Tras la trágica muerte de sus padres, Tom llega destrozado al orfanato de Santa María. Allí encuentra una luz en la pequeña Alesandra. Unidos por la soledad, los niños se vuelven inseparables y sellan una promesa inquebrantable bajo el solsticio: un día se casarán. Sin embargo, las leyes separan sus caminos; él se marcha a los 18 años hacia la capital financiera y ella es adoptada por una familia en España.
Diez años después, Tom regresa convertido en el temido "especialista de los números" de Londres, un multimillonario implacable dispuesto a usar todo su poder para encontrarla. Cuando un peligroso sindicato criminal ataca a la familia de Alie en Madrid, los hilos del destino colisionan. En mitad de un peligro mortal y secretos de sangre, el hombre de piedra arriesgará su imperio para blindar la vida de su única constante. ¿Podrán los lienzos del pasado vencer las sombras del mañana?
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CAPITULO 14. CONFIDENCIAS ENTRE PAGINAS Y EL ECO DEL PAPEL
A los veintiún años, Alesandra se había convertido en una mujer de una belleza serena y elegante que captaba las miradas allá donde iba, aunque ella pareciera vivir en un universo aparte, ajena a su propio magnetismo. Sus inmensos ojos azules reflejaban la lucidez de quien ha pasado años moldeando la realidad a través de las palabras. Se había graduado con honores en Periodismo y ya ejercía con plenos derechos como la redactora jefe de El Eco Local, trabajando codo con codo en los despachos con su padre adoptivo. Rodolfo no cabía en sí de orgullo; su hija adoptiva poseía un instinto innato para la noticia, una pluma afilada y una ética profesional inquebrantable.
Sin embargo, la verdadera pasión de Alie no residía en las notas políticas o en las crónicas de sucesos que maquetaba a diario. Su alma pertenecía a la literatura de romance y aventuras. En los cajones de su elegante escritorio de la redacción, ocultos bajo las carpetas de teletipos y las pruebas de imprenta, Alie guardaba los manuscritos de sus novelas. Escribía sobre amores épicos que desafiaban al tiempo y a la distancia, historias donde los protagonistas sellaban pactos sagrados y se buscaban a través de los continentes. Era su forma inconsciente de mantener encendido un eco del pasado; una melodía lejana cuyos rostros ya se habían borrado debido al río implacable de los años, pero cuyo sentimiento permanecía tatuado en su pecho.
—Vuelves a estar metida en tus mundos de papel, Alie —soltó una voz alegre, interrumpiendo el silencio del despacho.
La puerta se abrió y dejó pasar a Elisa, la redactora de la sección de cultura y la mejor amiga de Alie desde sus primeros días en la universidad de Madrid. Elisa era el polo opuesto a la melancolía de la protagonista: una joven de cabello rizado, ojos vivaracheros, risa contagiosa y una energía desbordante que lograba arrastrar a Alie fuera de su caparazón intelectual cada vez que se lo proponía. Elisa conocía cada secreto de Alie, incluyendo la existencia de la pulsera de oro con el lobo heráldico y la vieja leyenda de aquel niño de ojos verdes del orfanato inglés.
—Solo estaba revisando el cierre de la página de economía, Eli —mintió Alie con una sonrisa tímida, deslizando apresuradamente un cuaderno de notas bajo una pila de informes financieros.
—A otra con ese cuento, jefa —replicó Elisa, dejándose caer con total familiaridad en la silla frente al escritorio y cruzando las piernas—. Conozco esa mirada azul de "estoy ideando el clímax de mi próximo best-seller". Dime una cosa, ¿el héroe de este nuevo manuscrito también tiene los ojos del color del musgo húmedo y una mente superdotada para los números?
Alie sintió que las mejillas se le encendían levemente por la timidez. Elisa era la única persona con la que se atrevía a hablar de esos retazos de su infancia en Kent.
—Es solo ficción, Eli. Las lectoras de novelas románticas buscan hombres decididos, protectores y con un toque de misterio —respondió Alie, tratando de recuperar su tono profesional—. La realidad es muy diferente. Los hombres de carne y hueso están demasiado ocupados con sus cuentas bancarias o sus ambiciones políticas como para recordar promesas de niños. Aquello fue un dulce sueño de la infancia, nada más. El tiempo y la distancia se encargaron de borrarlo.
Elisa suspiró, apoyando la barbilla en la palma de su mano mientras miraba a su amiga con una mezcla de cariño y reproche.
—Tú escribes sobre amores de novela porque en el fondo de tu corazón sigues esperando que esa novela se haga realidad, Alie. Llevas tres años rechazando a cada pretendiente que se te acerca en los cócteles de la prensa. Incluso el hijo del alcalde, que es un buen partido, salió huyendo porque dijiste que su conversación carecía de "profundidad matemática". Te has construido una armadura de tinta y papel para proteger un fantasma inglés.
—No es un fantasma, Eli —susurró Alie en un hilo de voz, bajando la mirada hacia sus propias manos—. Es solo que... cuando viviste un afecto tan puro en mitad del desamparo, es muy difícil conformarse con la superficialidad de los hombres que conozco aquí. Pero tienes razón. Ha pasado mucho tiempo. Él ya debe tener su propia vida en Londres, y yo tengo la mía aquí en Madrid.
Elisa cambió de postura, adoptando una expresión más seria y profesional que llamó de inmediato la atención de la redactora jefe.
—Hablando de la realidad de aquí... ¿Has hablado con tu padre esta mañana? —preguntó Elisa en voz baja, inclinándose hacia delante sobre el escritorio—. He estado en el archivo y el ambiente en la planta baja está muy tenso. Rodolfo lleva dos días encerrado en su despacho con los auditores. Las ventas del periódico en papel siguen cayendo por la crisis digital y me he enterado de que ha rechazado una oferta de compra de un grupo empresarial bastante turbio.
Alie frunció el ceño y sintió que una punzada de preocupación le oprimía el pecho. Sabía que la situación financiera de El Eco Local era delicada, pero no imaginaba que su padre estuviera enfrentando presiones externas de ese calibre.
—Sé que las cuentas están ajustadas, Eli, pero papá jamás vendería el periódico a personas que pretendan coartar nuestra libertad de información —respondió Alie con firmeza—. Él prefiere hundirse con el barco antes que permitir que censuren nuestras páginas.
—El problema, Alie, es que cuando juegas con lobos hambrientos, el barco no solo se hunde, sino que te arrastran al fondo con él —advirtió Elisa con una gravedad inusual en ella—. Rodolfo ha estado investigando unas adjudicaciones de obras públicas sospechosas en la provincia. Temo que en su desesperación por conseguir la gran exclusiva que salve el periódico, se esté metiendo en la boca del lobo. Ten cuidado, jefa. El periodismo de investigación de esta ciudad puede volverse muy peligroso cuando tocas los nombres equivocados.
Alie miró la pila de periódicos viejos sobre su mesa, sintiendo que una densa sombra de inquietud comenzaba a cernirse sobre la estabilidad de su nueva familia. Su vida en Madrid, que durante años había transcurrido entre la seguridad de la clase alta, las confidencias con Elisa y sus ficciones literarias, estaba a punto de colisionar con una realidad cruda y peligrosa, sin saber que a miles de kilómetros de allí, en la capital británica, los engranajes del destino ya se habían reactivado para cruzar de nuevo sus pasos con los del especialista de los números.