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La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencarnación / Villana
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal

Tras morir en un accidente, una arquitecta ambiciosa y sin piedad despierta en el cuerpo de Morana Miller: la mujer gorda, despreciada y odiada de una novela que termina abandonada, despojada de sus hijos y de todo. Pero no llega antes de los errores. Llega cuando ya no hay vuelta atrás, cuando la villana que todos desprecian ya es ella.

Con disciplina férrea, inteligencia afilada y un orgullo inquebrantable, se transforma, estudia y regresa años después: hermosa, poderosa, fría y dueña de su destino. No viene a suplicar. Viene a reclamar lo que es suyo, a vengarse de quienes la destruyeron y a proteger a sus hijos —aunque para ello deba convertirse en la villana.



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Capítulo 23: Máscaras caídas y verdades peligrosas

Los días transcurrieron con una calma tensa que amenazaba con romperse en cualquier instante. La pequeña Violeta regresó a casa con una pierna escayolada, caminando con dificultad y con los ojos siempre bajos, como si temiera levantar la mirada. Dalila la había llevado a un rincón oscuro de su habitación y le había susurrado con voz fría y cortante:

—Si le dices a alguien que te empujé, te llevaré a un lugar donde nadie te encuentre. ¿Entiendes? Así que sonríe y dile a tu padrino Ian que quieres que pase tiempo con nosotras. Si lo haces bien, quizás no te castigue.

La niña asintió, muerta de miedo, y entre sollozos apenas audibles respondió:

—Sí… mamá… lo diré.

Mientras tanto, la mujer que había dicho ser mi madre biológica se reunió en secreto con Dalila en una cafetería alejada. Se sentaron en una mesa apartada, y Dalila fue directa al grano:

—¿Por qué no has logrado acercarte a Morana todavía?

Ella apretó los labios con frustración.

—Ella es astuta. No confía en nadie. No cae en mis juegos de madre arrepentiada.

—Eres una estúpida, no sirves para nada. Respondió Dalila, apretando su mano con furia.

La mujer se reclinó en la silla con frialdad.

—Entonces no sigo perdiendo mi tiempo contigo. Me prometiste que podría sacar millones de esa compañía. No conseguí nada. Y como no tengo mi dinero… voy a empezar a llamarte cada día y pedirte pagos por todo lo que sé. Si no me das, lo cuento todo. Ya no me sirves, Dalila. O me pagas, o te destruyo.

Se levantó y se marchó, pero antes de salir por la puerta, se detuvo un instante y miró hacia atrás con una sonrisa extraña, casi imperceptible. Como si supiera algo que Dalila aún no sospechaba.

Esa misma noche, Ian me dijo que se iba de viaje de negocios por dos días. Pero lo que nadie sabía era que no era ningún viaje de trabajo. Al salir de la ciudad, condujo hasta una zona boscosa donde lo esperaba un vehículo oscuro. Cambió su ropa por un uniforme táctico y se cubrió el rostro con una máscara negra que solo dejaba ver sus ojos afilados y decididos.

Ian no era solo un esposo aparentemente distraído y un ejecutivo. Era el jefe del Servicio de Inteligencia, conocido en las sombras como el Escorpión Negro. Y llevaba años siguiendo el rastro de una red de trata de personas que se ocultaba detrás de negocios falsos. Dalila era una pieza clave en esa red, y él se había acercado a ella fingiendo debilidad para descubrir quién estaba por encima de ella.

Llegó al lugar: una vieja bodega abandonada. Entró con paso silencioso. Lo recibieron con disparos. Una bala pasó rozándole el brazo, pero no se detuvo. Se movía entre las sombras, esquivando cada disparo, neutralizando a cada hombre con precisión rápida pero sin causar daño innecesario. Respiraba con calma, calculaba cada movimiento. Cuando el último hombre cayó desarmado, sintió el peso del cansancio en los hombros. Su mano izquierda tembló levemente al cerrar el puño. Quince minutos. Habían sido quince minutos largos. Solo quedó de pie el líder, un hombre corpulento que lo miró con ojos desorbitados.

