NovelToon NovelToon
La Esposa Que Cambió Las Reglas

La Esposa Que Cambió Las Reglas

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Amor prohibido / Romance
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Durante siete años, Amelia Ferrer creyó que estaba construyendo un matrimonio y un futuro junto a Esteban Llorente. Renunció a sus propios sueños para convertir la empresa familiar de su esposo en un imperio, convencida de que algún día ambos compartirían el éxito que habían levantado juntos.
Todo cambia cuando descubre que Esteban y su madre llevan meses preparando un divorcio cuidadosamente planificado. No solo pretenden separarse de ella: quieren borrar cualquier rastro de su trabajo, apropiarse de sus aportes y dejarla sin un solo derecho sobre la empresa que ayudó a crear.
Amelia firma el divorcio sin discutir. Lo que nadie imagina es que una antigua sociedad fundada por su padre conserva, sin que ella lo sepa, derechos sobre uno de los activos más valiosos del Grupo Llorente.
Ese descubrimiento llama la atención de Gael Santoro, heredero de uno de los conglomerados empresariales más poderosos del país.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: El matrimonio ante todos

La mañana siguiente amaneció con una noticia que había dejado de ser un rumor para convertirse en una amenaza concreta. La demanda presentada por el Grupo Llorente ya ocupaba las primeras páginas de los principales medios económicos y jurídicos. Aunque el documento completo todavía no había sido divulgado, los titulares hablaban de un supuesto matrimonio estratégico entre Amelia Ferrer y Gael Santoro, insinuando que ambos habían utilizado su vínculo para obtener una posición privilegiada sobre el Proyecto Legado. En la Torre Santoro, las pantallas de los ascensores reproducían fragmentos de las noticias mientras los empleados caminaban con una cautela poco habitual. Nadie quería hablar demasiado alto, pero todos sabían que aquella batalla había dejado de ser exclusivamente familiar. Ahora también amenazaba la estabilidad de dos grupos empresariales.

Amelia llegó al piso treinta y dos poco después de las siete y media de la mañana. Llevaba un traje oscuro, el cabello recogido y una carpeta bajo el brazo. No había dormido más de tres horas. Durante toda la noche había leído una y otra vez la demanda de nulidad que Gabriel les había enviado. No porque dudara de su matrimonio, sino porque comprendía perfectamente la estrategia de Victoria. Si conseguían convencer a un tribunal de que el enlace había sido celebrado únicamente para activar el control compartido, podían intentar invalidar la posición de ambos sobre el Proyecto Legado. No necesitaban demostrar que el activo pertenecía a los Llorente. Solo necesitaban destruir la base legal que les permitía reclamarlo.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, Gabriel ya la esperaba.

—Llegas temprano.

—No pude dormir.

Gabriel asintió.

—Gael lleva aquí desde las seis.

Amelia levantó ligeramente una ceja.

—¿Y Catalina?

—En una reunión con los abogados. Hay algo más.

—¿Qué?

Gabriel le entregó una carpeta.

—Tres consejeros han solicitado revisar los términos del matrimonio y la estructura patrimonial de ambos. Quieren asegurarse de que el Grupo Santoro no pueda ser acusado de haber utilizado recursos corporativos para beneficiar un acuerdo privado.

Amelia abrió la carpeta mientras caminaba.

—¿Tres?

—Cinco.

Ella se detuvo.

—¿Cinco?

—Los otros dos todavía no han presentado la solicitud formal, pero ya están haciendo preguntas.

Amelia cerró la carpeta con calma.

—Entonces Victoria está consiguiendo exactamente lo que quería.

—Dividir el consejo.

—No. Algo peor.

Gabriel la miró.

—¿Qué?

—Hacer que empiecen a dudar de Gael.

Reanudó el paso hacia la oficina. No le sorprendía que los consejeros cuestionaran sus propios intereses. Lo que la inquietaba era la posibilidad de que Victoria hubiera conseguido introducir la sospecha dentro de la estructura que hasta ese momento había mantenido relativamente unida al Grupo Santoro.

Al entrar en la oficina, encontró a Gael frente a una de las pantallas, revisando una serie de documentos. Se volvió al escucharla.

