Desperté años en el pasado con una misión: eliminar al futuro Rey Demonio.
Sin embargo, cuando lo encontré, era solo un bebé.
Un bebé demasiado inteligente.
Un bebé que conocía mi nombre.
Un bebé que me miró con tristeza y susurró:
—Te encontré otra vez, mamá
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La estudiante que nunca existió
La mañana siguiente fue un desastre.
Principalmente porque Lucien había desaparecido.
Otra vez.
—¿Dónde está?
Preguntó Lyra.
Elena levantó la vista de su desayuno.
—¿Quién?
—¿Por qué siempre me hacen esa pregunta? ¡Lucien!
—Ah.
—¡¿"AH"?!
—Se fue hace diez minutos.
Silencio.
—Voy a matarlo.
—Ponte en fila.
Mientras tanto…
Lucien estaba teniendo una investigación extremadamente importante.
Muy importante.
Tan importante que había olvidado desayunar.
Bueno…
Casi.
Llevaba tres galletas en los bolsillos.
Por si acaso.
Se encontraba nuevamente en el bosque, en el mismo lugar donde había aparecido el hilo rojo.
Miró alrededor.
Nada.
Solo árboles.
Pájaros.
Y una ardilla que lo observaba sospechosamente.
—No confío en ti.
La ardilla huyó.
—Eso pensé.
Suspiró.
Entonces ocurrió.
Algo rojo brilló entre los árboles.
Lucien se acercó.
Otro hilo.
Esta vez había dos.
Y luego tres.
Y luego decenas.
Formaban una especie de camino.
Como si alguien estuviera guiándolo.
—Esto parece una mala idea.
Murmuró.
Los hilos brillaron.
—Pero también parece un misterio.
Y eso era aún peor.
—¡LUCIEN!
La voz de Lyra resonó por todo el bosque.
El pequeño dio un salto.
Un segundo después, Lyra apareció entre los árboles.
Junto a ella estaba Elena.
Ambas parecían cansadas.
Muy cansadas.
—Te encontré.
Dijo Lyra.
Lucien parpadeó.
Aquellas palabras…
Por alguna razón le sonaron familiares.
Demasiado familiares.
—¿Qué?
—¿Por qué siempre desapareces?
—Estoy investigando.
—¡Tienes dos años!
—La edad no limita la curiosidad.
—¡Debería!
Elena soltó una pequeña risa.
Entonces vio los hilos.
Y se puso pálida.
—No…
Murmuró.
Lucien la miró.
—¿Qué ocurre?
Elena dio un paso atrás.
—Yo… los recuerdo.
Silencio.
—¿Recuerdas los hilos?
Preguntó Lyra.
—No.
Respondió Elena.
—Recuerdo haberlos visto.
Pero no recuerdo dónde.
Ni cuándo.
Ni por qué.
El aire se volvió más pesado.
Porque esa frase ya se estaba volviendo demasiado común.
"Lo recuerdo, pero no sé de dónde."
Los tres siguieron el camino de hilos.
Finalmente llegaron a una parte olvidada de la academia.
Una pequeña torre de piedra.
Cubierta por plantas.
Parecía abandonada.
—Nunca había visto este lugar.
Dijo Lyra.
—Yo tampoco.
Respondió Elena.
Lucien levantó la vista.
Y sintió un escalofrío.
Porque él sí la recordaba.
Un poco.
Solo un poco.
Como un sueño.
Como una imagen lejana.
—Entramos.
Dijo.
—No.
Respondieron las dos al mismo tiempo.
—¿Por qué?
—Porque siempre que dices eso terminamos en problemas.
—Eso es un prejuicio.
—Es experiencia.
Respondió Lyra.
Por desgracia…
La puerta se abrió sola.
Los tres se quedaron inmóviles.
—Eso tampoco es buena señal.
Murmuró Elena.
Entraron.
El interior estaba cubierto de polvo.
Había estanterías.
Libros viejos.
Mesas.
Y en el centro…
Un enorme retrato.
Cubierto por una tela.
Lucien sintió que el corazón le latía más rápido.
Se acercó.
Y tiró de la tela.
Todos se quedaron en silencio.
El retrato mostraba a una joven.
Cabello negro.
Ojos dorados.
Sonrisa tranquila.
Vestía el uniforme de la Academia Celestia.
Y debajo de la pintura había una placa.
Lysandra Aster.
La mejor estudiante de la Academia Celestia.
Año 327.
Silencio.
Muchísimo silencio.
—Se parece a ti.
Dijo Elena.
Lyra parpadeó.
Volvió a mirar el retrato.
Y se quedó congelada.
Porque era cierto.
Muchísimo.
Demasiado.
Aquella chica…
Se parecía a ella.
Como una hermana.
O…
Como ella misma.
—No me gusta esto.
Murmuró.
Lucien, sin embargo, estaba observando otra cosa.
La sonrisa.
La conocía.
Había visto esa sonrisa antes.
En algún lugar.
En otra vida.
Entonces un dolor atravesó su cabeza.
Imágenes.
Fragmentos.
Una mujer riendo.
Hilos rojos.
Una voz.
"Pequeño rey..."
Lucien se llevó una mano a la cabeza.
—¡Lucien!
Lyra corrió hacia él.
El pequeño respiraba agitadamente.
—La conozco…
Susurró.
—¿Quién?
Preguntó Elena.
—La conozco…
Le duele.
Le dolía recordar.
Pero seguía viendo imágenes.
La mujer del retrato.
Sonriendo.
Leyendo un libro.
Tomándole la mano.
Y diciendo…
"Prométeme que no olvidarás."
La visión desapareció.
Lucien cayó de rodillas.
Todo quedó en silencio.
—¿Quién es ella?
Preguntó Lyra.
El pequeño levantó la cabeza.
Sus ojos rojos estaban llenos de confusión.
Y de algo más.
Tristeza.
Una tristeza enorme.
—No lo sé.
Susurró.
—Pero…
Se llevó una mano al pecho.
—Creo…
Creo que la extraño.
Elena y Lyra se miraron.
Porque esa respuesta era más aterradora que cualquier otra.
¿Cómo podía extrañar a alguien que ni siquiera recordaba?
Entonces Elena encontró algo.
Un viejo libro de registros.
Cubierto de polvo.
Lo abrió lentamente.
Pasó algunas páginas.
Y de repente…
Se quedó inmóvil.
—No…
Murmuró.
—¿Qué ocurre?
Preguntó Lyra.
Elena levantó la vista.
Estaba completamente pálida.
—La encontré.
—¿A quién?
Elena volvió a mirar el libro.
Y leyó en voz alta.
—Lysandra Aster.
Estudiante de la Academia Celestia.
Especialidad: Magia Temporal.
Silencio.
—Eso no es posible.
Dijo Lyra.
Pero Elena seguía leyendo.
Cada vez más pálida.
—Investigadora principal del Proyecto Tejedora…
El aire desapareció de la habitación.
Lucien levantó lentamente la cabeza.
—¿Qué?
Elena tragó saliva.
Y pronunció las palabras que cambiarían todo.
—La Tejedora…
No era un monstruo.
No era un demonio.
No era una leyenda.
Levantó lentamente el libro.
Y miró el retrato.
—La Tejedora…
Era una estudiante de esta misma academia.