Despertar en época moderna
"Viví dieciocho años en una jaula de oro, creyendo que el desprecio de mi esposo era mi única realidad. Fui la esposa sumisa, la dama que lavaba los pies de su suegra y la mujer que ocultaba sus lágrimas tras un abanico."
Lorena Casas, la hija de una familia prestigiosa, lo sacrificó todo por un hombre que consideraba un erudito brillante. Pero mientras ella se consumía en la soledad de la mansión Vila, su esposo Marco tejía una red de mentiras, traiciones y malversaciones, planeando reemplazarla con su amante y hundir a su familia.
Todo habría sido perfecto para él... si no hubiera nacido Aurora.
Mi hija no es una bebé común. Con una mente que desafía la lógica y la capacidad de leer los secretos más oscuros de quienes nos rodean, ella es la única que sabe lo que Marco hace en las sombras.
Mientras Marco cree que estamos atrapadas en su red, Aurora está moviendo los hilos. Desde su cuna, esta bebé genio me guía, revelando los fraudes, exponiendo a los espía
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Capítulo 23: La Matriarca de la Sombra
El aire en el pasillo estaba viciado, pesado con el olor a incienso que Doña Vila utilizaba para purificar la Sala Virtuosa. Pero para Lorena, el olor era asfixiante, una máscara para esconder la podredumbre moral que acababa de descubrir.
Mientras caminaba de regreso al ala este, sus pasos eran calculados, lentos, casi mecánicos. Tea, a su lado, apretaba los puños, con los nudillos blancos de pura rabia.
—Señora, ¿cómo puede la anciana Doña Vila hablar así? ¿Cómo puede ignorar la tragedia del Maestro Teodoro y preocuparse por esos... esos bastardos? —susurró Tea, con la voz temblando por el esfuerzo de no gritar—. Ella lo sabía. Todo el tiempo lo supo.
Lorena no respondió de inmediato. Se detuvo frente a una ventana, mirando el estanque donde el agua se mecía con una calma engañosa.
«Es una pieza maestra de hipocresía», pensó Lorena. «Durante años, la llamé 'madre', la respeté, acepté sus consejos sobre cómo ser una 'esposa virtuosa' mientras ella misma tejía la red para reemplazarme».
Aurora, en los brazos de Julia, no dormía. Sus ojos pequeños, inteligentes y cargados de una sabiduría impropia, observaban la nuca de su madre. La bebé ya no pataleaba; estaba en modo de análisis total.
«Madre, la anciana no solo lo sabe, ella es la administradora. Marco no es el cerebro; él es demasiado estúpido para gestionar una doble vida tan compleja durante diecisiete años sin ser descubierto. Es ella quien mueve los hilos. Ella aprueba los fondos de la 'Villa de los Lirios'. Ella decidió que Teodoro era un 'activo desechable'».
Lorena apretó la mandíbula. Si Doña Vila era el cerebro, entonces el juego había cambiado. Ya no se trataba solo de exponer a Marco; se trataba de desmantelar la estructura de poder de toda la casa Vila.
—Tea —dijo Lorena, sin girarse—, cambia el protocolo de seguridad de la habitación de los niños. A partir de hoy, nadie, absolutamente nadie, tiene permiso para entrar sin que yo esté presente. Ni siquiera la abuela.
—¿Señora? Eso causará un escándalo con Doña Vila —advirtió Tea.
—Que cause el escándalo que quiera —respondió Lorena, girándose con una mirada que hizo que Tea diera un paso atrás—. Si ella quiere jugar a la matriarca protectora de sus "nietos legítimos", que lo haga. Pero no tocará a Aurora. Ni a Teodoro. He terminado de ser la nuera sumisa que agradece las migajas.
Lorena regresó a sus aposentos, pero no descansó. Se dirigió directamente a un panel decorativo detrás de su escritorio, donde guardaba documentos de propiedad antiguos. Sus dedos, hábiles y firmes, manipularon un pequeño mecanismo oculto.
Necesitaba pruebas. Si Doña Vila era la arquitecta del fraude, tenía que haber un registro de las transferencias. Marco era descuidado, pero la anciana era meticulosa. Debía haber un libro de contabilidad oculto, quizás no en el despacho principal, sino en el archivo privado de la sala budista de la anciana.
«Madre, los registros de la dote», resonó la voz mental de Aurora. «¿Recuerdas el contrato matrimonial? Había una cláusula de fideicomiso que ella te obligó a firmar. Ese documento no se guarda en la mansión. Se guarda en el Banco del Gremio bajo su sello personal. Necesitamos acceso a su sello de cera».
Lorena se quedó helada. «¿Cómo sabes eso?».
Aurora solo parpadeó, con una expresión inocente.
Lorena soltó una carcajada seca, carente de cualquier atisbo de alegría.
—Tea, mañana tendremos que realizar una 'limpieza profunda' en la Sala Virtuosa. Si la anciana tiene documentos que nos incumben, es hora de que vuelvan a manos de la verdadera propietaria.
En el pasillo, un sirviente pasó apresuradamente, llevando una bandeja con té y dulces para la Sala Virtuosa. Lorena lo vio entrar sin ser vista. El juego de poder apenas comenzaba, y aunque su corazón todavía sentía el eco de los años perdidos, su mente estaba ocupada diseñando la caída de la mujer que la había subestimado durante casi dos décadas.