nacer

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Reencarnación / BL / Completas
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Elior siempre se sintió fuera de lugar.
En su vida pasada fue profesora de ciencias, alguien que creía en la lógica… hasta que murió y despertó en un mundo regido por jerarquías, vínculos y destinos imposibles de ignorar.
Ahora es un omega masculino de belleza andrógina, hijo de los duques del Ducado de Lirien, rodeado de protección… y de miradas peligrosas.
Desde antes de renacer, soñaba con un hombre que nunca vio, pero que su cuerpo siempre reconoció.
Cuando el mundo intenta reclamarlo como una oportunidad política, Elior descubre que el vínculo que lo llama no exige posesión, sino espera.
🌙 Omegaverse · Reencarnación · Romance BL · Deseo contenido · Consentimiento

Advertencias:
Presión política sobre omegas · Intentos de reclamo forzado (no consumados) · Tensión emocional intensa
✔️ Sin violación
✔️ Sin romance forzado

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: Lo que decimos sin prometer

El silencio no se rompió de inmediato.

Nos quedamos de pie, separados por una distancia que no era casual. No era lejanía, tampoco cercanía. Era ese espacio exacto que existe cuando dos personas saben que acortarlo sin cuidado podría convertir algo frágil en algo forzado.

El sonido del agua llenaba los huecos que nuestras voces aún no ocupaban. Un murmullo constante, paciente, como si el jardín mismo entendiera que no debía apresurarnos.

No era incómodo.

Era… expectante.

Sentí su atención antes de volver a mirarlo. No una mirada que invadiera, sino una presencia firme, sostenida, que no pedía nada. Eso fue lo que me permitió hablar.

—No pensé que volveríamos a encontrarnos así —dije al fin.

Las palabras salieron despacio, sin buscar efecto. No eran una queja. Tampoco una invitación. Eran solo la verdad dicha en voz baja.

Él inclinó apenas la cabeza, como si hubiera considerado esa posibilidad más veces de las que admitiría.

—Yo tampoco —respondió—. Pero cuando ocurre… prefiero no fingir que es casualidad.

Sentí algo acomodarse en mi pecho. No un golpe. No una sacudida. Una alineación lenta, como si una pieza hubiera encontrado su lugar sin hacer ruido.

—Entonces no soy el único que lo siente.

No fue una pregunta.

Fue una constatación.

Sus labios se curvaron apenas. No era una sonrisa abierta, sino un gesto breve, contenido, más cercano al alivio que a la alegría.

—No —dijo—. No lo eres.

El vínculo respondió con una estabilidad profunda, casi tangible. No se expandió ni reclamó más de lo que yo estaba dispuesto a sostener. Se asentó, como si hubiera estado esperando exactamente ese reconocimiento.

Respiré hondo antes de continuar.

—No sé qué es esto —dije—.

—Y no estoy listo para que me digan quién debo ser por sentirlo.

El aire pareció detenerse un segundo.

Él no dio un paso hacia mí. No levantó la mano. No buscó cerrar la distancia con gestos que pudieran confundirse con urgencia. Se quedó donde estaba, sosteniendo mi mirada con una atención que no juzgaba.

—No quiero decirte quién debes ser —respondió—.

—Quiero saber quién eliges ser… cuando nadie te empuja.

La frase me atravesó con una suavidad peligrosa. No porque fuera grandiosa, sino porque no tenía fisuras. No me ofrecía refugio, tampoco exigía definición inmediata.

Me ofrecía tiempo.

—Entonces —dije despacio—, necesito tiempo.

No fue una disculpa.

No fue una defensa.

Fue un límite dicho con honestidad.

Él asintió sin vacilar.

—Lo sé.

La respuesta llegó sin demora, sin duda, sin ese tono de concesión que suele esconder una espera impaciente.

—Y no voy a quitártelo.

No me di cuenta de cuánto necesitaba escuchar eso hasta que mi respiración se aflojó por completo. Los hombros se relajaron apenas. El cuerpo dejó de sostener una tensión que llevaba días cargando.

—Gracias —dije.

La palabra fue pequeña.

Pero fue verdadera.

Nos quedamos así un momento más. El viento movió las hojas del jardín cubierto, proyectando sombras lentas sobre la piedra. La luz se desplazó apenas, marcando el paso del tiempo sin urgencia.

—¿Puedo quedarme aquí contigo un rato? —pregunté.

No porque necesitara permiso para ocupar el espacio.

Sino porque quería saber si él también lo elegiría.

Él tardó un segundo en responder. No por duda, sino por cuidado.

—Sí —dijo al fin—.

—Mientras quieras.

Nos apoyamos en la baranda, uno a cada lado, mirando el agua sin verla del todo. No había contacto. Ni siquiera el roce accidental de una manga. Y, sin embargo, el espacio entre nosotros se sentía… compartido.

No vacío.

—No estoy huyendo —dije en voz baja, sin mirarlo.

No era una justificación. Era una afirmación que necesitaba escucharme decir.

—Lo sé —respondió—.

—Lo noto en cómo te quedas.

Esa observación —tan simple, tan precisa— me hizo sonreír apenas. No una sonrisa visible, sino algo que se asentó por dentro.

—Siempre he sido bueno huyendo —admití—.

—Incluso cuando nadie me perseguía.

Él no interrumpió. No intentó corregirme ni suavizar la confesión.

—Y ahora —continué—… no siento que tenga que hacerlo.

El silencio que siguió no fue pesado. Fue respetuoso. Como si ambos entendiéramos que ese reconocimiento no necesitaba respuesta inmediata.

—No tienes que decidir nada hoy —dijo al cabo—.

—Ni mañana.

Asentí.

—Lo sé.

Nos quedamos ahí, compartiendo el mismo ritmo sin intentar sincronizarlo a la fuerza. El vínculo permanecía estable, atento, como una cuerda firme que no tiraba ni se aflojaba.

Por primera vez desde que desperté en este mundo, no sentí que el deseo fuera una amenaza a mi equilibrio. No me empujaba hacia adelante ni me arrastraba hacia atrás.

Me acompañaba.

—Me quedaré un momento más —dije—.

—Si no te molesta.

Él negó con la cabeza.

—No me molesta.

No fue una promesa de permanencia.

Fue algo mejor: una coincidencia elegida.

El silencio volvió a acomodarse entre nosotros, no como una ausencia, sino como un espacio seguro donde nada tenía que ser definido aún.

Y mientras el agua seguía su curso y la luz se movía lentamente sobre el suelo, entendí algo con una claridad serena:

No todo vínculo comienza con una entrega.

Algunos comienzan con respeto sostenido, con la decisión compartida de no apresurar lo que merece cuidado.

Este…

este estaba creciendo exactamente así.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play