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EL REFLEJO DE LA ALQUIMIA

EL REFLEJO DE LA ALQUIMIA

Status: En proceso
Genre:Época
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: More more

En un siglo XVIII alternativo, donde la magia se oculta tras el abanico de la etiqueta y el filo de la espada, Elowen de Valois es una anomalía. Hija de un marqués que la desprecia y heredera de una magia de sangre que tiñó su cabello de blanco y sus ojos de rubí, es vendida como un mueble al Duque de Oakhaven.

​Los rumores dicen que el Duque es un monstruo deforme que oculta su rostro tras una máscara de plata, un hombre que desprecia la compañía femenina y que vive recluido en una fortaleza de piedra. Sin embargo, Elowen no es una damisela en apuros. Armada con un intelecto afilado, un conocimiento letal sobre venenos y una belleza sobrenatural que ella misma considera una maldición, entra en la boca del lobo con un solo objetivo: sobrevivir y reclamar su libertad. Lo que no sabe es que su esposo guarda secretos que podrían derrocar imperios, y que la "fiera" es, en realidad, el hombre más poderoso —y peligroso— del reino.

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6

​El Palacio de Cristal, la joya arquitectónica de Aethelgard, resplandecía bajo la luz de miles de velas de cera de abeja. No había rincón que no estuviera vigilado por ojos curiosos o por los retratos de antepasados que parecían juzgar la decadencia del imperio.

El Gran Baile de Invierno era el evento donde se decidían los destinos de las naciones entre sorbos de champán y giros de vals.

​Para Elowen y Caelum, era el momento de ejecutar la primera fase de su "captura del rey".

​En sus aposentos, antes de descender, el silencio era denso. Elowen terminaba de ajustar el mecanismo de su anillo: un pequeño resorte que, al ser presionado, liberaba una gota de una sustancia incolora. No había cables ni dispositivos; solo mecánica de precisión y química orgánica.

​—Alistair ha colocado informantes entre los músicos y detrás de los tapices del salón de baile —advirtió Caelum, mientras Varick le ayudaba a ajustar la pesada capa de terciopelo carmesí que simbolizaba su rango de Archiduque—. No podemos decir una palabra que no queramos que él escuche.

​Elowen se acercó a él. Llevaba un vestido de encaje negro y plata, con un escote que rozaba el límite de la decencia pero mantenía una elegancia soberana.

En su cuello, un gargantilla de rubíes que ocultaba una pequeña ampolla de vidrio.

​—Entonces no hablaremos con palabras, Caelum —dijo ella, pasando sus manos por los hombros del Duque. Su lobo interior se agitó ante el contacto, una vibración que ella sintió bajo sus palmas—.

Hablaremos con el cuerpo. Deja que vean a un hombre consumido por su mujer. Deja que crean que mi ambición es solo por joyas y bailes.

​Caelum la tomó de la cintura, levantándola ligeramente del suelo. Su máscara de platino brillaba bajo la luz de las antorchas.

—Mi lobo odia este lugar. El olor a miedo y a perfume barato de Alistair me repugna. Solo tu aroma me mantiene cuerdo.

​—Úsalo —susurró ella—.

Úsalo para mantenerte alerta.

​Cuando los heraldos anunciaron: "Sus Altezas Reales, el Archiduque Caelum de Oakhaven y la Duquesa Elowen", el salón de baile se sumergió en un murmullo eléctrico.

​La pareja descendió la escalinata imperial no como exiliados, sino como conquistadores. Caelum caminaba con la mano posesivamente apoyada en la curva de la espalda de Elowen, y ella se inclinaba hacia él con una sonrisa radiante, como si el resto del mundo no existiera.

​Alistair, sentado en un trono elevado a un lado de la pista, observaba con los ojos entrecerrados.

A su lado, el Gran Inquisidor y el General de la Guardia susurraban con desconfianza.

​—Parecen... demasiado felices —murmuró Alistair—. ¿Cómo es posible que esa criatura de ojos rojos no le tenga miedo?

​A mitad de la velada, Elowen se separó estratégicamente de Caelum para "charlar" con las esposas de los ministros más importantes.

Con un movimiento grácil, se acercó a los grandes candelabros de plata que rodeaban la mesa de refrescos.

​Simulando ajustar su abanico, rompió una pequeña perla de cera que llevaba oculta.

La perla contenía un destilado de flores de Datura y raíces de Aletheia, una fórmula alquímica que, al volatilizarse con el calor de las velas, creaba una neblina invisible e inodora en un radio pequeño.

​Poco después, se acercó al Ministro de Finanzas, un hombre conocido por su avaricia y sus secretos.

​—Ministro —dijo Elowen, abanicándose con indolencia—, es una pena que el Emperador haya decidido reducir los fondos para las guarniciones del norte. Mi esposo está muy preocupado por la seguridad de... ciertas rutas comerciales.

​El Ministro, bajo el efecto del vapor que acababa de inhalar, parpadeó con los ojos vidriosos. Su lengua, liberada de los frenos de la prudencia, se movió por sí sola.

​—¿Reducir? —soltó el Ministro con una risita nerviosa—. El Emperador no los reduce, Duquesa.

