Hay sentimientos que nacen sin pedir permiso... y secretos que pueden cambiarlo todo
Ella nunca imaginó que conocer a aquella persona cambiaría su manera de ver el mundo. Entre miradas, conversaciones inesperadas y momentos que parecían insignificantes, comenzó a surgir algo que ella no se atrevía a reconocer
Pero todo no es tan sencillo como parece. Hay cosas que deben permanecer ocultas, emociones que cuestan admitir y secretos que, tarde o temprano, terminan saliendo a la luz
Mientras intenta descubrir qué significa realmente lo que siente, tendrá que enfrentarse a sus miedos, a las dudas y a las circunstancias que amenazan con separarlos
Porque aveces el amor más intenso es precisamente aquel que nadie puede conocer
¿ Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para proteger un amor que debe permanecer en secreto?
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Una noticia inesperada
El tiempo parecía avanzar cada vez más rápido. Lucía había comenzado a acostumbrarse a las conversaciones con Javier. Ya no sentía los mismos nervios que al principio cuando veía aparecer su nombre en la pantalla. Ahora podían hablar durante un rato sin que ella pensara demasiado cada palabra.
Aún así, había algo que Lucía todavía no había conseguido hacer. Contarle a Sofía. Cada vez que pensaba en hacerlo, algo la detenía. No quería que su amiga creyera que había estado ocultándole algo importante.
Una tarde, mientras las tres estaban juntas después de clases, Carla recibió un mensaje.
—Es Jessica —dijo.
Lucía levantó la mirada.
—¿Qué dice?
—Quiere que vayamos a su casa el sábado.
Sofía sonrió.
—Otra vez.
—Parece que le gusta tener visitas —bromeó Carla.
Lucía sonrió, pero permaneció callada. Carla la miró.
—¿Vienes?
—Sí.
Sofía asintió.
—Entonces iremos las tres.
El sábado, las amigas llegaron a casa de Jessica. Esta vez, Lucía se sentía mucho más tranquila. Ya no era aquella primera visita llena de nervios. Jessica las recibió con alegría y Layla salió rápidamente a saludarlas.
—¡Hola, Layla! —respondió Lucía.
Después de unos minutos, Jessica dijo algo que llamó inmediatamente la atención de Lucía.
—Por cierto, Javier estará aquí más tarde.
Lucía intentó que su rostro no cambiara.
—Ah.
Carla la miró de reojo. Sofía no pareció notar nada. Las tres continuaron conversando.
Una hora después, Javier llegó. Saludó a todos y se quedó un rato con ellas. La conversación transcurrió con normalidad hasta que Javier miró a Lucía.
—Tengo que contarte algo.
Lucía se sorprendió.
—¿A mí?
—Sí.
—¿Qué pasó?
Javier sonrió.
—Probablemente volveré a esta ciudad dentro de poco.
Lucía se quedó en silencio. No sabía qué decir. Después de tantos años, aquella posibilidad le parecía extraña.
—¿Vas a volver?
—Quizá. Todavía no es definitivo, pero mi familia está considerando mudarse nuevamente.
Lucía intentó ocultar la emoción que le produjo escuchar aquello.
—Sería bueno volver a verte por aquí.
Javier sonrió.
—A mí también me gustaría.
Lucía bajó la mirada.
Más tarde, mientras Javier hablaba con Carlos, Carla se acercó a Lucía.
—¿Estás feliz?
Lucía sonrió.
—Un poco.
—Se nota.
—¿Tanto?
—Bastante.
Lucía soltó una pequeña risa. Pero antes de que pudieran continuar hablando, Sofía se acercó.
—¿De qué hablan?
Carla respondió rápidamente:
—De nada.
Sofía miró a ambas.
—Últimamente ustedes dos tienen muchos secretos.
Lucía sintió que el corazón le daba un pequeño salto.
—No es nada importante.
Sofía sonrió.
—Está bien.
Pero aquella noche, mientras se alejaba, su expresión era diferente. Había comenzado a sospechar.
Aquella noche, Lucía estaba en su habitación cuando recibió un mensaje.
Javier: Me alegra que hayas venido hoy.
Lucía respondió:
Lucía: A mí también.
Después de unos segundos llegó otro mensaje.
Javier: Si finalmente vuelvo, tendremos que ponernos al día.
Lucía sonrió.
Lucía: Tenemos muchos años que recuperar.
Apagó la pantalla. Pero antes de dormir pensó en algo. Javier podía volver. Su pasado podía volver. Y quizá también tendría que enfrentarse a todos los secretos que había guardado durante tanto tiempo. Especialmente a uno.
Sofía todavía no sabía la verdad. Y Lucía comenzaba a comprender que no podría ocultársela para siempre.
Entendió también que si Javier volvía, todo sería diferente. Ya no serían solo mensajes. Sería verse en la misma ciudad, con sus amigos cerca, con Carla y Sofía presentes. Y eso requería que fuera honesta, primero con ella misma y luego con sus amigas.
Carla la había apoyado sin juzgarla, recordándole que no dejara de ser ella por intentar agradar. Ese consejo ahora era más importante que nunca. Si Javier volvía, Lucía quería seguir siendo la misma persona: la amiga leal, la estudiante responsable, la nieta que ayudaba a su abuela.
No quería apresurar nada ni convertir aquella posible mudanza en una promesa. Solo dejar que el tiempo mostrara qué lugar ocuparía cada persona en su vida.
aunque no sé cómo, por la distancia