Ella es la mayor de seis hermanos y siempre ha tenido una vida difícil.. Pero tiene la posibilidad de volver a vivir en un nuevo mundo y poder ser feliz ayudando a otros.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Oscuridad 1
Ella había aprendido muy temprano que ser la mayor de seis hermanos no era exactamente un título honorífico.
Era una responsabilidad.
Desde que podía recordar, había escuchado las mismas palabras una y otra vez.
—Eres la mayor.
Y esas tres palabras podían significar cualquier cosa.
“Tú debes entender.”
“Tú debes ayudar.”
“Tú debes cuidar a tus hermanos.”
“Tú debes dar el ejemplo.”
“Tú puedes esperar.”
Al principio no le molestaba.
De hecho, durante muchos años lo hizo con gusto.
Ayudaba a sus hermanos con las tareas, preparaba cosas para ellos, los acompañaba, los esperaba después de clases y aprendió a reconocer las diferentes clases de llanto que podía producir un niño.
El llanto de hambre.
El llanto de sueño.
El llanto de rabia.
El llanto de "me pegué, pero no quiero que nadie se entere porque me da vergüenza".
Y también el famoso llanto de..
“Mamá dijo que no, así que voy a preguntarle a mi hermana.”
Ella siempre terminaba cediendo.
[Porque aparentemente ser hermana mayor también significaba tener cero autoridad.]
Mientras crecía, también estudiaba.
Y trabajaba.
Mucho.
Quizás demasiado.
Tenía una rutina agotadora, pero siempre encontraba la manera de sonreír.
Se levantaba temprano, estudiaba, iba a trabajar, regresaba a casa y ayudaba con lo que hiciera falta.
Cuando finalmente podía sentarse, muchas veces ya era de noche.
Entonces miraba el techo durante unos minutos.
—Mañana será mejor.
Y se dormía.
No porque estuviera segura de que mañana sería mejor.
Sino porque le gustaba pensar que podía serlo.
Ella era así.
Incluso cansada, esperaba cosas buenas.
Incluso cuando algo salía mal, encontraba una pequeña razón para alegrarse.
Si tenía poco dinero, pensaba..
[Al menos todavía puedo ahorrar un poquito.]
Si estaba cansada..
[Mañana dormiré un poco más.]
Si tenía un día horrible..
[Bueno... mañana solo puede mejorar.]
Y cuando comenzó a enfermar...
Hizo exactamente lo mismo.
Al principio pensó que no era nada.
Cansancio.
Estrés.
Falta de sueño.
Quizás estaba trabajando demasiado.
Así que no dijo nada.
Luego los síntomas comenzaron a empeorar.
Y aun así no dijo nada.
Comenzó a ir sola a los controles médicos.
Salía temprano de casa con una sonrisa, diciendo que tenía que hacer algunas cosas.
Regresaba varias horas después.
—¿Todo bien?
—Sí.
Sonreía.
—Estoy un poquito cansada, nada más.
Y seguía adelante.
Hasta que dejó de poder fingir que no pasaba nada.
Los médicos fueron claros.
Su enfermedad era grave.
Y no tenía cura.
Ella escuchó la explicación en silencio.
No lloró.
No gritó.
Ni siquiera preguntó inmediatamente cuánto tiempo le quedaba.
Simplemente se quedó mirando sus manos.
[Así que era esto.]
Por primera vez en mucho tiempo, no pensó en sí misma.
Pensó en su familia.
En sus hermanos.
En todo lo que había hecho por ellos.
Y, extrañamente, no sintió resentimiento.
Solo cansancio.
Muchísimo cansancio.
Cuando finalmente su familia se enteró de lo grave que estaba, la sorpresa fue enorme.
¿Cómo era posible que hubiera estado tan enferma y nadie lo supiera?
¿Cómo había ido sola a tantos controles?
¿Cómo había conseguido continuar trabajando?
¿Cómo había ocultado tanto dolor?
Ella escuchó todas esas preguntas en silencio.
No sabía qué responder.
Después de todo, durante años le habían enseñado que debía ser fuerte.
Y ella había aprendido demasiado bien.
Pero la reacción de su familia terminó sorprendiéndola aún más.
Su hermana menor, con los ojos llorosos, preguntó..
—¿Y ahora quién me va a llevar a la escuela?
Ella la miró.
Hubo unos segundos de silencio.
Y luego sonrió.
[Por supuesto.]
[De todas las cosas que podían preocuparle...]
Tuvo que contener una pequeña risa.
—Podrás ir con mamá.
—Pero...
—Estarás bien.
La niña bajó la mirada.
Ella quiso abrazarla.
Pero antes de que pudiera hacerlo, escuchó a su madre.
—Si realmente estás tan mal... ¿no puedes seguir trabajando aunque sea un poco?
Ella levantó la mirada.
