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ENTRE COLMILLOS Y GARRAS

ENTRE COLMILLOS Y GARRAS

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Amor prohibido / Venganza
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

Durante siglos, los clanes de los vampiros y de los hombres lobo han vivido consumidos por el odio.
Todos creen que el antiguo rey de los vampiros @s3s1nø a la esposa del Alfa durante una Noche de Luna Roja. Como venganza, el Alfa m@tø a la reina vampira un día después del nacimiento de su hija, Aylin.
Lo que nadie sabe es que aquella mu3rt3 fue una mentira.
La esposa del Alfa fingió su fallecimiento para escapar con el lobo del que realmente estaba enamorada, dejando atrás a un cachorro recién nacido

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

HISTORIAS DE LA NOCHE

Cinco años habían pasado desde que la Diosa Luna eligió a Lev.

El pequeño heredero del Clan de los Hombres Lobo crecía fuerte y sano.

Cada mañana entrenaba con los guerreros.

Cada tarde recorría el bosque junto a su padre.

Y cada noche levantaba la vista hacia la luna antes de dormir.

Pero había algo que comenzaba a despertar en su pequeño corazón.

La curiosidad.

---

Aquella tarde, Lev paseaba por la enorme biblioteca del castillo.

Era un lugar que visitaba con frecuencia.

Le gustaba observar los mapas, los viejos pergaminos y las armaduras antiguas.

Mientras caminaba entre los estantes, un enorme libro llamó su atención.

Su portada estaba cubierta de polvo.

En el centro tenía grabado el dibujo de un murciélago con las alas extendidas.

Lev inclinó la cabeza.

—¿Qué será esto?

Con ambas manos intentó bajarlo.

El libro era pesado para un niño de cinco años.

Cuando por fin logró colocarlo sobre una mesa, sopló el polvo que lo cubría.

En la portada podía leerse un antiguo título.

"Los Hijos de la Noche".

---

—¿Qué haces?

La voz hizo que Lev levantara la cabeza.

Era la anciana sacerdotisa.

La loba sonrió con dulzura al ver el enorme libro.

—Encontraste uno de los libros más antiguos del clan.

Lev acarició la cubierta.

—¿Habla de los vampiros?

La anciana asintió lentamente.

—Sí.

El pequeño abrió mucho los ojos.

—¿Puedo leerlo?

Ella dudó unos segundos.

Después tomó asiento junto a él.

—Solo algunas partes.

Todavía eres muy pequeño.

---

La anciana abrió cuidadosamente el libro.

Las primeras páginas mostraban antiguos dibujos.

Grandes castillos.

Bosques oscuros.

Vampiros con largas capas.

Lev observaba todo con enorme atención.

—¿Ellos siempre viven de noche?

—Sí.

La luz del sol puede acabar con ellos.

Lev continuó mirando las ilustraciones.

—¿Y es verdad que no tienen reflejo?

La anciana sonrió.

—Así es.

Si un vampiro se coloca frente a un espejo...

No verá su imagen.

El pequeño abrió mucho los ojos.

—¡Qué raro!

La sacerdotisa soltó una pequeña risa.

—Cada especie tiene sus propios dones y debilidades.

---

Lev pasó otra página.

Había un dibujo de una espada plateada.

—¿Qué es eso?

—Plata.

El pequeño hizo una pequeña mueca.

Solo escuchar esa palabra le resultaba incómodo.

La anciana explicó:

—Ese metal puede quemar tanto a los hombres lobo como a los vampiros.

Por eso ninguno de los dos pueblos lo utiliza.

Lev recordó cómo los guerreros evitaban incluso acercarse a las armas hechas con plata.

Siempre le dijeron que era peligrosa.

Ahora comprendía que para los vampiros también lo era.

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Continuó observando los dibujos.

En uno aparecía un enorme castillo rodeado por murciélagos.

En otro...

Un vampiro cargaba a una pequeña niña.

Lev sonrió.

—También tienen bebés.

—Claro.

Son una familia igual que nosotros.

Solo viven de forma diferente.

Aquella respuesta sorprendió al pequeño.

Durante toda su vida había escuchado hablar de los vampiros como enemigos.

Pero nunca había pensado que también podían tener padres, hijos y hogares.

---

Levantó lentamente la vista.

—¿Todos los vampiros son malos?

La anciana guardó silencio.

Era una pregunta difícil.

Finalmente respondió con calma.

—No.

Ni todos los vampiros son malos...

Ni todos los hombres lobo son buenos.

Las personas se definen por sus decisiones.

No por la sangre que corre por sus venas.

Lev permaneció pensativo.

Aquellas palabras eran distintas a todo lo que había escuchado antes.

---

Esa misma noche...

Durante la cena...

Lev miraba distraídamente su plato.

Kael lo notó enseguida.

—¿En qué piensas, cachorro?

Lev levantó la cabeza.

—Papá...

Kael sonrió.

—Dime.

El pequeño dudó unos segundos.

—¿Alguna vez conociste a un vampiro?

Toda la mesa quedó en silencio.

Varios guerreros intercambiaron miradas.

Kael observó a su hijo.

—¿Por qué esa pregunta?

—Hoy vi un libro sobre ellos.

Quería saber cómo son.

El Alfa respiró lentamente.

—Sí.

He visto vampiros.

Lev esperaba atento.

—¿Son muy diferentes a nosotros?

Kael permaneció unos segundos en silencio.

Recordó demasiadas cosas.

La pérdida de su compañera.

La muerte de la reina de los vampiros.

La guerra.

Finalmente respondió:

—Son diferentes...

Pero también sienten.

También protegen a sus familias.

También aman a sus hijos.

Lev sonrió.

—Entonces...

¿Los niños vampiro también juegan?

Algunos guerreros no pudieron evitar sonreír.

Kael asintió.

—Supongo que sí.

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Lev bajó la mirada.

Luego preguntó con total inocencia:

—¿Crees que un niño lobo y un niño vampiro podrían ser amigos?

Aquella pregunta dejó inmóvil a todo el salón.

Nadie respondió de inmediato.

Kael observó los ojos curiosos de su hijo.

No veía odio.

Solo una curiosidad sincera.

Después de unos segundos respondió:

—No lo sé.

Hace mucho tiempo que nuestros pueblos dejaron de intentarlo.

Lev asintió lentamente.

Aunque no parecía satisfecho con aquella respuesta.

---

Esa noche, antes de dormir, salió al balcón de su habitación.

La luna iluminaba el inmenso bosque.

Levantó la vista hacia el cielo.

—Me pregunto...

¿Cómo será un niño vampiro?

¿Le gustará correr?

¿También mirará la luna?

Una suave brisa movió su cabello.

Sin saberlo...

Muy lejos de allí, en el Reino Nocturno...

Cassian entrenaba con una pequeña espada de madera mientras Aylin lo animaba entre risas.

Y, al terminar el entrenamiento, los tres pequeños —Aylin, Cassian y Lev— levantaron la vista hacia la misma luna.

Sin conocerse.

Sin imaginar que el destino ya había comenzado a acercarlos lentamente.

Y que la curiosidad inocente de un pequeño lobo sería el primer paso para romper un odio que llevaba generaciones dividiendo a ambos clanes.

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Rosa Braulia González Eliseo
Excelente historia!!!!
Pau jurado(Alfa P D)💜❤️: me alegra que le guste
total 1 replies
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