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HASTA QUE SEAS MÍA

HASTA QUE SEAS MÍA

Status: En proceso
Genre:Matrimonio contratado / Posesivo / Divorcio
Popularitas:11.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Enn Gómez

Isabella Mason creyó que su matrimonio con Alan sería para siempre.

Lo amó, lo apoyó cuando no tenía nada y permaneció a su lado mientras él construía la vida que siempre quiso. Pero con el éxito llegaron la distancia, la ambición y la certeza de que amar a alguien no siempre significa ser suficiente para quedarse.

Cuando su matrimonio se derrumba, Alexander Blackwood aparece con una propuesta imposible: divorciarse y casarse con él.

Alexander está a punto de anunciar su candidatura presidencial. Isabella necesita empezar de nuevo.

El acuerdo parece sencillo.

Hasta que deja de serlo.

Porque Alexander Blackwood nunca entra en una historia por casualidad.

NovelToon tiene autorización de Enn Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

Cuando Alexander me invitó a comer, pensé que iríamos a un restaurante.

Nunca se me ocurrió que terminaríamos en su departamento.

Mucho menos que él sería quien cocinaría.

Y, sin embargo, ahí estaba yo, frente a la isla de su cocina, observándolo preparar la comida como si aquello fuera lo más normal del mundo.

Se había quitado el saco apenas llegamos y llevaba las mangas de la camisa dobladas hasta los antebrazos. Había colocado varios ingredientes sobre la encimera y se movía entre ellos con una seguridad que dejaba bastante claro que no estaba improvisando.

—Todavía me cuesta creer que cocines —comenté.

Alexander levantó la mirada hacia mí.

—Empiezo a pensar que tienes una imagen bastante limitada de mí.

Sonreí.

—No pareces alguien que cocine.

—¿Y cómo luce alguien que cocina?

Abrí la boca para responder, pero no encontré una explicación que tuviera sentido. La sonrisa de Alexander se amplió apenas, satisfecho con mi falta de argumentos, y volvió a concentrarse en lo que estaba haciendo.

Me quedé observándolo unos segundos más mientras comenzaba a preparar la salsa. Después miré los ingredientes que había sacado previamente.

—Puedo ayudarte.

Alexander volvió la cabeza hacia mí. Por un instante pareció sorprendido y después sonrió. No fue una de aquellas sonrisas pequeñas que utilizaba cuando algo le resultaba divertido. Esta vez había algo más cálido en ella, como si mi ofrecimiento le hubiera gustado mucho más de lo que esperaba.

—Claro.

La respuesta llegó de inmediato.

Me acerqué a él.

—¿Qué hago?

Alexander se hizo a un lado para dejarme espacio junto a la encimera y acercó una tabla hacia mí.

—Ven.

Aquella simple palabra consiguió sonar extrañamente natural. Se colocó a mi lado y comenzó a explicarme lo que estaba preparando, señalando cada cosa mientras hablaba. No parecía tener ninguna intención de dejarme una tarea y continuar por su cuenta. Al contrario, empezó a dividir lo que faltaba entre los dos como si hubiera esperado desde el principio que termináramos cocinando juntos.

—Puedes encargarte de las verduras mientras yo termino esto —dijo—. Después me ayudas con la pasta.

Lo miré.

—¿Eso significa que confías en mí?

—Significa que me gusta la idea de que cocines conmigo.

Me quedé quieta un instante antes de tomar el cuchillo.

—Entonces intentaré no arruinarlo.

—No podrías.

Lo miré de reojo.

—Tienes demasiada confianza.

—En ti, sí.

No respondí. Solo sonreí.

Durante unos minutos hablamos de cosas sencillas, hasta que terminé preguntándole algo que todavía me causaba curiosidad.

—¿Quién te enseñó a cocinar?

Alexander negó ligeramente con la cabeza.

—Nadie. Empecé a interesarme cuando era adolescente y aprendí por mi cuenta.

Lo miré con sorpresa.

—¿Te gusta?

—Mucho.

Hizo una breve pausa antes de añadir:

—Aunque no tanto como la política.

—Eso sí me lo creo.

Seguimos cocinando juntos. Me sorprendió lo natural que resultaba trabajar a su lado. Alexander me preguntaba qué prefería, me acercaba algunas cosas antes de que tuviera que pedírselas y, de vez en cuando, me hacía probar algo antes de decidir si cambiarlo.

No parecía cocinar para impresionarme.

Simplemente disfrutaba hacerlo.

Y, de alguna manera, también parecía disfrutar que yo estuviera allí con él.

La comida estuvo lista poco después. Nos sentamos frente a frente y él abrió una botella de vino antes de servir un poco en nuestras copas. Probé el primer bocado y levanté la mirada hacia él.

—Está muy bueno.

