Ella renace en una novela que escuchaba antes de morir. Decidida a cambiar su destino y a no sufrir por un mal amor.
* Esta novela es parte de un mundo mágico*
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Despedida 2
A la mañana siguiente, el cielo sobre la mansión Field estaba despejado y el aire era fresco.
Era el día en que Valery se marcharía.
La casa apenas comenzaba a despertar cuando ella terminó de preparar sus cosas. No llevaba demasiados baúles ni grandes equipajes. De hecho, había decidido viajar ligera. Solo algunas prendas, documentos importantes, y el dinero que había reunido con la venta de sus propiedades.
Lo demás… lo compraría en el camino.
Antes de salir de su habitación, se quedó unos momentos mirando el lugar.
Había vivido allí muchos años.
Las cortinas claras, la pequeña mesa cerca de la ventana, el armario de madera, el espejo alto donde había descubierto su nuevo rostro cuando despertó en esa vida…
Todo guardaba recuerdos que no eran suyos, pero que ahora comprendía.
La antigua Valery había pasado incontables noches allí.
Esperando.
Soñando con alguien que nunca la quiso.
Valery suspiró suavemente.
—Es mejor así.
Entonces caminó hacia la pequeña mesa donde había dejado un cofre de madera.
Dentro había colocado varias bolsas de monedas.
No era una fortuna comparado con todo lo que había heredado… pero era una suma respetable.
Junto al cofre había dejado una carta cuidadosamente doblada.
La había escrito la noche anterior.
En ella agradecía a Lord y Lady Field por haberla cuidado durante tantos años.
Por haberle dado un hogar cuando perdió a sus padres.
También había explicado que aquel dinero era un gesto de gratitud por los años de cuidado y educación.
Valery sabía que, probablemente, ellos no aceptarían el dinero si se lo entregaba directamente.
Por eso lo había dejado allí.
Era su manera de cerrar ese capítulo.
Quizás el dinero no representaba realmente todo lo que habían hecho por ella.
Tal vez incluso era poco.
Pero para Valery tenía un significado importante.
No quería deberles nada.
Ni gratitud pendiente.
Ni obligaciones emocionales.
Ni vínculos que la ataran al pasado.
Solo quería recordar que habían sido buenos con ella… y seguir adelante.
Después de mirar el cofre una última vez, cerró suavemente la puerta de su habitación.
En el patio delantero de la mansión, Lord y Lady Field ya estaban esperando.
El carruaje estaba preparado.
Lady Field sonrió en cuanto vio a Valery bajar las escaleras.
—Tan temprano, querida.
Valery también sonrió.
—Quiero aprovechar bien el día.
Lord Field caminó hacia ella con una expresión cálida.
—Viajarás con dos sirvientes y el cochero. No queremos que estés sola en el camino.
Valery inclinó ligeramente la cabeza.
—Gracias. Lo agradezco.
Lady Field la abrazó con afecto.
—No tardes demasiado en volver. La casa se sentirá vacía sin ti.
Valery sintió una pequeña presión en el pecho.
Pero respondió con suavidad..
—Volveré pronto.
Era otra mentira.
Pero esta vez la dijo con una calma extraña.
Lord Field también la abrazó brevemente.
—Cuídate mucho, Valery.
—Lo haré.
Lady Field acomodó suavemente un mechón de su cabello.
—Y no olvides, no gastes mucho en ese regalo de bodas, cuida tu herencia
Valery sonrió con ternura.
—No lo olvidaré.
Después de eso, subió al carruaje.
El cochero tomó las riendas.
Los caballos comenzaron a avanzar lentamente por el camino que salía de la propiedad.
Valery miró hacia atrás una última vez.
Lord y Lady Field seguían allí.
De pie.
Despedían con la mano.
Ella levantó la suya en respuesta.
La mansión comenzó a alejarse poco a poco.
Los árboles del camino cubrieron la vista.
Y finalmente… desapareció.
Valery se acomodó en el asiento del carruaje.
Por primera vez desde que había despertado en ese mundo… sentía algo muy cercano a la libertad.
El pasado quedaba atrás.
La mansión Field.
Eric.
La antigua vida de Valery.
Todo.
Sin embargo, en la habitación que había dejado atrás… sobre la mesa… el pequeño cofre y la carta esperaban ser encontrados.
