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Latidos Bajo La Bata

Latidos Bajo La Bata

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Amor a primera vista / Divorcio / Amor prohibido / Romance / Superpoder / Completas
Popularitas:22.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Esta es la crónica de Valentina Vingut, una estudiante de medicina cuya existencia se fragmenta al colisionar con Ricardo Vidal. Él es un magnate custodiado por un imperio de poder y una familia de fachada, pero poseedor de una oscuridad magnética que arrastra a Valentina hacia un romance prohibido. Lo que ella ignora es que esa conexión eléctrica no es azar: sus linajes han estado encadenados por una deuda de sangre desde tiempos ancestrales.
Será el deseo suficiente para silenciar la moral?

NovelToon tiene autorización de Estefaniavv para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: la confesión del cazador

Me acerqué y lo besé, rompiendo cualquier dique de contención. De inmediato, me tomó por la cintura y me subió a su regazo. Mis piernas se flexionaron a ambos lados de su cadera; la falda que llevaba puesta ese día resultó ser una traición deliciosa. Sentí su erección, firme y exigente, presionando directamente contra mi intimidad, apenas separada por la fina seda de mi lencería. Él comenzó a mover su pelvis con un ritmo instintivo, una danza de fricción que buscaba desesperadamente desbloquear el último muro de mi resistencia.

Sus manos, expertas y urgentes, se deslizaron bajo mi blusa. Desabrochó mi sostén con una agilidad que me hizo jadear y empezó a masajear mis senos, moldeándolos mientras su boca devoraba la mía. De pronto, liberó uno de mis pechos y empezó a succionarlo, marcando mi piel con una delicadeza feroz que me hizo arquear la espalda.

—¿Te puedo pedir algo? —susurró contra mi piel, su aliento quemaba—. Déjame probarte. Quiero que llenes mi boca de ti... es mi anhelo más profundo.

El pudor me golpeó, pero el deseo era un incendio. Sabía que si accedía a eso, mi voluntad se desvanecería para siempre.

—Hoy no... pero se me ocurre algo más —dije con una valentía que no sabía que poseía.

—¿Qué?

—Déjame probarte a ti.

Su sonrisa fue la de un hombre que acaba de ganar el cielo. Me bajé de su regazo, con las piernas temblando y la humedad floreciendo entre mis muslos. Con manos trémulas, liberé su miembro. Era imponente, de un tono rosado intenso, palpitando con una vida propia. Recordé las historias y técnicas que mis amigos mencionaban; tenía la teoría en la cabeza y el deseo en el vientre.

Lo tomé con firmeza y lo llevé a mi boca. Me entregué a la exploración, subiendo y bajando, succionando con una entrega que lo hizo gemir desde lo más profundo de su pecho. Mientras yo lo envolvía, su mano bajó hacia mi clítoris, masajeándome con una precisión quirúrgica que me hacía morir y renacer en cada roce.

—Ya no puedo más... —jadeó él, con los dedos enredados en mi cabello—. Valentina, ¿puedo terminar en tu boca?

Solo pude asentir. Momentos después, sentí su descarga. Fue un torrente dulce y cálido que me inundó, una entrega total que acepté sin dudar, tragando cada gota de su esencia. Cuando terminé, me incorporé y él me envolvió en un abrazo protector, mirándome con una ternura infinita, como si fuera lo más valioso que jamás hubiera tenido entre sus brazos.

—El mejor regalo de mi vida —susurró—. Estuviste increíble.

No puedo evitar sentir una pizca de vergüenza por todo esto... —susurré, evitando su mirada después de lo ocurrido en el coche.

Ricardo tomó mi mentón con delicadeza, obligándome a conectar con sus ojos color aceituna.

—No, preciosa. No reprimas lo que sientes de esa forma. Me tienes pidiéndole a Dios por ti, y créeme que cada palabra que te digo es tan verdadera como el aire que respiras.

—Desde que te conocí, he decidido creerte —respondí, sintiendo un nudo en la garganta—. Solo te pido una cosa: no me decepciones. Jamás.

—Jamás lo haría, mi hermosa. ¿Te apetece ir a algún sitio a comer algo?

—No tengo hambre ahora, pero algo dulce me vendría bien.

—Como ordene mi dama.

