NovelToon NovelToon
Hasta Encontrarte Otra Vez

Hasta Encontrarte Otra Vez

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Nath O.

Él la rechazó el mismo día que descubrió que era su compañera destinada. Años después, convertido en Alfa, comprende que perderla fue el peor error de su vida. Pero ella ya no vive en la manada… y un humano ocupa el lugar que él dejó vacío. Ahora tendrá que demostrar que algunas promesas merecen una segunda oportunidad.

NovelToon tiene autorización de Nath O. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No tengas miedo de dormir

La casa nunca había sido tan silenciosa.

No era el silencio tranquilo de las tardes de invierno, cuando Mara leía junto a la ventana y Rowan dormía una siesta en el viejo sillón.

Era otro.

Uno pesado.

Vacío.

Un silencio que parecía ocupar cada habitación.

Alyssa permanecía sentada en el sofá de la sala, abrazando el cojín que Mara siempre colocaba en aquel rincón.

La luz de la tarde entraba por la ventana, tiñendo el suelo de tonos dorados.

Habían pasado varias horas desde el funeral.

Varios miembros de la manada habían llevado comida.

Otros se habían ofrecido a quedarse.

El Alfa incluso le había dicho que no estaría sola ni un solo día.

Pero cuando todos se marcharon…

La casa volvió a sentirse inmensa.

Demasiado grande para una sola persona.

La puerta se abrió con suavidad.

Kaleb entró con el cabello todavía húmedo.

Se había marchado apenas media hora para ducharse y cambiarse de ropa.

Nada más.

No había podido permanecer lejos por más tiempo.

Sus ojos buscaron inmediatamente a Alyssa.

Ella seguía exactamente donde la había dejado.

En la misma posición.

Con la misma expresión perdida.

—Volví.

Ella levantó apenas la cabeza.

Intentó sonreír.

No lo consiguió.

—Lo sé.

Kaleb dejó las llaves sobre la mesa.

No preguntó si podía quedarse.

Simplemente se sentó en el otro extremo del sofá.

Durante unos minutos ninguno habló.

Solo escuchaban el tic tac del viejo reloj de pared.

El mismo reloj que Rowan decía que algún día dejaría de funcionar.

Y que Mara insistía en conservar porque le gustaba cómo sonaba.

Alyssa cerró los ojos.

El sonido le hizo un nudo en la garganta.

—Todo sigue igual.

Kaleb comprendió inmediatamente.

La taza de Rowan seguía sobre la repisa.

El delantal de Mara continuaba colgado en la cocina.

Los libros.

Las fotografías.

El aroma de la casa.

Todo seguía allí.

Todo…

Menos ellos.

—¿Has comido algo?

Ella negó.

—Un poco.

—Eso significa que no.

Alyssa no discutió.

No tenía fuerzas.

Kaleb fue hasta la cocina.

Encontró el estofado que una de las vecinas de la manada había dejado unas horas antes.

Lo calentó.

Sirvió dos platos.

Regresó.

—Solo unas cucharadas.

Ella obedeció.

No porque tuviera hambre.

Sino porque era Kaleb quien se lo pedía.

Comió muy despacio.

Él hizo lo mismo.

Sin prisas.

Sin intentar llenar el silencio con palabras innecesarias.

Cuando terminaron, Alyssa dejó la cuchara sobre el plato.

Tenía los ojos completamente rojos.

—Estoy cansada.

Kaleb la observó.

Nunca la había visto tan agotada.

Las ojeras comenzaban a marcarse bajo sus ojos.

Sus movimientos eran lentos.

Como si el cuerpo ya no pudiera seguir el ritmo del dolor.

—Entonces descansa un rato.

Ella negó casi de inmediato.

Con demasiada rapidez.

—No.

Kaleb frunció ligeramente el ceño.

—¿Por qué?

Alyssa bajó la mirada hacia sus manos.

Tardó varios segundos en responder.

Cuando lo hizo…

Su voz sonó tan pequeña que casi volvió a ser la niña de cinco años.

—Tengo miedo de dormir.

Kaleb sintió que el pecho se le apretaba.

—¿Las pesadillas?

Ella asintió.

—Desde… desde que era pequeña.

Respiró hondo.

—Cuando soñaba con el bosque… o con cosas que no entendía… mamá siempre venía.

Se corrigió de inmediato.

Las lágrimas llenaron otra vez sus ojos.

—Mara…

Siempre se acostaba conmigo hasta que volvía a dormirme.

Guardó silencio.

—Y ahora…

¿Quién va a despertarme?

Kaleb dejó el plato sobre la mesa.

Sin decir una palabra, se acercó un poco más.

Alyssa hizo lo mismo.

Hasta quedar sentada a su lado.

Él abrió un brazo.

No tuvo que pedirle nada.

Ella se acomodó inmediatamente contra su costado.

Apoyó la cabeza sobre su hombro.

Los dos permanecieron así varios minutos.

Kaleb podía sentir el cansancio de Alyssa.

Era un peso distinto al físico.

