"Ella me robó el protagonismo en la historia pero yo voy a escribir el final"
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capitulo 24 secretos y celos
El cielo estaba cubierto por una neblina azulada. En el campamento, las tiendas estaban ordenadas, aunque el ambiente era tenso. La humillación de haber perdido la primera ronda aún ardía.
Nanami estaba sentado cerca del fuego, con un palo largo, empujando brasas como si le echara la culpa de todo.
—No puedo creer que nos hayan dejado fuera —gruñó—. ¡Yo estaba bien! ¡Pude haber seguido!
Harry, más sereno, se limitó a mirar el cielo.
—No era solo física. La prueba tocó nuestras emociones. Nuestros recuerdos. La marca de Celena brilló… y eso activó la parte final.
Nanami lo miró de reojo.
—¿Y vos qué viste en tu prueba?
Harry se quedó en silencio un momento. Luego suspiró.
—La vi a ella... mirándome como si no me conociera. Como si nunca me hubiera visto. Como si fuera invisible.
Nanami bajó la mirada.
—Yo la vi... diciendo mi nombre con miedo. Como si yo fuera un enemigo.
Anzo, que había permanecido callado bajo un árbol, bufó.
—¿De verdad siguen con eso? ¿Están en un campamento mágico hablando de sentimientos como en una novela de amor?
Nanami lo fulminó con la mirada.
—¿Y vos, Anzo? ¿Qué viste?
Anzo se quedó inmóvil. Un tic en su ceja tembló, pero no dijo nada.
—Nada importante —respondió finalmente.
Harry frunció el ceño. Había algo en él… un leve brillo oscuro en su muñeca derecha, apenas cubierto con una venda.
La luna brillaba roja. Las antorchas mágicas comenzaron a chispear. Una niebla densa descendió por la ladera.
—¿Esto es normal? —preguntó Nanami, poniéndose de pie.
—No. El clima mágico está alterado —dijo Harry, sacando una piedra de protección.
Una sombra se movió entre los árboles. No era humana. Sus ojos eran blancos, flotaban.
Anzo corrió hacia el bosque sin decir una palabra.
—¡Anzo, no! —gritó Nanami.
Harry lo siguió sin dudar.
Anzo estaba frente a una figura encapuchada. La sombra extendía una mano negra que parecía humo.
—Aún estás incompleto —dijo con una voz hueca—. Pero tu sangre es nuestra.
—¡No! —gritó Anzo, cayendo de rodillas.
Harry apareció justo a tiempo para lanzar una luz de contención.
—¡Atrás!
La sombra chilló y desapareció en una espiral negra. Nanami llegó segundos después.
—¿Qué fue eso? —jadeó.
Harry se agachó y vio el suelo quemado con símbolos Nightfall.
—No fue un ataque. Fue… una prueba. Un recordatorio.
Miró a Anzo, que temblaba. Algo dentro de él estaba despertando.
Al amanecer, una lechuza mágica descendió con una carta dorada.
“A los que cayeron…
Su historia aún no ha terminado.
Reúnanse en el Cruce de las Cuatro Sombras.
La Segunda Ronda ha comenzado.”
— El Rey
Harry cerró la carta con el ceño fruncido.
Nanami apretó el puño.
Anzo seguía en silencio.
El atardecer en los campos de entrenamiento del torneo teñía el cielo de naranja intenso. Los equipos habían terminado su práctica y cada quien buscaba su forma de relajarse. Celena se estiraba junto a un árbol, cuando escuchó una voz detrás suyo:
—¿Sabías que en mi reino, el sol nunca duerme... pero yo sí puedo soñar contigo?
—...Ray Solaro, ¿vos te levantás diciendo esas cosas o las anotás antes de dormir?
Ray rió mientras se dejaba caer a su lado, apoyando su lanza como si fuera una sombrilla de playa.
—Una mezcla de ambas. Aunque con vos me salen solitas. ¿Te molesta?
—No —sonrió Celena, girándose para verlo—. Me entretiene. Es como mirar un show de comedia romántica, pero con aceite bronceador.
Ray se echó hacia atrás en la hierba, poniéndose las manos tras la cabeza.
—¿Sabés? Sos distinta a como imaginaba. Pensé que ibas a ser seria, misteriosa, toda tipo “la última Fall”. Pero no. Sos divertida, respondona... y medio bruja.
