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Casada Con El Cruel CEO

Casada Con El Cruel CEO

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / CEO / Matrimonio arreglado
Popularitas:23.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Mi nombre es Daniela Stevens, pero para el mundo —y para mi familia— soy invisible. Siempre viví a la sombra de Erika, la hija perfecta que todos adoraban y que los hombres más poderosos codiciaban. Pero la perfección tiene un precio, y cuando llegó el momento de pagarlo, mi familia decidió que no sería Erika quien cayera. Así comenzó mi infierno: siendo el sacrificio para que el sol de mi hermana nunca dejara de brillar.

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Una mentira por un imperio

El trayecto de regreso desde la cabaña no fue el viaje de una pareja de recién casados, sino el traslado de dos prisioneros unidos por la misma cadena de oro. El paisaje montañoso, que días atrás me había parecido un refugio de paz —aunque fuera una paz armada—, fue cediendo paso a la realidad gris y asfixiante de la ciudad. Tras bajar del avión, Arturo conducía su lujoso vehículo con una precisión quirúrgica, manteniendo la vista fija en el asfalto como si en él pudiera encontrar las respuestas a las dudas que lo atormentaban.

Yo, por mi parte, me refugiaba en el silencio. Miraba a través del cristal, viendo cómo mi reflejo se mezclaba con los rascacielos que empezaban a rodearnos. Me sentía diferente. Algo en mí se había quebrado o, quizás, se había endurecido durante esos días de aislamiento. Cada vez que mis ojos se desviaban hacia Arturo, sentía un pinchazo de pánico en el pecho. El recuerdo de su ternura inesperada en la cabaña era un arma de doble filo; me recordaba que él era capaz de ser humano, pero también me advertía del peligro de bajar la guardia. No podía permitirme sentir nada por el hombre que me había comprado. Si el amor entraba en esta ecuación, yo perdería la única libertad que me quedaba: la de mi propio corazón.

Cuando finalmente llegamos a su residencia, la casa parecía más una galería de arte moderno que un hogar, la frialdad del mármol y el cristal me golpeó de frente. No hubo bienvenida cálida. La noticia que nos dio el ama de llaves sobre las visitas de Alan al abuelo Lorenzo fue como una descarga eléctrica que devolvió a Arturo a su estado más implacable.

—Prepárate —ordenó Arturo, y su voz resonó en el amplio vestíbulo como un látigo—. Nos vamos a la clínica ahora mismo.

—Arturo, por favor, ni siquiera he podido asimilar que estamos de vuelta... —intenté protestar, sintiendo un cansancio que me calaba hasta los huesos.

Él se giró bruscamente, acortando la distancia entre nosotros. Sus ojos, que en la cabaña habían mostrado un destello de arrepentimiento, ahora eran pozos de ambición y urgencia.

—¡No entiendes lo que está en juego! —rugió, y por un momento vi al hombre que despreciaba a los Stevens—. Alan no da pasos sin huella. Si ha ido a ver al abuelo mientras nosotros estábamos fuera, es porque está intentando envenenar su juicio. Mi abuelo controla el fideicomiso y la presidencia de la farmacéutica. Si él decide que Alan es el sucesor digno porque va a darle una "familia de verdad", todo nuestro sacrificio no habrá servido de nada.

Bajé la mirada, asintiendo en silencio. Arturo tenía razón en una cosa: en este juego de lobos, los corderos como yo no tenían derecho a estar cansados.

Me cambié con movimientos mecánicos. Elegí un vestido de seda en azul profundo, un color que evocaba serenidad aunque por dentro fuera un volcán de nervios. Me puse una chaqueta entallada para ocultar las marcas que aún quedaban en mi brazo, aquellas huellas de la violencia de mi padre que Arturo había identificado con tanta facilidad. Al mirarme al espejo, apenas me reconocí. Ya no era la Daniela Stevens que se escondía en los pasillos de su casa; ahora era la señora Villegas, una pieza de ajedrez en una guerra dinástica.

