Valeria Rivas vive luchando por sobrevivir: trabaja como mesera, cuida a sus hermanos y trata de salvar a su madre enferma. Muy lejos de su realidad, su hermana gemela Isabella vive rodeada de lujo como heredera de la poderosa familia De Alvarenne.
Separadas por el dinero, el orgullo y un pasado lleno de secretos, sus vidas parecen destinadas a no cruzarse jamás… hasta que una inesperada llamada obliga a Valeria a regresar al mundo que la rechazó.
Entonces comienza un juego peligroso de mentiras, poder y destinos cambiados.
Porque a veces, para salvarlo todo…
tendrás que fingir ser alguien más.
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CAPÍTULO 9 - LA NOCHE EN QUE DEJÉ DE SER YO
El vestido pesaba. No por la tela, ni por las piedras delicadas que lo adornaban, sino por lo que representaba.
Mentiras.
Expectativas.
Un destino que no me pertenecía.
—Recuerda quién eres… —susurró una de las mujeres antes de que las puertas se abrieran.
Asentí.
Aunque por dentro, todo en mí temblaba.
Las enormes puertas del salón se abrieron lentamente.
Y el mundo cambió.
Luces cálidas iluminaban cada rincón de la mansión De Alvarenne. Candelabros de cristal colgaban del techo como estrellas suspendidas, y las voces de los invitados llenaban el aire con risas elegantes y conversaciones que no entendía del todo.
Gente importante. Apellidos que pesaban. Miradas que juzgaban. Y yo… yo estaba a punto de engañarlos a todos.
Di el primer paso.
Y luego otro.
Cada paso era medido.
Ensayado.
Fingido.
—Isabella…
Escuché mi nuevo nombre repetirse entre susurros.
—Ha vuelto.
—Está aún más hermosa.
—Como siempre.
Las miradas se clavaban en mí.
Sonreí.
Como me enseñaron: sin mostrar demasiado, sin parecer ansiosa, sin parecer… yo. Pero dentro de mí, el miedo crecía.
· No te equivoques.
· No mires al suelo.
· No respires tan rápido.
· No seas Valeria.
Sentía que en cualquier momento alguien se daría cuenta. Que notarían que algo no estaba bien, que descubrirían que la heredera perfecta… era una mentira.
—Señorita Isabella.
Un hombre mayor inclinó la cabeza al saludarme.
—Un gusto verla de nuevo.
—El gusto es para mi… —respondí.
Mi voz salió suave, controlada, ajena.
Ni siquiera sonaba como yo. Y eso… eso me asustó más que todo.
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Pasaron minutos. Tal vez horas. No lo sé. El tiempo no tenía sentido cuando vivías dentro de una mentira.
Sonreí.
Asentí.
Respondí lo necesario.
Cada conversación era una prueba.
Cada mirada, un juicio.
Pero nadie dijo nada, nadie dudó. Y eso solo hacía que el miedo creciera más. Porque si todos creían en la mentira…
¿Qué pasaría cuando la verdad saliera a la luz?
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—Isabella.
Mi cuerpo se tensó. Esa voz… Grave, firme, diferente. No necesitaba girarme para saber quién era, pero lo hice.
Y entonces lo vi.
Adrián Valcari.
El hombre que cambiaría mi vida: Alto, elegante. Su presencia llenaba el espacio sin esfuerzo. Su traje oscuro encajaba perfectamente con la seguridad que transmitía.
Y sus ojos… sus ojos me observaban con una intensidad que me dejó sin aire.
Por un segundo… olvidé cómo respirar.
“Ese es tu esposo.”
El pensamiento me atravesó como un golpe. No. No lo era. No podía serlo. Él no era mío. Nunca lo sería.
Yo solo… estaba ocupando un lugar.
—Has vuelto… —dijo él, acercándose.
Su voz era baja, controlada. Pero había algo más. Algo que no supe identificar.
—Sí. —Respondí, obligándome a sostener su mirada—. El viaje fue… largo.
Ensayado. Todo era ensayado.
Él inclinó ligeramente la cabeza. Como si analizara cada palabra, cada gesto, cada pausa.
