Valentina Morales está acostumbrada a que la gente juzgue su cuerpo antes de conocer su corazón.
Después de perder su empleo y descubrir que su hermano tiene una enorme deuda con un hombre peligroso, Valentina acepta trabajar para el único hombre capaz de ayudarlos: Damián Ferrer, el mafioso más poderoso y temido de la ciudad.
Damián está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Las mujeres se acercan a él por su dinero, su poder y su apellido.
Pero Valentina es diferente.
Ella no se deja intimidar.
No intenta conquistarlo.
No acepta sus órdenes sin discutir.
Y, sobre todo, no permite que nadie vuelva a hacerla sentir menos por tener curvas.
Lo que comienza como una relación basada en una deuda terminará convirtiéndose en una historia de amor, celos, traiciones y secretos.
Damián juró que jamás se enamoraría.
Valentina juró que jamás permitiría que un hombre controlara su vida.
NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
la llave dentro de mateo
Las palabras de Rafael parecían haber quedado suspendidas en el aire.
—¿Qué quieres decir con que la llave está dentro de Mateo? —preguntó Valentina, con la voz temblorosa.
Su padre la miró con tristeza.
—No hablo de una llave física.
Alejandro sonrió.
—Exactamente.
Damián dio un paso adelante.
—Entonces explica de una vez qué significa.
El padre de Valentina respiró profundamente.
—Antes de desaparecer, escondí información importante. Información que podía destruir a Alejandro y revelar todos sus negocios.
—¿Dónde? —preguntó Damián.
—En un lugar que nadie sospecharía.
Valentina negó con la cabeza.
—¿En Mateo?
—Sí.
—No entiendo.
Su padre la miró.
—Cuando Mateo era pequeño, le entregué algo sin que él supiera lo que era.
Damián frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
—Una pequeña pieza metálica.
Valentina recordó inmediatamente algo.
—Mateo tiene una cadena que nunca se quita.
Su padre asintió.
—Esa es.
Alejandro soltó una carcajada.
—Después de tantos años, finalmente la encontraron.
Damián apuntó hacia él.
—No te muevas.
Alejandro levantó las manos.
—Tranquilo.
Pero su sonrisa no desapareció.
—Tú todavía no entiendes lo que tienes frente a ti.
—Entiendo perfectamente.
—No.
Alejandro miró a Valentina.
—Tu padre escondió pruebas suficientes para destruir a media ciudad.
Valentina sintió miedo.
—¿Por qué Mateo?
Su padre respondió:
—Porque nadie buscaría información importante en un niño.
Damián miró a Alejandro.
—¿Qué contienen esas pruebas?
—Nombres.
—¿De quién?
Alejandro sonrió.
—Políticos, empresarios, policías... personas que durante años hicieron negocios con mi familia.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Y por qué quieres recuperarlas?
Alejandro la miró.
—Porque esas pruebas pueden destruirme.
—Entonces por eso mataste a mi padre.
La sonrisa de Alejandro desapareció.
—Tu padre cometió un error.
—¿Cuál?
—Creyó que podía desafiarme.
El padre de Valentina intervino.
—No fui yo quien te traicionó.
Alejandro lo miró.
—Siempre fuiste demasiado ingenuo.
Damián apretó la mandíbula.
—Basta.
De repente, se escuchó un disparo.
Uno de los hombres de Alejandro cayó al suelo.
Todos se sorprendieron.
—¡¿Qué pasó?! —gritó alguien.
Damián aprovechó la confusión.
—¡Valentina, corre!
La tomó de la mano.
Rafael hizo lo mismo con el padre de Valentina.
Los cuatro salieron por una puerta lateral.
—¡No los dejen escapar! —gritó Alejandro.
Corrieron por el bosque.
Valentina respiraba con dificultad.
—¡Mi papá!
—Está con Rafael —respondió Damián.
—¿Y Alejandro?
—Nos está siguiendo.
Llegaron hasta un pequeño vehículo escondido entre los árboles.
Subieron rápidamente.
Damián arrancó.