Su madre continuó hablando.
—Necesitamos ese dinero.
No hubo gritos.
No hubo una discusión.
Ni siquiera hubo reproches.
Ella simplemente sonrió.
Una sonrisa tranquila.
Una sonrisa que había utilizado durante toda su vida.
—Está bien.
Pero esa noche tomó una decisión.
No iba a gastar sus últimos ahorros en intentar sostener una vida que ya no podía continuar.
Los utilizaría para ella.
Por primera vez.
Pidió un traslado de hospital.
Lejos de su casa.
Lejos de las obligaciones.
Lejos de las miradas preocupadas.
Lejos de las preguntas.
Con sus últimos ahorros consiguió instalarse cerca del hospital donde continuaría su tratamiento.
No tenía mucho.
Un bolso.
Unos cuantos cambios de ropa.
Algunos libros.
Su teléfono.
Y una pequeña cantidad de dinero que debía administrar con cuidado.
Pero cuando entró a la habitación del hospital, se sintió extrañamente tranquila.
Se sentó junto a la ventana.
Miró el cielo.
Y sonrió.
[Qué raro.]
[Toda mi vida pensé que algún día tendría una casa enorme.]
[Una biblioteca.]
[Un jardín.]
[Tal vez un gato.]
[Definitivamente un gato.]
Se rio suavemente.
Después miró la habitación.
No era exactamente la casa de sus sueños.
Pero tampoco estaba mal.
Había una cama.
Una ventana.
Una pequeña mesa.
Y bastante silencio.
Así que decidió disfrutarlo.
Durante sus últimos días, dejó de pensar en todo lo que no había podido hacer.
Comenzó a pensar en todo lo que todavía podía hacer.
Leía.
Muchísimo.
Cuando el dolor era soportable, se sentaba junto a la ventana con un libro.
Cuando el dolor aumentaba, recibía tratamiento y descansaba.
Veía películas.
Series.
Programas absurdos que jamás habría reconocido públicamente que le gustaban.
A veces se reía sola.
Una enfermera incluso llegó a preguntarle una vez..
—¿Qué está viendo?
Ella escondió rápidamente el teléfono.
—Nada.
La enfermera la miró con sospecha.
—¿Está llorando?
—No.
—Tiene los ojos llenos de lágrimas.
—Es alergia.
—¿A qué?
Ella pensó durante unos segundos.
—Al protagonista.
La enfermera terminó riéndose.
Y ella también.
Porque, aunque su vida estaba llegando a su final, todavía encontraba motivos para reír.
No quería pasar sus últimos días llorando.
No quería odiar su vida.
Había sido difícil.
Había sido injusta muchas veces.
Había tenido que crecer demasiado rápido.
Había cargado responsabilidades que nunca debieron pertenecerle.
Pero también había conocido momentos felices.
Había reído.
Había amado.
Había aprendido.
Había leído historias maravillosas.
Había visto películas que la hicieron soñar.
Y había imaginado cientos de vidas diferentes mientras pasaba las páginas de sus libros.
Así que decidió que, mientras pudiera, disfrutaría.
Cada día.
Cada película.
Cada capítulo.
Cada taza de algo caliente.
Cada amanecer.
Cada atardecer.
Hasta que llegó el último día.
Esa mañana despertó tranquila.
Miró hacia la ventana.
El cielo estaba despejado.
—Qué bonito...
Su voz apenas salió.
Tomó el libro que tenía sobre la mesa.
Lo abrió.
Leyó algunas páginas.
Después cerró los ojos.
[Qué pena...]
[Justo cuando estaba empezando a disfrutar de mi tiempo libre.]
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
[Al menos ya no tengo que levantarme temprano para trabajar.]
Aquella fue su última broma.
El dolor aumentó.
Los medicamentos comenzaron a hacer efecto.
El mundo se volvió lento.
Los sonidos comenzaron a alejarse.
La habitación perdió sus colores.
Ella intentó abrir los ojos.
Pero cada vez veía menos.
Primero la ventana se volvió borrosa.
Después la habitación.
Después el techo.
Hasta que todo se convirtió en una sombra.
Ella respiró lentamente.
Y, por última vez, pensó..
[Espero que, si existe otra vida...]
[Sea una vida tranquila.]
[Una vida en la que pueda ser egoísta de vez en cuando.]
[Una vida en la que nadie me diga que, por ser la mayor, tengo que hacerme cargo de todo.]
Su sonrisa se hizo más grande.
[Y si puedo pedir algo más...]
[Que tenga muchísimo dinero.]
[Porque ya sufrí bastante con el sueldo mínimo.]
Su último pensamiento fue tan absurdo que, incluso al borde de la muerte, quiso reír.
Pero sus ojos se oscurecieron por completo.
Y entonces...
Todo quedó en silencio.
me encanta muy divertida