Irene Blanch era una señorita proveniente de una familia tranquila, ella igual era alguien de muy bajo perfil, fue por eso por lo que Ezra Markov la eligió como su esposa luego de ser rechazada por su primer amor, Lina Lewel. Irene lo sabía, y acepto de todas formas, porque tampoco estaba enamorada de Ezra, solo vió los beneficios de ese matrimonio y los del divorcio en el que pensaba antes incluso de estar casada.
Irene nunca previo el cambio de actitud de su esposo ni tampoco los de ella misma. Menos aún que el primer amor de Ezra mostrara tanto interés en sus vidas.
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Capitulo 5
Desde que conocía a Ezra, jamás le había negado nada.
Jamás.
Lina avanzaba por el corredor del ala este del palacio, el eco suave de sus pasos acompañando del conflicto que llevaba dentro. La imagen volvía una y otra vez, Ezra rechazando su invitación, apartándose de ella por otra mujer.
—Por una mujer que apenas conoce… —susurró para sí.
Apretó los puños con frustración, las uñas marcando levemente la piel de sus palmas.
¿Acaso esa mujer había llegado para arruinar su amistad?
El pensamiento le resultaba insoportable.
Cuando regresó al palacio principal, intentó recomponer su expresión. Sin embargo, al cruzar el umbral del salón privado, Eliott levantó la vista de inmediato, y pudo reconocer en su expresión que algo no estaba bien.
—Cariño —dijo acercándose—, ¿sucedió algo? ¿Mi madre te ha dicho o hecho algo?
Lina negó con rapidez, forzando una sonrisa.
—Oh, no, nada de eso. Ni siquiera he visto a su majestad. Solo… estaba un poco nostálgica. Recordando los viejos tiempos.
Eliott la observó con atención, sin apartar la mirada.
—Hoy conocí a la prometida de Ezra —continuó ella con aparente ligereza—. Es una joven muy bonita… aunque algo seria. O tal vez simplemente no le agradé...
Eliott frunció el ceño.
—¿De qué hablas? ¿Por qué no le agradarías?
Lina bajó la mirada un instante, jugando con los dedos.
—No lo sé… me pareció algo fría conmigo.
El gesto de Eliott se endureció. No le gustaba verla insegura, ni mucho menos triste. En su mente comenzó a formarse una idea poco amable de aquella mujer. Pensó en ciertos nobles que, en el pasado, habían despreciado a Lina por no haber nacido en cuna aristocrática.
Su mandíbula se tensó.
—Pero a mí ella me agradó —añadió Lina con voz dulce, casi inocente—. Por eso quiero invitarla al palacio. Sabes que me cuesta hacer amigas… Tal vez podamos llegar a serlo.
Eliott guardó silencio unos segundos, pensativo.
—Puedes hacer lo que desees —respondió finalmente—. Sin embargo, sabes que no debes permitir que nadie te desprecie. Si algo así ocurre, quiero que me lo digas.
Lina alzó la vista, atenta.
—Si la prometida de Ezra es ese tipo de persona —continuó él con firmeza—, él debería saberlo. No creo que quiera casarse con alguien así.
Los ojos de Lina brillaron apenas.
—¿Tú crees que Ezra llegaría a cancelar su boda por algo así?
Eliott asintió sin dudar.
—Es lo más probable. Ezra es un hombre justo. Y, ante todo, es nuestro amigo. No toleraría que su futura esposa fuera alguien despreciable.
El silencio que siguió fue breve, pero cargado.
Lina inclinó ligeramente el rostro, ocultando la sombra de satisfacción que cruzó fugazmente por sus facciones antes de recomponer su expresión suave.
—Tienes razón… —murmuró.— Ezra jamás lo permitiría.
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El carruaje se detuvo frente a la mansión del condado Blanch cuando el sol comenzaba a descender suavemente sobre los jardines.
El trayecto no había sido largo, pero el silencio entre ambos domino el viaje.
Ezra descendió primero. Se acomodó el abrigo y extendió la mano hacia Irene. Ella la aceptó sin vacilar, apoyándose con delicadeza para bajar.
—Gracias por traerme —dijo con cortesía.
Parecía dispuesta a despedirse allí mismo, pero notó que él no se movía. La observaba de una manera particular, como si aguardara algo más.
Irene comprendió.
—¿Quiere pasar a tomar té…?
Esperaba que se negara.
Pero Ezra asintió.
—Sí.