El viaje a la clínica privada fue un torbellino de ansiedad. Arturo no dijo una palabra, pero sus dedos tamborileaban rítmicamente sobre el volante, una señal de que su mente estaba trazando estrategias a mil por hora. Al llegar, el olor a antiséptico y el silencio sepulcral de la planta VIP de la clínica me hicieron sentir que entrábamos en un campo de batalla.

Frente a la suite 405, Arturo se detuvo. Me tomó de la mano, entrelazando sus dedos con los míos. Su agarre era firme, posesivo, pero no había calidez en él. Era un gesto técnico.

—Sonríe —susurró, y su aliento rozó mi oreja—. Pase lo que pase dentro, no me contradigas. Somos un matrimonio sólido, feliz y, sobre todo, productivo. ¿Entendido?

Simplemente asentí, tragando el nudo de bilis que se formaba en mi garganta. Arturo abrió la puerta y entramos.

La escena era una pesadilla perfectamente orquestada. En el centro de la habitación, sobre una cama de hospital que parecía un trono de tecnología, estaba Lorenzo Villegas. El patriarca era un hombre que, a pesar de la enfermedad y los tubos, conservaba una mirada que podía desarmar a cualquiera. Y allí, sentados a su lado como los nietos ejemplares que nunca fueron, estaban Alan y Erika.

Erika lucía un vestido rosa pálido que la hacía ver angelical, una máscara que contrastaba con la oscuridad de sus intenciones. Alan, por su parte, sostenía la mano de mi hermana con una devoción fingida que me revolvió el estómago.

—¡Arturo! ¡Daniela! Al fin llegan —dijo Erika con una voz chillona y falsa, levantándose para "saludarnos"—. Estábamos contándole al abuelo Lorenzo lo mucho que los extrañamos.

—Sí, primo —añadió Alan, levantándose también con una sonrisa de suficiencia—. Aunque parece que ustedes estaban muy ocupados en esa cabaña... espero que el aire de la montaña haya sido provechoso.

Arturo no se inmutó. Caminó hacia la cama de su abuelo, llevándome consigo como si fuera un trofeo.

—Abuelo, lamento la demora —dijo Arturo con un tono de voz que nunca me dirigía a mí: uno lleno de respeto y afecto—. Daniela y yo necesitábamos un tiempo a solas tras la boda. Ya sabes cómo son estos días.

Lorenzo Villegas nos miró con sus ojos acuosos pero perspicaces. Su mirada se detuvo en nuestras manos entrelazadas y luego en mi rostro.

—Alan me ha dado una noticia muy interesante —dijo el anciano, su voz ronca interrumpiendo el aire—. Dice que él y Erika han decidido formalizar su unión y que no quieren perder tiempo. Dice que quieren darme un bisnieto antes de que mis ojos se cierren para siempre.

Sentí cómo la mano de Arturo se tensaba hasta casi hacerme daño. La jugada de Alan era maestra: apelar a la mortalidad del abuelo y a su deseo de continuidad.

—Eso es maravilloso, Alan —intervino Arturo, y su voz era tan fría como el acero—. Pero un bisnieto es una responsabilidad legal y biológica. Y como médico, abuelo, sabes que las cosas forzadas rara vez salen bien.

—Oh, Arturo, no es forzado —dijo Erika, acercándose a mí con una sonrisa venenosa—. Alan y yo nos amamos de verdad. No somos como otros que se casan por contratos o por arreglos de oficina. Nosotros queremos una familia real. De hecho, ya hemos consultado a los mejores especialistas.

El abuelo Lorenzo suspiró, mirando a Arturo con una seriedad que helaba la sangre.

—Arturo, siempre has sido mi favorito para heredar el control de la empresa. Eres brillante, eres un Villegas de pura cepa. Pero Alan tiene razón en algo: la empresa necesita estabilidad, y la estabilidad la da una línea de sucesión clara. Si él me da un heredero primero, tendré que reconsiderar los términos del fideicomiso. El primer varón que nazca será el heredero principal.

