Dicen que la sangre de un vampiro es fría, pero la suya ardía con una maldición. La mía, tan dulce y prohibida, era su único dulce veneno... o su salvación eterna.
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Capítulo 08
La mañana siguiente al descubrimiento de la galería de sangre, la atmósfera entre XiaoXuan y Chen Yi había cambiado. Ya no había la distancia formal de un "paciente" y su "medicina", sino una camaradería tensa, nacida del secreto compartido y la rebelión incipiente.
Chen Yi estaba sentado frente a un gran ventanal de cristal tintado que daba a los bosques marchitos que rodeaban la mansión. XiaoHui, el hermano de XiaoXuan, seguía recuperándose en el ala médica privada, y ella acababa de recibir un informe del doctor Han confirmando que su recuperación era un milagro médico.
—Está vivo gracias a ti —dijo ella, acercándose a Chen Yi con una bandeja de té. Sabía que él no lo necesitaba para nutrirse, pero el acto de compartir una bebida era una de las pocas formas que ella conocía para mantener la normalidad.
—Está vivo porque su hermana es una mártir —corrigió Chen Yi sin apartar la vista del bosque—. No lo olvides, XiaoXuan. Yo no soy el héroe de esta historia. Solo soy el que firmó los cheques con la sangre de otros.
—Deja de flagelarte —dijo ella con firmeza, dejando la bandeja sobre la mesa—. Si te rindes a la culpa, Lady Liu ganará. Ella quiere que te sientas un monstruo, porque los monstruos son más fáciles de controlar. Los monstruos no tienen esperanza, solo hambre.
Chen Yi finalmente se giró hacia ella. Su rostro era una máscara de tormento.
—Mi madre no es el único problema. El "pecado original" del que te habló el doctor Han... no es solo un cuento para asustar a los niños. Siento que la Sombra se agita dentro de mí con cada latido de tu corazón. Tu sangre es como un sol que intenta quemar un agujero negro. El choque es... insoportable.
XiaoXuan se sentó frente a él, ignorando el aura de peligro que él emanaba.
—Cuéntame más sobre ese pacto original. El doctor Han mencionó una Deidad de la Sombra en las cuevas del norte. Si la maldición fue creada por un acto de voluntad, debe poder deshacerse de la misma manera.
Chen Yi soltó una risa seca y carente de humor.
—¿Quieres deshacer cinco siglos de magia oscura con "voluntad"? Eres valiente, humana, pero también terriblemente ingenua. Mis ancestros no solo hicieron un pacto; entregaron el núcleo de nuestra alma a cambio de la inmortalidad. No somos solo vampiros; somos recipientes de una entidad que se alimenta de nuestra agonía.
—Todo tiene un precio y todo tiene una debilidad —insistió ella, inclinándose hacia adelante—. ¿Qué pasó con los otros? Los que no tenían el "Corazón de Azúcar"?
—Murieron —dijo él con frialdad—. Se convirtieron en polvo en menos de una década. Mi tatarabuelo, mi abuelo... todos terminaron como estatuas de ceniza en el sótano de esta mansión. Yo soy el siguiente. O lo era, hasta que tú apareciste.
XiaoXuan sintió un escalofrío al pensar en la hilera de estatuas de ceniza.
—Entonces, el matrimonio que tu madre planea... no es solo para asegurar mi sangre. Es para crear una descendencia que tenga tu poder y mi "luz". Quieren estabilizar la maldición, no romperla. Quieren crear una raza de vampiros que no necesiten esconderse, que puedan caminar bajo el sol gracias a mi linaje.
Chen Yi apretó los puños, y las grietas de ceniza volvieron a aparecer levemente en sus nudillos.
—Exactamente. Quieren usar tu vientre como un laboratorio. Por eso te digo que huyas. XiaoHui está a salvo ahora. Podría organizar tu escape, borrar tus rastros...
—¿Y tú? —lo interrumpió ella—. Si me voy, morirás en menos de un mes.
—Es un precio que estoy dispuesto a pagar para que no te conviertas en lo que mi madre quiere.
XiaoXuan lo miró fijamente. Por primera vez, vio no al depredador, ni al enfermo, sino al hombre que estaba dispuesto a sacrificarse por alguien que apenas conocía. En ese momento, algo dentro de ella se quebró y volvió a unirse con una fuerza renovada. No era amor, todavía no, pero era una lealtad que quemaba más fuerte que cualquier pasión.
—No me voy a ir —dijo ella, su voz clara y decidida—. Pero tampoco voy a ser su laboratorio.