Los disparos se escucharon detrás.
Pero lograron alejarse.
Durante varios minutos nadie habló.
Valentina miraba a su padre.
No podía creer que después de tantos años estuviera sentado frente a ella.
Finalmente se atrevió a preguntar:
—¿Por qué no regresaste?
Su padre bajó la mirada.
—Porque pensé que si volvía, Alejandro los mataría.
—Pero yo creí que estabas muerto.
—Lo sé.
—Te lloré durante años.
El hombre cerró los ojos.
—Lo siento.
Valentina comenzó a llorar.
—No sabes cuánto te necesité.
Su padre tomó su mano.
—Y yo necesité volver cada día.
Damián observó en silencio.
Comprendía perfectamente lo que significaba perder a alguien.
Pero también sabía que todavía había demasiadas preguntas.
—Necesitamos encontrar a Mateo —dijo.
Valentina se secó las lágrimas.
—Sí.
Regresaron a la ciudad esa misma noche.
Mateo estaba en la mansión.
Cuando vio al hombre que entró detrás de Valentina, quedó completamente paralizado.
—¿Papá?
El hombre se detuvo.
—Mateo.
Durante unos segundos nadie se movió.
Después Mateo corrió hacia él.
Se abrazaron.
Valentina lloró al verlos juntos.
Su padre sostuvo a sus dos hijos.
—Perdónenme.
Mateo negó con la cabeza.
—Estás vivo.
—Sí.
—Eso es lo único que importa.
Damián observaba desde lejos.
Pero algo llamó su atención.
La cadena que Mateo llevaba alrededor del cuello.
—Mateo.
Él se giró.
—¿Sí?
—Necesito ver esa cadena.
Mateo la tocó.
—¿Por qué?
—Tu padre dice que contiene algo importante.
Mateo se la quitó.
Damián la examinó.
Parecía una cadena común.
Hasta que encontró un pequeño compartimento oculto.
—Aquí.
Todos se acercaron.
Damián abrió el compartimento.
Dentro había una diminuta memoria digital.
Valentina abrió los ojos.
—¿Eso es todo?
Su padre asintió.
—Sí.
Damián tomó el dispositivo.
—Necesitamos descubrir qué contiene.
Una hora después, Damián logró abrir parte de la información.
En la pantalla aparecieron varios nombres.
Uno tras otro.
Personas poderosas.
Empresarios.
Policías.
Y finalmente...
Alejandro Ferrer.
Pero había algo más.
Una grabación.
Damián la reprodujo.
La voz del padre de Valentina llenó la habitación.
—Si estás escuchando esto, significa que Alejandro finalmente encontró la memoria.
Todos guardaron silencio.
—No confíes en nadie de la familia Ferrer. Ni siquiera en...
La grabación se interrumpió.
Valentina miró a Damián.
—¿En quién?
Damián no respondió.
La pantalla comenzó a mostrar un archivo diferente.
“Proyecto Valentina.”
Ella se quedó helada.
—¿Qué es eso?
Damián abrió el archivo.
Apareció una fotografía de Valentina cuando era niña.
Debajo había varias fechas.
Y una frase:
“Ella no fue elegida por casualidad.”
Valentina sintió que el miedo recorría todo su cuerpo.
—¿Qué significa eso?
Su padre palideció.
—No...
Damián lo miró.
—¿Qué sabes?
El hombre permaneció callado.
—¡Habla! —exigió Damián.
Finalmente respondió:
—Alejandro no comenzó a perseguir a nuestra familia por mí.
Miró a Valentina.
—Lo hizo por ti.
Valentina sintió que el mundo se detenía.
—¿Por mí?
Su padre asintió.
—Tú eres la verdadera razón por la que comenzó esta guerra.
Y, en ese mismo instante, el teléfono de Damián recibió un mensaje.
“Ahora que sabes la verdad, dile a Valentina que pregunte quién era realmente su madre.”
Damián levantó lentamente la mirada.
Valentina sintió un escalofrío.
Su madre.
Ahora el siguiente secreto estaba relacionado con ella.