Victoria Pérez descubre un secreto íntimo y peligroso de su jefa, Christina Jonas. Una verdad capaz de destruir la imagen impecable de una mujer con un matrimonio perfecto… y de abrirle a una simple empleada la puerta a un sueño que siempre le fue negado.
Convencida de tener el control, Victoria decide usar ese secreto para avanzar. Pero la extorsión se vuelve contra ella cuando el poder cambia de manos y el precio deja de pagarse con silencio o ambición, para exigirse en obediencia y entrega.
¿Qué sucede cuando los límites morales se quiebran y el cuerpo se convierte en moneda de cambio? A veces, la verdadera trampa no es la obligación… sino el deseo que despierta.
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LA SUGERENCIA DE CHRISTINA
NARRADOR
Victoria contempló a Christina en la distancia por algunos días en los momentos en los que estaba con Trevor. Eran una pareja muy poderosa y a simple vista parecían quererse y respetarse.
--Con lo difícil que es encontrar un buen hombre, ella busca el divorcio-- Dijo al salir de la empresa cuando vio que su jefa se alejaba con su esposo
Tenía que reconocer que la empresaria era astuta. Ella no tenía manera de seducir a Trevor. Él no había entrado a la empresa ni una sola vez desde que ocupaba el puesto de recepcionista. Siempre la esperaba afuera. ¿Con que pretexto ella podría acercarse? Aunque lo que había pensado era interesante... Su esposo tenía una gran empresa, ¿En qué puesto cercano la colocaría?
Victoria llegó a su apartamento. No había nadie. Tampoco había estado Christina allí porque su perfume no se sentía. Abrió su laptop y buscó más información sobre Trevor Montalvo y su empresa.
--Cómo alguien, como yo, puede seducir a un hombre como él? Además... ¿Quién querría divorciarse de Christina para estar conmigo? Ella está nadando en dinero y yo no tengo nada-- Habló sola, como siempre lo hacía. Pensaba que, de esa manera, las respuestas podrían llegar, pero no lo hicieron
El empresario parecía tener ojos verdes o azules. Eso era lo único que le había llamado poderosamente la atención porque el color era realmente indescifrable. Parecían cambiar de tono según el día o tal vez usara lentes de contacto. No lo sabía, pero lo averiguaría con la cercanía si es que se animaba a mirarlo.
Un nuevo pensamiento atravesó su mente repleta de dudas y lo expuso en voz alta, tal como si eso le permitiera pensar mejor.
--Sigo siendo virgen. No puedo convertirme en la amante de este hombre. Espero que mi jefa se conforme con ser cercana a Trevor porque puedo aceptar que me bese. No puedo hacer más que eso. No voy a tener relaciones sexuales con un hombre casado--
En su pecho estaba instalada la duda.
--¿Un hombre es capaz de divorciarse para estar con otra mujer sin haber tenido relaciones?-- Se preguntó y esta vez a diferencia de las anteriores... hubo una respuesta-- No... que Dios me ayude. Siento que le vendí mi alma al diablo... corrección, mi alma le pertenece a una diabla sin corazón--
(.....)
Trevor hablaba mucho de su empresa con su esposa. No había más que hablar. Todo se trataba de contactos, viajes de negocios, contratos...
Christina no sabía más de su esposo ni él tampoco de ella. Solamente en el primer año de su matrimonio habían hablado de sus sueños. Lo único que ambicionaban era más éxito y dinero. Habían logrado sus metas, pero no había resultado suficiente.
El matrimonio no habló de tener hijos. Trevor no sabía si Christina deseaba ser madre. Ella no tenía idea si él quería formar una familia y tampoco le importaba. Sus sueños eran profesionales y como pareja coexistían en el mismo espacio sin molestarse.
Christina se había mostrado más interesada en su esposo y en su conversación profesional luego de lo que Victoria había firmado. Necesitaba acercarla a él, pero que Trevor no sospechara los motivos.
--¿Tienes una Aspirina?-- Le preguntó esa noche. Ella quería ir a cenar y él la había acompañado luego de un día terrible en la empresa
Trevor jamás se quejaba de una migraña ni de un dolor muscular. Siempre se veía bien. No divulgaba sus dolencias ni con su esposa. Acostumbraba a llevar analgésicos consigo, pero las últimas semanas fueron intensas y se le habían acabado.
--Toma-- Christina buscó uno en su bolso y se lo entregó
--Gracias-- Agradeció tomándolo
Quien viera al matrimonio cenando creería que se trataba de una cena de negocios. No había cercanía, complicidad, cariño. Cada uno ocupaba un lugar en la mesa, una conversación sin emoción genuina y luego se ponían de pie para retirarse.
--¿Fue un día difícil en la empresa?-- Indagó llamando la atención de Trevor. Su esposa nunca preguntaba
--Mi secretaria se irá. Hubo una relación indebida con alguien más. Serán dos empleados menos-- Fue la única explicación. No hubo más
Trevor guardó los detalles. No le diría del escándalo que se había creado ese día. Tampoco diría que la reunión con accionistas se había convertido en un espectáculo barato de lo que era un amor de tres. Su secretaria se había avergonzado y con motivos más que suficientes. Dos hombres se habían peleado por ella.
Trevor había hablado con los tres. La reunión acabó transformada en una disputa y posteriormente él debió tomar decisiones. Su secretaria necesitaba irse. Ella se lo había dicho en privado y había explicado sus motivos.
--Puedo ayudarte. No puedes estar sin una secretaria-- Christina intervino llamando la atención de su marido
--¿Tienes a alguien para ocupar el lugar de Mariela? No quiero errores, necesito a alguien capaz como ella-- Christina hizo un gesto afirmativo
--Se llama Victoria. Es joven y responsable. Es mi recepcionista, pero desempeña distintas labores. Estoy segura de que será ideal para ocupar un puesto mejor del que yo puedo ofrecerle ahora-- Trevor lo pensó algunos segundos. Christina no tenía empleados holgazanes. Quien no trabajara como esperaba era despedido
--Me gustaría entrevistarla para saber si está dispuesta a ocupar el lugar de Mariela. No es lo mismo ser recepcionista que organizar mi agenda completa-- Era cierto. Una secretaria no tendría descanso. No podría estar sentada todo el tiempo detrás del escritorio
--Te aseguro que lo está, pero te la enviaré-- Aseguró ella
--Bien. Gracias-- Fue su única respuesta antes de que la cena continuara en silencio
Christina no dijo más. Hablaría con Victoria. Dejaría que ella vistiera como siempre lo hacía porque su esposo no querría a ninguna mujer seductora y de apariencia dispuesta en el puesto. Conocía a Mariela así como a las anteriores secretarias que había tenido. Todas debían ocupar su lugar con seriedad.
No sabía que haría Victoria después para llamar la atención de su esposo y cruzar la línea profesional sin ser despedida. Su empleada no podría cometer errores. Otra mujer como ella no conseguiría para alcanzar sus planes.
Pedir el divorcio era caro. Más en un matrimonio poderoso como el suyo. Si lo pedía su marido, él debería asumir el costo.