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El Refugio Del Depredador

El Refugio Del Depredador

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Mafia / Matrimonio arreglado
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Leonela no es una mujer de armas, pero su voz es un látigo de verdad y su presencia, un muro inamovible frente a su hijo, Santiago. Cuando una red de traiciones familiares amenaza con arrebatarle lo único que ama, Leonela se ve obligada a aceptar un matrimonio por contrato con el hombre que personifica todo lo que ella teme: Gael.
​Gael es un titán cruel y posesivo. No hace tratos por generosidad; él "colecciona" lo que desea, y ha deseado a Leonela desde el momento en que la vio defender a su hijo con la dignidad de una reina en ruinas. Lo que Gael no espera es que su nueva "adquisición" no agacha la cabeza.
​En medio de una guerra de poder, el pequeño Santiago, con su curiosidad implacable, se convierte en el único capaz de desarmar la mirada devoradora de Gael, mientras Leonela descubre que el peligro más grande no es el mundo exterior, sino la intensidad eléctrica que siente cada vez que Gael fija sus ojos en ella.

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capitulo 23

​El Salón de los Gobernadores del Gran Hotel del Puerto conservaba un aire de exclusividad implacable, revestido de paneles de madera de nogal satinado y lámparas de araña de cristal opaco que proyectaban una luz ámbar sobre la mesa principal. En el exterior, el pitido sordo de los cargueros en el muelle 14 cortaba la niebla de la medianoche; en el interior, la temperatura se mantenía en un invierno artificial debido a la rigidez del sistema de climatización. En la cabecera de la mesa, el consejo de administración de la naviera y dos altos comisionados de la aduana revisaban los últimos balances del fideicomiso. Santiago descansaba seguro en el ala infantil de la mansión bajo el monitoreo estricto del equipo táctico, dejando que Leonela enfrentara la fase más agresiva del asedio psicológico de su esposo.

​Para esta cena de consolidación comercial, Leonela lucía un vestido de satén de seda color negro absoluto. El corte, de una sofisticación líquida, se ceñía con una crudeza anatómica a las curvas de su silueta: dibujaba con precisión la firmeza de su pecho, la línea limpia de su cintura y caía en una falda que delataba el movimiento felino de sus caderas. El diseño dejaba al descubierto sus hombros y el nacimiento de su espalda tersa. La gélida atmósfera del salón provocó una reacción biológica inmediata que el satén fino no lograba camuflar: sus pezones se marcaron con nitidez contra el tejido oscuro, una traición sensorial que delataba el estado de alerta y la pulsación caliente que vibraba en su vientre desde que ingresó al recinto.

​Gael Vancini presidía la mesa a su lado. Vestía su traje de sastre negro de tres piezas y una camisa de lino negro cuyo cuello rígido endurecía las facciones de su máscara de granito. Su envergadura masiva de gigante corporativo dominaba el perímetro, emanando un calor abrasador que envolvía a Leonela en una estática asfixiante. El aroma de su piel —sándalo, tabaco caro y el metal de las terminales— desplazaba cualquier perfume en el aire, operando como un reclamo de posesión por firma ante la junta directiva.

​—La incorporación de los activos de la textilera de la señora Vancini líquida de forma definitiva cualquier duda sobre la legitimidad de las rutas del sur —declaró el comisionado jefe, alzando su copa de cristal con una hipocresía corporativa ensayada.

​Fue en ese microsegundo de validación pública cuando Gael decidió marcar su territorio de forma definitiva.

​Con una lentitud tortuosa que congeló el aire de la estancia, el lobo gris extendió su mano derecha sobre el mantel de lino blanco. Sus dedos largos, fuertes y curtidos por el control de la ciudad, se posaron sobre la mano pálida de Leonela. No fue un roce accidental ni una caricia de cortesía; fue una toma de posesión firme, implacable y cargada de una fuerza brutal y eficiente que buscó subyugarla ante los ojos del consejo. La palma calurosa de Gael presionó los nudillos de ella, entrelazando sus dedos con una fijeza pesada que limitó cualquier ruta de escape perimetral.

​El impacto biológico del contacto directo desató una descarga de adrenalina pura en el sistema de la mujer. El corazón de Leonela comenzó a latir a mil por hora, un galope salvaje que hizo que su respiración entrecortada elevara el satén negro de su pecho con una agitación violenta. El magnetismo animal de Gael, combinado con los celos posesivos que el gigante exhibía sin pudor ante los inversores, provocó un cortocircuito en su rigidez defensiva.

​Aunque su mente continuaba en guardia, recordando los catorce meses de la trampa planeada y la frialdad de sus contratos de relaciones públicas, su cuerpo experimentó una capitulación absoluta. Una pulsación líquida y ardiente recorrió sus extremidades, erizándole la piel por completo; sus sentidos se rindieron ante la urgencia de la carne, y en lo más profundo de su anatomía, su cuerpo pedía ser reclamada por el monstruo que la acorralaba en la cumbre de su imperio. La traición biológica era total: la leona deseaba el reclamo del lobo con la misma furia con la que odiaba su cautiverio de cristal.

​A pesar del colapso sensorial interno, Leonela no bajó la mirada.

​Giró el rostro despacio, obligando a sus pupilas oscuras a clavarse en la fijeza de los ojos grises, fúnebres y dilatados de su esposo. Lo desafió en silencio, sosteniendo la resolución mortal de sus rasgos con una dignidad de casta que fascinó a los comisionados. Sus labios oscurecidos se mantuvieron firmes, y el pulso rápido que latía con fuerza salvaje en la base de su garganta fue la única confesión que el gigante pudo leer de su pánico íntimo.