—Me alegra. Lo hicimos juntos.

La conversación terminó llevándonos hacia recuerdos de cuando éramos niños. Hablamos de algunos lugares a los que nuestras familias solían llevarnos, de personas que todavía seguían formando parte de nuestras vidas y de otras que habían desaparecido con los años.

Alexander recordaba detalles que yo misma había olvidado. Algunos tenían que ver conmigo, otros con nuestras familias o con cosas que habían ocurrido entonces, así que dejé de preguntarme cómo podía acordarse de tanto.

La primera copa desapareció casi sin que me diera cuenta.

La segunda llegó un poco después.

No estaba borracha, pero sí más relajada. Lo suficiente para empezar a preguntar cosas que, en otro momento, probablemente habría preferido no saber.

Me acomodé mejor en la silla y observé el departamento.

—¿Siempre has vivido solo?

—Desde que salí de casa de mis padres.

—¿Nunca compartiste departamento con nadie?

—No.

Aquello me sorprendió más de lo que esperaba.

—¿Ni siquiera con alguna novia?

Alexander negó con la cabeza.

—Nunca.

Lo observé durante unos segundos antes de continuar.

—¿Has tenido relaciones largas?

Alexander dejó la copa sobre la mesa.

—Estás haciendo muchas preguntas.

—Puedes no responder.

—No he dicho que me moleste.

Aquello fue suficiente para continuar.

—Entonces responde.

Alexander sostuvo mi mirada durante unos segundos.

—La más larga duró poco más de un año.

—Pensé que habría sido más.

—¿Por qué?

Me encogí ligeramente de hombros.

—No lo sé. Tienes treinta años.

—Gracias por recordármelo.

Me reí.

—Sabes a qué me refiero.

Alexander tomó nuevamente la copa.

—Nunca he tenido prisa por estar con alguien solo para no estar solo.

Aquella respuesta consiguió hacerme callar.

—¿Y por casarte?

Su mirada volvió a mí.

—Eso es diferente.

—¿Alguna vez quisiste hacerlo?

—Sí.

La respuesta llegó sin vacilación.

Lo observé.

—¿Con alguien en particular?

Alexander permaneció en silencio unos segundos y empecé a arrepentirme de haber preguntado.

—No tienes que responder.

—Lo sé.

Esperé.

—Hubo alguien.

La curiosidad pudo más que la prudencia.

—¿Qué pasó?

La expresión de Alexander cambió apenas.

—Ella eligió otra vida.

No esperaba aquella respuesta.

—¿La querías?

—Sí.

Una sola palabra.

Nada más.

Y, sin embargo, fue suficiente para hacerme imaginar demasiadas cosas.

Nunca había pensado demasiado en Alexander enamorado de alguien. Mucho menos en Alexander viendo a esa persona elegir una vida en la que él no estuviera.

Giré lentamente la copa entre mis dedos.

—¿Todavía la quieres?

Me di cuenta de lo que había preguntado justo después de hacerlo.

—Eso ha sido demasiado personal.

Una ligera sonrisa apareció en sus labios.

—Un poco.

—Culpa del vino.

—Naturalmente.

Bajé la mirada.

—No tienes que contestar.

—No voy a hacerlo.

Levanté los ojos.

—Cobarde.

—Prudente.

—Es prácticamente lo mismo.

—No siempre.

Sonreí y bebí otro poco.

—Entonces yo tampoco contestaré preguntas personales.

Alexander se acomodó mejor en la silla.

—No necesito preguntarte demasiado.

Fruncí el ceño.

—¿Por qué?

—Ya conozco muchas respuestas.

—Eso sigue siendo un poco inquietante.

—¿Que te conozca?

—Que sepas o recuerdes tantas cosas.

—Presto atención.

—Ya me lo dijiste.

—Y parece que todavía no me crees.

No pude evitar sonreír.

Después de eso dejamos atrás las preguntas personales. La tercera copa consiguió que el tiempo pasara con una facilidad todavía mayor. Ya no pensaba demasiado antes de hablar y tampoco analizaba cada respuesta de Alexander durante varios segundos antes de decidir qué decir después.

En algún momento miré hacia la sala y decidí poner música.

Alexander me observó desde la mesa mientras elegía una canción. No hizo ningún comentario; simplemente me dejó hacerlo.

Cuando regresé hacia él, seguía sentado.

Lo miré durante unos segundos y extendí una mano.

—Baila conmigo.

La sorpresa apareció en su expresión apenas un instante antes de que mirara mi mano.

—¿Estás segura?

—Te estoy pidiendo que bailes conmigo, Alexander. No que saltes del balcón.

Una sonrisa lenta apareció en sus labios.

—Entonces ven.