—¿Qué propones entonces? —preguntó él, confundido.
—Un pacto —respondió XiaoXuan—. Un pacto silencioso entre tú y yo. Fingiremos que aceptamos sus reglas. Fingiremos que el matrimonio es lo que queremos. Les daremos la impresión de que estamos bajo su control. Pero mientras tanto, buscaremos la forma de destruir la fuente de la Sombra. No de estabilizarla, sino de erradicarla.
—¿Incluso si eso significa que yo pierda mi inmortalidad? —preguntó Chen Yi, sus ojos clavados en los de ella—. Podría volverme humano... o simplemente podría morir si la transición falla.
—¿Prefieres vivir para siempre como un esclavo de la sangre de otros, o tener la oportunidad de ser libre, aunque sea por un solo día?
Chen Yi guardó silencio por lo que pareció una eternidad. El peso de siglos de tradición y miedo luchaba contra la chispa de esperanza que XiaoXuan había encendido. Lentamente, extendió su mano hacia ella.
—Mis ancestros se horrorizarían —murmuró él con una sonrisa melancólica—. Pero ellos ya están muertos y convertidos en polvo. Yo todavía tengo un pulso... gracias a ti. Acepto el pacto, XiaoXuan.
Ella tomó su mano y la estrechó con fuerza. El contacto ya no se sentía como una amenaza. Era una promesa.
—Pero debemos ser cuidadosos —advirtió Chen Yi—. Lady Liu tiene ojos en todas partes. Las sombras de esta casa informan de cada susurro. De ahora en adelante, debemos actuar como si estuviéramos... obsesionados el uno con el otro. Si ella ve romance y dependencia, bajará la guardia. Cree que el amor es una debilidad humana que puede usar a su favor.
—¿Fingir? —preguntó XiaoXuan, sintiendo un nudo en el estómago—. ¿Cómo?
Chen Yi se levantó y caminó hacia ella, deteniéndose a una distancia mínima. Su presencia era abrumadora, y el aroma de la noche y el sándalo la rodeó. Con una delicadeza que la sorprendió, colocó un mechón de pelo detrás de su oreja.
—Así —susurró él, inclinándose hasta que sus labios rozaron su frente—. Debemos convencerlos de que mi necesidad de tu sangre se ha convertido en una necesidad de tu alma. No será difícil para mí... actuar. La parte difícil será para ti, XiaoXuan. Tendrás que fingir que amas a un monstruo.
—Puede que no sea tan difícil como crees —respondió ella, sorprendida por su propia voz—. Después de todo, ya me has salvado más veces de las que me has herido.
La tensión en la habitación cambió de nuevo. Ya no era solo el miedo a la mansión o a la maldición lo que los rodeaba, sino la conciencia de la fragilidad de su alianza. En ese momento, la puerta se abrió de golpe y apareció Lady Liu, seguida por el doctor Han.
—¿Interrumpo algo? —preguntó la Matriarca, sus ojos recorriendo la cercanía entre su hijo y la humana.
Chen Yi no se alejó. Al contrario, rodeó la cintura de XiaoXuan con su brazo, atrayéndola hacia su costado en un gesto de posesividad que parecía perfectamente natural.
—Solo estábamos discutiendo los detalles de nuestra convivencia, madre —dijo Chen Yi con una voz aterciopelada y peligrosa—. Resulta que XiaoXuan es mucho más... fascinante de lo que tus informes sugerían.
Lady Liu arqueó una ceja, una sonrisa de triunfo cruzando su rostro gélido.
—Excelente. Me alegra ver que la compatibilidad es tan alta. Doctor Han, proceda con las pruebas de sangre diarias. Queremos asegurarnos de que la "pureza" no disminuya con el contacto emocional.
Mientras el doctor preparaba su equipo, Chen Yi le dio a XiaoXuan una mirada rápida y secreta. El pacto silencioso había comenzado. Estaban entrando en un juego de espejos donde la verdad y la mentira se confundían, y donde el único ancla que tenían era la mano del otro.
Aquella noche, mientras XiaoXuan entregaba de nuevo su sangre a Chen Yi bajo la mirada del doctor, ella no sintió el dolor de la aguja. Solo sintió la mirada de Chen Yi, una mirada que decía que, pasara lo que pasara, ya no estaba sola en la oscuridad de la mansión Liu. Habían formado una alianza incómoda, una unión de luz y sombra que estaba destinada a cambiar el destino de su linaje para siempre. Pero mientras tanto, el reloj seguía corriendo: un mes de esperanza era todo lo que tenían antes de que la mansión reclamara su pago final.