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La Protegida Del Don Greco

La Protegida Del Don Greco

Status: Terminada
Genre:Romance / Posesivo / Arrogante / Mafia / Amor a primera vista / Diferencia de edad / Completas
Popularitas:910k
Nilai: 5
nombre de autor: Rosana C. Lyra

Theo Greco es uno de los mafiosos más temidos de Canadá. Griego de nacimiento, frío como el acero de sus armas y con cuarenta años de una vida marcada por sangre y traiciones, nunca creyó que algo pudiera sacudir su alma endurecida. Hasta encontrar a una joven encadenada en el sótano de una fábrica abandonada.

Herida, asustada y sin voz, ella es la prueba viviente de una pesadilla. Pero en sus ojos, Greco ve algo que jamás pensó volver a encontrar: el recuerdo de que aún existe humanidad dentro de él.

Entre armas, secretos y enemigos, nace un vínculo improbable entre un hombre que juró no ser capaz de amar y una mujer que lo perdió todo, menos el valor de sobrevivir.

¿Podrá una rosa hecha pedazos florecer en los brazos del Don más temido de Toronto?

NovelToon tiene autorización de Rosana C. Lyra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 – El Verdugo y la Rosa Despedazada

La mansión de Theo estaba en ruinas. El ataque de Volkov había dejado no solo paredes quebradas, sino el recuerdo claro de que incluso el imperio más sólido podía ser herido. El mármol agrietado, el portón caído y el olor a muerte impregnado eran marcas que ni el tiempo borraría.

Theo caminaba entre los escombros con pasos firmes, pero la mirada hacia Naya era lo que realmente lo desconcertaba. Naya estaba de pie, aún manchada de hollín, el vestido sencillo marcado por sangre que no era suya. Sus ojos, a pesar del miedo, no se apartaban de los de él.

Ella había visto al verdugo. Y aun así… había elegido quedarse.

Theo sabía que ese instante lo cambiaba todo.

En el despacho destruido, Nikos esparció documentos sobre la mesa. El brazo vendado dolía, pero el peso que cargaba era otro. Theo entró en silencio, el rostro duro como piedra.

Nikos respiró hondo antes de hablar:

—Necesito decirle algo, Don.

Theo se aproximó, cruzando los brazos.

—Hable.

Nikos sacó una carpeta, mostrando informes de desapariciones en Serbia, fotos en blanco y negro de una familia, y recortes de periódico. Entre ellos, una nota pequeña: “Matrimonio e hijo menor encontrados muertos en depósito abandonado. Hija mayor desaparecida.”

—Naya Eleni Markovic… —dijo Nikos, mirando el papel— Es real. Todo lo que dijo… sobre la familia, sobre lo que ocurrió… lo confirmé.

Theo frunció el ceño, impaciente.

—¿Me está diciendo que dudó de ella?

El silencio pesó. Nikos alzó los ojos, firme.

—Sí. —respondió sin vacilar— Dudé. No creí ni una palabra cuando lo contó. Ya se ha usado a mujeres como señuelo, y yo no podía… no podía simplemente aceptar que fuera verdad.

Theo mantuvo la mirada dura.

Nikos continuó:

—Entonces investigué por mi cuenta. Crucé registros, contacté a viejos informantes en Belgrado. Y cada detalle coincide. El padre, la madre, el hermano menor… muertos. Ella, la hija mayor, desaparecida sin dejar rastro. Tocaba el violín. Tenía una beca. Es ella, Don. No hay duda.

Hizo una pausa, la voz más baja, cargada de honestidad:

—Hice esto porque… usted es más que mi jefe. Es mi hermano. Y no podía verlo arriesgarlo todo por alguien que podía ser una mentira.

Theo permaneció inmóvil, pero los ojos se estrecharon.

—¿Y ahora? —preguntó— ¿Aún cree que es un riesgo?

Nikos respiró hondo.

—Creo que sufrió más de lo que cualquiera podría soportar. —admitió— Y que quizá, por eso mismo, sea la única capaz de verlo a usted como algo más que el Verdugo.

Theo no respondió de inmediato. El silencio se prolongó, pesado, pero cargado de un respeto antiguo.

Por fin, puso la mano en el hombro de Nikos.

—Hiciste bien en dudar. —dijo— Pero hiciste mejor aún en buscar la verdad.

Nikos asintió, los ojos firmes.