​Gael incrementó la presión de su agarre sutilmente, registrando el temblor imperceptible y el calor abrasador que brotaba de la piel de ella. Sus facciones de piedra de molino experimentaron una contracción sombría; la audacia de la mujer, su negativa a doblar las rodillas a pesar de que sus pezones delataban la sumisión de sus sentidos, encendió una devoción oscura y salvaje en el titán. El asedio psicológico se transformó en un incendio íntimo que ambos compartían bajo la mesa de juntas, una transacción de poder y deseo absoluto que desmantelaba cualquier manual de estrategia naviera.

​—Mi esposa entiende perfectamente el valor de la consolidación, caballeros —sentenció Gael, su barítono profundo bajando a una nota peligrosamente suave que vibró directo en las costillas de Leonela—. En este matrimonio, los balances no se discuten; se ejecutan con la misma firmeza con la que protejo la red de acero de mis muelles. La firma de Leonela en el fideicomiso es la extensión de mi propia voluntad.

​El comisionado aduanero asintió, intimidado por la estática pesada que emanaba de la pareja. El consejo dio por aprobada la sesión, cerrando las carpetas de datos con la prisa militar de quien se sabe fuera de lugar en medio de una cacería territorial.

​Cuando la mesa quedó desalojada y los directores financieros retrocedieron hacia la bruma del pasillo exterior, Gael no soltó la mano de ella. Se inclinó hacia adelante, reduciendo el perímetro de seguridad hasta que su aliento con sabor a licor caro rozó la pequeña cicatriz del labio superior de Leonela. Su mirada devoradora descendió por la palidez de su hombro expuesto, registrando con una nitidez espantosa cómo la seda negra continuaba vibrando al ritmo de los latidos desbocados de la mujer.

​—Tu corazón sabotea la franqueza cortante de tu oratoria, leona —siseó Gael, y sus dedos largos acariciaron la muñeca de ella, midiendo la aceleración de su pulso con una lentitud tortuosa—. Desafías mi orden ante el consejo, pero tu piel se rinde a mis balances de posesión antes de que los jueces de comercio dicten el fallo. Estás pidiendo que la red de acero se cierre sobre ti de forma definitiva.

​Leonela exhaló el aire contenido, forzando a sus músculos a recuperar la rigidez de su orgullo, aunque el cosquilleo líquido en su vientre se intensificaba ante la proximidad de su torso firme.

​—Lo que mi cuerpo experimenta es la estática del peligro absoluto, Vancini —replicó ella en un susurro afilado que cortó la soberbia del titán—. Tomaste mi mano para exhibir tu control perimetral ante tus socios, pero la sumisión de mis venas no es una victoria que puedas encriptar en tus pantallas de alta tecnología. Mi cuerpo puede desear el fuego que traes contigo, porque eres el único guerrero capaz de igualar la tensión de mi orgullo, pero mi voluntad sigue limpia. No me reclamas porque el contrato lo dicte; me reclamas porque sabes que, si apartas tus ojos de fuego de mí, tu mausoleo de granito se congelará bajo la niebla.

​Gael la observó con una fascinación salvaje y pesada, una devoción oscura que demostraba que la resistencia humanizada de la mujer era el único mercado donde sus millones no tenían valor de cambio. Su mano abandonó la muñeca de ella para deslizarse por la línea de su cintura, una presión posesiva que cruzó el satén negro como una marca real, obligándola a ponerse de pie junto a su envergadura masiva.

​—La fase de las discusiones públicas ha concluido, esposa —sentenció Gael, su barítono recuperando la rigidez cortante mientras la guiaba hacia la salida del hotel, donde el coche blindado esperaba con las luces perimetrales encendidas—. El martes confirmaremos la legitimidad ante el tribunal, pero esta noche, tu piel ya ha aceptado las cláusulas de mi propiedad en el búnker de la mansión.

​ La leona y el lobo gris ingresando juntos en la penumbra del vehículo táctico, con el aroma a sándalo y rosas silvestres entrelazado en la tapicería de cuero negro, mientras el eco de la posesión de Gael permanecía vibrando en el mármol del Salón de los Gobernadores como la firma irreversible de una sumisión que la mente de Leonela combatía, pero que su anatomía ya reclamaba con la furia de los incendios que no admiten tregua legal.

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Celina Espinoza
sgddyf HH cfffnfdgñhcefghXfdsjxdhvcczdg.vccfbmbcfssgmvxfdhojcdtlnvzxfhvnx
neumidia ruiz
listo Gael el niño ya toco tu corazón no te hagas el duro
neumidia ruiz
esta muy interesante 👍 pinta buena
Celina Espinoza
super buena 🙏🥰
valeska garay campos
se lee interesante 👀
celimar
exelente capitulo 🥰👏👏
Joanny Millán
me encanta 😍
Fernanda
👍👍 excelente
Celina Espinoza
exelente capitulo 🥰🥰
Fernanda
es increíble el nene con cada pregunta 👍👏y Gael siempre queda 🤭
Fernanda
👍👍👏
Celina Espinoza
me encanta cada episodio 👏🥰y cada interacción de el niño me muero
Fernanda
me encanta santiago siempre tiene una nueva curiosidad 👍🥰
celimar
me encanta como Santiago entra como dueño de su casa 🤭🥰y pone a Gael nervioso con cada pregunta 🥰
celimar
exelente 👏🥰me gusta
Fernanda
👍👍❤️
celimar
me gusta tu historia gracias por compartirla 👏🥰
Fernanda
👍👍🥰
Fernanda
el niño es muy curioso 🥰☺️🤭le da el toque de humanidad al prota
Celina Espinoza
👏🥰gracia me gusta tu historia
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