Sentí un escalofrío.
—Te ves… diferente.
El mundo se detuvo. Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
—¿Diferente? —Repetí.
—Más… distante.
No sabía si eso era bueno o malo.
—Tal vez el viaje cambió algunas cosas.
Mi respuesta fue cuidadosa, medida. Pero por dentro… me estaba desmoronando.
Él me observó unos segundos más, como si buscara algo, como si intentara encontrar a alguien: A Isabella. Y no a mí.
—Tal vez… —murmuró finalmente.
Pero no sonaba convencido. Y eso me aterraba.
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—Queridos invitados.
La voz de Doña Aurelia llenó el salón. Firme, autoritaria, inquebrantable. Todos guardaron silencio.
Las conversaciones se apagaron, las miradas se dirigieron hacia ella.
Mi cuerpo se tensó. Sabía lo que venía. O al menos… creía saberlo.
—Esta noche es especial.
Su mirada recorrió el lugar, dominando cada rincón.
—No solo celebramos el regreso de mi querida nieta Isabella…
Sentí el peso de su mirada sobre mí.
—Sino también el futuro de esta familia.
Un murmullo recorrió la sala.
Expectativa.
Curiosidad.
Y yo… yo sentí el miedo crecer en mi pecho.
—Isabella… —dijo ella.
Mi nombre prestado.
—Ven aquí.
Mis piernas se movieron solas. Como si ya no me pertenecieran. Caminé hacia ella, sintiendo cada mirada sobre mí, cada susurro, cada juicio.
—Adrián.
Él se acercó también. Seguro, tranquilo. Como si todo esto fuera parte de su mundo. Y tal vez lo era. Pero no del mío. No del que yo conocía.
Doña Aurelia tomó mi mano, luego la de él. Y las unió.
El contacto me quemó.
—Me llena de orgullo anunciar…
El silencio fue absoluto, el aire se volvió pesado.
—La fecha del matrimonio entre mi nieta Isabella De Alvarenne…
Mi corazón se detuvo.
—Y el respetable empresario Adrián Valcari.
El mundo se desmoronó en ese instante.
—La boda se celebrará en tres semanas.
Tres semanas.
Tres.
No meses.
No tiempo suficiente.
Tres semanas.
El golpe fue brutal. Sentí que el aire desaparecía, que el suelo se abría bajo mis pies, que todo se volvía demasiado real. Demasiado rápido.
No estaba lista, no podía hacerlo.
No…
No…
No.
Pero sonreí, porque tenía que hacerlo. Porque Isabella lo haría.
Porque Valeria… no tenía derecho a sentir.
Los aplausos llenaron el salón. Felicitaciones. Sonrisas. Celebraciones.
Y yo… yo estaba atrapada en medio de todo. Con una mano unida a la de un hombre que no me pertenecía, con una vida que no era mía, con un destino que no había elegido y con una mentira que mantener.
Miré a Adrián.
Él no sonreía. Solo me observaba… fijamente. Como si intentara entender algo, como si algo no encajara, como si… supiera.
Sentí el pánico recorrerme, pero no podía apartar la mirada. No podía fallar. No podía romper el personaje. No ahora. No aquí. No cuando todo estaba en juego.
—Felicidades —murmuró finalmente.
Su voz era baja… Solo para mí.
—Gracias —respondí.
Y por dentro… sentí que algo en mí se rompía. Porque en ese momento entendí algo que me heló la sangre. Esto no era solo una mentira, no era solo un papel, no era solo un trato.
Esto… era mi nueva vida. Y no había forma de escapar. No sin perderlo todo. No sin destruir a mi familia. No sin destruirme a mí.
Y mientras los aplausos continuaban… y las sonrisas falsas llenaban el salón… yo solo podía pensar en una cosa.
En tres semanas… dejaría de fingir. Porque en tres semanas… me convertiría en la esposa de un hombre que jamás podría amar como Valeria.
Solo como Isabella.
Y esa… esa era la parte más dolorosa de todas.
espero puedas seguirla disfrutando..!! 🥰🥰