"Luna murió en las calles para que Rose pudiera reinar en las sombras."
Mi madre me llamó Luna Mongoberry al nacer, esperando quizás que fuera una luz suave en medio de la miseria. Pero la luz no te alimenta cuando tienes hambre, ni te protege cuando el mundo decide convertir tu vida en un infierno. Mi infancia no fue un cuento; fue una guerra de supervivencia que consumió cada rastro de nobleza y amabilidad que alguna vez tuve.
Decidí dejar atrás a la niña débil. Me convertí en Rose Mongoberry, conservando el apellido que es sagrado para mí porque le perteneció a ella, pero transformando mi alma en algo mucho más letal. Rose tiene espinas, Rose quema, y Rose no perdona.
En el mundo de la mafia, donde los hombres creen que las mujeres son solo trofeos, yo he venido a demostrar que soy el verdugo.
Bienvenidos a mi reino. Aquí, las rosas no huelen a perfume; huelen a pólvora y victoria.
NovelToon tiene autorización de rosse 345 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22: Un nuevo hogar y una marca eterna
Llegamos a la mansión del Jefe. Antes de pedirle cualquier favor al Pistolero, sabía que debía contar con el permiso del Viejo; Tumba me había advertido que era lo correcto. Al cruzar el umbral, uno de los guardaespaldas nos detuvo: estaban en plena reunión.
Tumba y yo caminamos por los jardines hasta un banco de piedra. El silencio duró poco.
—Reyna —me dijo él seriamente—, ¿estás segura de que esos chicos le hicieron daño a tu amiga? Si es así, te juro que empezarán a desaparecer uno por uno. Aparecerán en la puerta de la casa de Jordan, ya verás.
—Vaya, pero qué malvada salió esta muchacha —escuchamos una voz ronca detrás de nosotros.
Nos levantamos de un salto. Era el Viejo.
—Señor —lo saludamos. Él sonrió, saludó al Pistolero y me miró directamente—. ¿Cómo te fue en el colegio, Rose?
—No tan bien, señor. Necesito pedirle permiso para que el Pistolero me investigue algo. Necesito saber cuántos alumnos han dejado la escuela por culpa del grupo de Jordan, y qué fue exactamente lo que le hicieron a mi amiga Hanna.
Entonces, con la voz firme pero cargada de odio, le conté lo que esos malditos me habían hecho a mí. El Viejo asintió con una frialdad que daba seguridad.
—Claro que sí, niña. Puedes hacerlo. El Pistolero te ayudará.
—Cuenta conmigo, Rose —añadió el Pistolero con una inclinación de cabeza.
—Por cierto —continuó el Viejo—, a partir de hoy, esta será tu nueva casa. Vivirás aquí conmigo. Los chicos se quedan en la cabaña, así estarás más cerca del colegio, ya que la finca queda lejos. Sé que harás tus viajes para ver a tu padre al matadero, pero aquí estarás segura.
Le agradecí con el corazón latiendo a mil. Tumba se ofreció a llevarme a la finca por mis cosas. Mientras íbamos en el coche, el Pistolero soltó la noticia:
—El jefe te ha tomado mucho cariño. En la reunión me ordenó asignarte tres guardaespaldas. Uno de ellos será Tumba. Él cuidará de ti de ahora en adelante. El Viejo dice que tienes un potencial increíble... y yo opino lo mismo.
—Gracias. Ustedes se han vuelto mi familia —respondí conmovida.
—Ay, me vas a hacer llorar —bromeó Tumba dándome un empujoncito en el hombro.
—Vienen muchos cambios, Rose —sentenció el Pistolero.
—Que sean junto a ustedes —respondí.
El cobro de la deuda
Llegamos a la finca, pero antes de empacar, mis pies me llevaron directo al matadero. Tenía una frustración quemándome el pecho y solo había una forma de apagarla: con Pedro.
Entré a la bodega. Lo primero que escuché fue su voz quebrada:
—Luna... agua, por favor...
—Pidiendo por favor... Qué raro viniendo de ti, viejo —agarré la manguera y abrí el chorro a presión. Le empapé la cara y el cuerpo hasta que me cansé. Luego, saqué el cuchillo.
Me acerqué y deslicé la punta por su mejilla, apenas rozándolo.
—¿Te diviertes, papi? Sabes, me mudo. Pero vendré todos los días y te dejaré una marca por cada visita.
Le hundí la punta en un brazo y luego en la barriga, trazando surcos de dolor.
—Esto está mal, ¿sabes? Estoy lastimando a mi padre. Pero todo esto es tu culpa. Por ti y por los idiotas del colegio me convertí en un monstruo. Mataste a mi madre, me robaste el dinero que ahorré para que escapáramos... Me robaste el futuro. Ahora soy tu peor pesadilla. Soy la persona que te matará poco a poco.
—Perdoname, Lunita... perdóname —susurró.
La rabia me cegó. Lancé el cuchillo con puntería letal, clavándoselo en el pie derecho. Su grito desgarró el aire de la bodega. Me agaché, tomé el mango del cuchillo y lo jalé sin piedad.
—Tú no mereces el perdón de Luna.
Agarré la mecha que siempre mantenía caliente y la presioné contra la herida del pie. El olor a carne quemada inundó el lugar mientras cauterizaba el corte. No quería que muriera desangrado; no todavía.
Subí a mi habitación, recogí mis pertenencias y tomé lo más valioso que poseía: la urna con las cenizas de mi madre. Olga me despidió con lágrimas en los ojos, prometiéndole que nos veríamos a diario.
Al llegar a la mansión, me instalé en mi nueva habitación. Era amplia y lujosa, pero mi mente estaba en otra parte. Organicé mis cosas para el colegio, me di una ducha larga para quitarme el olor a sangre y matadero, y finalmente, el cansancio me venció. Mañana empezaría una nueva vida, pero la venganza apenas estaba comenzando.