—Buenos días.

—¿Cuánto llevas aquí?

—Lo suficiente para descubrir que nuestra vida privada se ha convertido en un asunto de consejo administrativo.

Amelia dejó la carpeta sobre el escritorio.

—Gabriel dice que cinco consejeros están cuestionando la estructura patrimonial.

—Lo sé.

—¿Y qué piensas hacer?

Gael apagó la pantalla.

—Lo mismo que tú propusiste anoche.

Amelia lo observó.

—¿La aparición pública?

—Sí.

—Necesitamos hacerlo hoy.

—Ya lo sé.

Ella cruzó los brazos.

—No pareces preocupado.

—Estoy preocupado.

—No lo pareces.

Gael sostuvo su mirada.

—Porque si permito que la preocupación controle mis decisiones, Victoria ya habrá ganado antes de que lleguemos al tribunal.

Amelia permaneció en silencio.

—Entonces dime qué preparaste.

Gael tomó una carpeta y la abrió.

—Una conferencia privada con medios seleccionados. Nada de preguntas abiertas sin filtro. Se presentará el certificado matrimonial, se explicará que el enlace fue celebrado legalmente y que ambos conocíamos las consecuencias patrimoniales generales de nuestra unión. No vamos a revelar información confidencial del Proyecto Legado.

—Bien.

—También tenemos declaraciones notariales de dos personas que estuvieron presentes durante la firma de los documentos previos al matrimonio.

Amelia tomó una de las hojas.

—¿Quiénes?

—El abogado que preparó los documentos y la notaria que certificó parte del proceso.

Ella leyó rápidamente.

—Esto ayuda.

—Mucho.

Amelia levantó la vista.

—Pero no es suficiente.

Gael la estudió.

—¿Qué falta?

—Nosotros.

—¿Nosotros?

—Victoria está intentando convencer al tribunal de que nuestro matrimonio fue una operación. No podemos responder solamente con papeles. Tenemos que demostrar que existe una relación matrimonial real.

La expresión de Gael cambió ligeramente.

—¿Qué propones?

Amelia respiró despacio.

—Que aparezcamos juntos. Que respondamos juntos. Y que dejemos claro que nadie nos obligó a casarnos.

Gael cerró la carpeta.

—Eso puede ser interpretado de otra manera.

—Todo puede ser interpretado de otra manera. Por eso tenemos que controlar el contexto.

—Amelia.

—¿Qué?

Él se acercó unos pasos.

—Si hacemos esto, no habrá vuelta atrás.

Ella sostuvo su mirada.

—La vuelta atrás terminó cuando Victoria presentó la demanda.

El silencio entre ambos duró varios segundos.

Gael finalmente asintió.

—Entonces lo haremos.

A las diez de la mañana, el equipo de comunicación había preparado la sala principal de la Torre Santoro. No sería una conferencia masiva. Gael había insistido en limitar la presencia a periodistas especializados y a algunos medios nacionales con reputación suficiente para evitar que la declaración terminara convertida en un espectáculo. Sin embargo, afuera del edificio ya se habían concentrado cámaras y reporteros.

La noticia de la aparición conjunta había provocado una reacción inmediata.

Amelia permanecía en una habitación privada mientras una asesora revisaba los últimos detalles.

—No tienes que responder preguntas sobre el Proyecto Legado —le recordó la mujer—. Si intentan llevarte hacia ese terreno, regresas al matrimonio.

Amelia asintió.

—Lo sé.

—Y si preguntan directamente si el matrimonio fue celebrado para activar la cláusula de control compartido...

—Responderé que el matrimonio fue una decisión legal y personal, y que cualquier interpretación sobre sus efectos patrimoniales corresponde a los tribunales.

La asesora sonrió.

—Perfecto.

Cuando salió de la habitación, encontró a Gael esperándola en el pasillo. Llevaba un traje negro y una expresión serena.

—¿Lista?

—No.

Él levantó una ceja.

—Al menos eres sincera.

—Estoy lista para enfrentar a Victoria. No estoy segura de estar lista para que toda la ciudad opine sobre nuestro matrimonio.

Gael extendió el brazo.

—Entonces no pienses en la ciudad.