Fuimos a una heladería cercana. Entre risas y bromas con nuestras tarrinas de fresa y chocolate, el tiempo pareció detenerse. Sin embargo, al llegar a casa, la realidad me golpeó de nuevo. Mis miedos e inseguridades sobre el mundo en el que estaba entrando afloraron, pero no tenía el valor de detenerme; cada caricia de Ricardo me dejaba con un hambre insaciable de más.

Las semanas pasaron y la vida me sonrió en el ámbito profesional. Finalmente conseguí un empleo estable en el área pediátrica. Amaba a los niños; el hospital se convirtió en mi refugio, el único lugar donde mi mundo no giraba en torno al secreto que guardaba celosamente ante mi familia, amigos y colegas.

Una tarde, mientras esperaba un transporte frente a la clínica, el doctor Villanueva, mi adjunto a cargo, detuvo su coche frente a mí.

—Dra. Valentina, ¿quiere que la acerque a algún sitio?

—No, gracias, doctor. Mi transporte viene en camino.

—Insisto —dijo con una sonrisa profesional pero firme—. Mi coche está justo aquí y no aceptaré un no por respuesta.

Accedí por cortesía. El trayecto fue corto y él intentó entablar una conversación más personal preguntando por mis planes nocturnos, a lo que respondí con la excusa de una cena familiar. Al bajarme, apenas cerré la puerta del coche, mi teléfono comenzó a sonar con una insistencia casi violenta. Era Ricardo.

—¿Qué haces? —Su voz sonaba tensa, cargada de una vibración oscura que no le conocía.

—Voy llegando a casa, ¿y tú?

—Llegando a tu puerta. Espérame afuera.

Me quedé helada. Al verlo bajar de su camioneta, el aura que lo rodeaba era sombría.

—Hola, ¿cómo te fue hoy? —le pregunté, intentando suavizar el ambiente.

—Bien... —respondió cortante—. ¿No tienes nada más que contarme?

—No, ¿qué pasa?

—Por curiosidad... ¿quién era el tipo del coche? ¿Ese que puso su mano en tu espalda al despedirse?

El aire se escapó de mis pulmones.

—Es mi adjunto de pediatría. Se ofreció a traerme y, aunque me negué, insistió. Ricardo... ¿cómo sabes eso?

—¿Así de fácil aceptaste que te trajera? —ignoró mi pregunta, su voz subiendo de tono.

—¿Fácil? ¿Qué demonios estás pensando? Soy una persona tranquila, pero ten cuidado con lo que dices, porque hay palabras de las que no se vuelve. Te hice una pregunta: ¿Cómo lo supiste?

—Contraté a alguien para que te cuidara —soltó al fin, sin una pizca de remordimiento.

—¿Qué?

—Puse a alguien a seguirte el día después de nuestra primera salida. No puedo estar contigo todo el tiempo y me aterra que te pase algo.

—¿Para que me cuide o para que me vigile, Ricardo? —sentí que las paredes se me venían encima—. Yo no pertenezco a tu mundo de mafias o negocios turbios. ¿Quién podría hacerme daño? ¡Esto es una locura!

—Entiéndelo, Valentina. Cualquiera que sepa quién soy y descubra que te tengo afecto, te convierte automáticamente en una potencial amenaza. Desde el primer día, mi prioridad fue tu seguridad.

—Esto me da miedo. No quiero seguir hablando —le dije, dándole la espalda para entrar al edificio..

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Maria M. Rosario
mjy bonita la historia
Estefaniavv: Gracias, espera la segunda parte en una semana 🙈
total 1 replies
LIZA VELAZCO
sencillamente hermosa!!!!! felicidades que gran historia 😊
Estefaniavv: Gracias, espera la segunda parte en una semana 🙈
total 1 replies
Elina Beatriz Ravazzano
Te felicitó por tu imaginación. No entendí mucho,pero me gustó.
Estefaniavv: Viene una segunda parte que se desarrolla la historia final 🥰🥰
total 1 replies
AYA
El título de la novela cambió, al inicio no se leía fantasía y luego cambió a pura fantasía , no fue mala pero esos cambió tan drástico dañan la lectura.
AYA
Demasiado fantasía, 🙄😒
Carola Videla 😈🇦🇷
que triste vivir así, es injusto
Lirio Blanco: Cierto 😔
total 3 replies
Estefaniavv
🥰🥰🥰
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