El silencio que siguió fue insoportable. Pude ver la rabia contenida en la mandíbula de Arturo, el triunfo en los ojos de Alan y la burla en el rostro de mi hermana. Erika me miraba con un desprecio absoluto, disfrutando de mi incomodidad. Ella sabía que yo sabía la verdad: que ella nunca amó a Alan, que solo quería la corona que yo llevaba puesta por obligación.

Entonces, Arturo hizo algo que no esperaba. Me rodeó los hombros con su brazo y me atrajo hacia su pecho con una suavidad que, por un segundo, me hizo dudar de si era actuación o realidad. Me miró a los ojos con una intensidad que me quemaba.

—Abuelo —dijo Arturo, volviendo su vista al anciano con una seguridad aplastante—, me alegra que Alan tenga esos planes. Pero no hay necesidad de reconsiderar nada. Daniela y yo no hemos perdido el tiempo en la montaña.

Mi corazón dejó de latir. Sabía lo que iba a decir. Quise gritar, quise detenerlo, pero el miedo a las consecuencias me dejó muda.

—¿Qué quieres decir, Arturo? —preguntó el abuelo, incorporándose un poco en la cama.

—Quiero decir que la línea de sucesión ya está asegurada —mintió Arturo, sosteniéndome con más fuerza—. Daniela y yo estamos esperando nuestro primer hijo. El heredero de los Villegas ya viene en camino.

El grito ahogado de Erika y la palidez repentina de Alan fueron la confirmación del golpe maestro. Pero para mí, fue el inicio de una nueva pesadilla. Arturo acababa de ponerle una fecha de caducidad a mi cuerpo y a mi mentira. Ahora, no solo tenía que engendrar a ese hijo; tenía que hacerlo bajo la presión de una familia que me odiaba y un esposo que me veía como su pase de oro a la fortuna, mientras yo me hundía en el miedo de saber que, una vez que ese bebé naciera, mi utilidad para Arturo Villegas terminaría para siempre.

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Odiza Pimentel
excelente me gusta
Marcela Lopez
excelente historia
maylen urquiza
maravillosa novela
Karina Vazquez Gonzalez
que hermoso capitulo por fin una vida plena feliz con el nacimiento de su bebé y como dice ella lo que mal empezó termino en amor puro y real excelente historia felicidades escritora
Marcela Lopez
que capitulo, emocionante 👌
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Siii la familia que están construyendo no tiene precio
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Hay tienes Alan, espera que la loca se entere y verás 🤣🤣🤣🤣
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Esos locos no se van a quedar quietos hay que destruirlos por completo 😡
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Ojalá queden en la inmunda 😡
Nora Elena Montenegro Meza
hasta ahora me parece genial
Karina Vazquez Gonzalez
valla después de tanto ..ahora si va a defender a su esposa y su hijo como deve ser ..
quienes son ellos para hacer tanti daño excelente historia nos llevaste ala imaginación de cada capítulo escritora muchas felicidades
Marcela Lopez
está buenísima
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Que bueno que se puedan todos de una vez.
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Espero que de esa bruja no quede nada y la advertencia tan bien le llegue a esos dos estúpidos
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Espero que estén más unidos que nunca porque esa víbora herida no se va a dejar
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Bueno al menos el viejo decrépito está haciendo algo bueno
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
mija pues ponte pilas que ya aburres con tus tonterías
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Hay nooo Daniela ponte sería
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Dios va a dar la papaya a sus cazadores y poner en riesgo su hijo por su estupidez ella sabe de lo que son capaz o es que se hace 😡😡😡
ESTER CRISTINA GOMEZ RIVILLAS
Deja tus inseguridades y cuentale el matrimonio es un equipo y el a demostrado que te quiere,.por favor forja ese carácter
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