Alexander tomó mi mano y se puso de pie. Caminamos unos pasos hacia la sala y comenzamos a movernos despacio. Una de sus manos descansó en mi cintura mientras la otra sostenía la mía, y yo dejé la mano libre sobre su hombro.

Al principio mantuvimos una distancia razonable.

No sé exactamente cuándo dejó de ser así.

Tal vez fui yo quien se acercó primero. Tal vez fue él. Solo sé que unos segundos después mi cuerpo estaba mucho más cerca del suyo y la mano de Alexander permanecía firme en mi cintura, como si hubiera decidido dejarme marcar la distancia.

Levanté la mirada.

Él ya estaba observándome.

—Estás muy callado.

—Estoy esperando a ver qué haces.

Sonreí.

—¿Por qué tendría que hacer algo?

La mirada de Alexander descendió brevemente hacia mis labios antes de volver a mis ojos.

—Porque fuiste tú quien me invitó a bailar.

No respondí.

Seguimos moviéndonos al ritmo de la música y, por primera vez en toda la tarde, dejé de pensar en qué era correcto hacer.

La mano que descansaba sobre su hombro subió lentamente hasta su cuello.

Después solté la suya.

Alexander no se movió.

Mis manos llegaron a su rostro.

Apoyé las palmas a ambos lados de sus mejillas y sentí la ligera aspereza de su mandíbula bajo mis dedos. El recuerdo de la noche de nuestro compromiso apareció de inmediato.

Aquella vez había sido Alexander quien sostuvo mi rostro antes de besarme.

Ahora era yo quien lo hacía.

Su mano se deslizó un poco más alrededor de mi cintura.

—Isabella.

Mi nombre sonó más bajo en su voz.

—¿Qué?

No apartó la mirada.

—Has bebido.

—Lo sé.

—Quiero estar seguro de que también sabes lo que estás haciendo.

Mis pulgares rozaron lentamente sus mejillas mientras lo observaba.

Algo cambió en su expresión.

Fue apenas perceptible, pero lo vi.

Su otra mano llegó a mi cintura y me acercó completamente a él.

Y esta vez, cuando sus ojos descendieron hacia mis labios, yo no aparté la mirada.

1
mariela
Por fin Alexander dijiste la palabra mágica te amo Isabella desde hace años carga ese sentimiento y ella le gusta lo extraña ya se acostumbró a dormir con él que bueno que ya se confesó y ella sabe a qué atenerse.
mariela
Alexander falló en no decirle a Isabella lo de Alan Reed total ellos ya se habían separado hay que saber también si el estafó a su propia empresa y si lo hizo porque.
Noiraly Tovar
Me gusta mucho la historia.....💞💞💞💞💞💞💞💞💞💞💞
mariela
Isabella se está enamorando de Alexander lo extraña cuando no está lo espera así que no me extraña que dentro de poco consuman su noche de boda.
Ahora que hizo Alan en qué negoció turbio se metió por eso estaba perdido andará escondido 🤔🤔🤔❓❓❓❓❓🤔
mariela
Isabella poco a poco ya te acostumbraras a tener la presencia de Alexander en tu vida seguro amaneces enredada a él.
Francisca Leguizamon
Hasta ahora es muy bueno para ser cierto , a ver cuando hay acción?
mariela
La boda resultó como la habían planeado lo que Isabella todavía no ha descifrado de Alexander es que la mujer que ama y ha esperado por ella eres tú Isabella veremos cuando se dará cuenta.
Que es de la vida de Alan Reed que fue lo que realmente le pasó 🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Qué le habrá pasado al cucaracho traicionero? 🧐🤔🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
O sea, van a estar en abstinencia por años....😂😂🤭🤭🤭🤭🙂‍↔️🤪🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Clasistas.......🧐🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Pensé que iba a demostrarle que la había extrañado, un abrazo, palabras tiernas.....los adinerados....🧐🥺🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Y el golpe para Alan...🤭🤭🤭🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Alan es un rastrero, oportunista, infiel, trepador, desgraciado.....🧐😂😂🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Francisca Leguizamon
Está interesante es de no creer que chicas que han crecido con todo lo material se aya enamorado de un don nadie
Francisca Leguizamon
Está interesante es de no creer que chicas que han crecido con todo lo material se aya enamorado de un don nadie
Jane Osorio Miranda
😭😭😭😭😭
mariela
Isabella tu vestido es hermoso digno de ti claro que Mason se sorprenderá al verte si lo hicieron Margareth, Victoria y tu hermana quiere decir que ese es el indicado.
Noiraly Tovar
Que ansiedad quiero más .....quiero saber 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Jane Osorio Miranda
tu corazón está viviendo de nuevo por alguien que en verdad te valora
Jane Osorio Miranda
tu corazón está viviendo de nuevo por alguien que en verdad te valora
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