—El Escorpión Negro… —susurró, aterrado—. Pensábamos que era una leyenda…

—La leyenda te envía un mensaje —dijo Ian con voz grave, quitándole el arma—. Tu red se está desmoronando. Diles que el Escorpión Negro los vigila.

Ató al líder y lo dejó amarrado para el equipo de apoyo. Se marchó sin dejar rastro, presionando con firmeza la herida superficial en su mano. No dolía. Lo que dolía era saber que aún no tenía todas las respuestas.

Dos días después, entré a la sala y lo vi llegar. Se veía cansado, pero había algo diferente en él. Más sereno. Más seguro de sí mismo, aunque igual de atento.

—Ya estoy en casa —dijo, dejando su maletín en la mesa.

Me acerqué y le tomé la mano, noté una venda nueva y limpia rodeando su palma.

—¿Qué te pasó en la mano?

—Un pequeño accidente en el camino —respondió con calma, sin encontrarme la mirada al principio, y luego me miró directo a los ojos—. Nada que no pueda superar.

Suspiré y lo solté.

—Hablemos del divorcio, Ian. Ya es hora.

Me tomó suavemente por los hombros, con una firmeza que no había visto antes en él, pero sin ser imponente.

—Morana, te lo pido con el corazón en la mano. No hay nada con Dalila. Dame un poco más de tiempo para explicarte todo. Aún no puedo decirte todo, pero créeme… hay una razón poderosa que te protege a ti y a los niños.

Lo miré a los ojos, buscando la mentira. Quise apartarme, decirle que no creía en más secretos… pero vi sinceridad y una profunda preocupación. Y algo más: alivio. Como si por fin pudiera ser él mismo frente a mí.

—Ian, esto no funciona así —dije con voz suave pero firme—. Ambos tenemos cosas que no nos atrevemos a decir. No podemos construir una vida basada en silencios.

—Lo sé —dijo bajando la mirada un instante, y luego volvió a mirarme—. Y cuando pueda decírtelo todo, seré el primero en hacerlo. Solo… no te rindas conmigo antes de saber la verdad completa. Por favor.

Me apretó suavemente la mano y se marchó a su estudio. Pero esa noche, cuando creyó que dormía, se acercó a la cama, me cubrió con la manta y me susurró casi sin sonido:

—Pronto todo cambiará. Te lo prometo.

A la mañana siguiente, vi a los niños reír y chapotear en la piscina desde la cocina. Estaba cortando fruta cuando entró a la casa. No llevaba traje.Se acercó con esa calma nueva que lo envolvía.

Ian:

—Hueles delicioso —dijo, apoyándose suavemente en el marco de la puerta—. ¿Necesitas ayuda con algo?

Morana:

—No, gracias —respondí, sin dejar de cortar, aunque sentí que me sonrojé levemente—. Y no creas que por ser amable olvidamos lo de ayer.

Sonrió, una sonrisa tranquila y segura.

—No espero que lo olvides. Solo espero que estés dispuesta a verme tal como soy ahora. Sin máscaras. Bueno… casi sin máscaras.

Se acercó un poco más, pero respetando mi espacio.

—Escúchame bien: no tengo nada con Dalila. Pronto sabrás por qué la mantengo cerca. Además… eres muy astuta, Morana. Ese día en que la casa de Dalila ardió, sé que fuiste tú. Y también sé que te lastimaste a ti misma en el hospital para culpar a Dalila.

Dejé el cuchillo sobre la mesa lentamente y me giré hacia él. El corazón me latía con fuerza, pero no de miedo. De alerta.

—¿Tú… lo sabías todo este tiempo? ¿Y no dijiste nada?

Ian asintió con serenidad.

—Lo supe casi de inmediato. Y no te delaté. Dejaste algunos cabos sueltos, pero había una cámara adicional en esa habitación… la que yo mismo coloqué. Verte defenderte me hizo sentir aún más orgulloso de ti. Y sé también que Dalila cometió crímenes peores. Pero no podemos denunciarla todavía. Si lo hacemos, quien está detrás de ella se alertará. Y esa persona es mucho más peligrosa de lo que imaginas.

—¿Hay alguien más detrás de todo esto? —pregunté, sintiendo un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío.

