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LA REINA DEL ASFALTO

LA REINA DEL ASFALTO

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / CEO / El Ascenso de la Reina / Romance / Completas
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Cuando era pequeña, soñaba celebrando llena de emoción, con una alegría que no sé cómo explicar; solo recuerdo que mi pecho se llenaba de una sensación abrumadora al levantar en mis manos una gran copa.
Sin embargo, jamás imaginé que, para plasmar esa fantasía, tendría que sacar una fuerza que ni siquiera sabía que tenía: una especie de coraje como el de una leona que protege a su familia con uñas y dientes, o la fortaleza de una madre en pleno alumbramiento.
Pero, en fin, esta es mi historia, que espero les sirva de inspiración para perseguir de manera incansable todos sus sueños, aunque el mundo se oponga y diga que no puedes lograrlo.

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

ISMARA

Recuerdo como si fuera ayer todo por lo que tuve que pasar para llegar a ser quien soy hoy: el desacuerdo universal con mi vocación de ser piloto profesional de autos —como lo fue mi padre—, únicamente por el hecho de nacer mujer en una sociedad que nos percibe como el sexo débil.

No puedo evitar reír al recordar los rostros de aquellos que dudaron o no me dieron una sola oportunidad para demostrar de lo que era capaz en una pista de carreras por ser mujer.

No les importaba si tenía capacidad o no.

Hoy eso ya no tiene importancia, pues heredé grandes virtudes de mi familia en dosis bastante equilibradas. Y para que lo entiendan mejor, se los explico con un ejemplo claro:

Quién diría que el mal genio, la hostilidad, el orgullo volátil y la tremenda testarudez vendrían de mi hermoso abuelo, quien, a su manera poco expresiva, me ama incondicionalmente; de eso no dudo ni por un segundo. Pero dejando de lado sus defectos, también heredé su gran habilidad automotriz: no solo para armar y desarmar un motor completo casi con los ojos cerrados, sino esa capacidad de detectar una falla mecánica imperceptible con solo escuchar con atención el sonido del auto al carburar.

En mi lista continúa mamá, el mayor ejemplo de entereza y lucha que llevo arraigado en el corazón. No pasa un solo día sin que piense en la voluntad extraordinaria que la movía, pues nunca se quejó a pesar de la dura prueba que le tocó enfrentar. Eso se sumaba a su franqueza directa: decía lo que pensaba sin rodeos ni atajos, siempre de forma respetuosa y con una gracia elocuente.

Su motivación parecía sobrehumana. Luchó hasta su último suspiro con una dulzura que iluminaba cualquier lugar con tan solo entrar, sin dejar de lado su majestuosa belleza. Dicen que soy una mezcla de ellos: una combinación de belleza, carisma y rudeza.

Sin embargo, triunfar en un mundo dominado por los hombres requirió mucho más que el talento que heredé. Podría pensarse que lo conseguí solo por ser bonita, como lo fue mi madre, pero no... Mis logros florecieron gracias al trabajo arduo, la inteligencia, la perseverancia, la determinación y una insistencia incansable.

Tuve que abrirme camino en el círculo del automovilismo, dominado absolutamente por el sexo masculino, donde predomina el machismo en todas sus expresiones. Un mundo donde nos ven como objetos decorativos sin voz ni voto, que solo servimos para hacer porras con shorts diminutos mostrando media nalga, strapless que exhiben el escote —donde entre más grandes las bubis, mejor el rebote—, con risas de hienas descerebradas y zapatos tan altos como si caminaras en zancos, dando muestras de dependencia y necesidad absoluta de un hombre por carencia de cerebro... ¡Porque así es mejor para el espectáculo!

¡Pues de malas, caballeros! Les tengo noticias: mi mamita no dejó a una cobarde ni a una pendeja, sino todo lo contrario; dio a luz a una mujer guerrera, luchadora, tenaz, testaruda como una mula vieja que se sienta cuando quiere y que no acepta un no por respuesta de nadie. Una mujer dispuesta a batallar con uñas y dientes poniendo todo su corazón, empeño y tenacidad en lo que quiere, que jamás se va a rendir a pesar de las adversidades que se le presenten en el camino o de todos los que dudaron de que lo lograría... En fin, esta es mi historia, que espero les sirva de inspiración para luchar por sus sueños.

