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La Menor De Los Sergeyev

La Menor De Los Sergeyev

Status: En proceso
Genre:Mafia / Omegaverse / Romance
Popularitas:328
Nilai: 5
nombre de autor: milu carrera

Isabella Sergeyev huyó de Rusia después de la muerte de su abuela, cargando una culpa que la convirtió en una alfa fría y despiadada. Tres años después, un problema relacionado con la explotación de omegas la obliga a regresar al mundo que abandonó. Pero entre enemigos ocultos, secretos y una guerra que crece en silencio, Sasha se convierte en la única persona capaz de romper las murallas que Isabella construyó alrededor de sí misma.

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capitulo 23

Nadie habló durante varios segundos después de las palabras de Aleksander.

El despacho parecía más pequeño.

Más pesado.

Como si el aire se hubiera vuelto difícil de respirar.

La fotografía seguía sobre la mesa.

La sonrisa de la abuela de Isabella parecía fuera de lugar en medio de toda aquella tensión. Era una imagen tomada muchos años antes de su muerte, cuando todavía era joven y el peso de los años no había endurecido sus facciones.

Pero no era ella quien tenía la atención de todos.

Era el hombre a su lado.

El desconocido.

El fantasma.

Isabella fue la primera en romper el silencio.

—Quiero saber quién es.

Su voz fue firme.

No era una petición.

Era una exigencia.

Aleksander permaneció inmóvil unos segundos antes de tomar asiento.

Por primera vez desde que había comenzado aquella guerra, parecía cansado.

No físicamente.

Sino emocionalmente.

Como alguien obligado a abrir una puerta que llevaba años intentando mantener cerrada.

Idris se sentó junto a él.

Milan y Alexei intercambiaron una mirada.

Incluso ellos parecían sorprendidos.

Lo que fuera que Aleksander estaba ocultando, ninguno lo conocía por completo.

—Su nombre era Viktor Morozov —dijo finalmente.

El silencio volvió a caer.

El nombre no significaba nada para Isabella.

Ni para Sasha.

Pero sí para Aleksander.

Y eso era suficiente.

—¿Quién era? —preguntó Milan.

Aleksander observó la fotografía.

—Mi mejor amigo.

La respuesta sorprendió a todos.

Incluso a Isabella.

—¿Tu amigo?

—Más que eso.

Aleksander bajó la mirada.

—Éramos hermanos aunque no compartiéramos sangre.

La revelación dejó a la habitación en silencio.

Porque nadie esperaba algo así.

La fotografía cobraba sentido de repente.

La sonrisa de la abuela.

La cercanía entre ambos.

La naturalidad de la imagen.

Aquello no era una fotografía política.

Era personal.

Muy personal.

—Entonces ¿qué pasó? —preguntó Sasha.

Aleksander apoyó ambas manos sobre la mesa.

Sus ojos parecían estar mirando algo muy lejano.

—La ambición.

Nadie habló.

—Viktor quería más.

—¿Más dinero?

Aleksander negó.

—Más poder.

La palabra quedó suspendida en el aire.

—No era suficiente dirigir territorios. No era suficiente controlar negocios. Quería algo más grande.

Isabella sintió un escalofrío.

Aquello le resultaba familiar.

Demasiado familiar.

—Control —murmuró.

Aleksander levantó la vista.

—Sí.

La habitación quedó inmóvil.

Porque era exactamente la misma palabra que habían usado para describir a Orlov.

Sasha también lo notó.

—Eso no puede ser una coincidencia.

—No lo es —respondió Aleksander.

Un silencio más profundo siguió a esas palabras.

—Viktor fue uno de los primeros hombres en intentar crear una red internacional. No una alianza. No una organización.

—Un sistema —dijo Isabella.

Aleksander asintió.

—Exactamente.

El corazón de Isabella comenzó a latir más rápido.

Porque cada nueva pieza encajaba de manera inquietante.

Demasiado perfecta.

—¿Y qué ocurrió?

Aleksander cerró los ojos un instante.

—La guerra.

La historia que siguió pareció transportar a todos décadas atrás.

A una Rusia diferente.

Más salvaje.

Más brutal.

Una donde las familias mafiosas se destruían entre sí por cualquier ventaja.

Durante años, Aleksander y Viktor habían construido juntos.

Compartían recursos.

Información.

Territorio.

Confianza.

Hasta que Viktor empezó a cambiar.