—Yo no soy una bruja solo hago lo que se diga que tengo poderes de sacerdotisa campeón.
—¡Eso! Me gusta. Además... —la miró de reojo—. No cualquiera le aguanta el paso al Duque de Invierno sin derretirse.
Celena se rió, aunque sus mejillas se pusieron algo rojas.
—No soy cualquiera, Ray.
—Lo sé. Por eso estoy acá.
Hubo un breve silencio. El viento suave agitaba las hojas. Y en ese momento, Ray dejó la sonrisa por unos segundos y habló en voz más baja:
—Yo sé que este torneo es más que solo juegos. Hay algo raro... Oscuro. Lo sentí cuando tocamos el primer cristal.
Celena bajó la vista.
—Sí. Y cada vez se siente más cerca.
—Pero tenés que saber algo —dijo él, ahora mirándola en serio—. Si algo llega a pasar... yo te cubro. No solo porque sos parte del equipo. Sino porque me caés bien. En serio.
Ella le sonrió, sincera.
—Gracias, Ray. En serio. A veces siento que estoy en medio de una novela trágica, y vos... vos traés un poquito de verano a todo esto.
Ray guiñó un ojo, volviendo a su modo galán:
—Y si te aburrís del frío corazón de el ya sabés que acá tenés a un sol siempre dispuesto a abrazarte. —le lanzó una mirada intensa—. Y sin camiseta, si hace falta.
—¡Ray! —se cubrió la cara, riéndose—. Sos terrible.
—Y encantador. Una combinación peligrosa.
—¡No puede ser! —bufó Celena, desde su rincón en el jardín de entrenamiento—. ¿Estoy viendo bien?
Ray levantó una ceja.
—¿Qué pasa?
—¡Dylan! Está hablando con la Duquesa de la Primavera... ¡y se está riendo! ¿Dylan ríe? ¿Desde cuándo sabe usar su cara para algo que no sea fruncir el ceño?
Ray se asomó entre las ramas.
—Uy... sí. Eso es una sonrisa. Y… wow, ¿acaba de tocarle el brazo?
—¡Ese lobo mugriento! —Celena apretó la flor que tenía en la mano—. ¿Qué le pasa? ¿Está coqueteando con... la planta carnívora de alta sociedad?
Unos metros más allá, Dylan inclinaba la cabeza con elegancia. Aurelia, la Duquesa de la Primavera, mantenía su postura impecable, aunque una pequeña sonrisa adornaba su rostro.
—Tu habilidad con la espada ha mejorado —comentó ella con voz pausada—. Me sorprende. Creí que eras solo fuerza sin técnica.
—Gracias por el cumplido... o el insulto educado. Nunca sé con vos —respondió Dylan con una sonrisa ladeada.
—Ambas. Me divierte ver cómo tus ojos siguen buscando a Celena cada tres segundos. Muy sutil.
Dylan frunció los labios, incómodo.
—¿Eso es tan obvio?
—Soy la Duquesa de la Primavera. Mi especialidad es leer emociones... y regar chismes.
—Entonces te diré un secreto —susurró Dylan, acercándose un poco más—. Estoy harto de verla reír con ese... Solaro.
Aurelia arqueó una ceja.
—¿Celosa, tu sirvienta?
—No es mi sirvienta —dijo serio—. Es mía. Y eso es lo peor. Porque ni siquiera lo sabe.
—Entonces tal vez deberías dejar de hablar conmigo… y empezar a luchar por ella —dijo Aurelia, dándose la vuelta y dejando un rastro de perfume a jazmín detrás.
🌿 De vuelta con Celena
—¿Viste eso? ¿La vio sonreír? ¿Ella sonrió? ¡La flor ambulante sonrió!
—Celena... —Ray puso una mano en su hombro—. ¿Estás celosa?
—¿Yo? ¡No! Estoy... indignada por el desequilibrio político de ese coqueteo diplomático.
Ray rió suave.
—Si querés, podemos ponernos a entrenar... o, no sé, hacer como que vos también te reís muy fuerte y lo pones nervioso.
—Ray... sos un genio.
—Gracias, así soy yo
🐯Dato de hoy🐯
🔥 Ray Solaro (Duque del Verano)
Fue actor de teatro antes de ser guerrero, por eso tiene frases dramáticas para todo.
es conocido como un duque bien instruido nadie puede con sabe los poemas del reino de cada estación en secreto es un gran auto de esos poemas