Kira es una loba fuerte y decidida, el tesoro más resguardado de la manada central. Durante la noche de su vigésimo cumpleaños, frente a la gran piedra ancestral, su destino parece sellarse al estallar el lazo de pareja con Jared, el Alfa del Este. A pesar de las dudas de su padre y sus hermanos mayores, Kira marcha con él a sus tierras, pero la convivencia no es lo que esperaban: el vínculo se siente vacío, no hay pertenencia y el dolor no aparece cuando deciden rechazarse de mutuo acuerdo.
Tras regresar a su hogar sumida en la incertidumbre, su tía le propone un viaje desesperado hacia el Reino de la Noche para buscar la sabiduría del vampiro Vlad. Allí, la Bruja Madre le revelará una maldición ancestral que pesa sobre la tercera generación de su sangre, condenándola a un desfile de parejas falsas. ¿Podrá Kira romper el castigo de la deidad y reconocer el verdadero latido de su corazón cuando el enigmático Aidan se cruce en su camino? Descúbrelo en el quinto y último libro de la saga
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CAPITULO 23. LA VERDAD EN LOS OJOS
Al caer la noche, la casa de la manada central intentó recuperar un compás de calma tras el desborde de revelaciones que Vlad y su hijo habían puesto sobre la mesa de piedra. Se sirvió una cena para los líderes de los clanes, pero la crispación seguía flotando en el ambiente. Aprovechando que los Alfas se encontraban en el gran salón circular debatiendo los planes de defensa contra el ejército de Valerius, me retiré hacia los jardines traseros buscando un remanso de paz lejano que me permitiera despejar las sienes.
Caminaba despacio por el sendero exterior, respirando el aire helado que bajaba de las colinas nevadas.
El sutil crujido de la hojarasca congelada a mis espaldas no me asustó. Antes de darme la vuelta, mi loba, Vesta, ya se había removido con un suspiro de auténtica felicidad, y un hormigueo ardiente, caliente y profundamente romántico me recorrió las venas. Al girarme, encontré a Aidan acortando la distancia de forma pausada, manteniendo las manos hundidas en los bolsillos de su pantalón oscuro. Sus facciones afiladas se suavizaron por completo al enfocar mi rostro, y sus ojos oscuros me miraron con una ternura infinita que disipó de golpe toda la agónica melancolía que venía arrastrando desde mis meses en el Este.
—Sé que todo este caos político de coronas y ejércitos rebeldes te está asfixiando el espíritu, Kira —me habló en un susurro claro, bajo y dulce, deteniéndose a escasos centímetros de mi silueta, rompiendo la distancia física con una suavidad que me devolvió el sosiego—. Mi padre me contó lo que reveló la Bruja Madre en los desfiladeros. Sé por el desfile doloroso que has tenido que pasar con esos pretendientes falsos y la farsa de los lazos vacíos. Solo quería ofrecerte mi apoyo constante, lejos de los discursos de guerra de los líderes.
Sostuve su mirada limpia, sintiendo que la naturalidad de su trato y la sensibilidad hermosa de sus palabras operaban como un escudo definitivo que me caló hasta los huesos. No había en él la rigidez jerárquica de Jared, ni esa frialdad de quien cumple con un protocolo del trono; su protección era fuerte pero carente de posesividad, respetando mi libertad a cada segundo. Recordé de inmediato la profecía del santuario: mi corazón nunca se dejará engañar. Sentir esta complicidad tan real y profunda me confirmó en secreto que la deidad no se había equivocado, y que este híbrido de lobo y vampiro era el auténtico dueño de mi porvenir.
—Tus palabras son el único remanso de paz que he sentido en semanas, Aidan —le confesé en un hilo de voz clara, dejando que una sonrisa de sincera felicidad se dibujara en mis labios pálidos—. He pasado cinco meses forzando mi alma a sentir un afecto que no nacía en mis adentros, y ver que el destino me tenía guardado este encuentro me devuelve la cordura.
Aidan extendió su mano y rozó la yema de mis dedos pequeños con una delicadeza extrema. El contacto físico directo desató una corriente de calor sobrecogedor que nos unió en una tregua perfecta, haciendo que mi loba experimentara una devoción pacífica que conmovió mi espíritu. El amor verdadero estaba latiendo entre los dos de forma natural, sin decretos forzados de la sangre.
Sin embargo, el magnetismo de nuestra cita se vio interrumpido de golpe por la densa vibración de advertencia que descendió desde el porche exterior de la vivienda. Al alzar la vista de forma involuntaria, encontré a mis dos hermanos mayores recortados contra las luces de los ventanales traseros. Permanecían de pie con los brazos cruzados y los semblantes endurecidos en una actitud protectora muy severa. Sus ojos fijos inyectados en una severidad peligrosa se clavaron en la figura del híbrido, desatando una corriente de celos familiares tan nítida que el ambiente del jardín se tornó asfixiante en un parpadeo. No veían con buenos ojos que el hijo de Vlad se acercara tanto a la pequeña de la casa tras el desfile de desengaños que acabábamos de lidiar.
Aidan no bajó la cabeza ante el porte amenazante que mis hermanos mayores proyectaban desde la distancia; al contrario, cuadró sus hombros con una madurez admirable, manteniendo una fijeza tranquila que demostraba su entereza.
—Tus hermanos mayores tienen miedo de que vuelvas a sufrir por culpa de otra falsa alarma, Kira —me comentó en un susurro bajo, devolviendo sus ojos fijos hacia mis facciones, sin romper la ternura de su trato—. Y les entiendo perfectamente. Yo también querría blindar tu vida si fuera ellos. No he venido a forzar tus decisiones ni a apresurar los canales de lo que sentimos. Permaneceré en este territorio el tiempo que sea necesario para demostrarles que mi devoción es real y que no pienso dar un paso atrás.
Agradecí su firme resolución con un hondo suspiro, sintiendo que los sentimientos que me profesaba eran reales, mi corazón esta vez latia fuerte solo consentir su presencia, sabia que era el, que esta vez las sensaciones que tenia al sentir su contacto eran reales, pero no podía evitar sentir miedo al pensar en que pudiera estar equivocándome, necesitaba sentir mas para estar segura de entregarme a Aidan del todo, además en este momento nos debatíamos ante el plan de otra inminente guerra que creíamos terminada hace años, necesitaba ir paso a paso, leer a Aidan y leerme a mi misma antes de lanzarme definitivamente a vivir nuestro amor.