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La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencarnación / Villana
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal

Tras morir en un accidente, una arquitecta ambiciosa y sin piedad despierta en el cuerpo de Morana Miller: la mujer gorda, despreciada y odiada de una novela que termina abandonada, despojada de sus hijos y de todo. Pero no llega antes de los errores. Llega cuando ya no hay vuelta atrás, cuando la villana que todos desprecian ya es ella.

Con disciplina férrea, inteligencia afilada y un orgullo inquebrantable, se transforma, estudia y regresa años después: hermosa, poderosa, fría y dueña de su destino. No viene a suplicar. Viene a reclamar lo que es suyo, a vengarse de quienes la destruyeron y a proteger a sus hijos —aunque para ello deba convertirse en la villana.



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Capítulo 10: El látigo y la ley

 

La luz inundaba el Departamento B. Sobre mi mesa se extendían planos recién trazados, diseños de viviendas, cálculos estructurales y carpetas ordenadas con precisión milimétrica. Cada línea, cada cifra, era mía: fruto de años de estudio, disciplina y esfuerzo.

—Por favor —dije, mirando a mi equipo—, que nos traigan café. Y quiero que cada uno presente sus propuestas. Quiero ver de qué son capaces. Demuéstrenme que merecen estar aquí.

Asintieron, serios, y empezaron a exponer. Escuché todo con atención, tomando notas. El ambiente era de trabajo serio… hasta que la puerta se abrió de golpe.

Dalila entró sin llamar, con la cabeza alta y una sonrisa de desprecio que no llegó a sus ojos. Se detuvo en medio de la sala, recorriéndome de arriba abajo.

—Vaya —dijo, con voz lo suficientemente alta para que todos la oyeran—. Has cambiado, es cierto. Pero sigues siendo la misma. Viniste a recuperarlo, ¿verdad? A seducirlo otra vez.

Dejé el lápiz sobre la mesa con calma. La miré fijamente.

—Dalila —respondí, con voz cortante—, Dios le mandó lluvia de cerebro al mundo… pero ese día decidiste usar paraguas. No vengo a recuperar a nadie. Y si alguien se arrastra aquí, eres tú. Me contaron que le salvaste la vida. Noble de tu parte. Pero ¿sabes qué? Quien salva por amor no pide factura. Quien salva para cobrar… no es heroína. Es acreedora. Y un hombre no se paga con deudas.

El equipo ahogó risas. Dalila se puso roja.

—No me hables así —tartamudeó—. Él me debe todo. Si no fuera por mí, ya no estaría aquí. Por eso siempre me escucha.

—¿Ah sí? —me incliné hacia ella—. Pues pregúntale si te debe su vida… o si te debe una mentira que se le hizo verdad. Y mientras averiguas la diferencia… fuera. Estorbas.

Salió temblando, golpeando la puerta. Corrió a la oficina de Ian y, entre lágrimas, repitió que la había humillado.

Ian la escuchó en silencio. Cuando terminó, negó con la cabeza, la mirada perdida.

—Lo que pasó aquella noche… —murmuró—. Dalila, te agradezco lo que hiciste. Pero Morana es mi esposa. No la provoques más.

Ella se quedó con la boca entreabierta. No era el apoyo que esperaba.

Poco después, recibí la llamada de mi suegra: me pedía que llevara a los niños a su casa. Salí del edificio. El auto de Ian estaba estacionado frente a la puerta. Bajó la ventanilla.

—Sube —dijo—. Te llevo.

Negué con la cabeza.

—No, gracias. Prefiero ir sola.

—Eres terca —suspiró—. Sube. No hay nadie más. Solo nosotros.Deja tus celos.

Me reí, una risa seca, sin alegría.

—¿Celosa? Ian… no siento celos. No siento nada. Esa mujer que te amaba hasta doler ya no existe. Te lo digo claro: quiero el divorcio. Puedes quedarte con la empresa, con la casa, con todo lo que crees importante. Solo dame a mis hijos. Y vete con quien quieras. No me importa.

Vi cómo esas palabras le atravesaron el pecho. Abrió la boca, cerró los ojos, y por un instante vi el miedo en su rostro: el miedo a que realmente no le importara.

—¿De verdad nada? —susurró.

—Nada —respondí. Subí al taxi que acababa de detenerse y me fui sin mirar atrás. Lo dejé ahí, solo, con las manos vacías.

Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, Bárbara caminaba de un lado a otro, apretando los puños. Sabía que Dalila no era rival para mí. Sabía que la única que podía destrozarme era ella misma. Tomó el teléfono y marcó un número.

—Sí —dijo, con voz fría—. Sé lo que hay que hacer. No te preocupes. Morana no va a disfrutar su victoria.

