¿Qué pasa cuando solo quieres dormir, pero el universo te convierte en la villana más temida del imperio?
Tras morir por exceso de trabajo en su vida pasada sin haber tenido jamás unas vacaciones, nuestra protagonista despierta en un mundo de fantasía. ¿Su reacción? ¡Por fin el descanso eterno! No me importa dónde estoy ni conozco a nadie, solo sé que no pienso mover un dedo. Su plan es perfecto: ser una vaga profesional y recuperar todos sus años de sueño acumulado.
El pequeño problema es que ha reencarnado en el cuerpo de la Duquesa Cassandra, la villana más fría y despiadada del reino, famosa por su mirada sombría (que en realidad es solo cara de sueño) y su temible poder militar.
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Maratón: 6/7
El sonido de trompetas reales a las ocho de la mañana era un atentado contra los derechos humanos. Asomada a la ventana de la entrada principal, vi aparecer el carruaje del Príncipe Jarek. Era un armatoste de oro y cristal, tan pomposo y exagerado que parecía un juguete de cotillón caro, seguido por tres carretas repletas de baúles, un cargamento ridículo de rosas blancas y una guardia de honor con capas impecables.
Jarek bajó del carruaje acomodándose la chaqueta azul con aires de grandeza, inflando el pecho y ensayando una sonrisa de superioridad. El tipo venía convencido de que, tras el decreto de su padre, yo lo recibiría llorando de arrepentimiento, de rodillas y rogando por su perdón real.
—Pobrecito, vive en una nube de páprika —le comenté a Gideon, que estaba parado a mi lado, cruzado de brazos y con la mandíbula rígida—. Bueno, duque, prepárate el lomo que el teatro está por empezar. Acordate: somos la pareja del año.
—Sé perfectamente lo que debo hacer, Cassandra —respondió Gideon con su voz ronca, aunque el sutil parpadeo de sus ojos delataba que su sistema nervioso estaba rezando para sobrevivir a mis ocurrencias.
Las enormes puertas de la mansión se abrieron de par en par. Jarek caminó por la escalinata con paso firme, pero se detuvo en seco en el primer escalón al vernos salir juntos.
Como a mí me daba una flojera monumental armar una actuación sutil, lenta y con sutilezas diplomáticas, decidí irme directo al extremo sin ningún tipo de filtro corporativo.
Antes de que Jarek pudiera abrir la boca para su discurso de bienvenida, me pegué al cuerpo de Gideon. Levanté mis manos con total naturalidad y comencé a acomodarle el cuello de la camisa oscura de una forma exageradamente íntima, pasándole los dedos por el borde de la tela mientras le sonreía con ojos de enamorada total.
—¡Ay, mi amor, qué bueno que te quedaste a dormir anoche! —exclamé en voz bien alta, haciendo que mi voz rebotara en las paredes del patio delantero para que escuchara hasta el último guardia—. Porque este frío matinal me da una pereza... Menos mal que tus abrazos son re calentitos, duque, si no no me levantaba más de la cama.
Un silencio mortal cayó sobre la escalinata.
A Jarek se le desencajó la mandíbula de tal manera que casi se le cae la corona al piso. Se puso tan pálido que el rubio de su pelo parecía desteñido, y se agarró el pecho con una mano como si estuviera sufriendo un infarto en vivo y en directo frente a toda su corte. Los guardias reales de la primera fila abrieron los ojos como platos, debatiéndose entre mirar el piso o salir corriendo para no ser testigos de semejante escándalo estatal.
Gideon, por su parte, se puso completamente rojo. El color rosado intenso le invadió las mejillas y las orejas en un segundo, totalmente abochornado por la brutalidad de mi frase sin censura. Sin embargo, recordando que esto era una estrategia militar de guerra psicológica, el cazador apretó los dientes y decidió seguirme el juego con una profesionalidad envidiable.
El duque dio un paso más hacia mí, acortando la distancia a cero, y deslizó su mano grande y firme alrededor de mi cintura, apretándome contra su cuerpo con un gesto de posesión absoluto y dangerously atractivo.
—Sabes que no podría dejarte sola con este clima, mi vida —respondió Gideon con una voz que le salió más profunda y ronca de lo normal, clavándole una mirada de acero a Jarek mientras me sostenía—. Mis deberes pueden esperar si se trata de cuidar tu descanso.
Jarek dio un respingo de puro pánico y humillación, masticando un odio tan denso que casi se podía cortar con un cuchillo. Tenía los puños cerrados y los ojos inyectados en sangre, viendo cómo su prometida y el líder rebelde actuaban como si la mansión fuera un nido de amor bajo sus propias narices reales.
Desde la ventana del piso de arriba, Félix presenciaba el espectáculo comiéndose una manzana. El comandante soltó una carcajada limpia y exclamó en voz baja con total orgullo:
—¡Espectacular! La jefa arrancó la semana con la facha al mil por ciento. Pobre ricitos de oro, le formatearon el disco rígido antes de bajar los baúles.
El primer día de la convivencia forzada acababa de empezar, Jarek ya estaba al borde del colapso y yo no podía estar disfrutando más de mis vacaciones destructivas.