Los está desviando a una cuenta privada en el Reino del Este para pagar a los mercenarios que planea usar contra Oakhaven en primavera. ¡Oh! ¿Por qué he dicho eso?

​Elowen cerró su abanico con un golpe seco.

Sus ojos rojos brillaron con una luz letal.

—Qué descuido el suyo, Ministro. Debe ser el calor del salón.

​Ella se alejó antes de que el hombre pudiera retractarse, buscando la mirada de Caelum a través de la multitud.

Él asintió. Había captado la señal. La traición de Alistair era más inminente de lo que pensaban.

​Para distraer a la corte de los balbuceos del Ministro, Alistair anunció un duelo de exhibición.

Era una tradición para "entretener" a los invitados, pero todos sabían que era una forma de humillar a los rivales.

​—Hermano —dijo Alistair con voz alta—, se dice que el frío del norte ha endurecido tus músculos. ¿Por qué no nos muestras tu manejo de la espada contra mi campeón, el Capitán Drax?

​Drax era un hombre gigantesco, conocido por su brutalidad y por usar una espada impregnada en veneno para "asegurar" sus victorias.

​Caelum se quitó la capa, quedando en una camisa de seda negra que dejaba ver la musculatura de sus brazos.

El lobo en su interior estaba ansioso. Elowen se acercó para "desearle suerte", y en el proceso, le entregó un pequeño frasco escondido en su palma.

​—Un estimulante para tus reflejos —susurró ella—. No dejes que lo maten todavía. Necesitamos que Alistair se sienta seguro.

​El duelo fue una exhibición de poder bruto contra gracia animal. Drax atacaba con la fuerza de un toro, pero Caelum era una sombra. Se movía con una velocidad que no parecía humana.

Cada vez que Drax lanzaba un golpe, Caelum ya estaba un paso por delante.

​En un momento de tensión, Drax intentó un corte bajo, ilegal en las reglas de exhibición.

Caelum saltó sobre la hoja y, con un movimiento fluido de lucha cuerpo a cuerpo, desarmó al gigante y lo estampó contra el suelo, colocando su bota sobre el cuello de Drax.

​El salón quedó en silencio.

El poder de Caelum era innegable.

​—Un buen ejercicio, hermano —dijo Caelum, mirando directamente a Alistair.

Sus ojos ámbar brillaban detrás de la máscara de platino—. Pero recuerda que los lobos no juegan con su comida por mucho tiempo.

​Después del duelo, la pareja se retiró a un balcón apartado para "tomar el aire". La farsa de la pareja amorosa seguía en pie, pero mientras Caelum envolvía a Elowen con sus brazos para protegerla del viento nocturno, ambos sintieron que la actuación se estaba desvaneciendo.

​El calor de sus cuerpos, la adrenalina de la batalla y el éxito de su espionaje habían creado un vínculo real. Caelum enterró su rostro en el hueco del cuello de Elowen, inhalando su aroma con una desesperación que ya no era solo del lobo, sino del hombre.

​—Has estado increíble —susurró Elowen, dejando que su cabeza reposara en su hombro—. El Ministro ha cantado como un pájaro. Alistair está comprando mercenarios.

​—No me importa el Ministro ahora —gruñó Caelum, girándola para que lo mirara.

La luz de la luna llena bañaba el balcón, y por primera vez, él no se sentía como un monstruo frente a ella—. Elowen... este convenio...

​—Se está volviendo peligroso —completó ella, acariciando el borde de su máscara—.

Porque estoy empezando a desear que las luces del salón nunca se apaguen para no dejar de ser tu esposa ni por un segundo.

​Caelum la besó con una pasión que rompió cualquier rastro de farsa. No fue un beso para los espías; fue un beso de propiedad, de reconocimiento y de promesa. Elowen respondió con la misma ferocidad, sus manos enredándose en el cabello de él.

​A pocos metros, tras las cortinas del balcón, uno de los espías de Alistair observaba la escena, convencido de que el Archiduque estaba totalmente perdido en los brazos de la albina. Lo que el espía no vio fue la pequeña nota que Elowen había deslizado en el bolsillo de Caelum con los nombres de los traidores del Consejo.

​El juego paso a paso seguía su curso. Alistair creía que tenía el control, pero en la oscuridad del balcón, el verdadero Rey y su Reina Alquimista acababan de sellar su pacto con algo mucho más poderoso que la sangre: el deseo.

1
Nubia Jaramillo
me gustó mucho su historia felicitaciones
Sephora
Creo que 🤭 viene una camada de cachorros
YUSMARI HURTADO
felicidades autora
Paola Cordero
Estos dos si siguen así tendrán una camada de cachorros jajjaja ni las luces de el anticonceptivo 🤣🤣🤣🤣🤣
Paola Cordero
Estos dos si siguen así tendrán una camada de cachorros jajjaja ni las luces de el anticonceptivo 🤣🤣🤣🤣🤣
YUSMARI HURTADO
oh vaya capitulo 15 y 16 son Los mismo se repitio/Slight/
Maria Luisa Castro
Interesante 👏
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