Amelia miró su brazo durante un instante antes de tomarlo.

—¿En qué debo pensar?

—En lo único que importa.

—¿Qué?

—En que estamos entrando juntos.

Aquella frase le produjo una sensación extraña. No porque fuera romántica. Al menos eso se dijo. Era simplemente una declaración de estrategia. Una manera de recordar que, en ese momento, necesitaban presentarse como una unidad.

Pero cuando entraron en la sala, Amelia descubrió que era más difícil mantener esa distancia de lo que había imaginado.

Las cámaras comenzaron a disparar fotografías.

Gael la acompañó hasta la mesa principal y tomó asiento a su lado. No había entre ellos ninguna distancia visible. Sus manos descansaban sobre la mesa, separadas apenas unos centímetros.

Un periodista levantó la mano.

—Señor Santoro, señora Santoro, el Grupo Llorente sostiene que su matrimonio fue creado para obtener derechos sobre el Proyecto Legado. ¿Es cierto?

Gael tomó el micrófono.

—No.

La respuesta fue inmediata.

—¿Entonces por qué se casaron?

Gael miró a Amelia antes de responder.

—Porque decidimos hacerlo.

Un murmullo recorrió la sala.

El periodista insistió.

—¿Por razones personales?

—Nuestro matrimonio es legal y real —respondió Gael—. Las razones personales que llevaron a dos adultos a contraer matrimonio no son materia de debate empresarial.

Otra periodista intervino.

—Pero existe una cláusula que otorga al matrimonio una posición de control compartido sobre el Proyecto Legado. ¿No demuestra eso que había un interés económico?

Amelia tomó el micrófono.

—Demuestra que nuestros abogados revisaron las consecuencias legales de nuestro matrimonio. No demuestra que el matrimonio haya sido celebrado para obtener un activo.

—¿Conocía usted esa cláusula antes de casarse?

Amelia hizo una breve pausa.

—Conocía la existencia de determinadas consecuencias patrimoniales. Lo que no conocía era el alcance exacto de la cláusula que posteriormente fue presentada por Catalina Santoro.

La sala quedó en silencio.

Era una respuesta cuidadosamente construida. No negaba lo que podía demostrarse y tampoco entregaba información innecesaria.

—Entonces, ¿usted niega que su matrimonio sea una estrategia empresarial?

—Lo niego.

La firmeza de Amelia hizo que varios periodistas comenzaran a escribir al mismo tiempo.

—¿Y usted, señor Santoro? —preguntó otro periodista—. ¿También lo niega?

Gael tomó el micrófono.

—Sí.

—¿Incluso si el matrimonio termina beneficiando económicamente al Grupo Santoro?

—Que una decisión personal tenga consecuencias empresariales no convierte esa decisión en una operación empresarial.

La respuesta provocó otro murmullo.

Entonces llegó la pregunta que Amelia sabía que aparecería.

—¿Siguen siendo marido y mujer por decisión propia o únicamente mientras dure la disputa por el Proyecto Legado?

Amelia sintió que todos los ojos de la sala se dirigían hacia ella.

Gael no respondió.

Tampoco la miró.

La decisión parecía pertenecerle.

Amelia acercó el micrófono.

—Seguimos siendo marido y mujer porque nuestro matrimonio existe. No porque una demanda nos obligue a mantenerlo.

La sala quedó completamente silenciosa.

—¿Eso significa que no contemplan divorciarse?

Amelia sostuvo la mirada del periodista.

—En este momento no existe ninguna decisión de divorcio.

Gael giró ligeramente el rostro hacia ella.

Sus ojos se encontraron.

Solo fue un segundo.

Pero las cámaras captaron el instante.

La conferencia terminó pocos minutos después.

Cuando las puertas se cerraron y los periodistas comenzaron a abandonar la sala, Amelia soltó el aire que había estado conteniendo.

—Eso fue más intenso de lo que esperaba.

Gael se levantó.

—Lo hiciste bien.

—Tú también.

Gabriel entró rápidamente con el teléfono en la mano.

—Tenemos un problema.

Amelia se volvió.

—¿Qué pasó?

—La demanda de nulidad acaba de ser modificada

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play