Irene suspiró internamente mientras avanzaban hacia el interior de la mansión. En realidad, deseaba darse un baño caliente y recostarse en su amplia cama para continuar con la novela que había comenzado días atrás. El nuevo capítulo la tenía ansiosa. Sin embargo, por simple formalidad, había hecho aquella invitación… y ahora debía atender a su prometido.
— Es un consuelo que, al menos, su rostro sea atractivo— , pensó con resignación. — Porque su actitud es terrible...
Ordenó que trajeran el té, pero insistió en servirlo ella misma. El salón estaba tranquilo; sus padres y Adrián no se encontraban en casa. A diferencia de ella —quien se consideraba casi una ermitaña por elección—, su familia llevaba una vida activa, siempre entre asuntos del condado y compromisos fuera de él.
El vapor ascendía desde la tetera cuando la voz de Ezra rompió el silencio.
—¿Le gustaría conocer el ducado?
Irene levantó la vista.
—¿Disculpe?
—Supongo que sentirá curiosidad por el que será su hogar en el futuro —continuó él, con tono medido—. ¿No le parece buena idea ir a verlo?
Irene sostuvo la taza entre sus manos y guardó silencio un instante. Una sonrisa cortés se dibujó en su rostro mientras pensaba.
— No, en realidad no siento ninguna curiosidad. Y tampoco será mi hogar para siempre. Más bien lo veo como un hotel dónde estaré por un tiempo determinado...
Por supuesto, eso no podía decirlo.
—Está bien —respondió con serenidad—. Me pondré en contacto con el señor Rohan para organizarlo.
Ezra se tensó casi imperceptiblemente.
—¿Rohan? ¿Por qué? —preguntó con un tono más seco de lo habitual.
—Es con el señor Rohan con quien he estado intercambiando cartas para organizar los asuntos de la boda. Aunque lleven su sello, sé perfectamente que no es usted quien me escribe.
Lo dijo con naturalidad, sin intención de reproche.
Ezra no encontró respuesta inmediata. Era cierto.
—¿Y eso no le molesta? —preguntó finalmente.
Irene lo miró como si la pregunta le resultara extraña.
—No. En absoluto. No me malinterprete, duque, no le estoy reclamando nada. Desde el momento en que acepté su propuesta entendí cómo serían las cosas… y estuve de acuerdo.
Su sonrisa era tranquila, sincera. No había rastro de ironía ni resentimiento.
Eso, de algún modo, lo inquietó más.
Ezra se puso de pie con brusquedad contenida.
—Debo retirarme.
A Irene le sorprendió lo abrupto del anuncio, pero no insistió.
—Le deseo un buen regreso, duque.
Se despidieron con la formalidad acostumbrada.
Ya en su carruaje, mientras el paisaje comenzaba a desdibujarse tras la ventanilla, Ezra fruncía el ceño cada vez más.
No estaba molesta. Eso era evidente.
Entonces, ¿por qué él sí?
Esa noche, el duque llegó a su residencia con el semblante sombrío.
Los sirvientes apenas se atrevieron a dirigirle la palabra cuando cruzó el vestíbulo. Su paso era firme, pero había en él una tensión evidente, contenida en la rigidez de sus hombros y en la línea severa de su mandíbula.
Sin detenerse, se dirigió directamente a sus aposentos.
Ordenó que prepararan el baño y, cuando estuvo listo, se sumergió en la bañera sin vacilar. El agua estaba helada. Cerró los ojos y dejó que el frío recorriera su piel, como si pudiera apagar el desorden que llevaba dentro.
Como si pudiera apaciguarlo.
Irene Blanch.
El nombre acudía a su mente con una insistencia irritante.
Había investigado discretamente antes de proponerle matrimonio. No había encontrado nada cuestionable. Su vida era sencilla, ordenada. De bajo perfil. Discreta. Educada. Prudente.
Exactamente el tipo de mujer que necesitaba.
Desde el compromiso, no había dado motivo alguno para el reproche. Cumplía con las expectativas. No había escándalos, ni exigencias, ni dramas innecesarios.
Todo marchaba según lo previsto.
Entonces, ¿por qué se sentía así?
Abrió los ojos, el agua helada ya entumeciendo sus extremidades.
No había hecho nada fuera de lugar.
Y, sin embargo, cada conversación con ella lo dejaba con una sensación extraña, como si algo se le escapara entre los dedos. Como si Irene estuviera siempre un paso atrás… o tal vez un paso más adelante.
Se hundió un poco más en el agua fría, dejando que el silencio de la habitación lo envolviera.
Irene Blanch.
No podía entender qué era exactamente lo que ella le provocaba
estos celos me hacen daño me enloqueceeeen~🤣🤣
pobre ezra la cara que debe de tener