Al principio fueron pequeños detalles.

Reuniones secretas.

Acuerdos ocultos.

Decisiones tomadas sin consultar.

Después llegaron las mentiras.

Y finalmente la traición.

—Intentó destruirnos desde dentro —dijo Aleksander.

Alexei apretó los puños.

—¿Y lo dejó vivir?

Aleksander soltó una risa amarga.

—No tuve elección.

Todos lo miraron.

—Desapareció.

La habitación quedó en silencio.

—¿Desapareció?

—Una noche simplemente se fue.

Sin cadáver.

Sin explicación.

Sin rastro.

Durante años creyeron que estaba muerto.

Otros pensaron que había escapado.

Nadie volvió a verlo.

Hasta ahora.

O al menos eso creían.

Porque la fotografía demostraba que alguien quería que recordaran su existencia.

Y eso significaba que Viktor Morozov volvía a importar.

Cuando la conversación terminó, la noche ya había caído sobre Moscú.

La familia se dispersó poco a poco.

Pero Isabella no pudo irse.

Algo seguía molestándola.

Algo que no lograba encajar.

Sasha la encontró en el despacho una hora después.

Seguía observando la fotografía.

—Estás pensando demasiado.

Isabella soltó una pequeña exhalación.

—Hay algo mal.

Sasha se acercó.

—¿Qué?

—Todo.

Tomó la fotografía entre sus dedos.

—Si Viktor desapareció hace décadas...

levantó la mirada.

—¿Por qué Orlov quiere que pensemos en él ahora?

Sasha observó la imagen.

Durante unos segundos no respondió.

Y entonces vio algo.

Algo pequeño.

Algo que antes nadie había mencionado.

—Isabella.

La alfa giró hacia ella.

—¿Qué ocurre?

Sasha señaló la mano del hombre de la fotografía.

—Mira el anillo.

Isabella frunció el ceño.

Se acercó.

Observó mejor.

Y entonces lo vio.

Un símbolo.

Grabado en metal oscuro.

Un emblema extraño.

Pero familiar.

Demasiado familiar.

Porque lo había visto antes.

Su mente regresó inmediatamente a los documentos encontrados semanas atrás.

A las empresas fantasma.

A las cuentas utilizadas por la red de Orlov.

Aquel símbolo estaba allí.

Oculto.

Disfrazado.

Pero era el mismo.

El corazón de Isabella se aceleró.

—No puede ser.

Sasha la observó.

—¿Qué significa?

Isabella levantó la mirada lentamente.

—Significa que la red de Orlov...

hizo una pausa.

—...es mucho más antigua de lo que creíamos.

Un silencio inquietante siguió a sus palabras.

Porque si aquel símbolo existía décadas atrás...

entonces Orlov no había construido algo nuevo.

Había heredado algo.

O continuado algo.

Y eso cambiaba todo.

Más tarde, cuando la mansión quedó en silencio, Isabella salió al jardín.

Necesitaba aire.

Necesitaba pensar.

La nieve caía lentamente.

El mismo lugar donde Sasha había sido herida parecía distante ahora.

Pero la sensación seguía allí.

La sensación de que algo enorme se acercaba.

Escuchó pasos detrás de ella.

No necesitó girarse para saber quién era.

—No puedes dormir.

La voz de Sasha llegó suave.

—Tampoco tú.

Sasha se colocó a su lado.

Durante unos segundos ninguna habló.

—¿Qué estás pensando? —preguntó finalmente.

Isabella observó el cielo oscuro.

—Que Orlov quería esto.

—¿Confundirnos?

—No.

Su mirada se endureció.

—Quería que empezáramos a buscar.

Sasha frunció ligeramente el ceño.

—¿Por qué haría eso?

Isabella tardó varios segundos en responder.

Porque la respuesta era tan inquietante como lógica.

—Porque cree que está ganando.

La nieve siguió cayendo alrededor de ellas.

Y por primera vez desde que aquella guerra comenzó...

Isabella sintió algo que no le gustó.

No miedo.

No duda.

Sino la sensación de que apenas había visto la superficie.

Y que debajo de ella se escondía algo mucho más oscuro.

Algo que llevaba años esperando.

Algo que conocía a los Sergeyev mejor de lo que ellos se conocían a sí mismos.

Y en algún lugar de la ciudad, alguien observaba exactamente el mismo cielo.

Esperando.

Sonriendo.

Porque el pasado ya había despertado.

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