Valeria Chanstain creyó que el amor podía vencer cualquier obstáculo. Junto al hombre que amaba construyó un hogar, una familia y una vida que parecía perfecta, hasta que una verdad inesperada hizo añicos todo aquello en lo que alguna vez creyó.
Ahora, entre los recuerdos de un amor que juró ser eterno y el dolor de ver cómo la vida que construyó se desmorona ante sus ojos, Valeria tendrá que aprender a dejar ir aquello que más ama y encontrar la fuerza para comenzar de nuevo.
Porque a veces, perderlo todo no significa que la historia haya terminado... sino que apenas está comenzando.
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Diecinueve años
Siempre creí que la felicidad era demasiado silenciosa.
No llegaba con fuegos artificiales ni con grandes ceremonias. Ella vivía constantemente en nuestras pequeñas acciones: una de ellas era estar al lado de mi esposo Ethan y mis hijos Mateo y Emma,
Mi nombre es Valeria Chanstain.
Tengo la certeza que hoy más que nunca, sé que mi sueño se ha cumplido. Lo que tanto anhelé: una familia. Estoy convencida de que mi familia es todo lo que quiero, todo lo que siempre quise.
Cuando miro hacia atrás, me cuesta creer lo rápido que pasó el tiempo. Conocí a Ethan cuando apenas éramos unos adolescentes. Crecimos juntos, soñamos juntos y, cuando vivimos momentos difíciles, todos decían que nuestro amor no sobreviviría a ellos. Pero, con el paso de los años, henos aquí, juntos, demostrando lo contrario.
Hoy cumplimos diecinueve años de estar juntos.
Todavía recuerdo la primera vez que tomó mi mano. Al mirar sus ojos, lo supe: él era todo lo que deseaba. Lo amo profundamente. Es tan diferente, pero a la vez tan maravilloso. A su lado puedo sentirme segura.
Ethan Chanstain...
Si alguien me preguntara cómo describirlo, diría que es el hombre soñado: amable, atento y cariñoso.
Sencillo, atento. Me valora, me respeta, me ama. Él es todo para mí.
Tiene unos ojos color avellana capaces de transmitir tranquilidad y serenidad con una sola mirada. Siempre viste impecablemente, incluso después de una larga jornada de trabajo. Tiene una elegancia natural que nunca necesita presumir.
Pero lo que más amo de él es su fortaleza. Amo la manera en que sonríe, su voz, su forma de ser.
Mateo, nuestro hijo mayor, heredó sus ojos, su apariencia y su inteligencia. Están tan parecido a el como una copia exacta tiene dieciocho años y está convencido de que algún día será ingeniero y tendrá su propia empresa donde construirá autos de carreras.
Emma...
Mi pequeña Emma.
Tiene quince años y es exactamente igual a mí cuando era niña. Somos tan similares. Ella es curiosa, dulce e incapaz de pasar un solo día sin hablarme durante horas y contarme sus historias.
Dice que, cuando sea grande, quiere vivir en la casa de al lado para no separarse nunca de nosotros.
Mi familia es mi mundo.
Y hoy quiero celebrar todo lo que hemos construido.
Desde muy temprano decoré discretamente la casa con algunas flores blancas. No hacía falta exagerar; Ethan siempre decía que lo importante no eran los regalos, sino el tiempo compartido.
Me observé frente al espejo por última vez.
Llevaba un vestido azul marino que Ethan me había regalado en mi cumpleaños. Solté mi cabello en suaves ondas y apenas utilicé un maquillaje ligero.
—Espero que todavía te guste cómo me veo... —murmuré con una sonrisa para mí misma.
Miré el reloj.
Las siete.
Ethan ya debería haber llegado. Se retrasó.
Volví a mirar por la ventana.
Nada.
Las ocho.
Aún no llegaba.
Sentí un pequeño nerviosismo. Una hora y aún no llegaba. ¿Lo habría olvidado? No, imposible. ¿Le habría sucedido algo?
Empecé a preocuparme.
Esperé un rato más.
Aún no.
Pero solo un poco más.
Esperé y, por fin, escuché el motor de un automóvil detenerse frente a la casa.