La mansión estaba vulnerable. No había elección, debían dejarla atrás.

Theo reunió a los hombres de confianza.

—Vamos al refugio. —ordenó— Los quiero a todos listos en media hora.

Nikos no cuestionó. Solo asintió.

En el piso de arriba, Naya terminaba de arreglar una maleta pequeña. Las manos le temblaban, pero el corazón latía con fuerza. La idea de salir de la mansión traía alivio, pero también miedo. El refugio que Theo mencionó era desconocido y, para ella, lo desconocido siempre significó peligro.

El coche blindado avanzaba por las carreteras cubiertas de nieve. Reinaba el silencio.

Theo conducía, los ojos fijos en la carretera. Naya observaba por la ventana, el rostro pálido iluminado por el reflejo de la nieve.

En un momento, él rompió el silencio:

—Puedes quedarte hasta recordar quién eres.

Ella respiró hondo, las palabras resonando en su interior.

—No voy a permitir que acaben con tu vida de nuevo. —completó.

Naya cerró los ojos. El cuerpo se le tensó entre alivio y miedo. Su silencio decía más de lo que las palabras podrían.

Theo lo percibió. No necesitó que respondiera.

El refugio en el bosque apareció tras horas de viaje. Una casa de piedra y madera, rústica, aislada, rodeada de árboles desnudos cubiertos de nieve. Lejos del lujo de la mansión, pero aún imponente.

Theo abrió la puerta para Naya.

—Aquí, nadie va a encontrarte. —dijo.

Ella entró despacio, absorbiendo el ambiente. No había rejas, no había puertas cerradas con llave. Solo la protección silenciosa del bosque.

Por un instante, Naya respiró hondo. No era libertad, pero era lo más cercano que había sentido en mucho tiempo.

Por la noche, sentada frente a la chimenea encendida, Naya observaba las llamas como si intentara recordar lo que era vivir antes del cautiverio.

Theo estaba de pie, apoyado en la pared, los brazos cruzados. Sus ojos no se apartaban de ella.

Ella lo notó. Y, por primera vez, lo miró no como al verdugo que mataba sin dudar, sino como al hombre que había mandado quitar la cerradura de su habitación, que la llevó hasta allí, que la había elegido para proteger.

El corazón se le encogió, sin saber si era miedo o esperanza.

Y Theo, al sentir su mirada sobre él, entendió, la rosa despedazada empezaba a ver al hombre detrás del verdugo.

Theo entró en su habitación del refugio, el ambiente amplio, pero austero, con pocos muebles. No estaban los adornos lujosos de la mansión destruida, solo lo esencial: una butaca de cuero, la mesa de rincón y la ventana que se abría a la luna clara recortada por los árboles del bosque.

Encendió un cigarro, dejó que la brasa iluminara su rostro por un instante y se sirvió una dosis generosa del coñac escocés que guardaba para ocasiones específicas. El sabor ardiente escurrió por la garganta, pesado, pero no suficiente para apartar el peso que cargaba.

El silencio se quebró con el tono del celular. Theo contestó sin siquiera mirar la pantalla.

—¿Aló?

La respuesta llegó como una herida conocida, una voz femenina, suave, pero cargada de sarcasmo.

—Ah, por fin… pensé que ibas a seguir evitándome.

Theo cerró los ojos, suspirando con irritación. Isabelle. Siempre encontraba la forma de volver.

—¿Cómo conseguiste este número? —preguntó, la voz seca.

—Digamos que todavía tengo contactos mejores que tus hombres de confianza. —rió bajo, insinuante— Pensé que ya me extrañabas.

Él apartó el celular por un instante, casi cortando la llamada. Pero ella lanzó el anzuelo:

—No cuelgues. Aún no. Necesito que me escuches.

Theo giró la copa en las manos, la mirada fija en la luna.

—Habla.

—Tienes tres días para aceptar casarte conmigo. —dijo ella, firme, sin rodeos.

Theo rió, un sonido grave y sincero, como si acabara de oír un chiste absurdo.

—¿Y por qué cometería un error así?

—Porque, si no aceptas, me voy a unir a Volkov. Y juntos, vamos a destruirte.

La amenaza flotó en el aire. Pero Theo solo sonrió, helado, un depredador ante un animal que se cree más grande de lo que es.

—Tienes razón… en tu versión de la historia. —dijo, arrastrando las palabras.

