Valeria muere asesinada por su esposo, Alejandro, un empresario frío y perfecto ante el mundo.
Pero despierta 8 años en el pasado, antes de conocerlo.
Decide cambiar su destino, evitar ese matrimonio…
y vivir una vida tranquila.
Lo que no sabe es que en su vida pasada, ella ignoró a la única persona que realmente intentó amarla.
El hombre que siempre estuvo a su lado…
pero al que nunca miró.
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Capítulo 12: Estrategia de supervivencia
La mañana siguiente amaneció con un cielo encapotado y gris, el suelo todavía mojado por la tormenta de la noche anterior, reflejando las luces de los coches que pasaban. Valeria despertó en el sofá de Daniel, cubierta con una manta de lana tejida a mano que olía a lavanda, con la cabeza apoyada en una almohada que él había sacrificado sin queja.
Daniel había dormido en el suelo, enrollado en un saco de dormir viejo, con una determinación obstinada que no aceptó discusiones sobre quién tomaba el sofá. Cuando ella abrió los ojos, él ya estaba despierto, sentado frente a su escritorio con una taza de café en una mano y un bolígrafo en la otra, garabateando algo en un cuaderno.
—Buenos días —dijo él, girándose al sentir el movimiento—. Dormiste bien. No te moviste en toda la noche. Ni una pesadilla.
—¿Me estabas observando dormir?
—No. Solo... me desperté temprano y no quería hacer ruido. ¿Café?
—Sí, por favor. Fuerte.
Se sentó, frotándose los ojos, mientras él iba a la cocina. La camiseta de Daniel se había arrugado durante la noche, y su pelo era un desastre, pero se sentía... descansada. Más descansada de lo que había estado en días. Quizás porque, por primera vez, el peso de su secreto no era solo suyo.
Daniel regresó con dos tazas y se sentó en la silla frente a ella, con una expresión seria y práctica que le recordó a su madre cuando se disponía a trazar un plan de batalla contra las deudas del mes.
—He estado pensando —dijo él, señalando el cuaderno—. Si Alejandro Rivas es quien dices que es, no podemos enfrentarlo directamente. Tiene más recursos, más conexiones, más poder. En un enfrentamiento cara a cara, perdemos. Así que tenemos que ser más inteligentes.
Valeria se incorporó, interesada. Ese era un Daniel que no había visto antes: el Daniel estratega, el Daniel que analizaba problemas como ecuaciones arquitectónicas.
—¿Qué propones?
—Evitación activa y documentación. Primero, evitación. No puedes dejar de ir a la universidad, pero puedes minimizar los puntos de contacto. Evita la biblioteca, evita los estacionamientos, evita cualquier lugar donde él pueda aparecer sin testigos. Quédate en zonas concurridas. Hay seguridad en los números.
—Eso solo funcionará por un tiempo. Es persistente.
—Por eso la segunda parte: documentación. Cada mensaje, cada llamada, cada aparición. Hora, fecha, lugar, testigos. Si se acerca a ti, lo grabas con el teléfono, aunque sea en tu bolsillo. Si te envía regalos o notas, los guardas. No los tires.
—¿Para qué?
—Evidencia. Si esto escala, si intenta algo físico, necesitas ir a la policía con algo más que "él me mira feo". Los hombres como él, los hombres con poder, saben cómo moverse en los bordes de la ley. Necesitas pruebas que demuestren un patrón de comportamiento. Acoso. Persecución.
—En mi otra vida... quiero decir, en mis recuerdos... nunca tuve pruebas. Eran pequeñas cosas. Una mirada aquí, un comentario allá, una mano en el brazo que duraba demasiado. Cosas que se explicaban como "caballerosidad" o "amistad".
—Ya no. Ahora lo sabemos. Ahora estamos preparados.
—¿Y si no es suficiente? ¿Y si la policía no hace nada? ¿Y si tiene contactos allí también?
Daniel se quedó en silencio durante un momento, pensando.
—Entonces tendremos que jugar en su campo. Pero no todavía. Primero, intentamos la vía legal. La vía pública. El escándalo. Los hombres como Alejandro dependen de su imagen. Si amenaza esa imagen, si se corre la voz de que el brillante empresario es un acosador, perderá algo que él valora más que el dinero: su reputación.
Valeria sintió una chispa de esperanza. Era un plan. Pequeño, quizás insuficiente, pero un plan. Y tener un plan era infinitamente mejor que flotar a la deriva esperando el desastre.
—Hay otra cosa —dijo ella, recordando—. Mi prima Laura. Ella... también pasó por algo similar. Con otro hombre. Ella podría ayudarnos. Tiene experiencia.
—¿Laura? ¿La de la cena?
—Sí. Nos reconciliamos hace unos días. Me contó cosas. Es fuerte, Daniel. Más fuerte de lo que yo jamás fui. Y ella odia a los hombres como Alejandro tanto como yo debería odiarlos ahora.
—Está bien. Ella es una aliada más. Cuéntale lo que sea necesario para que entienda la gravedad. Tres cabezas piensan mejor que dos.
—¿Y tú? ¿Tu universidad, tus estudios, tu vida? No quiero que esto consuma todo tu tiempo. No quiero ser una carga.
—Valeria, mírame.
Ella lo hizo. Vio la determinación en su mandíbula apretada, la seriedad en sus ojos oscuros.
—¿Parezco alguien que hace esto a regañadientes? ¿Parezco alguien que preferiría estar en otro lugar?
—No.
—Exacto. Esto es donde quiero estar. Esto es lo que quiero hacer. Protegerte no es una carga. Es... es lo que siempre quise hacer, solo que nunca supe cómo ofrecérme sin parecer un entrometido. Ahora tengo una razón. Tengo un propósito.
—Gracias, Daniel.
—No me des las gracias todavía. Primero, vayamos a la universidad. Juntos. Hoy. Si él está vigilando, que nos vea. Que vea que no estás sola. Que vea que hay alguien dispuesto a interponerse.
—¿No tienes miedo de que te haga daño?
—Tengo terror. Soy un cobarde de nacimiento. Pero el miedo a que te pase algo a ti es más grande que el miedo a lo que él pueda hacerme. Y eso, creo, es lo que llaman valor. O estupidez. Aún no lo tengo claro.
Valeria sonrió, una sonrisa genuina que iluminó su rostro.
—Creo que es lo segundo. Pero te agradezco la estupidez.
—Para servirte. Ahora vístete. Tu ropa está seca en el baño. Y prepárate para un día largo.
Mientras se preparaban para salir, Valeria sintió que la carga en sus hombros era más ligera. No había desaparecido, la sombra de Alejandro seguía ahí, alargándose sobre cada momento de su vida. Pero ya no caminaba sola en la oscuridad.
Tenía un mapa, un plan, y un compañero de viaje que estaba dispuesto a caminar con ella hasta el final, fuera cual fuera.