Sinopsis
Lyra creció creyendo que era una loba común dentro de la Manada de la Luna Plateada.
Toda su vida soportó humillaciones, desprecios y el rechazo de quienes consideraba su familia. Cuando finalmente encontró el amor y la confianza, fue traicionada de la forma más cruel.
La noche de la Luna Sangrienta, Lyra murió.
Pero la muerte no fue el final.
Al abrir los ojos, despertó cinco años en el pasado, antes de que comenzaran las conspiraciones que destruyeron su vida. Ahora recuerda cada mentira, cada traición y cada rostro que sonrió mientras planeaba su caída.
Esta vez no será una víctima.
Sin embargo, cuanto más intenta cambiar el destino, más descubre una verdad imposible: ella no es una loba cualquiera.
Es la heredera perdida de la primera estirpe de lobos.
La legítima reina.
Y el temido Rey Licántropo, un hombre que debería ser su enemigo, parece haberla estado esperando durante siglos.
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capitulo 2
La misma sonrisa
Todavía no podía creerlo.
Tenía una loba.
Una loba.
Después de años pensando que estaba rota, después de años escuchando los susurros de la gente a mis espaldas, después de años preguntándome qué tenía de malo...
Tenía una loba.
Y estaba dentro de mi cabeza.
No sabía si llorar, reír o volver a desmayarme.
—Sigues pensando en eso.
Casi salto de la silla.
—¡Madre Luna!
Varias personas voltearon a verme.
Me quedé congelada.
—¿Lyra?
Selene frunció el ceño desde el otro lado de la mesa.
—¿Estás bien?
—Sí.
—Mentira.
—¡No hablo contigo!
—Pues deberías.
Me llevé una mano a la frente.
Esto iba a ser una pesadilla.
—¿Estás segura? —preguntó Selene.
—Sí, solo estoy cansada.
Ella pareció dudarlo.
Yo también.
Porque nada de esto parecía real.
Había muerto.
Lo recordaba.
Recordaba la espada.
La sangre.
El dolor.
Recordaba a Selene observándome.
Recordaba a Lucien.
Recordaba todo.
Y aun así estaba aquí.
Sentada en el comedor.
Cinco años antes.
—Te ves pálida.
—Gracias.
—No era un cumplido.
—Lo sé.
Selene soltó una pequeña risa.
Mi estómago se revolvió.
Antes adoraba escucharla reír.
Ahora me hacía sentir enferma.
—No parece una asesina.
Mi corazón se detuvo.
—¿Qué?
—Tu amiga.
Parpadeé.
—¿Acabas de decir asesina?
—Tú lo pensaste primero.
Me quedé sin palabras.
—¿Puedes escuchar mis pensamientos?
—Algunos.
—¡¿Algunos?!
—No grites.
—¡Estoy gritando en mi cabeza!
—Exacto.
Cerré los ojos.
Necesitaba una explicación.
Una muy larga.
—¿Así funciona esto?
—¿El vínculo?
—Sí.
—No tengo idea.
Abrí los ojos.
—¿No tienes idea?
—Acabo de despertar igual que tú.
Eso me hizo callar.
Por primera vez pensé en ello.
Nyra también había estado dormida.
Sellada.
Atrapada.
Ella tampoco entendía lo que estaba pasando.
—Lo siento.
—¿Por qué?
—No lo sé.
Simplemente parecía correcto decirlo.
Por unos segundos ninguna habló.
Y, sorprendentemente, aquel silencio no fue incómodo.
—Ahí viene.
La voz de Nyra sonó de repente.
—¿Quién?
—El idiota.
Levanté la vista.
Y lo vi.
Lucien.
Mi cuerpo se tensó inmediatamente.
La sonrisa desapareció de mi rostro.
Mis manos se cerraron en puños debajo de la mesa.
Era él.
El mismo cabello oscuro.
Los mismos ojos.
La misma sonrisa.
La misma que vi la noche en que morí.
—Buenos días, hermosa.
Sentí náuseas.
Durante años esas palabras me hicieron feliz.
Ahora quería alejarme.
—Hola.
Lucien se detuvo.
Algo en su expresión cambió.
Solo por un segundo.
—¿Hola?
—¿Qué tiene de malo?
—Nada.
Me observó con atención.
Demasiada atención.
—Solo esperaba algo más.
—¿Como qué?
—Un abrazo.
Oh.
Claro.
Éramos novios.
O al menos lo éramos en esta época.
Por poco se me había olvidado.
La idea me revolvió el estómago.
—Estoy cansada.
—Eso dicen todos cuando hacen algo raro.
Nyra soltó una carcajada.
—Me cae mal.
—¿Puedes no hablar ahora?
—¿Por qué?
—Porque estoy intentando no tener una crisis.
—Entendible.
Lucien tomó asiento junto a mí.
Demasiado cerca.
Tuve que contener el impulso de moverme.
No podía actuar como si supiera lo que iba a pasar.
Todavía no.
—¿Segura que estás bien?
—Sí.
—Pareces diferente.
Mi corazón dio un salto.
¿Ya lo había notado?
—Dormí mal.
—Muy mal, por lo visto.
Forcé una sonrisa.
Lucien terminó aceptándola.
Por ahora.
Pero aquello me dejó inquieta.
Porque si él podía notar cambios tan rápido...
Tendría que tener mucho cuidado.
—Lyra.
Volví a escuchar a Nyra.
—¿Qué pasa?
—No sé.
—Eso no ayuda.
—Lo sé.
Por primera vez desde que despertó, sonó preocupada.
Y eso hizo que me preocupara a mí también.
—¿Qué sientes?
Hubo un silencio.
Uno largo.
—Algo raro.
—¿Qué tan raro?
—Muy raro.
Miré alrededor.
Estudiantes.
Mesas.
Comida.
Nada fuera de lugar.
—No veo nada.
—Yo tampoco.
Y eso es lo que me preocupa.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Porque si había algo que había aprendido en mi primera vida...
Era que las cosas más peligrosas rara vez se veían venir.
Y esta vez...
No pensaba dejar que el destino me tomara por sorpresa.