Isabelle perdió el ritmo por un segundo, pero enseguida se recompuso.

—No te burles de mí, Theo. Sé exactamente lo que temes: perder el control, perder la admiración que todos tienen por Don Greco. Volkov ya hizo suficiente estrago, y conmigo a su lado, no tendrás oportunidad.

Theo bebió otro sorbo del coñac, completamente imperturbable.

—Ser admirado nunca fue señal de grandeza. Hasta un payaso llena un circo.

—Siempre con esas frases de efecto. —replicó ella, la voz volviéndose más cortante— Pero en el fondo, sabes que soy la única capaz de estar a tu nivel.

—Qué bueno que lo pienses. —respondió Theo, con una media sonrisa fría— Yo no necesito estar de acuerdo.

Al otro lado de la línea, Isabelle respiró hondo, intentando recuperar la ventaja.

—¿Entonces me vas a rechazar?

Theo se inclinó hacia adelante, apoyando el codo en el brazo de la butaca.

—Isabelle… —su voz bajó, cargada de desprecio calculado— No vas a conseguir lo que quieres… ni ahora, ni nunca.

Silencio. Sabía que había dado en el blanco.

—Tienes tres malditos días. Después no me culpes.

—Tú amenazas con tres días… pero yo solo necesito un segundo para borrar tu nombre de la historia.

Y colgó.

El silencio volvió a la habitación, denso, pesado, pero Theo permaneció sentado, mirando la luna por la ventana. Isabelle era una excelente mafiosa. Pero ya no era más que pasado.

Aun así, la llamada dejaba claro: Volkov no estaba solo.

1
Jessica Arroyo
valió la espera mi Theo te llegó tu alma gemela 🙏
Jessica Arroyo
y Nikos que se hizo 🤔
Jessica Arroyo
después de todos tus años de sufrimiento y cautiverio es lógico sobrevivir Mija
Jessica Arroyo
ya el acepto sus sentimientos ahora es ella la que entra al dilema y se lleva los capítulos restantes de la novela jajajaja
Jessica Arroyo
esperen leo otra vez que fue que dijo aaaaah mi Mujer 😱😱😱😱😱😁😁😁
Jessica Arroyo
al final la novela se trató de la lucha interna de Theo de pelear con el amor y ella también peleando con sus sentimientos 😁
Carmen Gloria Rivas Barrio
Me encantó desde el inicio, tremenda historia
Jessica Arroyo
ahora solo falta que haga alianza con Vladimir para acabar con el 🤔
mariela Robledo
Hermosa historia,me atrapo al instante,he lekdo muchas de mafoosos,pero esta en la narrativa era fistinta y te atrapaba.me encanto felicudades autora.
mariela Robledo
y como vienen,creo que en cualquier momento le dice qye ya viene en camino uno,o mas.jajaj🤭
Marcela Viviana Gamalero
dale la ciudad en llamas...Los aliados siendo atacados y el haciendo de romeo.....raris
Marcela Viviana Gamalero
me estot cansando de que la actitud de ella sigue igual y la de él también
jairelys saldeño
pésima historia ya va por el capítulo 12 y todavía no se sabe ni cómo se llama la chica ni nada de ella
Maria Soto Schiller
Me ha gustado esta novela , pero por Dios este hombre no deja de fumar, todo debe oler a cigarros incluso su mansión ...yo también fumo pero uno o dos cigarros ya es mucho... wuakala. los dormitorios pasados a humo de cigarros... Bueno..se espera que ella le quite ese mal hábito al igual que tanto whisky ...el amor lo hará cambiar 👏
Marilin Barboza
Me Encantó la historia el cuidado y la manera en el que se contó muchas gracias!!!🥰👏👏👏
XIOMARA CHAURIO
bueno tenía tiempo que no leía una historia en medio día me encantó de principio hasta el fin una novela muy bien contada como dije me encantó excelente trabajo de la escritora ⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐⭐🌹🌹🌹🌹 felicidades gracias
mariela Robledo
ese apellido me suena... ella sera hija de algun socio de greco?
Marilin Barboza
Podrá cumplir con su promesa de no tocarla nunca 🤔
Marilin Barboza
no entiendo xq no hizo que la bañaran y le pusieran medicación por vena calmante hasta que ella estuviera bien
Gabriela Navas
jajaja👏👏
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