Sin más preámbulos, iniciemos. Muchos piensan que lograr ser una corredora profesional, reconocida a nivel internacional como campeona mundial, con trofeos importantes en una urna de cristal y respaldada por una escudería de renombre como la Berluchi, fue una tarea muy sencilla, como soplar y hacer botellas, o que todo se debió al hermoso animalito salvaje que tengo entre las piernas...

Lamento informarles que absolutamente no.

Trabajé muy duro para abrir esas puertas cerradas con cerrojos cuyas llaves se perdieron por la arrogancia patriarcal; gobernadas por una sociedad machista que observaba a la mujer como un objeto decorativo, prescindible y reemplazable por otra más joven y sin cerebro. Una mujer que figura solamente por el apellido de su esposo y que, ante los ojos de la sociedad, para lo único que sirve es para parir niños, estar metida en la casa esperando a su flamante marido —al cual tiene que complacer en todo lo que pida— y criar hijos. Eso está bien para la que lo quiere, pero yo no anhelaba eso...

Mi historia no la voy a hacer dramática como la de una mujer que armó una revolución contra el sexo opuesto; qué pereza recordar todos esos malos momentos donde me humillaron, juzgaron, manipularon o intentaron jugar con una inexperta en el amor.

¿Qué les parece si empezamos con el resumen del resumen?

Esta es la síntesis de las cosas que me parecen relevantes que conozcan: no recuerdo si lo mencioné antes, pero yo fui criada por mi abuelo paterno, quien inicialmente era bastante cascarrabias.

Él, por obvias razones, no estaba de acuerdo con mi elección de carrera, y no es para menos, ya que mi padre —su único hijo— murió en un horrible accidente durante una competencia siendo muy joven. Sin embargo, me dicen que él no siempre fue así de malhumorado. Antes de las tragedias que lo ensombrecieron, era un hombre sonriente, agradable, amable y amoroso; un hombre que se enamoró de una sola mujer desde que era un niño, casándose cuando apenas eran unos adolescentes y viviendo inmensamente felices hasta que, al nacer su hijo, ella sucumbió por complicaciones en el parto. Después de esto, se dedicó a trabajar duro para sacar adelante al fruto de su amor, convirtiéndose en un hombre muy próspero a una edad temprana.

Por otra parte, a mi progenitor no tuve el honor de conocerlo, pues murió en ese terrible accidente, según me dijo mi Nana.

Ella me hace bromas diciendo que me parezco mucho a él, solo que en una versión mejorada; por ejemplo, en la forma de sus ojos almendrados de color gris azulado intenso, cubiertos con pestañas curvas y tan largas que parecen postizas...

De mi madre, el mayor recuerdo que tengo es su amor extraordinario. Por desgracia, falleció de un extraño cáncer biliar avanzado cuando yo tenía apenas seis años de edad, no sin antes dar una gran batalla que lamentablemente perdió después de varios meses. Esta fue la razón por la que fui a vivir con mi abuelo, a quien no conocía hasta ese día. Si mi memoria no me falla, era una tarde lluviosa de octubre, de esas en las que parece que el mundo se va a acabar: cielos grises tenebrosos, ráfagas de viento inclementes, truenos fuertes y rayos incandescentes que jamás podré olvidar.

Para ese momento, ella estaba muy delgada y apenas lograba mantenerse en pie debido a la quimioterapia, con su cabeza cubierta por un fino pañuelo negro. Preparó una maleta con mis cosas explicándome de la forma más dulce lo que iba a ocurrir, procurando esconder su dolor tras lágrimas furtivas que se escapaban de sus preciosos ojos, los cuales ya habían perdido su brillo. Sin titubear, me subió a un taxi donde me dejó en las manos de un hombre de figura esbelta, cejas tupidas, mirada profunda e indescifrable, duro de corazón y de pocas palabras. Él, al verme por primera vez después de una abrupta pelea con ella, inexplicablemente cedió a hacerse cargo de mí. Quizás se compadeció de esta pobre huérfana, no lo sé, o tal vez lo conmovió el gran parecido con mi padre, pero eso es algo que aún no he logrado averiguar...

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Olga Silva
muy bella felicidades autora 👏
DAKI: Muchas gracias
total 1 replies
Tere Jimenez
gracias empieza muy interesante
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