Horas después, llegué a la mansión con los niños. Ian ya estaba ahí, de pie junto a la ventana, esperando.

—Los niños —dije, acariciando sus cabezas—, vayan a jugar.

Cuando quedamos solos, fui al armario del pasillo y saqué un palo de madera que había guardado. Ian me miró, dio un paso atrás, y luego se detuvo, con la mandíbula tensa. No se fue. Pero tampoco bajó la cabeza de inmediato.

—¿Vas a golpearme? —dijo, con voz ronca—. ¿Eso es lo que eres?

—Esto —respondí, acercándome—, es recordatorio. Porque olvidas. Olvidas que tenías hijos que esperaban. Olvidas que tenías esposa. Olvidas que tu casa se caía mientras tú mirabas a otro lado.

Le di un golpe en el hombro. No se movió, pero apretó los dientes.

—No soy tu enemiga —continué—. Tampoco soy tu salvadora. Soy la mujer a la que dejaste sola. Y ahora estoy aquí por lo que es mío. Nada más.

—Ya lo sé —murmuró, bajando la cabeza despacio—. Investigué. No fuiste tú. Fui yo. Fui ciego. Si me das la oportunidad…

—No doy oportunidades —lo corté—. Doy consecuencias. Y no me pidas que confíe. Tienes que ganártelo. Cada día. Nos preparamos para ir a casa de mi suegra.

Llegamos a casa de mi suegra. Al entrar, lo vi: mi suegro, con delantal, servía la mesa bajo la mirada serena de ella. No había vergüenza en él. Había calma. Ella le dio una indicación suave y él asintió con una sonrisa.

Mi suegra vino hacia mí, me tomó de las manos.

—Morana… me alegro de verte así. Fui injusta contigo. Lo reconozco. Y quiero que sepas: esta casa ha sido gobernada por mujeres mucho tiempo.

Me llevó a su habitación y abrió un cofre tallado en madera oscura. Sacó un látigo de cuero trenzado, antiguo, hermoso.

—Esto no es para lastimar —dijo, poniéndolo en mis manos—. Perteneció a la mujer que salvó a nuestra familia. Cuando todos dudaban, ella mandó. Cuando los hombres querían guerra, ella construyó paz. Y dejó claro: aquí la mujer guía, el hombre protege y obedece.

Lo acaricié. Pesaba. No era solo cuero. Era historia.

—¿Y si yo quiero hacerlo a mi manera? —pregunté, mirándola a los ojos—. ¿Si cambio lo que ella estableció?

Ella sonrió.

—Entonces será tu ley. Ella te daría la razón. Toma. Úsalo para recordar, no para castigar. Para que nadie olvide quién lleva la voz.

—Gracias —susurré.

—Llámame mamá —dijo, acariciándome la mejilla—. Y si ese tonto de mi hijo se tuerce… corrígelo. Con firmeza.

La cena fue tranquila. Mi suegro servía, hablaba, reía. Mi suegra lo miraba con cariño. Comprendí: no era dominación. Era confianza. Ian comía callado, observándolos, como si intentara imaginarse a sí mismo en ese lugar.

Miré el látigo que había dejado junto a mi bolso. No era un arma. Era un juramento.

 

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inuyasha/ Tomoe🦊
necesito un maratón yaa
Aleida Delgado Santana: Si les gusta.
total 1 replies
Mayka Puche Velasquez
saludos más capítulos por favor
Aleida Delgado Santana: Ya subí.
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Sandra Maritza Mesa
es un tonto va a pagar una deuda toda su vida no va a tener vida propia está amarrado a esa víbora hasta que se muera
inuyasha/ Tomoe🦊
morana se merece algo mejor
Minnie Jhonson
porque morana no lo manda a la goma el nos sirve es un tremendo estupidoooooooooo
Aleida Delgado Santana: Todo puede pasar.
total 1 replies
Cristina Sanchez
subeeee otrooo🙏🙏🙏🙏🙏 Ian es un calzonazos...
Magda
vamos? ya lo odio 😡
Dany 😎🇨🇱
Muy bonita
Denia
Me encanta más capítulos por favor 👏👏🥰
Cardona salazar yolanda
me gusta 🥰felicidades y gracias autora por compartir pero por favor más capitulos
Mayka Puche Velasquez
Excelente Felicitaciones
Aleida Delgado Santana: Gracias.
total 1 replies
Pris
Excelente inicio. Muy interesante
Alicia Quintana
esa es una villana bien por ella a cortar cabezas
Alicia Quintana
empezó bien distinto a todas las reencarnadas
Aleida Delgado Santana: Si, Morana es muy diferente. Es muy humana, no es la protagonista perfecta. Ella tiene tintes de villana pero también tiene su corazón. Es una mujer con errores y virtudes.
total 1 replies
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