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BAJO LAS LUCES DE NEÓN

BAJO LAS LUCES DE NEÓN

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:419
Nilai: 5
nombre de autor: Mateo Gómez

En una ciudad gris donde la lluvia parece no terminar nunca, dos chicos completamente distintos terminan cruzando caminos en un instituto marcado por el silencio, los rumores y la soledad.
Kai es un joven reservado y rebelde que suele escapar al techo del colegio para tocar su guitarra lejos del ruido del mundo. Detrás de su actitud fría guarda heridas, secretos y una tristeza que casi nadie nota.
Noah, en cambio, parece más tranquilo y observador. Es nuevo, callado y diferente al resto. Desde el primer momento siente que hay algo extraño en Kai… algo roto, pero también auténtico.
Mientras ambos comienzan a acercarse lentamente bajo cielos grises y luces nocturnas de la ciudad, empiezan a ocurrir situaciones inquietantes: sombras observándolos, rincones oscuros del instituto y presencias que parecen seguirlos cuando cae la noche.
Entre música, lluvia, conflictos escolares y emociones que ninguno sabe expresar, Kai y Noah descubrirán que algunas personas llegan a tu vida justo cuando es

NovelToon tiene autorización de Mateo Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Ruido bajo la lluvia

Después de aquella noche en la azotea, Noah empezó a evitar mirar a Kai directamente.

No porque quisiera.

Sino porque cada vez que lo hacía sentía algo incómodo apretándole el pecho.

Algo que no sabía explicar.

Y eso lo irritaba.

La lluvia seguía cubriendo Montevideo desde

hacía días.

Las ventanas del liceo estaban empañadas y el aire olía a humedad, café barato y hojas

mojadas.

Noah llegó temprano esa mañana.

Demasiado temprano.

El salón todavía estaba vacío cuando dejó la mochila sobre el pupitre y se sentó junto a la ventana.

Silencio.

Por primera vez en días no había miradas encima de él.

Noah cerró los ojos unos segundos.

Hasta que escuchó una voz detrás suyo.

—Sabía que te encontraría aquí.

Noah abrió los ojos lentamente.

Kai estaba apoyado contra la puerta del salón con dos vasos de café en las manos.

El uniforme seguía desordenado como siempre y tenía el cabello húmedo por la lluvia.

—¿Tú nunca apareces de forma normal? —murmuró Noah.

Kai caminó hasta su mesa y dejó uno de los vasos frente a él.

—Buenos días para ti también.

Noah miró el café.

—Yo no te pedí esto.

—Lo sé.

—Entonces no voy a aceptarlo.

Kai tomó el vaso de nuevo y bebió un poco.

—Perfecto. Más para mí.

Noah lo observó unos segundos antes de quitarle el café de la mano.

Kai sonrió satisfecho.

—Sabía que lo aceptarías.

—Cállate.

Kai soltó una risa baja mientras se sentaba sobre el escritorio de adelante.

Por un momento ninguno habló.

La lluvia golpeaba suavemente las ventanas del salón y las luces grises de la mañana iluminaban apenas el lugar.

Era tranquilo.

Extrañamente tranquilo.

—¿No tienes amigos? —preguntó Noah de repente.

Kai parpadeó sorprendido.

—Wow. ¿Eso fue preocupación?

—Fue curiosidad.

—Peor todavía.

Noah giró los ojos.

Kai miró hacia la ventana antes de responder.

—Supongo que la gente se cansa rápido de mí.

La sonrisa que dijo eso era pequeña.

Casi vacía.

Noah reconoció inmediatamente ese tipo de sonrisa.

Porque él también la usaba.

Antes de que pudiera responder, unas voces fuertes aparecieron en el pasillo.

Los mismos chicos del día anterior entraron al salón empujándose entre risas.

Uno de ellos miró a Kai y sonrió con burla.

—Mira quién está aquí. El rarito del techo.

Otro golpeó el escritorio de Kai al pasar.

—¿Qué haces ahora? ¿Consiguiendo novio nuevo?

Los demás soltaron carcajadas.

Noah sintió la mandíbula tensarse.

Kai bajó la mirada como si estuviera acostumbrado.

Como si escuchar eso todos los días ya no le sorprendiera.

Y por alguna razón, eso molestó más a Noah que las burlas.

—¿No tienen algo mejor que hacer? —dijo de repente.

El salón quedó en silencio.

Uno de los chicos levantó una ceja.

—¿Y tú qué problema tienes?

Noah sostuvo su mirada sin moverse.

—El problema es que hablan demasiado.

Kai abrió un poco los ojos, sorprendido.

Los chicos soltaron una risa incómoda antes de irse murmurando insultos por lo bajo.

Cuando desaparecieron del salón, el silencio volvió otra vez.

Kai observó a Noah unos segundos.

—No necesitabas hacer eso.

—No lo hice por ti.

—Claro.

Noah bebió un poco de café evitando mirarlo.

Kai sonrió apenas.

Pero esa vez la sonrisa parecía diferente.

Más cálida.

Más real.

La primera clase comenzó unos minutos después, pero Noah apenas prestó atención.

Porque podía sentir a Kai mirándolo desde el otro lado del salón.

Y cada vez que sus ojos se cruzaban, Kai sonreía como si compartieran un secreto.

Eso hacía que el corazón de Noah se acelerara de una forma absurda.

Cuando sonó el timbre del recreo, Noah salió rápidamente al pasillo.

Necesitaba aire.

Necesitaba distancia.

Pero apenas llegó a las escaleras, escuchó pasos detrás de él.

—¿Estás huyendo otra vez? —preguntó Kai.

Noah suspiró sin detenerse.

—Tal vez.

Kai caminó a su lado bajo las luces blancas

del corredor.

—Entonces voy contigo.

Noah lo miró de reojo.

Y por primera vez en mucho tiempo…

No quiso decirle que se fuera.

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