Un último gesto.
Un último agradecimiento.
Y el cierre definitivo de una historia que ya no le pertenecía.
Cuando el carruaje de la mansión Field llegó al pueblo, el sol ya estaba lo suficientemente alto como para llenar las calles de actividad.
Los comerciantes abrían sus tiendas.
Los panaderos sacaban bandejas de pan caliente.
Los carruajes iban y venían entre el mercado y la plaza principal.
El cochero detuvo los caballos cerca de la zona donde solían cambiarse carruajes para viajes largos.
Entonces se giró hacia ella con respeto.
—Lady Valery… ¿hacia dónde debemos dirigirnos ahora?
Valery ya había pensado cuidadosamente su respuesta.
—A las montañas.. a los pueblos que están por allá..
El cochero asintió de inmediato.
—Es un camino largo. Quizás sería mejor cambiar este carruaje por uno más adecuado para rutas difíciles.
Valery fingió pensarlo unos segundos.
—Sí… creo que sería lo mejor.
El cochero bajó del carruaje para hacer los arreglos, mientras los dos sirvientes que habían viajado con ella comenzaron a trasladar sus pertenencias.
Valery observaba todo con calma.
Por dentro, sin embargo, su mente estaba completamente concentrada.
Porque aquella era la parte más delicada de su plan.
Sabía perfectamente que no podía viajar con empleados de la mansión Field.
Si ellos la acompañaban, inevitablemente informarían de sus movimientos.
Y tarde o temprano Lord o Lady Field sabrían exactamente dónde estaba.
Peor aún… si Eric regresaba y preguntaba por ella, podrían decirle fácilmente hacia dónde había ido.
Eso era algo que Valery no podía permitir.
Así que cuando terminaron de cambiar sus cosas a un carruaje rentado más resistente, ella sonrió hacia los sirvientes.
—El viaje a las montañas tomará bastante tiempo.. No quiero que tengan que esperar todo el día.
Los sirvientes se miraron entre ellos.
—Lady Valery…
Ella sacó algunas monedas de su bolsa.
—Tomen esto.
Se las entregó.
—Pueden pasear por el pueblo mientras yo compro algunas cosas que necesito antes de salir.
Los sirvientes dudaron un momento.
Pero las monedas eran generosas.
Finalmente asintieron.
—Como usted diga, Lady Valery.
—Volveremos en un rato.
Valery les dedicó una sonrisa tranquila.
—No hay prisa.
Los vio alejarse por la calle entre la multitud.
Esperó.
Cinco minutos.
Luego diez.
Hasta que finalmente desaparecieron entre las tiendas del mercado.
En cuanto los perdió de vista… Valery actuó de inmediato.
Subió al carruaje rentado sin perder tiempo.
El conductor que había contratado la miró con curiosidad.
—¿Listos para ir a las montañas, mi lady?
Valery negó suavemente.
—No.
El hombre frunció el ceño.
—Entonces… ¿a dónde?
Valery bajó un poco la voz.
—Al puerto.
El conductor levantó ligeramente las cejas, sorprendido.
—¿El puerto?
—Sí. Y necesito que lleguemos rápido.
El hombre dudó solo un instante.
Pero el sonido de unas monedas adicionales cayendo en su mano resolvió cualquier pregunta.
—Como ordene, mi lady.
Subió al asiento del cochero.
Tomó las riendas.
Los caballos comenzaron a moverse.
El carruaje avanzó por las calles del pueblo, alejándose del mercado y tomando el camino que descendía hacia la costa.
Mientras el paisaje cambiaba lentamente y el olor del mar comenzaba a sentirse en el aire, Valery se recostó ligeramente en el asiento.
Había mentido sobre las montañas.
Pero eso había sido intencional.
Si los sirvientes regresaban al carruaje original y no la encontraban, lo primero que harían sería asumir que ella había partido hacia las montañas como había dicho.
Incluso si informaban a Lord y Lady Field… ese sería el único rastro que tendrían.
Y para cuando alguien descubriera la verdad… Valery ya estaría muy lejos.
Porque su verdadero destino… no estaba en las montañas.
Estaba en el puerto. Y desde allí… planeaba desaparecer completamente del alcance de la familia Field.
recuerda que no eres la misma Valery
y dile a ese mequetrefe que se pierda 😡😡😡