Una sonrisa apareció automáticamente en mi rostro.
Abrí la puerta antes de que pudiera tocar el timbre.
—¡Llegaste!
Ethan apenas tuvo tiempo de bajar del coche cuando rodeé su cuello con los brazos y besé sus labios.
Él sonrió.
—Feliz aniversario, preciosa.
—Feliz aniversario, mi amor. Estaba preocupada.
—¿Por qué?
—Bueno, pensé que me dejarías plantada.
—Jamás haría algo así.
—Lo sé.
Acarició mi mejilla. Su mano era tan cálida y había tanta ternura en sus ojos que sentí mariposas en el estómago, exactamente igual que la primera vez.
—Vamos. Llegaremos tarde a la reservación.
Tomó mi mano y caminamos hasta el automóvil.
Mientras conducía, yo lo observaba. No podía apartar los ojos de él. Se veía tan guapo. Dieciséis años y no había cambiado. Era increíble.
Soy tan afortunada de tenerte.
No podía dejar de pensar en ello y en lo afortunada que era, repitiéndolo una vez más en mi mente.
El restaurante al que llegamos era uno de nuestros favoritos.
Un lugar elegante y precioso, iluminado por enormes lámparas de cristal y acompañado por un pianista que interpretaba melodías suaves, tan tristes, pero tan hermosas.
El lugar indicado.
El maître nos condujo hasta una mesa junto a un ventanal desde donde podía verse la ciudad completamente iluminada.
—Feliz aniversario, señores Bennett.
—Gracias —respondimos al mismo tiempo.
Reímos.
—Una vista maravillosa, ¿no crees?
—Es perfecta —respondí.
Ordenamos nuestros platillos favoritos y una botella de vino.
La música envolvía perfectamente el ambiente. Sonreíamos, pero había tanto silencio... Pensar en estos años me ponía algo nerviosa.
Todo era tan perfecto.
Un amigo de Ethan, Marco, estaba en una mesa de al lado. Se acercó y nos saludó.
—Ethan, ¿quieres ir por una copa? —preguntó Marco.
Ethan me miró. Él iba a rechazar la invitación, pero yo le hice señas para que aceptara.
—¿Quieres ir con nosotros, Valeria?
—No, yo los espero. No tarden —respondí.
—Sí, está bien. No tardemos —dijo Marco.
—Ya regreso —dijo Ethan mientras me daba un beso en la frente.
Ellos se fueron.
Mientras estaba sola, observé a mi alrededor. Era extraño; había muy pocas personas.
Me distraje un poco con el celular hasta que una voz conocida llamó mi atención.
Giré ligeramente la cabeza y ella estaba allí.
Su presencia era tan impactante.
Era ella.
Olivia Collins.
La hija de mi mejor amiga, Victoria.
La conocía desde que era una bebe. ella es tan educada, amable y siempre me saludaba con una enorme sonrisa.
Victoria la había criado a mi lado. Era como mi hija. Su historia era sorprendente.
Victoria y yo vivíamos juntas cuando estudiábamos y, cuando ella tenía solo diecisiete años, supo que estaba embarazada. Fue difícil, pero las dos juntas salimos adelante.
Yo ayudaba a Victoria a cuidar a Olivia ella es muy importante para mi cuando me case con Ethan ella solo tenia cinco años fue difícil para mi alejarme de ella.
Olivia se acercó unos pasos.
—¡Valeria!
—¡Olivia!
Nos abrazamos con cariño.
—Qué gusto verte. Estás preciosa.
Ella sonrió con timidez.
—Gracias.
—¿Cómo está tu mamá?
—Muy bien —respondió.
—¿Estás sola? —preguntó.
—No. Vine con mi esposo. Estamos celebrando nuestro aniversario.
—¡Pero qué hermoso! Ustedes hacen una pareja hermosa. Feliz aniversario.
—Muchas gracias, cielo.
Estuvo un rato más a mi lado. Luego se fue.
La observé alejarse. Caminó un rato hasta llegar a una mesa. Alguien la esperaba. Parecía un joven.
Se dirigió hacia aquella parte, tan alejada del restaurante, creo que por eso no la había notado.