Era como si todo el dolor de los últimos días hubiera terminado por consumir las pocas fuerzas que le quedaban.

Notó cómo, poco a poco, los párpados de ella comenzaban a cerrarse.

Pero cada vez que estaba a punto de quedarse dormida…

Su cuerpo se tensaba.

Y volvía a abrir los ojos.

Como si tuviera miedo de perder el control.

Kaleb levantó una mano.

Le acarició lentamente el cabello.

Ella cerró los ojos otra vez.

Volvió a abrirlos apenas unos segundos después.

—No puedo.

Él no respondió.

Se levantó del sofá.

Alyssa lo miró confundida.

Kaleb acomodó varios cojines.

Después volvió a sentarse.

Esta vez no lo hizo derecho.

Se recostó a lo largo del sofá.

Con cuidado.

Como si estuviera resolviendo un problema muy importante.

Le tendió una mano.

—Ven.

Ella dudó.

—No quiero lastimarte.

Él sonrió muy apenas.

—No vas a hacerlo.

Alyssa tomó su mano.

Kaleb la ayudó a acomodarse.

Con infinita delicadeza.

Primero apoyó la cabeza de ella sobre su pecho.

Después la cubrió con una manta que estaba doblada sobre el respaldo.

Esperó unos segundos.

Se aseguró de que estuviera cómoda.

Solo entonces rodeó sus hombros con un brazo.

Alyssa permaneció inmóvil.

Escuchaba el corazón de Kaleb.

Lento.

Firme.

Constante.

Por primera vez desde el accidente…

El mundo dejó de sentirse completamente fuera de lugar.

—¿Así está bien?

Ella asintió muy despacio.

—Sí.

Kaleb volvió a acariciarle el cabello.

Con movimientos lentos.

Pacientes.

Sin prisa.

Como si quisiera convencer al miedo de marcharse poco a poco.

Alyssa respiró profundamente.

El aroma de Kaleb le resultaba tan familiar como el bosque donde habían crecido.

Siempre olía a lluvia, madera y pino.

A hogar.

Las lágrimas volvieron a aparecer.

—Perdón.

Él bajó la vista hacia ella.

—¿Por qué?

—Porque siento que… estoy abusando de ti.

Kaleb negó con una ternura infinita.

—No estás abusando de nada.

Ella escondió un poco más el rostro contra su pecho.

—No quiero que te canses de mí.

La frase le rompió el corazón.

Kaleb apoyó suavemente la mejilla sobre la cabeza de Alyssa.

—Escúchame.

Ella levantó apenas los ojos.

—No existe un solo lugar en el que prefiera estar ahora mismo.

Las lágrimas rodaron silenciosas por las mejillas de Alyssa.

—¿De verdad?

—De verdad.

Ella respiró hondo.

Durante varios minutos no volvió a hablar.

Solo escuchó el latido tranquilo que resonaba bajo su oído.

Fuerte.

Seguro.

Protector.

Poco a poco, su cuerpo dejó de estar rígido.

Los hombros comenzaron a relajarse.

La respiración se volvió más lenta.

Kaleb siguió acariciando su cabello.

Con la misma paciencia.

Con el mismo cuidado.

Como si toda la tarde pudiera reducirse únicamente a esa tarea.

Cuidarla.

Alyssa volvió a abrir los ojos una última vez.

Lo miró desde abajo.

—¿Te irás cuando me duerma?

Kaleb negó.

—No.

—¿Lo prometes?

Él sonrió con dulzura.

—Cuando despiertes…

Voy a seguir aquí.

Ella sostuvo su mirada unos segundos más.

Como si necesitara creerle por completo.

Después cerró lentamente los ojos.

Esta vez…

No volvió a luchar contra el sueño.

Kaleb continuó acariciándole el cabello incluso cuando notó que su respiración había cambiado.

Ya dormía.

El cansancio había vencido al miedo.

Él permaneció inmóvil.

No quería despertarla.

Miró el techo de la sala.

Pensó en Rowan.

En la promesa.

En la inmensa responsabilidad que ahora descansaba entre sus brazos.

No sintió miedo.

Solo una certeza silenciosa.

Bajó la vista hacia Alyssa.

Dormía profundamente.

Con una de sus manos aferrada a la camisa de Kaleb, como si incluso dormida necesitara asegurarse de que él seguía allí.

Él sonrió apenas.

Con infinita suavidad, besó su frente.

Después volvió a rodearla con el brazo.

Protegiéndola instintivamente.

Como un Alfa protege aquello que considera parte de su hogar.

Poco a poco, el cansancio terminó alcanzándolo también.

Sus ojos comenzaron a cerrarse.

Y, mientras la tarde se apagaba detrás de las ventanas, ambos quedaron dormidos en el viejo sofá.

Ella, refugiada sobre el pecho de quien había prometido no dejarla sola.

Él, sosteniéndola con la misma firmeza con la que pensaba cumplir aquella promesa.

Por primera vez desde la tormenta…

La casa seguía llena de ausencia.

Pero ya no estaba completamente vacía.

1
Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos
Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos👌
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play