—Así es. Le llaman Nerón. Y no juega con reglas que conozcamos. Solo te pido que confíes en mí un poco más. No para siempre. Solo hasta que estemos a salvo. Y no te equivoques: Dalila sabe que la acechas. No tendrá piedad contigo.

Hizo una pausa, el aire se volvió más pesado antes de que continuara.

—Hace algunos años, Dalila no me salvó como todos creen. Ella y Nerón orquestaron todo. Fui atrapado, herido… y apareció en el momento exacto para parecer mi salvadora. Desde entonces me han tenido en deuda. Te envié lejos y fingí ser distante para mantenerlos a todos alejados de ti y los niños. Pero tu regreso lo cambió todo.

Me crucé de brazos, luchando entre la desconfianza y esa extraña sensación de que por fin las piezas encajaban.

—Puedo protegerme sola, Ian. No soy una damisela que necesita ser rescatada. En mi vida he tenido que defenderme de gente mucho más peligrosa que ella.

Lo miré a los ojos, y por primera vez en mucho tiempo, sentí la necesidad de decirlo pero no pude, solo puede decirlo en mi mente.

—Hay algo que nunca te he contado… y no me gusta hablar de ello. Pero no soy indefensa. El orfanato donde crecí… no era lo que parecía. Nos entrenaban para sobrevivir, para resistir cualquier cosa. Fui una de las mejores. Logré escapar, pero me encontraron de nuevo. Me obligaron a trabajar para ellos durante años. Hasta que pude hui de verdad. Así que no me subestimes. Sé cuidar de mí misma.

Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, Dalila estaba de pie frente al espejo de su baño. Se levantó la camiseta y observó una cicatriz pálida y desagradable que recorría su vientre. La acarició con los dedos, y sus ojos se oscurecieron.

—Esta marca… nunca la olvidaré —susurró con voz quebrada—. Es el recuerdo de lo que viví cuando caí en manos de Nerón. Mis propios padres biológicos me vendieron a él antes de que cumpliera quince años. Sufrí abusos, golpes, abortos forzados… y Violeta nació producto de un abuso. Para sobrevivir, me convertí en su peón. Hice todo lo que me pidió. Y ahora… ahora soy la mujer que mueve los hilos mientras él se esconde en las sombras. Morana no tiene idea de con quién se está enfrentando. Nadie me arrebatará lo que me toca. Nadie.

Se cubrió la marca y una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.

—Pronto… pronto todo será mío. Y nadie podrá detenerme.

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inuyasha/ Tomoe🦊
necesito un maratón yaa
Aleida Delgado Santana: Si les gusta.
total 1 replies
Mayka Puche Velasquez
saludos más capítulos por favor
Aleida Delgado Santana: Ya subí.
total 1 replies
Sandra Maritza Mesa
es un tonto va a pagar una deuda toda su vida no va a tener vida propia está amarrado a esa víbora hasta que se muera
inuyasha/ Tomoe🦊
morana se merece algo mejor
Minnie Jhonson
porque morana no lo manda a la goma el nos sirve es un tremendo estupidoooooooooo
Aleida Delgado Santana: Todo puede pasar.
total 1 replies
Cristina Sanchez
subeeee otrooo🙏🙏🙏🙏🙏 Ian es un calzonazos...
Magda
vamos? ya lo odio 😡
Dany 😎🇨🇱
Muy bonita
Denia
Me encanta más capítulos por favor 👏👏🥰
Cardona salazar yolanda
me gusta 🥰felicidades y gracias autora por compartir pero por favor más capitulos
Mayka Puche Velasquez
Excelente Felicitaciones
Aleida Delgado Santana: Gracias.
total 1 replies
Pris
Excelente inicio. Muy interesante
Alicia Quintana
esa es una villana bien por ella a cortar cabezas
Alicia Quintana
empezó bien distinto a todas las reencarnadas
Aleida Delgado Santana: Si, Morana es muy diferente. Es muy humana, no es la protagonista perfecta. Ella tiene tintes de villana pero también tiene su corazón. Es una mujer con errores y virtudes.
total 1 replies
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