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La Muda Del Serrallo

La Muda Del Serrallo

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Venganza / Mujer poderosa
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Ayla nació muda por un trauma, pero nunca fue débil. Aprendió a pelear y a sobrevivir por su familia… hasta que se la llevaron como una esclava más al harén del sultán. Nadie sabe que es la princesa. Cuando el sultán queda paralizado y los traidores se acercan, ella se convierte en su sombra más peligrosa. Intriga, venganza, pasión y un romance prohibido en las sombras del imperio.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Ayla no durmió bien.

Cada vez que cerraba los ojos veía la cara del hombre cuando el golpe le cerró la garganta. La sorpresa. El modo en que perdió el aire. No sentía culpa. Solo el eco del impacto en los nudillos y la certeza de que Zahir ya lo sabría.

Al amanecer Sahra la miró más tiempo de lo normal.

—Hoy subes igual. El sultán preguntó por ti.

Ayla asintió. Tomó la bandeja. El caldo humeaba. El pan olía a recién horneado. Subió por la puerta de atrás. El eunuco anciano la dejó pasar sin levantar casi la vista. El pasillo estaba vacío. No había nadie esperando en el arco.

Kael estaba en la silla, junto a la ventana. Tenía mejor cara que el día anterior, pero las ojeras seguían profundas. Cuando ella entró, lo primero que hizo fue mirarle las manos.

—Acércate.

Ayla dejó la bandeja y se acercó. Kael le tomó la muñeca derecha con cuidado. Los nudillos estaban un poco hinchados. Él los rozó con el pulgar.

—¿Fue él?

Ella asintió.

Kael soltó la muñeca y señaló el tablero. Ayla sacó el carbón. Escribió despacio, con letra clara:

**Me pidió el nombre. Y el reino. Quiso agarrarme.**

Kael leyó. La mandíbula se le puso dura.

**¿Qué hiciste?**

**Lo tiré por las escaleras.**

Él se quedó mirando el papel un segundo. Después soltó una risa baja, casi incrédula.

—Claro que lo hiciste.

Escribieron un rato más. Ayla le contó exactamente cómo había sido: la distancia, el golpe a la garganta, la caída. Kael no interrumpió. Cuando terminó de leer, se pasó una mano por la cara.

—Zahir no va a dejarlo así. Ese hombre era uno de los suyos. —Hizo una pausa—. Desde hoy no sales sola por esos pasillos. Te acompaña uno de mis eunucos de confianza hasta la escalera de servicio. Y vuelves por el mismo camino.

Ayla escribió:

**No hace falta.**

Kael negó con la cabeza.

—Sí hace falta. Tú no puedes gritar si te vuelven a acorralar. Yo no puedo levantarme a buscarte. Así que aceptas la escolta o dejas de subir. Elige.

Ella sostuvo la mirada. Después escribió una sola palabra:

**Acepto.**

Kael asintió, satisfecho. Le señaló la silla junto a la ventana.

—Siéntate. Hoy te quedas hasta que el médico se vaya. Y mañana también.

Ayla se sentó. El sol entraba por la ventana y le calentaba un lado de la cara. Kael cerró los ojos un rato. El dolor parecía más manejable. O quizás solo estaba más tranquilo porque ella había vuelto entera.

Cuando el médico terminó y salió, Kael habló sin abrir los ojos.

—Si vuelven a tocarte, quiero saberlo el mismo día. No al siguiente.

Ayla inclinó la cabeza.

Bajó acompañada por un eunuco alto y callado que no le dirigió la palabra. En el patio de los naranjos Lina la esperaba. Esta vez no preguntó nada. Solo le pasó el trapo limpio y se puso a trabajar a su lado.

Ayla fregó en silencio. Las losas brillaban bajo sus manos. El olor del vinagre le llenaba la nariz. Por primera vez desde que había llegado a Zafira, alguien había reaccionado con rabia porque la habían tocado.

No era perdón.

No era cariño.

Era otra cosa.

Y esa cosa empezaba a complicarlo todo.

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